{"id":40544,"date":"2016-10-05T23:47:47","date_gmt":"2016-10-06T04:47:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-febrero-de-2002-visita-pastoral-a-la-basilica-romana-de-santa-pudenciana\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:47","slug":"24-de-febrero-de-2002-visita-pastoral-a-la-basilica-romana-de-santa-pudenciana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-febrero-de-2002-visita-pastoral-a-la-basilica-romana-de-santa-pudenciana\/","title":{"rendered":"24 de febrero de 2002, Visita pastoral a la Bas\u00edlica romana de Santa Pudenciana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA IGLESIA DE SANTA PUDENCIANA<br \/>PARA LA COMUNIDAD FILIPINA DE ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;Domingo 24 de febrero de 2002&nbsp;<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"><i>&quot;Este &nbsp;es mi Hijo, el amado; escuchadle&quot;.<\/i><\/p>\n<p> 1.&nbsp;Con el ap&oacute;stol san Pedro, yo tambi&eacute;n digo:&nbsp; &quot;&iexcl;Qu&eacute; hermoso es estar aqu&iacute;!&quot; (<i>Mt<\/i> 17, 4), reunidos, como sucede ahora, en torno al Se&ntilde;or Jes&uacute;s. Su rostro resplandece como la luz que penetra en esta antigua bas&iacute;lica de Santa Pudenciana. Al proseguir la peregrinaci&oacute;n cuaresmal hacia la Pascua, nos sentimos como envueltos por una nube luminosa. El Padre nos dice desde lo alto del cielo:&nbsp; <i>Escuchad a Jes&uacute;s.<\/i> Sin embargo, como Pedro, Santiago y Juan, tambi&eacute;n nosotros a veces tenemos miedo. Preferimos otras voces, voces de la tierra, puesto que es m&aacute;s f&aacute;cil escucharlas y parecen tener m&aacute;s sentido. Pero <i>s&oacute;lo Jes&uacute;s puede conducirnos a la vida<\/i>. S&oacute;lo su palabra es palabra de vida eterna. Con gratitud acojamos su invitaci&oacute;n:&nbsp; &iexcl;No teng&aacute;is miedo! &iexcl;Escuchad mi voz!<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Con gran alegr&iacute;a saludo a cuantos est&aacute;n comprometidos en la capellan&iacute;a cat&oacute;lica filipina en Roma, m&aacute;s conocida como &quot;Centro filipino&quot;, que coordina 38 centros pastorales esparcidos por la ciudad, atendiendo las necesidades espirituales, morales y sociales de decenas de miles de inmigrantes filipinos.<\/p>\n<p> Saludo cordialmente a los se&ntilde;ores cardenales Camillo Ruini, mi vicario para la di&oacute;cesis de Roma, y Jos&eacute; S&aacute;nchez, prefecto em&eacute;rito de la Congregaci&oacute;n para el clero. Saludo, asimismo, al obispo auxiliar, monse&ntilde;or Luigi Moretti, y a los se&ntilde;ores embajadores de Filipinas ante la Santa Sede y ante la Rep&uacute;blica italiana. Mi saludo se extiende a vuestro querido sacerdote, padre Remo Bati, y a los que le ayudan en la capellan&iacute;a filipina. Saludo al mismo tiempo al rector de la bas&iacute;lica, monse&ntilde;or Gino Amicarelli, a los fieles presentes en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, a los que est&aacute;n comprometidos en la actividad de la Asociaci&oacute;n cat&oacute;lica internacional para el servicio de la juventud, a las Hijas del Oratorio y a las Oblatas del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, que celebran el 330&deg; aniversario de la fundaci&oacute;n de su congregaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Por &uacute;ltimo, mi afectuoso saludo se dirige a todos los filipinos que viven en Roma, en Italia y en las dem&aacute;s partes del mundo. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, es sabido que am&aacute;is vuestras tradiciones y manten&eacute;is viva vuestra fe con una asidua pr&aacute;ctica religiosa. Doy gracias al Se&ntilde;or por ello, y os animo a caminar siempre por el sendero de la fidelidad plena a Cristo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Esta ma&ntilde;ana, <i>Jes&uacute;s nos habla de bendici&oacute;n<\/i>. Se&ntilde;ala la bendici&oacute;n suprema de la Pascua, y evoca la bendici&oacute;n prometida a Abraham y a sus descendientes.<\/p>\n<p> En la primera lectura, tomada del libro del G&eacute;nesis, Dios promete a Abraham dos cosas que parecen imposibles:&nbsp; un hijo y una tierra. Abraham era rico, pero, sin la promesa del Se&ntilde;or, su vida hubiera terminado simplemente con la muerte. Al bendecir a Abraham con un hijo y una tierra, <i>Dios le ofrece una vida que es m&aacute;s grande que la muerte<\/i>. Dios asegura a &quot;nuestro padre en la fe&quot; que no ser&aacute; la muerte, sino la vida, la que dir&aacute; la &uacute;ltima palabra. Esta promesa encuentra su cumplimiento definitivo en la Pascua, cuando Cristo resucita de entre los muertos. No basta que el seno est&eacute;ril de Sara d&eacute; a luz a Isaac, porque la muerte seguir&aacute; dominando. <i>La promesa hecha a Abraham s&oacute;lo se cumple cuando la muerte misma es destruida<\/i>; y la muerte es destruida cuando Cristo resucita a una vida nueva.