{"id":40498,"date":"2016-10-05T23:46:58","date_gmt":"2016-10-06T04:46:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2002-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/"},"modified":"2016-10-05T23:46:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:46:58","slug":"5-de-noviembre-de-2002-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2002-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"5 de noviembre de 2002, Misa por los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA CONCELEBRADA POR LOS CARDENALES<br \/>Y OBISPOS FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Martes 5 de noviembre de 2002<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Bueno es el Se&ntilde;or para el que en &eacute;l espera, para el alma que le busca&quot;<\/i> (<i>Lm<\/i> 3, 25).<\/p>\n<p> La solemnidad de Todos los Santos y la conmemoraci&oacute;n de Todos los Fieles difuntos suscitan cada a&ntilde;o en la comunidad eclesial <i>un intenso y generalizado clima de oraci&oacute;n<\/i>. Un clima triste y a la vez sereno, en el que la consoladora certeza de la comuni&oacute;n de los santos alivia el dolor, jam&aacute;s mitigado del todo, por las personas fallecidas.<\/p>\n<p> Envueltos en esta particular atm&oacute;sfera espiritual, nos hallamos en torno al altar del Se&ntilde;or, unidos en oraci&oacute;n por los cardenales y los obispos que durante los &uacute;ltimos doce meses concluyeron su jornada terrena. Y al <i>ofrecer por ellos nuestros sufragios<\/i>, por medio de Cristo, les estamos agradecidos por los ejemplos que nos han dejado para sostenernos en nuestro camino.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;En este momento los prelados difuntos est&aacute;n muy presentes en nuestro coraz&oacute;n. Con algunos de ellos ten&iacute;amos v&iacute;nculos de profundad amistad y, al decir esto, estoy convencido de que interpreto tambi&eacute;n los sentimientos de muchos de vosotros. Me complace mencionar, de modo particular, <i>a los venerados cardenales<\/i> que nos han dejado:&nbsp; Paolo Bertoli, Franjo Kuharic, Louis-Marie Bill&eacute;, Alexandru Todea, Johannes Joachim Degenhardt, Lucas Moreira Neves, Fran&ccedil;ois-Xavier Nguy&ecirc;n Van Thu&acirc;n y John Baptist Wu Cheng-Chung. A su recuerdo se une el de los <i>arzobispos <\/i>y <i>obispos<\/i> que, en las diferentes partes del mundo, han llegado al final de su camino terreno.<\/p>\n<p> Estos hermanos nuestros han llegado a la meta. Hubo un d&iacute;a en el que cada uno de ellos, a&uacute;n lleno de energ&iacute;as, pronunci&oacute; su &quot;heme aqu&iacute;&quot; en el momento de ser ordenado sacerdote. Primero en su coraz&oacute;n, despu&eacute;s en voz alta, dijeron:&nbsp; &quot;Heme aqu&iacute;&quot;. Todos estuvieron unidos a Cristo, asociados a su sacerdocio, de modo especial.<\/p>\n<p> En la hora de la muerte, pronunciaron su &uacute;ltimo &quot;heme aqu&iacute;&quot;, unido al de Jes&uacute;s, que muri&oacute; encomendando su esp&iacute;ritu en manos del Padre (cf. <i>Lc<\/i> 23, 46). Durante toda su vida, especialmente despu&eacute;s de haberla consagrado a Dios, &quot;buscaron las cosas de arriba&quot; (cf.<i>&nbsp;Col<\/i> 3, 1). Y, con su palabra y su ejemplo, exhortaron a los fieles a hacer lo mismo.<\/p>\n<p> 3.<i>&nbsp;Fueron pastores, <\/i>pastores de la grey de Cristo. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces rezaron, con el pueblo santo de Dios, el salmo <i>&quot;De profundis&quot;<\/i>! En las exequias, en los cementerios y en los hogares donde hab&iacute;a entrado la muerte:&nbsp; <i>&quot;De profundis clamavi ad te, Domine&#8230; quia apud te propitiatio est&#8230; Speravit anima mea in Domino&#8230; quia apud Dominum misericordia et copiosa apud eum redemptio&quot; <\/i>(<i>Sal<\/i> 129, 1.&nbsp;4.&nbsp;5.&nbsp;7).<\/p>\n<p> Cada uno de ellos dedic&oacute; su vida a anunciar este perd&oacute;n de Cristo, la misericordia de Cristo, la redenci&oacute;n de Cristo, hasta que lleg&oacute; su hora, su &uacute;ltima hora. Ahora nosotros estamos aqu&iacute; para rogar por ellos, para ofrecer el sacrificio divino en sufragio de sus almas elegidas:&nbsp; <i>&quot;Domine, exaudi vocem meam&quot; <\/i>(<i>Sal<\/i> 129, 2).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Fueron pastores. Con el servicio de la predicaci&oacute;n, infundieron en el coraz&oacute;n de los fieles la conmovedora y consoladora verdad del amor de Dios:&nbsp; &quot;Tanto am&oacute; Dios al mundo que dio a su Hijo &uacute;nico, para que todo el que crea en &eacute;l no perezca, sino que tenga vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). En nombre del Dios de amor, sus manos bendijeron, sus palabras confortaron y su presencia -incluso silenciosa- testimoni&oacute; con elocuencia que la misericordia de Dios es infinita, que su compasi&oacute;n es inagotable (cf. <i>Lm<\/i> 3, 22).<\/p>\n<p> Algunos de ellos tuvieron la gracia de dar este testimonio <i>de modo heroico<\/i>, afrontando duras pruebas y persecuciones inhumanas. En esta eucarist&iacute;a bendecimos a Dios por ellos, pidiendo honrar dignamente su memoria y el v&iacute;nculo imperecedero de su amistad fraterna, a la espera de poder abrazarlos de nuevo en la casa del Padre.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces tambi&eacute;n vosotros aparecer&eacute;is gloriosos con &eacute;l&quot; (<i>Col<\/i> 3, 4).<\/p>\n<p> Estas palabras de san Pablo, que han resonado en la segunda lectura, nos invitan a pensar en la vida eterna, hacia la cual nuestros venerados hermanos han dado ya su &uacute;ltimo paso. A la luz del <i>misterio pascual<\/i> de Cristo, su muerte es, en realidad, la entrada en la plenitud de la vida. En efecto, el cristiano -como dice el Ap&oacute;stol- ha &quot;muerto&quot; ya por el bautismo, y su existencia est&aacute; misteriosamente &quot;oculta con Cristo en Dios&quot; (<i>Col<\/i> 3, 3).<\/p>\n<p> As&iacute; pues, a la luz de la fe, nos sentimos a&uacute;n m&aacute;s cerca de nuestros hermanos difuntos:&nbsp; la muerte nos ha separado aparentemente, pero el poder de Cristo y de su Esp&iacute;ritu nos une de un modo m&aacute;s profundo a&uacute;n. Alimentados con el Pan de vida, tambi&eacute;n nosotros, junto con cuantos nos han precedido, esperamos con firme esperanza nuestra manifestaci&oacute;n plena.<\/p>\n<p> Sobre ellos, al igual que sobre nosotros, vele maternalmente la Virgen Mar&iacute;a, y nos obtenga a todos llegar a ocupar en la casa del Padre el &quot;lugar&quot; que Cristo, vida nuestra, nos ha preparado (cf. <i>Jn<\/i> 14, 2-3). &quot;Salve Regina&quot;. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA CONCELEBRADA POR LOS CARDENALESY OBISPOS FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Martes 5 de noviembre de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Bueno es el Se&ntilde;or para el que en &eacute;l espera, para el alma que le busca&quot; (Lm 3, 25). 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