{"id":40541,"date":"2016-10-05T23:47:42","date_gmt":"2016-10-06T04:47:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2002-santa-misa-crismal\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:42","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:42","slug":"28-de-marzo-de-2002-santa-misa-crismal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2002-santa-misa-crismal\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 2002, Santa Misa crismal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA CRISMAL EN LA BAS&Iacute;LICA DE SAN PEDRO<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Jueves Santo, 28 de marzo de 2002<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido&quot;<\/i> (<i>Is<\/i>&nbsp;61, 1).<\/p>\n<p> Estas palabras del profeta Isa&iacute;as representan el motivo dominante de la misa Crismal, <i>missa Chrismatis<\/i>, para la cual, esta ma&ntilde;ana del Jueves santo, se re&uacute;ne en cada di&oacute;cesis todo el presbiterio en torno a su Pastor. Durante este solemne rito, que tiene lugar antes del inicio del Triduo pascual, se bendicen los &oacute;leos, que llevar&aacute;n el b&aacute;lsamo de la gracia divina al pueblo cristiano. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or me ha ungido&quot;. Estas palabras se refieren, ante todo, a la misi&oacute;n mesi&aacute;nica de Jes&uacute;s, consagrado por virtud del Esp&iacute;ritu Santo y convertido en sumo y eterno Sacerdote de la nueva Alianza, sellada con su sangre. Todas las prefiguraciones del sacerdocio del Antiguo Testamento encuentran su realizaci&oacute;n en &eacute;l, &uacute;nico y definitivo mediador entre Dios y los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;&quot;Hoy se cumple esta Escritura que acab&aacute;is de o&iacute;r&quot; (<i>Lc<\/i> 4, 21). As&iacute; comenta Jes&uacute;s, en la sinagoga de Nazaret, el anuncio prof&eacute;tico de Isa&iacute;as. Afirma que &eacute;l es el ungido del Se&ntilde;or, a quien el Padre ha enviado para traer a los hombres la liberaci&oacute;n de sus pecados y anunciar la buena nueva a los pobres y a los afligidos. &Eacute;l es el que ha venido para proclamar el tiempo de la gracia y de la misericordia. El Ap&oacute;stol, en la carta a los Colosenses, afirma que Cristo, &quot;primog&eacute;nito de toda la creaci&oacute;n&quot; (<i>Col<\/i> 1, 15) es &quot;el primog&eacute;nito de entre los muertos&quot; (<i>Col<\/i> 1, 18). Acogiendo la llamada del Padre a asumir la condici&oacute;n humana, trae consigo el soplo de la vida nueva y da la salvaci&oacute;n a todos los que creen en &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;<i>&quot;Todos los ojos estaban fijos en &eacute;l&quot;<\/i> (<i>Lc<\/i> 4, 20).<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n nosotros, como las personas presentes en la sinagoga de Nazaret, tenemos &nbsp;la &nbsp;mirada &nbsp;fija &nbsp;en &nbsp;el Redentor, que &quot;ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre&quot; (<i>Ap<\/i>&nbsp;1, 6). Si cada bautizado participa de su sacerdocio real y prof&eacute;tico &quot;para ofrecer sacrificios espirituales aceptos a Dios&quot; (<i>1&nbsp;P<\/i> 2, 5), los presb&iacute;teros est&aacute;n llamados a compartir su oblaci&oacute;n de modo especial. Est&aacute;n llamados a vivirla en el servicio al sacerdocio com&uacute;n de los fieles. As&iacute; pues, gracias al sacramento del Orden, la misi&oacute;n encomendada por el Maestro a sus Ap&oacute;stoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Por consiguiente, es el sacramento del ministerio apost&oacute;lico, que conlleva los grados del episcopado, del presbiterado y del diaconado.