{"id":40505,"date":"2016-10-05T23:47:03","date_gmt":"2016-10-06T04:47:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-octubre-de-2002-visita-de-su-beatitud-teoctist-patriarca-de-la-iglesia-ortodoxa-rumana\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:03","slug":"13-de-octubre-de-2002-visita-de-su-beatitud-teoctist-patriarca-de-la-iglesia-ortodoxa-rumana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-octubre-de-2002-visita-de-su-beatitud-teoctist-patriarca-de-la-iglesia-ortodoxa-rumana\/","title":{"rendered":"13 de octubre de 2002, Visita de Su Beatitud Teoctist, Patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA DE SU BEATITUD TEOCTIST,<br \/> PATRIARCA DE LA IGLESIA ORTODOXA RUMANA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;<br \/><\/font><\/b><br \/>Domingo 13 de octubre de 2002<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos&quot;<\/i> (<i>Flp<\/i> 4, 20).<\/p>\n<p> As&iacute; se concluye el pasaje de la carta a los Filipenses que acabamos de proclamar. Este texto del ap&oacute;stol san Pablo est&aacute; impregnado de <i>intensa alegr&iacute;a<\/i>. Esa misma alegr&iacute;a colma hoy el coraz&oacute;n del Obispo de Roma por la grata visita del amado hermano, Su Beatitud Teoctist, Patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana, y por haber podido escuchar juntamente con &eacute;l la buena nueva.<\/p>\n<p> Beatitud, lo saludo con afecto fraterno a usted, as&iacute; como a sus colaboradores. Mi saludo cordial se extiende idealmente al Santo S&iacute;nodo, al clero y a los fieles de la Iglesia ortodoxa de Ruman&iacute;a, que me abrieron sus brazos y su coraz&oacute;n con ocasi&oacute;n de mi visita a Bucarest, en la primavera de 1999, hace tres a&ntilde;os.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;He escuchado con gran atenci&oacute;n sus inspiradas reflexiones, animadas por el ardiente deseo de la comuni&oacute;n plena de nuestras Iglesias. He notado en ellas una alentadora sinton&iacute;a de sentimientos y de voluntad encaminados a realizar el mandato que Cristo dio a sus disc&iacute;pulos durante&nbsp;la&nbsp;&uacute;ltima&nbsp;Cena:&nbsp;<i>&nbsp;&quot;Ut&nbsp;omnes&nbsp;unum sint, <\/i>que todos sean uno&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21).<\/p>\n<p> Beatitud, me alegra celebrar en su presencia esta sagrada liturgia, misterio de nuestra fe, y pedir junto con usted al Se&ntilde;or <i>por la unidad y por la paz <\/i>en la santa Iglesia y en el mundo. Juntos, en este lugar, somos <i>testigos del camino com&uacute;n<\/i> emprendido hacia el acercamiento de la Iglesia cat&oacute;lica y de la Iglesia ortodoxa de Ruman&iacute;a. Bendigo al Se&ntilde;or por cuanto nos ha dado ya en nuestra peregrinaci&oacute;n de comuni&oacute;n. Invoco su gracia para que nos conceda llevar a cumplimiento lo que ha suscitado en medio de nosotros, en apoyo del compromiso hacia la comuni&oacute;n plena.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;<i>&quot;He aqu&iacute; que todo est&aacute; preparado, todo&nbsp;est&aacute; dispuesto,&nbsp;venid&quot;<\/i>&nbsp;(cf.<i> Mt<\/i>&nbsp;22,&nbsp;4).<\/p>\n<p> En la p&aacute;gina evang&eacute;lica que acaba de proclamarse en lengua latina y rumana, casi respirando, por decirlo as&iacute;, con &quot;dos pulmones&quot;, ha resonado la invitaci&oacute;n a la boda real. <i>Todos somos invitados<\/i>. La llamada del Padre misericordioso y fiel constituye el n&uacute;cleo mismo de la revelaci&oacute;n divina y, en particular, del Evangelio. <i>Todos somos llamados<\/i>, llamados por nuestro nombre.<\/p>\n<p> &quot;&iexcl;Venid!&quot;. El Se&ntilde;or nos ha llamado a <i>formar parte de su Iglesia<\/i> una, santa, cat&oacute;lica y apost&oacute;lica. Por medio del &uacute;nico bautismo somos injertados en el &uacute;nico Cuerpo de Cristo. Pero nuestra respuesta, &iquest;ha sido siempre un s&iacute; incondicional? Por desgracia, <i>&iquest;no hemos rechazado alguna vez la invitaci&oacute;n?<\/i> &iquest;No hemos rasgado la t&uacute;nica incons&uacute;til del Se&ntilde;or, alej&aacute;ndonos los unos de los otros? &iexcl;S&iacute;! Nuestra divisi&oacute;n rec&iacute;proca es contraria a su voluntad.<\/p>\n<p> Quiera Dios que no se aplique tambi&eacute;n a nosotros este duro juicio:&nbsp; &quot;La boda est&aacute; preparada, pero los invitados no eran dignos&quot; (<i>Mt<\/i> 22, 8). Un d&iacute;a se nos pedir&aacute; cuenta de lo que hemos hecho por la unidad de los cristianos.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En su gracia hacia nosotros, pecadores, Dios nos ha concedido en estos &uacute;ltimos tiempos acercarnos m&aacute;s, con la oraci&oacute;n, la palabra y las obras, a la plenitud de la unidad querida por Jes&uacute;s para sus disc&iacute;pulos (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 1). Ha crecido nuestra conciencia de que hemos sido <i>invitados juntamente<\/i> a la boda real. En la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, Cristo nos dej&oacute; como herencia el memorial vivo de su muerte y resurrecci&oacute;n, en el que, bajo las especies del pan y del vino, nos da su Cuerpo y su Sangre. Como reafirm&oacute; el concilio Vaticano II, la Eucarist&iacute;a es la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana, el centro de irradiaci&oacute;n de la comunidad eclesial (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\"> Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, 10; <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i>, 30).