{"id":40504,"date":"2016-10-05T23:47:03","date_gmt":"2016-10-06T04:47:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-2002-misa-con-ocasion-del-inicio-del-ano-academico-de-las-universidades-pontificias-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:03","slug":"25-de-octubre-de-2002-misa-con-ocasion-del-inicio-del-ano-academico-de-las-universidades-pontificias-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-2002-misa-con-ocasion-del-inicio-del-ano-academico-de-las-universidades-pontificias-2\/","title":{"rendered":"25 de octubre de 2002, Misa con ocasi\u00f3n del inicio del a\u00f1o acad\u00e9mico de las universidades pontificias"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>CON OCASI&Oacute;N DEL INICIO DEL A&Ntilde;O ACAD&Eacute;MICO<br \/>DE LAS UNIVERSIDADES PONTIFICIAS<\/font><\/b><\/p>\n<p>Viernes 25 de octubre de 2002<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Esta es la generaci&oacute;n que busca tu rostro Se&ntilde;or&quot;<\/i> (cf. <i>Sal<\/i> 23, 6).<\/p>\n<p> Las palabras que hemos cantado como estribillo del Salmo responsorial cobran un significado particular hoy, en esta bas&iacute;lica. En efecto, en ella se han reunido rectores, profesores y alumnos de las Universidades eclesi&aacute;sticas romanas, con ocasi&oacute;n de la tradicional celebraci&oacute;n de inicio del nuevo a&ntilde;o acad&eacute;mico.<\/p>\n<p> A todos dirijo mi cordial saludo. Expreso en particular mi agradecimiento al cardenal Zenon Grocholewski, que preside la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, y a sus colaboradores por el trabajo que realizan diariamente en la Congregaci&oacute;n para la educaci&oacute;n cat&oacute;lica.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Al veros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, pienso con gratitud:&nbsp; Se&ntilde;or, &quot;esta es la generaci&oacute;n que busca tu rostro&quot;. En efecto, &iquest;qu&eacute; es <i>el estudio de la teolog&iacute;a<\/i> sino un modo peculiar de <i>buscar el rostro de Dios<\/i>? Asimismo, el estudio de<i> las dem&aacute;s ciencias<\/i> que se ense&ntilde;an en vuestros ateneos &iquest;qu&eacute; es sino una reflexi&oacute;n sobre la realidad del hombre, de la Iglesia y de la historia, en los que Dios se revela a s&iacute; mismo y su inescrutable misterio de salvaci&oacute;n?<\/p>\n<p> &quot;Del Se&ntilde;or es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes&quot; (<i>Sal<\/i>&nbsp;23, 1):&nbsp; desde cualquier perspectiva que se enfoque la realidad, el creyente sabe que est&aacute;, por decirlo as&iacute;, &quot;en una tierra sagrada&quot; (cf. <i>Ex<\/i> 3, 5), porque no hay nada de positivo, dentro o fuera del hombre, que no refleje de alg&uacute;n modo la sabidur&iacute;a divina. &quot;&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, qu&eacute; admirable es tu nombre en toda la tierra!&quot; (<i>Sal<\/i> 8, 2.&nbsp;10).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;La per&iacute;copa evang&eacute;lica que acaba de proclamarse nos habla de <i>dos niveles de &quot;sabidur&iacute;a&quot;<\/i>:&nbsp; el primero consiste en la capacidad de &quot;explorar el aspecto de la tierra y del cielo&quot; (<i>Lc <\/i>12, 56), es decir, de captar nexos de causa-efecto en los fen&oacute;menos naturales. En otro nivel, m&aacute;s profundo, se sit&uacute;a en cambio la capacidad de juzgar el &quot;tiempo&quot; en el que se desarrolla la historia de la salvaci&oacute;n, el tiempo en el que Dios obra y espera la colaboraci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p> En la &quot;plenitud de los tiempos&quot;, recuerda san Pablo (<i>Ga<\/i> 4, 4), <i>Dios envi&oacute; a su Hijo unig&eacute;nito<\/i>. Sin embargo, el evangelista san Juan explica que &quot;vino a su casa, y los suyos no lo recibieron&quot; (<i>Jn <\/i>1, 11). La presencia del Verbo encarnado otorga al tiempo una singular cualidad:&nbsp; <i>lo hace &quot;decisivo&quot;<\/i>, en el sentido de que en &eacute;l se decide el destino eterno de cada hombre y de toda la humanidad. Al m&aacute;ximo don de Dios corresponde la m&aacute;xima responsabilidad del hombre.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La severa observaci&oacute;n que Cristo dirige a la multitud se aplica muy bien a nuestra &eacute;poca, en la que la humanidad ha desarrollado una elevad&iacute;sima capacidad de analizar y leer los fen&oacute;menos, por decirlo as&iacute;, &quot;con superficialidad&quot;, pero tiende a evitar los interrogantes m&aacute;s profundos sobre el sentido &uacute;ltimo de la realidad, sobre el sentido de la vida y de la muerte, sobre el bien y el mal en la historia.