{"id":40547,"date":"2016-10-05T23:47:51","date_gmt":"2016-10-06T04:47:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vi-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-de-juan-pablo-ii-2-de-febrero-de-2002\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:51","slug":"vi-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-de-juan-pablo-ii-2-de-febrero-de-2002","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vi-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-de-juan-pablo-ii-2-de-febrero-de-2002\/","title":{"rendered":"VI Jornada Mundial de la Vida Consagrada, Homil\u00eda de Juan Pablo II (2 de febrero de 2002)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\">FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>S&aacute;bado 2 de febrero de 2002<br \/>VI Jornada de la vida consagrada<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Los padres de Jes&uacute;s lo llevaron a Jerusal&eacute;n, para presentarlo al Se&ntilde;or, de acuerdo con lo escrito en la ley del Se&ntilde;or&quot; <\/i>(<i>Lc<\/i> 2, 22).<\/p>\n<p> Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Navidad, la Iglesia revive hoy el misterio de la presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo. Lo revive <i>con el estupor de la Sagrada Familia de Nazaret<\/i>, iluminada &nbsp;por la revelaci&oacute;n plena de aquel &quot;ni&ntilde;o&quot; que, como nos acaban de recordar la primera y la segunda lectura, es el juez escatol&oacute;gico prometido por los profetas (cf.<i> Ml<\/i> 3, 1-3), el &quot;sumo sacerdote compasivo y fiel&quot; que vino para &quot;expiar los pecados del pueblo&quot; (<i>Hb<\/i> 2, 17).<\/p>\n<p> El ni&ntilde;o, que Mar&iacute;a y Jos&eacute; llevaron con emoci&oacute;n al templo, es el Verbo encarnado, el Redentor del hombre y de la historia.<\/p>\n<p> Hoy, conmemorando lo que sucedi&oacute; aquel d&iacute;a en Jerusal&eacute;n, somos invitados tambi&eacute;n nosotros a entrar en el templo para meditar en el misterio de Cristo, <i>unig&eacute;nito del Padre<\/i> que, con su Encarnaci&oacute;n y su Pascua, se ha convertido en el <i>primog&eacute;nito de la humanidad redimida<\/i>.<br \/> As&iacute;, en esta fiesta se prolonga el tema de <i>Cristo luz<\/i>, que caracteriza las solemnidades de la Navidad y de la Epifan&iacute;a.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 32). Estas palabras prof&eacute;ticas las pronuncia el anciano Sime&oacute;n, inspirado por Dios, cuando toma en brazos al ni&ntilde;o Jes&uacute;s. Al mismo tiempo, anuncia que el &quot;Mes&iacute;as del Se&ntilde;or&quot; cumplir&aacute; su misi&oacute;n como &quot;signo de contradicci&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 34). En cuanto a Mar&iacute;a, la Madre, tambi&eacute;n ella participar&aacute; personalmente en la pasi&oacute;n de su Hijo divino (cf. <i>Lc<\/i> 2, 35).<\/p>\n<p> Por tanto, en esta fiesta celebramos <i>el misterio de la consagraci&oacute;n<\/i>:&nbsp; consagraci&oacute;n de Cristo, consagraci&oacute;n de Mar&iacute;a, y consagraci&oacute;n de todos lo que siguen a Jes&uacute;s por amor al Reino.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;A la vez que saludo con fraterna cordialidad al se&ntilde;or cardenal Eduardo Mart&iacute;nez Somalo, que preside esta celebraci&oacute;n, me alegra poder encontrarme con vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas que un d&iacute;a, cercano o lejano, <i>os hab&eacute;is entregado totalmente al Se&ntilde;or <\/i>en la opci&oacute;n de la vida consagrada. Al dirigiros a cada uno mi afectuoso saludo, pienso en las maravillas que Dios ha realizado y realiza en vosotros, &quot;atrayendo a s&iacute;&quot; toda vuestra existencia. Alabo con vosotros al Se&ntilde;or, porque es Amor tan grande y hermoso, que merece la entrega inestimable de toda la persona en la insondable profundidad del coraz&oacute;n y en el desarrollo de la vida diaria a lo largo de las diversas edades.