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Debemos recordar, asimismo, que la promesa no s&oacute;lo se hizo a Abraham, sino tambi&eacute;n <i>a su descendencia, es decir, &iexcl;a nosotros!<\/i> Por eso, durante la Cuaresma presentamos a Dios todo lo que hay de est&eacute;ril y muerto en nosotros, todos nuestros sufrimientos y pecados, confiando en que Dios, que dio a Sara un hijo y que resucit&oacute; a Jes&uacute;s de entre los muertos, transformar&aacute; todo lo que hay de est&eacute;ril y muerto en nuestra existencia en una vida nueva y maravillosa. Pero esto significa que <i>debemos renunciar a muchas cosas familiares<\/i>.<\/p>\n<p> Dios dice a Abraham:&nbsp; &quot;&iexcl;Sal de tu tierra, de tu familia y de la casa de tu padre!&quot;. Muchos de vosotros hab&eacute;is hecho precisamente eso:&nbsp; hab&eacute;is dejado vuestro hogar y vuestra familia a fin de llegar a ser, a vuestro modo, una bendici&oacute;n para vuestros seres queridos que est&aacute;n en Filipinas, contribuyendo a su sustento y ofreciendo mayores oportunidades culturales y sociales a vuestros hijos y a vuestras familias. La separaci&oacute;n es dolorosa y el precio es elevado, pero es un precio que est&aacute;is dispuestos a pagar en un mundo dif&iacute;cil y, a menudo, injusto.<\/p>\n<p> Dado que vivimos en un mundo pecaminoso, tambi&eacute;n la Cuaresma debe llegar a ser una especie de separaci&oacute;n. Estamos llamados a dejar atr&aacute;s nuestros antiguos caminos de pecado, que hacen est&eacute;ril nuestra vida y nos condenan a la muerte espiritual. Sin embargo, a menudo esos caminos pecaminosos est&aacute;n tan profundamente enraizados en nuestra vida, que es doloroso dejarlos para ir a la tierra de bendici&oacute;n que promete Dios. <i>Este arrepentimiento es dif&iacute;cil; pero es el precio que se debe pagar<\/i>, si queremos recibir la bendici&oacute;n que el Padre promete a los que escuchan la voz de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p> Recordad tambi&eacute;n la promesa de Dios seg&uacute;n la cual en Abraham &quot;ser&aacute;n bendecidas todas las familias de la tierra&quot;. <i>La bendici&oacute;n de vida abrazar&aacute; al mundo entero<\/i>. Por tanto, en estos d&iacute;as de Cuaresma y en estos tiempos tan dif&iacute;ciles, presentemos a Dios todo lo hay de est&eacute;ril y muerto en el mundo. <i>Present&eacute;mosle el azote de las guerras, la violencia, las enfermedades, el hambre, la pobreza y la injusticia al Dios de toda bendici&oacute;n.<\/i> Pid&aacute;mosle que toque estos males y los transforme en vida.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Al escuchar a Jes&uacute;s, nos disponemos a lo que san Pablo llama &quot;la fuerza de Dios, que nos ha salvado&quot;. Esta fuerza nos capacita para encontrarlo. Entonces, podemos dar testimonio de &eacute;l con nuestra vida, en virtud de la gracia que nos transfigura interiormente. Resplandeceremos como el sol, &quot;no por nuestras obras, sino por su propia determinaci&oacute;n [de Dios] y por su gracia&quot;, como el Ap&oacute;stol escribe&nbsp;a Timoteo (<i>2&nbsp;Tm<\/i>&nbsp;1,&nbsp;9).<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, este es el significado de la Cuaresma:&nbsp; nuestra existencia, renovada mediante la oraci&oacute;n, la penitencia y la caridad, se abre a la escucha de Dios y a la fuerza de su misericordia. As&iacute;, en la Pascua podremos bajar de la monta&ntilde;a santa y disipar las tinieblas del mundo con la luz gloriosa que resplandece en la faz de Cristo (cf. <i>2 Co<\/i> 4, 6).<\/p>\n<p> Esta es la promesa del Se&ntilde;or. Que Aquel que inici&oacute; en nosotros la obra buena, la lleve a t&eacute;rmino (cf. <i>Flp<\/i> 1, 6). Nos lo obtenga la Virgen Mar&iacute;a, Mujer de la escucha d&oacute;cil y modelo de santidad diaria.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA IGLESIA DE SANTA PUDENCIANAPARA LA COMUNIDAD FILIPINA DE ROMA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Domingo 24 de febrero de 2002&nbsp; &nbsp; &quot;Este &nbsp;es mi Hijo, el amado; escuchadle&quot;. 1.&nbsp;Con el ap&oacute;stol san Pedro, yo tambi&eacute;n digo:&nbsp; &quot;&iexcl;Qu&eacute; hermoso es estar aqu&iacute;!&quot; (Mt 17, 4), reunidos, como sucede ahora, en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-febrero-de-2002-visita-pastoral-a-la-basilica-romana-de-santa-pudenciana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de febrero de 2002, Visita pastoral a la Bas\u00edlica romana de Santa Pudenciana\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40544","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40544","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40544"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40544\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40544"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40544"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40544"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}