<\/p>\n<p> La fuerte acusaci&oacute;n:&nbsp; &quot;Hip&oacute;critas&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 56), dirigida por Jes&uacute;s, implica claramente que aqu&iacute; no se trata s&oacute;lo de <i>no saber juzgar<\/i> lo que conviene (cf. <i>Lc<\/i> 12, 57), sino tambi&eacute;n de <i>no querer acogerlo.<\/i> En otras palabras, la hipocres&iacute;a consiste en&nbsp;una<i>&nbsp;falsa sabidur&iacute;a<\/i>,&nbsp;que se complace en muchos conocimientos, pero evita comprometerse en cuestiones exigentes en el &aacute;mbito religioso y moral.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;La primera lectura de hoy, tomada de la carta de san Pablo a los Efesios, presenta <i>una s&iacute;ntesis admirable entre fe y vida, <\/i>entre teolog&iacute;a y sabidur&iacute;a evang&eacute;lica; es la perspectiva de la <i>unidad<\/i>. Se alimenta de algunas virtudes que el Ap&oacute;stol enumera:&nbsp; humildad, mansedumbre, paciencia y tolerancia mutua por amor (cf. <i>Ef<\/i> 4, 2). La exhortaci&oacute;n moral de san Pablo se funda plenamente en la <i>contemplaci&oacute;n del misterio<\/i> y en su <i>traducci&oacute;n al comportamiento concreto<\/i> de los miembros de la comunidad.<\/p>\n<p> Por tanto, el ant&iacute;doto contra la hipocres&iacute;a es una <i>constante interacci&oacute;n <\/i>entre lo que se sabe y lo que se vive, entre el mensaje de verdad recibido como don con la vocaci&oacute;n cristiana y las actitudes personales y comunitarias concretas. En otras palabras, entre <i>el saber de la fe<\/i> y la <i>santidad de la vida.<br \/><\/i><br \/> 6.&nbsp;Estas reflexiones, inspiradas por la palabra de Dios, interpelan en particular a cuantos est&aacute;n comprometidos en las Universidades eclesi&aacute;sticas. Profesores y alumnos est&aacute;n llamados a prestar una atenci&oacute;n constante para <i>interpretar los signos <\/i>de los tiempos <i>en relaci&oacute;n con el Signo central<\/i> de la revelaci&oacute;n divina, Cristo Se&ntilde;or. En particular, est&aacute;n llamados a ponerse siempre <i>al servicio de la unidad de la Iglesia<\/i>. Esta unidad, abierta por su misma naturaleza a la dimensi&oacute;n cat&oacute;lica, encuentra aqu&iacute;, en Roma, el ambiente ideal para ser cre&iacute;da, estudiada y servida.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, la unidad del Cuerpo eclesial se conserva y se edifica por medio del v&iacute;nculo de la paz, en la verdad y en la caridad (cf. <i>Ef<\/i> 4, 3). Por tanto, es necesario que vuestras Universidades sean, ante todo, <i>lugares de aut&eacute;ntica sabidur&iacute;a cristiana, <\/i>donde cada uno se esfuerce personalmente por realizar una s&iacute;ntesis coherente entre la fe y la vida, entre los contenidos estudiados y la conducta pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p> En esto, vuestros maestros han de ser <i>los santos<\/i>, especialmente los doctores de la Iglesia y los que han dedicado su vida al estudio y a la ense&ntilde;anza. Ellos son, en el sentido m&aacute;s alto, la &quot;generaci&oacute;n que busca el rostro de Dios&quot; (cf.<i>&nbsp;Sal<\/i> 23, 6) y, precisamente por haber sido contempladores apasionados del rostro de Dios, tambi&eacute;n han sabido transmitir a los dem&aacute;s los luminosos reflejos de verdad, de belleza y de bondad que brotan de &eacute;l.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a sant&iacute;sima, Sede de la Sabidur&iacute;a, vele siempre sobre vuestras comunidades acad&eacute;micas y sobre cada uno de vosotros. Que ella os obtenga del Esp&iacute;ritu Santo abundancia de sabidur&iacute;a, ciencia e inteligencia para que, como dice san Pablo en la carta a los Efesios, &quot;pod&aacute;is comprender con todos los santos cu&aacute;l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vay&aacute;is llenando hasta la total plenitud de Dios&quot; (<i>Ef<\/i>&nbsp;3,&nbsp;18-19). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IICON OCASI&Oacute;N DEL INICIO DEL A&Ntilde;O ACAD&Eacute;MICODE LAS UNIVERSIDADES PONTIFICIAS Viernes 25 de octubre de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Esta es la generaci&oacute;n que busca tu rostro Se&ntilde;or&quot; (cf. Sal 23, 6). 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