{"id":40546,"date":"2016-10-05T23:47:49","date_gmt":"2016-10-06T04:47:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-febrero-de-2002-miercoles-de-ceniza\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:49","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:49","slug":"13-de-febrero-de-2002-miercoles-de-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-febrero-de-2002-miercoles-de-ceniza\/","title":{"rendered":"13 de febrero de 2002, Mi\u00e9rcoles de Ceniza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">ESTACI&Oacute;N CUARESMAL PRESIDIDA POR EL SANTO PADRE<br \/>EN LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA DE ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 13 de febrero de 2002<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.<i>&nbsp;&quot;Rasgad vuestro coraz&oacute;n, no vuestras vestiduras:&nbsp; convert&iacute;os al Se&ntilde;or Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso&quot;<\/i> (<i>Jl<\/i> 2, 13).<\/p>\n<p> Con estas palabras del profeta Joel, la liturgia de hoy nos introduce en la Cuaresma. Nos indica que la <i>conversi&oacute;n del coraz&oacute;n<\/i> es la dimensi&oacute;n fundamental del singular tiempo de gracia que nos disponemos a vivir. Sugiere, asimismo, la motivaci&oacute;n profunda que nos impulsa a reanudar el camino hacia Dios:&nbsp; es la conciencia recuperada de que <i>el Se&ntilde;or es misericordioso <\/i>y de que todo hombre es un hijo amado por &eacute;l y llamado a la conversi&oacute;n.<\/p>\n<p> Con gran riqueza de s&iacute;mbolos, el texto prof&eacute;tico reci&eacute;n proclamado recuerda que el compromiso espiritual ha de traducirse en opciones y en gestos concretos; que &nbsp;la aut&eacute;ntica conversi&oacute;n no debe reducirse a formas exteriores o a vagos prop&oacute;sitos, sino que exige la implicaci&oacute;n y la transformaci&oacute;n de toda la existencia.<\/p>\n<p> La exhortaci&oacute;n &quot;convert&iacute;os al Se&ntilde;or Dios vuestro&quot; implica el desprendimiento de lo que nos mantiene alejados de &eacute;l. Este desprendimiento constituye el punto de partida necesario para restablecer con Dios la alianza rota a causa del pecado.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;En nombre de Cristo os pedimos que&nbsp;os reconcili&eacute;is con&nbsp;Dios&quot; (<i>2&nbsp;Co<\/i>&nbsp;5,&nbsp;20). La apremiante invitaci&oacute;n a la reconciliaci&oacute;n con Dios est&aacute; presente tambi&eacute;n en el pasaje de la segunda carta a los Corintios, que acabamos de escuchar.<\/p>\n<p> La referencia a Cristo, que se halla en el centro de toda la argumentaci&oacute;n, sugiere que en &eacute;l se da al pecador la posibilidad de <i>una aut&eacute;ntica reconciliaci&oacute;n<\/i>. En efecto, &quot;al que no hab&iacute;a pecado Dios lo hizo expiaci&oacute;n por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a &eacute;l, recibamos la justificaci&oacute;n de Dios&quot; (<i>2 Co<\/i> 5, 21). S&oacute;lo Cristo puede transformar la situaci&oacute;n de pecado en situaci&oacute;n de gracia.<br \/>S&oacute;lo &eacute;l puede convertir en &quot;momento favorable&quot; los tiempos de una humanidad inmersa y da&ntilde;ada por el pecado, turbada por las divisiones y el odio. En efecto, &quot;&eacute;l es nuestra paz. &Eacute;l ha hecho de los dos pueblos uno solo, derribando el muro que los separaba:&nbsp; el odio. (&#8230;) Reconcili&oacute; con Dios a los dos pueblos, uni&eacute;ndolos en un solo cuerpo mediante la cruz&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14.&nbsp;16).<\/p>\n<p> <i>&iexcl;Este es el momento favorable!<\/i> Un momento ofrecido tambi&eacute;n a nosotros, que hoy emprendemos con esp&iacute;ritu penitente el austero camino cuaresmal.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Convert&iacute;os &nbsp;a &nbsp;m&iacute; de todo coraz&oacute;n:&nbsp; con ayuno, &nbsp;con llanto, con luto&quot; (<i>Jl<\/i> 2, 12).<br \/> La liturgia del mi&eacute;rcoles de Ceniza, por boca del profeta Joel, exhorta a la conversi&oacute;n a ancianos, mujeres, hombres maduros, j&oacute;venes y ni&ntilde;os. <i>Todos debemos pedir perd&oacute;n al Se&ntilde;or<\/i> por nosotros y por los dem&aacute;s (cf. <i>Jl<\/i> 2, 16-17).