{"id":40512,"date":"2016-10-05T23:47:09","date_gmt":"2016-10-06T04:47:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2002-celebracion-ecumenica-de-visperas-en-el-vii-centenario-del-nacimiento-de-santa-brigida-de-suecia-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:09","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:09","slug":"4-de-octubre-de-2002-celebracion-ecumenica-de-visperas-en-el-vii-centenario-del-nacimiento-de-santa-brigida-de-suecia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2002-celebracion-ecumenica-de-visperas-en-el-vii-centenario-del-nacimiento-de-santa-brigida-de-suecia-2\/","title":{"rendered":"4 de octubre de 2002, Celebraci\u00f3n ecum\u00e9nica de V\u00edsperas en el VII centenario del nacimiento de santa Br\u00edgida de Suecia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N ECUM&Eacute;NICA DE V&Iacute;SPERAS EN EL VII CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA BR&Iacute;GIDA DE SUECIA, COPATRONA DE EUROPA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Viernes 4 de octubre de 2002<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y este crucificado&quot; (<i>1 Co<\/i> 2, 2). Las palabras del ap&oacute;stol san Pablo, que han resonado durante esta celebraci&oacute;n ecum&eacute;nica, tuvieron un eco singular en la actividad y en la experiencia m&iacute;stica de santa Br&iacute;gida de Suecia, de cuyo nacimiento conmemoramos el VII centenario. En las diversas etapas de su existencia, en las que fue primero esposa, madre y educadora, despu&eacute;s viuda y por &uacute;ltimo iniciadora de un nuevo camino de vida consagrada, la santa se inspir&oacute; constantemente en el misterio de la pasi&oacute;n y muerte de Cristo. Sus ojos no se cansaron de contemplar el rostro del Crucificado.<\/p>\n<p align=\"left\">La recordamos esta tarde, a la vez que damos &nbsp;gracias al Se&ntilde;or por una hija tan ilustre y tan santa de la noble tierra de Suecia, vinculada a la ciudad de Roma y testigo singular de las profundas ra&iacute;ces cristianas de la civilizaci&oacute;n europea.<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Me complace saludaros cordialmente a vosotros, queridos hermanos y hermanas que particip&aacute;is en esta solemne liturgia de V&iacute;speras en honor de santa Br&iacute;gida. Mi pensamiento va en particular a mis hermanos en el episcopado, al clero y a los religiosos y religiosas presentes.<\/p>\n<p align=\"left\">Con esp&iacute;ritu de fraternidad y amistad saludo a los distinguidos representantes de las Iglesias luteranas. Vuestra presencia en esta oraci&oacute;n es motivo de profunda alegr&iacute;a. Espero que nuestro encuentro en el nombre del Se&ntilde;or contribuya a fomentar nuestro di&aacute;logo ecum&eacute;nico y acorte el camino hacia la plena unidad de los cristianos.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo enviar un saludo especial a sus majestades el rey y la reina de Suecia, representados aqu&iacute; por su hija, la princesa Victoria.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo respetuosamente a las dem&aacute;s autoridades religiosas y civiles aqu&iacute; presentes, as&iacute; como a los organizadores, a los oradores y a los participantes en el simposio sobre &quot;El camino de la belleza para un mundo m&aacute;s justo y m&aacute;s digno&quot;, en conmemoraci&oacute;n del VII centenario del nacimiento de santa Br&iacute;gida. Dirijo un saludo afectuoso a las queridas religiosas de la Orden del Sant&iacute;simo Salvador de Santa Br&iacute;gida, presentes con la abadesa general.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Aqu&iacute;, junto a las tumbas de los Ap&oacute;stoles y en los lugares santificados por la sangre de los m&aacute;rtires, santa Br&iacute;gida pas&oacute; muchas horas en oraci&oacute;n durante su estancia en Roma. Aqu&iacute; sac&oacute; fuerza y firmeza para poder realizar ese extraordinario compromiso caritativo, misionero y social, que hizo de ella una de las personas m&aacute;s notables de su tiempo.