{"id":40490,"date":"2016-10-05T23:46:51","date_gmt":"2016-10-06T04:46:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2002-te-deum\/"},"modified":"2016-10-05T23:46:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:46:51","slug":"31-de-diciembre-de-2002-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2002-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2002, Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">PRIMERAS V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<br \/>Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Martes 31 de diciembre de 2002&nbsp;<\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Nacido de mujer, nacido bajo la ley&quot;<\/i> (<i>Ga<\/i> 4, 4).<\/p>\n<p> Con esta expresi&oacute;n, el ap&oacute;stol san Pablo resume <i>el misterio del Hijo de Dios<\/i>, &quot;engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre&quot;.<\/p>\n<p> <i>&quot;Tu Patris sempiternus es Filius&quot;, <\/i>acabamos de cantar en el himno <i>Te Deum<\/i>. En el abismo inescrutable de Dios tiene su origen &quot;ab aeterno&quot; <i>la misi&oacute;n de Cristo<\/i>, destinada a &quot;recapitular todo en Cristo, lo que est&aacute; en los cielos y lo que est&aacute; en la tierra&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 10).<\/p>\n<p> El <i>tiempo<\/i>, iniciado con la creaci&oacute;n, alcanza su <i>plenitud<\/i> cuando es &quot;visitado&quot; por Dios en la Persona del Hijo unig&eacute;nito. En el momento en que <i>Jes&uacute;s nace en Bel&eacute;n<\/i>, acontecimiento de alcance incalculable en la historia de la salvaci&oacute;n, la bondad de Dios adquiere un &quot;rostro&quot; visible y tangible (cf. <i>Tt<\/i> 3, 4).<\/p>\n<p> Ante el Ni&ntilde;o, al que Mar&iacute;a envuelve en pa&ntilde;ales y acuesta en el pesebre, <i>todo parece detenerse<\/i>. Aquel que es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, gime en los brazos de una mujer:&nbsp; &iexcl;el Creador ha nacido entre nosotros!<\/p>\n<p> En Jes&uacute;s, el Padre celestial ha querido rescatarnos del pecado y adoptarnos como hijos (cf. <i>Ga<\/i> 4, 5). Junto con Mar&iacute;a, adoremos en silencio un misterio tan grande.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Este es el sentimiento que nos embarga, mientras celebramos las primeras V&iacute;speras de la solemnidad de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios. La liturgia hace coincidir esta significativa fiesta mariana con el fin y el inicio del a&ntilde;o. Por eso, esta tarde, al contemplar el misterio de la maternidad divina de la Virgen, elevamos el c&aacute;ntico de nuestra gratitud porque est&aacute; a punto de concluir el a&ntilde;o 2002, a la vez que se perfila en el horizonte de la historia el 2003. Demos gracias a Dios desde lo m&aacute;s hondo de nuestro coraz&oacute;n por todos los beneficios que nos ha concedido durante los doce meses pasados.<\/p>\n<p> Pienso, en particular, en la generosa respuesta de tantos j&oacute;venes a la propuesta cristiana; pienso en la creciente sensibilidad eclesial ante los valores de la paz, de la vida y de la conservaci&oacute;n de la creaci&oacute;n; pienso tambi&eacute;n en algunos pasos significativos dados en el arduo camino ecum&eacute;nico. Por todo esto demos gracias a Dios, pues sus dones preceden y acompa&ntilde;an siempre todos los gestos positivos que realizamos.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Me alegra vivir estos momentos, como cada a&ntilde;o, con todos vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, que represent&aacute;is a la comunidad diocesana de Roma. A cada uno dirijo un cordial saludo. Saludo al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes y a las religiosas comprometidos en el servicio pastoral en las diversas parroquias y en las oficinas diocesanas. Saludo al se&ntilde;or alcalde de Roma, a los miembros de la Junta y del Concejo municipal, as&iacute; como a las dem&aacute;s autoridades provinciales y regionales. Mi saludo se extiende a <i>todos los que viven en nuestra ciudad y en nuestra regi&oacute;n<\/i>, en particular a cuantos se encuentran en situaciones de dificultad y necesidad.