<\/p>\n<p> La Iglesia cat&oacute;lica y las Iglesias ortodoxas, al celebrar seg&uacute;n sus respectivas tradiciones la verdadera Eucarist&iacute;a, viven ya ahora en una comuni&oacute;n profunda, aunque no sea plena. Quiera Dios que llegue cuanto antes el d&iacute;a bendito en que podamos vivir verdaderamente en su plenitud nuestra comuni&oacute;n perfecta. Hoy la invitaci&oacute;n del evangelio se dirige particularmente a nosotros. Dios nos guarde de actuar como los que &quot;se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio&quot; (<i>Mt<\/i> 22, 5).<br \/> 5.&nbsp;El rey, en la par&aacute;bola evang&eacute;lica, pregunt&oacute; a uno de los comensales:&nbsp; &quot;Amigo, &iquest;c&oacute;mo has entrado aqu&iacute; sin traje de boda?&quot; (<i>Mt<\/i> 22, 12). Estas palabras nos interpelan. Nos recuerdan que debemos prepararnos para la boda real, <i>revisti&eacute;ndonos del Se&ntilde;or Jesucristo<\/i> (cf.<i>&nbsp;Rm<\/i> 13, 14; <i>Ga<\/i> 3, 27).<\/p>\n<p> La participaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a presupone la conversi&oacute;n a una vida nueva. Tambi&eacute;n la participaci&oacute;n com&uacute;n, la comuni&oacute;n plena, presupone la conversi&oacute;n. No hay aut&eacute;ntico ecumenismo sin conversi&oacute;n interior y renovaci&oacute;n de la mente (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 6-7), si no se superan los prejuicios y las sospechas; si no se eliminan las palabras, los juicios y los gestos que no reflejan con justicia y verdad la condici&oacute;n de los hermanos separados; si no existe la voluntad de llegar a estimar al otro, de entablar una amistad rec&iacute;proca y alimentar un amor fraterno.<\/p>\n<p> Para alcanzar la comuni&oacute;n plena, debemos superar con valent&iacute;a nuestra desidia y estrechez de coraz&oacute;n (cf. <i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html\">Novo millennio ineunte<\/a><\/i>, 48). Debemos cultivar <i>la espiritualidad de la comuni&oacute;n<\/i>, que es capacidad &quot;de sentir al hermano de fe (&#8230;) como uno que me pertenece, para saber compartir sus alegr&iacute;as y sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad&quot; (<i>ib.<\/i>,&nbsp;43). Debemos alimentar incesantemente la pasi&oacute;n por la unidad.<\/p>\n<p> Su Beatitud ha subrayado oportunamente que en Europa y en el mundo, ampliamente secularizados, existe una preocupante crisis espiritual. Por tanto, resulta mucho m&aacute;s urgente el testimonio com&uacute;n de los cristianos.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, encomiendo al Se&ntilde;or estas reflexiones, que revisten hoy una importancia singular. En efecto, en esta liturgia est&aacute;n juntos el Sucesor de Pedro, Obispo de Roma, y el Patriarca ortodoxo de Ruman&iacute;a. Ambos <i>somos testigos de la creciente voluntad de unidad<\/i> y de comuni&oacute;n de nuestras Iglesias. Ambos, aun conociendo las dificultades subsistentes, confiamos en que nuestro ejemplo tenga un eco profundo en todo lugar donde conviven cat&oacute;licos y ortodoxos. Ojal&aacute; que nuestro testimonio alimente el deseo de reconocer en el otro a un hermano y de reconciliarnos con &eacute;l. Esta es la primera condici&oacute;n indispensable para acercarnos, juntos, a la &uacute;nica mesa del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p> Invoquemos para ello al Esp&iacute;ritu de unidad y de amor y la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a sant&iacute;sima, Madre de la Iglesia.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;Por &uacute;ltimo, quisiera enviar un saludo afectuoso al pueblo rumano y a todos sus componentes. Jam&aacute;s podr&eacute; olvidar la hist&oacute;rica visita que la divina Providencia me concedi&oacute; realizar hace tres a&ntilde;os a Bucarest. La acogida, el ambiente y los intensos sentimientos, el fervor y el entusiasmo espiritual, las expectativas de la gente, especialmente de los j&oacute;venes, y las palabras de esperanza:&nbsp; todo ha quedado grabado en mi memoria. &iexcl;Unidad! &iexcl;Unidad! Estas palabras, al final de mi visita, son indelebles. &iexcl;Unidad! &iexcl;Unidad! Doy gracias a Dios porque me concede ahora, en cierto modo, devolver las atenciones que me dispensaron entonces.<\/p>\n<p> Beatitud, al volver a su patria asegure que Ruman&iacute;a, a la que la tradici&oacute;n denomina con el hermoso t&iacute;tulo de &quot;Jard&iacute;n de la Madre de Dios&quot;, est&aacute; en el coraz&oacute;n del Obispo de Roma, que ora cada d&iacute;a por el amado pueblo rumano. &iexcl;Dios bendiga siempre a Ruman&iacute;a! <\/p>\n<p align=\"center\">* * *&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/latest\/documents\/teoctist_hom_20021013_sp.html\">Homil&iacute;a del Patriarca Teoctist<\/a> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA DE SU BEATITUD TEOCTIST, PATRIARCA DE LA IGLESIA ORTODOXA RUMANA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;Domingo 13 de octubre de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos&quot; (Flp 4, 20). 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