{"id":40540,"date":"2016-10-05T23:47:41","date_gmt":"2016-10-06T04:47:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2002-santa-misa-in-cena-domini\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:41","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:41","slug":"28-de-marzo-de-2002-santa-misa-in-cena-domini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2002-santa-misa-in-cena-domini\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 2002, Santa Misa \u00abIn cena Domini\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA &quot;IN CENA DOMINI&quot;<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;Jueves Santo, 28 de marzo de 2002<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 13, 1). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras, recogidas &nbsp;en &nbsp;el pasaje evang&eacute;lico que se acaba de proclamar, subrayan muy bien el clima del Jueves santo. Nos permiten intuir los sentimientos &nbsp;que &nbsp;experiment&oacute; Cristo &quot;la noche en que iba a ser entregado&quot; (<i>1&nbsp;Co<\/i> 11, 23) y nos estimulan a participar con intensa e &iacute;ntima gratitud en el solemne rito que estamos realizando. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta tarde entramos en la Pascua de Cristo, que constituye el momento dram&aacute;tico y conclusivo, durante mucho tiempo preparado y esperado, de la existencia terrena del Verbo de Dios. Jes&uacute;s vino a nosotros no para ser servido, sino para servir, y tom&oacute; sobre s&iacute; los dramas y las esperanzas de los hombres de todos los tiempos. Anticipando m&iacute;sticamente el sacrificio de la cruz, en el Cen&aacute;culo quiso quedarse con nosotros bajo las especies del pan y del vino, y encomend&oacute; a los Ap&oacute;stoles y a sus sucesores la misi&oacute;n y el poder de perpetuar la memoria viva y eficaz del rito eucar&iacute;stico. <\/p>\n<p align=\"left\">Por consiguiente, esta celebraci&oacute;n nos implica m&iacute;sticamente a todos y nos introduce en el Triduo sacro, durante el cual tambi&eacute;n nosotros aprenderemos del &uacute;nico &quot;Maestro y Se&ntilde;or&quot; a &quot;tender las manos&quot; para ir a donde nos llama el cumplimiento de la voluntad del Padre celestial. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;&quot;Haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&quot; (<i>1 Co<\/i> 11, 24-25). Con este mandato, que nos compromete a repetir su gesto, Jes&uacute;s concluye la instituci&oacute;n del Sacramento del altar. Tambi&eacute;n al terminar el lavatorio de los pies, nos invita a imitarlo:&nbsp; &quot;Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, tambi&eacute;n lo hag&aacute;is vosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 15). De este modo establece una &iacute;ntima correlaci&oacute;n entre la Eucarist&iacute;a, sacramento del don de su sacrificio, y el mandamiento del amor, que nos compromete a acoger y a servir a nuestros hermanos. <\/p>\n<p align=\"left\">No se puede separar la participaci&oacute;n en la mesa del Se&ntilde;or del deber de amar al pr&oacute;jimo. Cada vez que participamos en la Eucarist&iacute;a, tambi&eacute;n nosotros pronunciamos nuestro &quot;Am&eacute;n&quot; ante el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or. As&iacute; nos comprometemos a hacer lo que Cristo hizo, &quot;lavar los pies&quot; de nuestros hermanos, transform&aacute;ndonos en imagen concreta y transparente de Aquel que &quot;se despoj&oacute; de su rango, y tom&oacute; la condici&oacute;n de esclavo&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 7). <\/p>\n<p align=\"left\">El amor es la herencia m&aacute;s valiosa que &eacute;l deja a los que llama a su seguimiento. Su amor, compartido por sus disc&iacute;pulos, es lo que esta tarde se ofrece a la humanidad entera. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;&quot;Quien come y bebe sin discernir el Cuerpo del Se&ntilde;or, come y bebe su propio castigo&quot; (<i>1 Co<\/i> 11, 29). La Eucarist&iacute;a es un gran don, pero tambi&eacute;n una gran responsabilidad para quien la recibe. Jes&uacute;s, ante Pedro que se resiste a dejarse lavar los pies, insiste en la necesidad de estar limpios para participar en el banquete y sacrificio de la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\">La tradici&oacute;n de la Iglesia siempre ha puesto de relieve el v&iacute;nculo existente entre la Eucarist&iacute;a y el sacramento de la Reconciliaci&oacute;n. Quise reafirmarlo tambi&eacute;n yo en la <i>Carta a los sacerdotes para el Jueves santo<\/i> de este a&ntilde;o, invitando ante todo a los presb&iacute;teros a considerar con renovado asombro la belleza del sacramento del perd&oacute;n. S&oacute;lo as&iacute; podr&aacute;n luego ayudar a descubrirlo a los fieles encomendados a su solicitud pastoral. <\/p>\n<p align=\"left\">El sacramento de la Penitencia devuelve a los bautizados la gracia divina perdida con el pecado mortal, y los dispone a recibir dignamente la Eucarist&iacute;a. Adem&aacute;s, en el coloquio directo que implica su celebraci&oacute;n ordinaria, el Sacramento puede responder a la exigencia de comunicaci&oacute;n personal, que hoy resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil a causa del ritmo fren&eacute;tico de la sociedad tecnol&oacute;gica. Con su labor iluminada y paciente, el confesor puede introducir al penitente en la comuni&oacute;n profunda con Cristo que el Sacramento devuelve y la Eucarist&iacute;a lleva a plenitud. <\/p>\n<p align=\"left\">Ojal&aacute; que el redescubrimiento del sacramento de la Reconciliaci&oacute;n ayude a todos los creyentes a acercarse con respeto y devoci&oacute;n a la mesa del Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;&quot;Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 1).<br \/> Volvemos espiritualmente al Cen&aacute;culo. Nos reunimos con fe en torno al altar del Se&ntilde;or, haciendo memoria de la &uacute;ltima Cena. Repitiendo los gestos de Cristo, proclamamos que su muerte ha redimido del pecado a la humanidad, y sigue abriendo la esperanza de un futuro de salvaci&oacute;n para los hombres de todas las &eacute;pocas. <\/p>\n<p align=\"left\">A los sacerdotes corresponde perpetuar el rito que, bajo las especies del pan y del vino, hace presente el sacrificio de Cristo de un modo verdadero, real y sustancial, hasta el fin de los tiempos. Todos los cristianos est&aacute;n llamados a servir con humildad y solicitud a sus hermanos para colaborar en su salvaci&oacute;n. Todo creyente tiene el deber de proclamar con su vida que el Hijo de Dios ha amado a los suyos &quot;hasta el extremo&quot;. Esta tarde, en un silencio lleno de misterio, se alimenta nuestra fe. <\/p>\n<p align=\"left\">En uni&oacute;n con toda la Iglesia, anunciamos tu muerte, Se&ntilde;or. Llenos de gratitud, gustamos ya la alegr&iacute;a de tu resurrecci&oacute;n. Rebosantes de confianza, nos comprometemos a vivir en la espera de tu vuelta gloriosa. Hoy y siempre, oh Cristo, nuestro Redentor. Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA &quot;IN CENA DOMINI&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Jueves Santo, 28 de marzo de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&quot; (Jn 13, 1). 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