<\/p>\n<p> El camino de la Iglesia en Roma se ha caracterizado este a&ntilde;o por un <i>compromiso especial en favor de las vocaciones sacerdotales y religiosas<\/i>. En este tema, decisivo para el presente y el futuro de la evangelizaci&oacute;n, centr&oacute; su atenci&oacute;n la asamblea diocesana del pasado mes de junio. Hacia este mismo objetivo convergen las diferentes iniciativas y actividades pastorales organizadas por la di&oacute;cesis. La atenci&oacute;n a las vocaciones se inserta justamente dentro de la <i>opci&oacute;n en favor del esp&iacute;ritu misionero <\/i>que, despu&eacute;s &nbsp;de &nbsp;la Misi&oacute;n ciudadana, constituye &nbsp;la &nbsp;l&iacute;nea fundamental de la vida y de la pastoral de la Iglesia de Roma.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Todos deben sentirse implicados en esta vasta acci&oacute;n misionera y vocacional. Pero corresponde en primer lugar a los sacerdotes trabajar por las vocaciones, ante todo viviendo con alegr&iacute;a el gran don y misterio que Dios ha puesto en ellos, para &quot;engendrar&quot; nuevas y santas vocaciones.<\/p>\n<p> La pastoral vocacional ha de ser una prioridad para <i>las parroquias<\/i>, llamadas a ser escuelas de santidad y de oraci&oacute;n, gimnasios de caridad y de servicio a los hermanos, y especialmente para <i>las familias<\/i> que, como c&eacute;lulas vitales, forman la comunidad parroquial. Cuando entre los esposos reina el amor, los hijos crecen moralmente sanos, y florecen m&aacute;s f&aacute;cilmente las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.<\/p>\n<p> En este a&ntilde;o, que he querido proclamar &quot;A&ntilde;o del Rosario&quot;, os invito particularmente a vosotras, queridas familias de Roma, a rezar todos los d&iacute;as el rosario, para que en vuestro seno se cree el clima favorable a la escucha de Dios y al cumplimiento fiel de su voluntad.<\/p>\n<p> 5.<i>&nbsp;&quot;Fiat misericordia tua, Domine, super nos, quemadmodum speravimus in te:&nbsp;<\/i> Que tu &nbsp;misericordia, Se&ntilde;or, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti&quot;.<\/p>\n<p> &iexcl;<i>Tu misericordia<\/i>, Se&ntilde;or! En esta liturgia de fin de a&ntilde;o, adem&aacute;s de la alabanza y la acci&oacute;n de gracias, realizamos un sincero <i>examen de conciencia<\/i> personal y comunitario. <i>Pedimos perd&oacute;n<\/i> al Se&ntilde;or por las faltas que hemos cometido, conscientes de que Dios, rico en misericordia, es infinitamente m&aacute;s grande que nuestros pecados.<\/p>\n<p> &quot;En ti esperamos&quot;. En ti, Se&ntilde;or, -reafirmamos esta tarde- reside nuestra esperanza. T&uacute;, en la Navidad, has tra&iacute;do la alegr&iacute;a al mundo, irradiando tu luz sobre el camino de los hombres y de los pueblos. Las ansias y las angustias no pueden apagarla; el esplendor de tu presencia nos consuela constantemente.<\/p>\n<p> Que <i>todo hombre y toda mujer de buena voluntad<\/i> encuentren y experimenten la fuerza de tu amor y de tu paz. Que la ciudad de Roma y la humanidad entera te acojan como su &uacute;nico Salvador. Este es mi deseo para todos; un deseo que pongo en las manos de Mar&iacute;a, Madre de Dios, <i>Salus populi romani<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRIMERAS V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOSY CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Martes 31 de diciembre de 2002&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Nacido de mujer, nacido bajo la ley&quot; (Ga 4, 4). 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