<\/p>\n<p align=\"left\">Amad&iacute;simos hermanos, hoy tomamos conciencia particular de este ministerio peculiar que se nos ha conferido. El Maestro divino nos ha encomendado, en la Eucarist&iacute;a, la celebraci&oacute;n de su sacrificio, llam&aacute;ndonos as&iacute; a su especial seguimiento. Por eso, a lo largo de esta celebraci&oacute;n, le reafirmamos todos juntos nuestra fidelidad y nuestro amor, y, confiando en el poder de su gracia, renovamos las promesas que hicimos el d&iacute;a de nuestra ordenaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;&iexcl;Qu&eacute; grande es para nosotros este d&iacute;a! El Jueves santo, Jes&uacute;s nos convirti&oacute; en ministros de su presencia sacramental entre los hombres. Puso en nuestras manos su perd&oacute;n y su misericordia, y nos hizo el regalo de su sacerdocio para siempre.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Tu es sacerdos in aeternum! <\/i>Resuena en nuestra alma esta llamada, que nos hace percibir que nuestra vida est&aacute; vinculada indisolublemente a la suya. &iexcl;Para siempre!<\/p>\n<p align=\"left\">Adem&aacute;s de dar gracias por este don misterioso, no podemos por menos de confesar nuestras infidelidades. En la carta que, como todos los a&ntilde;os, quise enviar a los sacerdotes para esta ocasi&oacute;n especial, record&eacute; que &quot;todos nosotros -conscientes de la debilidad humana, pero confiando en el poder salvador de la gracia divina- estamos llamados a abrazar el <i>&quot;mysterium crucis&quot; <\/i>y a comprometernos a&uacute;n m&aacute;s en la b&uacute;squeda de la santidad&quot; (n. 11). Amad&iacute;simos hermanos, no olvidemos el valor y la importancia del sacramento de la Penitencia en nuestra existencia. Est&aacute; &iacute;ntimamente unido a la Eucarist&iacute;a y nos transforma en dispensadores de la misericordia divina. Si recurrimos a esta fuente de perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n, podremos ser aut&eacute;nticos ministros de Cristo e irradiar en nuestro entorno su paz y su amor.<\/p>\n<p align=\"left\">5.<i>&nbsp;&quot;Cantar&eacute; eternamente las misericordias del Se&ntilde;or&quot;<\/i> (Estribillo del Salmo responsorial).<\/p>\n<p> Congregados en torno al altar, ante la tumba del ap&oacute;stol san Pedro, a la vez que damos gracias por el don de nuestro sacerdocio ministerial, oremos por los que han sido instrumentos valiosos de la llamada divina con respecto a nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Pienso, ante todo, en nuestros padres, los cuales, al darnos la vida y al pedir para nosotros la gracia del bautismo, nos insertaron en el pueblo de la salvaci&oacute;n y, con su fe, nos ense&ntilde;aron a estar atentos y disponibles a la voz del Se&ntilde;or. Adem&aacute;s, recordemos a los que, con su testimonio y su sabios consejos, nos han guiado en el discernimiento de nuestra vocaci&oacute;n. Y &iquest;qu&eacute; decir de los numerosos fieles laicos que nos han acompa&ntilde;ado en nuestro camino hacia el sacerdocio y siguen estando cerca de nosotros en el ministerio pastoral? A todos les recompense el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Oremos por todos los presb&iacute;teros; de modo singular, por los que trabajan en medio de grandes dificultades o sufren persecuciones, y tengamos un recuerdo especial por los que han pagado con la sangre su fidelidad a Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Oremos por aquellos hermanos nuestros que no han cumplido los compromisos asumidos con su ordenaci&oacute;n sacerdotal o que atraviesan un per&iacute;odo de dificultad y de crisis. Cristo, que nos ha elegido para una misi&oacute;n tan sublime, no permitir&aacute; que nos falte su gracia y la alegr&iacute;a de seguirlo, tanto en el Tabor como en el camino de la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">Nos acompa&ntilde;e y sostenga Mar&iacute;a, la Madre del sumo y eterno Sacerdote, que no llam&oacute; a sus Ap&oacute;stoles &quot;siervos&quot;, sino &quot;amigos&quot;. A Jes&uacute;s, nuestro Maestro y hermano, gloria y poder por los siglos de los siglos (cf. <i>Ap<\/i> 1, 6). Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA CRISMAL EN LA BAS&Iacute;LICA DE SAN PEDRO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves Santo, 28 de marzo de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido&quot; (Is&nbsp;61, 1). 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