<\/p>\n<p> Vuestro &quot;Heme aqu&iacute;&quot;, seg&uacute;n el modelo de Cristo y de la Virgen Mar&iacute;a, est&aacute; simbolizado por los cirios que han iluminado esta tarde la bas&iacute;lica vaticana. La fiesta de hoy est&aacute; dedicada de modo especial a vosotros, que en el pueblo de Dios represent&aacute;is con singular elocuencia la novedad escatol&oacute;gica de la vida cristiana. Vosotros est&aacute;is llamados a ser luz de verdad y de justicia; testigos de solidaridad y de paz.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Sigue vivo el recuerdo de la <i>Jornada de oraci&oacute;n por la paz<\/i>, que vivimos hace diez d&iacute;as en <i>As&iacute;s<\/i>. Sab&iacute;a y s&eacute; que para esa extraordinaria movilizaci&oacute;n en favor de la paz en el mundo puedo contar de modo particular con vosotros, amad&iacute;simas personas consagradas. A vosotros, tambi&eacute;n en esta ocasi&oacute;n, os expreso mi <i>profunda gratitud<\/i>.<\/p>\n<p> Gracias, ante todo, por la <i>oraci&oacute;n<\/i>. &iexcl;Cu&aacute;ntas comunidades contemplativas, dedicadas totalmente a la oraci&oacute;n, llaman noche y d&iacute;a al coraz&oacute;n del Dios de la paz, contribuyendo a la victoria de Cristo sobre el odio, sobre la venganza y sobre las estructuras de pecado!<\/p>\n<p> Adem&aacute;s de la oraci&oacute;n, muchos de vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, constru&iacute;s la paz con el <i>testimonio de la fraternidad y de la comuni&oacute;n<\/i>, difundiendo en el mundo, como levadura, el esp&iacute;ritu evang&eacute;lico, que hace crecer a la humanidad hacia el reino de los cielos. &iexcl;Gracias tambi&eacute;n por esto!<\/p>\n<p> No faltan tampoco religiosos y religiosas que, en m&uacute;ltiples fronteras, viven su <i>compromiso concreto por la justicia<\/i>, trabajando entre los marginados, interviniendo en las ra&iacute;ces de los conflictos y contribuyendo as&iacute; a edificar una paz fundamental y duradera. Dondequiera que la Iglesia est&aacute; comprometida en la defensa y en la promoci&oacute;n del hombre y del bien com&uacute;n, all&iacute; tambi&eacute;n est&aacute;is vosotros, queridos consagrados y consagradas. Vosotros, que, para ser totalmente de Dios, sois tambi&eacute;n totalmente de los hermanos. Toda persona de buena voluntad os lo agradece mucho.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;El icono de Mar&iacute;a, que contemplamos mientras ofrece a Jes&uacute;s en el templo, prefigura el de la crucifixi&oacute;n, anticipando tambi&eacute;n su clave de lectura:&nbsp; Jes&uacute;s, Hijo de Dios, signo de contradicci&oacute;n. En efecto, en el Calvario se realiza <i>la oblaci&oacute;n del Hijo y, junto con ella, la de la Madre.<\/i> Una misma espada traspasa a ambos, a la Madre y al Hijo (cf.<i>&nbsp;Lc<\/i> 2, 35). El mismo dolor. El mismo amor.<\/p>\n<p> A lo largo de este camino, la <i>Mater Jesu<\/i> se ha convertido en <i>Mater Ecclesiae<\/i>. Su peregrinaci&oacute;n de fe y de consagraci&oacute;n constituye el arquetipo de la de todo bautizado. Lo es, de modo singular, para cuantos abrazan la vida consagrada.<\/p>\n<p> &iexcl;Cu&aacute;n consolador es saber que Mar&iacute;a est&aacute; a nuestro lado, como Madre y Maestra, en nuestro itinerario de consagraci&oacute;n! No s&oacute;lo nos acompa&ntilde;a en el plano simplemente afectivo, sino tambi&eacute;n, m&aacute;s profundamente, en el de la eficacia sobrenatural, confirmada por las Escrituras, la Tradici&oacute;n y el testimonio de los santos, muchos de los cuales siguieron a Cristo por la senda exigente de los consejos evang&eacute;licos.<\/p>\n<p> Oh Mar&iacute;a, Madre de Cristo y Madre nuestra, te damos gracias por la solicitud con que nos acompa&ntilde;as a lo largo del camino de la vida, y te pedimos:&nbsp; pres&eacute;ntanos hoy nuevamente a Dios, nuestro &uacute;nico bien, para que nuestra vida, consumada por el Amor, sea sacrificio vivo,&nbsp;santo y agradable a &eacute;l. As&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 2 de febrero de 2002VI Jornada de la vida consagrada &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Los padres de Jes&uacute;s lo llevaron a Jerusal&eacute;n, para presentarlo al Se&ntilde;or, de acuerdo con lo escrito en la ley del Se&ntilde;or&quot; (Lc 2, 22). 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