<\/p>\n<p align=\"left\">Contemplando al Se&ntilde;or crucificado y en &iacute;ntima uni&oacute;n con su Pasi&oacute;n fue capaz, con determinaci&oacute;n prof&eacute;tica, de completar la misi&oacute;n que Cristo le hab&iacute;a confiado para el bien de la Iglesia y de la sociedad de aquella &eacute;poca.<\/p>\n<p align=\"left\">La estatua de m&aacute;rmol colocada en el exterior de la bas&iacute;lica vaticana, junto a la entrada llamada com&uacute;nmente puerta de la Plegaria, expresa muy bien el fervor de su vida y de su espiritualidad. Santa Br&iacute;gida est&aacute; representada en actitud de oraci&oacute;n, con el libro de sus &quot;Revelaciones&quot; abierto, llevando un bast&oacute;n y una alforja de peregrino, mientras contempla a Cristo crucificado.<\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Deseo poner de relieve otro aspecto de la personalidad de esta gran misionera de la fe, a la que quise proclamar <i>copatrona de Europa<\/i>:&nbsp; su anhelo activo y diligente de la unidad de los cristianos. En una &eacute;poca compleja y dif&iacute;cil de la historia eclesial y europea, esta disc&iacute;pula invicta del Se&ntilde;or no dej&oacute; de trabajar por la cohesi&oacute;n y el aut&eacute;ntico progreso de la unidad de los creyentes. Me complace repetir aqu&iacute; cuanto he recordado recientemente a las religiosas Br&iacute;gidas en un mensaje enviado precisamente con ocasi&oacute;n del VII centenario de su nacimiento. Santa Br&iacute;gida -he escrito-, &quot;como mujer de unidad, se nos presenta como testigo de ecumenismo. Su personalidad armoniosa inspira la vida de la Orden, cuyo origen se remonta a ella en la direcci&oacute;n de un ecumenismo espiritual y a la vez operativo&quot; (<i>Mensaje a la reverenda madre Tekla Famiglietti, abadesa general de la Orden del Sant&iacute;simo Salvador<\/i>, n. 6). Se trata de una herencia espiritual que conviene recoger y de un compromiso com&uacute;n que es preciso proseguir con gozosa generosidad. Pero, puesto que la unidad de la Iglesia es una gracia del Esp&iacute;ritu, somos conscientes de que ante todo es necesario implorarla constantemente en la oraci&oacute;n, y despu&eacute;s construirla con tenacidad incansable, dando cada uno su contribuci&oacute;n personal.<\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, hoy se celebra la fiesta de san Francisco de As&iacute;s. De todos son conocidas la admiraci&oacute;n y la devoci&oacute;n que esta terciaria franciscana sent&iacute;a por el <i>Poverello<\/i> de As&iacute;s. Entre las numerosas peregrinaciones que realiz&oacute; a los principales santuarios de su &eacute;poca, destaca la del verano de 1352 a As&iacute;s. Fue una visita que le dej&oacute; en la mente y en el coraz&oacute;n un recuerdo imborrable.<\/p>\n<p align=\"left\">Que estos dos grandes santos, que tanta influencia han ejercido en la vida de la Iglesia y en la historia del continente europeo, nos ayuden a ser, como ellos, testigos valientes de Cristo y de su perenne mensaje de salvaci&oacute;n. Interceda por nosotros Mar&iacute;a, de quien santa Br&iacute;gida fue siempre muy devota, para que contribuyamos eficazmente a la instauraci&oacute;n del reino de Cristo y a la construcci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n del amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N ECUM&Eacute;NICA DE V&Iacute;SPERAS EN EL VII CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA BR&Iacute;GIDA DE SUECIA, COPATRONA DE EUROPA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 4 de octubre de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y este crucificado&quot; (1 Co 2, 2). 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