<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, siguiendo la tradici&oacute;n de las estaciones cuaresmales, estamos hoy reunidos aqu&iacute;, en <i>la antigua bas&iacute;lica de Santa Sabina<\/i>, para responder a esa apremiante exhortaci&oacute;n. Tambi&eacute;n nosotros, como los contempor&aacute;neos del profeta, tenemos ante los ojos y llevamos grabadas en el coraz&oacute;n im&aacute;genes de sufrimientos y de enormes tragedias, a menudo fruto del ego&iacute;smo irresponsable. Tambi&eacute;n nosotros sentimos el peso del desconcierto de numerosos hombres y mujeres ante el dolor de los inocentes y las contradicciones de la humanidad actual.<br \/>Necesitamos la ayuda del Se&ntilde;or para recuperar la confianza y la alegr&iacute;a de la vida. Debemos volver a &eacute;l, que nos abre hoy la puerta de su coraz&oacute;n, rico en bondad y misericordia.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En el centro de atenci&oacute;n de esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica hay <i>un gesto simb&oacute;lico<\/i>, ilustrado oportunamente por las palabras que lo acompa&ntilde;an. Es <i>la imposici&oacute;n de la ceniza<\/i>, cuyo significado, que evoca con fuerza la condici&oacute;n humana, queda destacado en la <i>primera f&oacute;rmula<\/i> del rito:&nbsp; &quot;Acu&eacute;rdate de que eres polvo y al polvo volver&aacute;s&quot; (cf. <i>Gn<\/i> 3, 19). Estas palabras, tomadas del libro del G&eacute;nesis, recuerdan la caducidad de la existencia e invitan a considerar la vanidad de todo proyecto terreno, cuando el hombre no funda su esperanza en el Se&ntilde;or. La <i>segunda f&oacute;rmula<\/i> que prev&eacute; el rito:&nbsp; &quot;Convert&iacute;os y creed el Evangelio&quot; (<i>Mt<\/i> 1, 15) subraya cu&aacute;l es la condici&oacute;n indispensable para avanzar por la senda de la vida cristiana:&nbsp; se requieren un cambio interior real y la adhesi&oacute;n confiada en la palabra de Cristo.<\/p>\n<p> Por tanto, la liturgia de hoy puede considerarse, en cierto modo, como una &quot;liturgia de muerte&quot;, que remite al Viernes santo, en el que el rito actual alcanza su realizaci&oacute;n plena. En efecto, en Cristo, que &quot;se rebaj&oacute; hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 8), tambi&eacute;n nosotros debemos morir a nosotros mismos para renacer a la vida eterna.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Escuchemos la invitaci&oacute;n que el Se&ntilde;or nos hace a trav&eacute;s de los gestos y las palabras, intensas y austeras, de la liturgia de este mi&eacute;rcoles de Ceniza. Acoj&aacute;mosla con la actitud humilde y confiada que nos propone el salmista:&nbsp; &quot;Contra ti, contra ti solo pequ&eacute;; comet&iacute; la maldad que aborreces&quot;. Y tambi&eacute;n:&nbsp; &quot;Oh Dios, crea en m&iacute; un coraz&oacute;n puro; renu&eacute;vame por dentro con esp&iacute;ritu firme&#8230;&quot; (cf. <i>Sal<\/i> 50).<\/p>\n<p> Ojal&aacute; que el tiempo cuaresmal sea para todos una renovada experiencia de conversi&oacute;n y de profunda reconciliaci&oacute;n con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Nos lo obtenga la Virgen de los Dolores, a la que, a lo largo del camino cuaresmal, contemplamos unida al sufrimiento y a la pasi&oacute;n redentora de su Hijo. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESTACI&Oacute;N CUARESMAL PRESIDIDA POR EL SANTO PADREEN LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA DE ROMA HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 13 de febrero de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Rasgad vuestro coraz&oacute;n, no vuestras vestiduras:&nbsp; convert&iacute;os al Se&ntilde;or Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso&quot; (Jl 2, 13). Con estas palabras del profeta Joel, la liturgia &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-febrero-de-2002-miercoles-de-ceniza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab13 de febrero de 2002, Mi\u00e9rcoles de Ceniza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40546","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40546","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40546"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40546\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40546"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40546"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40546"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}