{"id":40549,"date":"2016-10-05T23:47:54","date_gmt":"2016-10-06T04:47:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2002-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:54","slug":"6-de-enero-de-2002-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2002-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2002, Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL DE DIEZ PRESB&Iacute;TEROS<br \/>EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 6 de enero de 2002 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;<i>Lumen gentium (&#8230;) Christus<\/i>, Cristo es la luz de los pueblos&quot; (<i>Lumen gentium<\/i>, 1).<br \/> El <i>tema de la luz<\/i> domina las solemnidades de la Navidad y de la Epifan&iacute;a, que antiguamente -y a&uacute;n hoy en Oriente- estaban unidas en una sola y gran &quot;fiesta de la luz&quot;. En el clima sugestivo de la Noche santa apareci&oacute; la luz; naci&oacute; Cristo, &quot;luz de los pueblos&quot;. &Eacute;l es el &quot;sol que nace de lo alto&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 78), el sol que vino al mundo para disipar las tinieblas del mal e inundarlo con el esplendor del amor divino. El evangelista san Juan escribe:&nbsp; &quot;La luz verdadera, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 9).<\/p>\n<p> &quot;<i>Deus lux est<\/i>, Dios es luz&quot;<i>, <\/i>recuerda tambi&eacute;n san Juan, sintetizando no una teor&iacute;a gn&oacute;stica, sino &quot;el mensaje que hemos o&iacute;do de &eacute;l&quot; (<i>1 Jn<\/i> 1, 5), es decir, de Jes&uacute;s. En el evangelio recoge las palabras que oy&oacute; de los labios del Maestro:&nbsp; &quot;Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminar&aacute; en la oscuridad, sino que tendr&aacute; la luz de la vida&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12).<\/p>\n<p> Al encarnarse, el Hijo de Dios <i>se manifest&oacute; como luz<\/i>. No s&oacute;lo luz externa, en la historia del mundo, sino tambi&eacute;n <i>dentro del hombre<\/i>, en su historia personal. Se hizo uno de nosotros, dando sentido y nuevo valor a nuestra existencia terrena. De este modo, respetando plenamente la libertad humana, Cristo se convirti&oacute; en &quot;<i>lux mundi<\/i>, la luz del mundo&quot;. Luz que brilla en las tinieblas (cf. <i>Jn<\/i> 1, 5).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Hoy, solemnidad de la Epifan&iacute;a, que significa &quot;manifestaci&oacute;n&quot;, se propone de nuevo con vigor el tema de la luz. Hoy el Mes&iacute;as, que se manifest&oacute; en Bel&eacute;n a humildes pastores de la regi&oacute;n, sigue revel&aacute;ndose como luz de los pueblos de todos los tiempos y de todos los lugares. Para los Magos, que acudieron de Oriente a adorarlo, la luz del &quot;rey de los jud&iacute;os que ha nacido&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 2) toma la forma de un astro celeste, tan brillante que atrae su mirada y los gu&iacute;a hasta Jerusal&eacute;n. As&iacute;, les hace seguir los indicios de las antiguas profec&iacute;as mesi&aacute;nicas:&nbsp; &quot;De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel&#8230;&quot; (<i>Nm<\/i> 24, 17).<\/p>\n<p> &iexcl;Cu&aacute;n sugestivo es el <i>s&iacute;mbolo de la estrella<\/i>, que aparece en toda la iconograf&iacute;a de la Navidad y de la Epifan&iacute;a! A&uacute;n hoy evoca profundos sentimientos, aunque como tantos otros signos de lo sagrado, a veces corre el riesgo de quedar desvirtuado por el uso consumista que se hace de &eacute;l. Sin embargo, la estrella que contemplamos en el bel&eacute;n, situada en su contexto original, <i>tambi&eacute;n habla a la mente y al coraz&oacute;n del hombre del tercer milenio<\/i>. Habla <i>al hombre secularizado<\/i>, suscitando nuevamente en &eacute;l la nostalgia de su condici&oacute;n de viandante que busca la verdad y <i>anhela lo absoluto<\/i>. La etimolog&iacute;a misma del verbo desear -en lat&iacute;n, <i>desiderare<\/i>&#8211; evoca la experiencia de los navegantes, los cuales se orientan en la noche observando los astros, que en lat&iacute;n se llaman <i>sidera<\/i>.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&iquest;Qui&eacute;n no siente la necesidad de una &quot;estrella&quot; que lo gu&iacute;e a lo largo de su camino en la tierra? Sienten esta necesidad tanto las personas como las naciones. A fin de satisfacer este anhelo de salvaci&oacute;n universal, el Se&ntilde;or se eligi&oacute; un pueblo que fuera estrella orientadora para &quot;todos los linajes de la tierra&quot; (<i>Gn<\/i> 12, 3). Con la encarnaci&oacute;n de su Hijo, Dios extendi&oacute; luego su elecci&oacute;n a todos los dem&aacute;s pueblos, sin distinci&oacute;n de raza y cultura. As&iacute; naci&oacute; la Iglesia, formada por hombres y mujeres que, &quot;reunidos en Cristo, son guiados por el Esp&iacute;ritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido el mensaje de la salvaci&oacute;n para propon&eacute;rselo a todos&quot; (<i>Gaudium et spes<\/i>, 1).<\/p>\n<p> Por tanto, para toda la comunidad eclesial resuena el or&aacute;culo del profeta Isa&iacute;as, que hemos escuchado en la primera lectura:&nbsp; &quot;&iexcl;Lev&aacute;ntate, brilla (&#8230;), que llega tu luz; la gloria del Se&ntilde;or amanece sobre ti! (&#8230;) Y caminar&aacute;n los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora&quot; (<i>Is<\/i> 60, 1.&nbsp;3).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;De este singular pueblo mesi&aacute;nico que es la Iglesia, vosotros, amad&iacute;simos hermanos, sois constituidos pastores mediante la ordenaci&oacute;n episcopal de hoy. Cristo os convierte en ministros suyos y os llama a ser misioneros de su Evangelio. Algunos de vosotros ejercer&eacute;is este &quot;ministerio de la gracia de Dios&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 2) como representantes pontificios en algunos Estados:&nbsp; t&uacute;, monse&ntilde;or Giuseppe Pinto, en Senegal y Mauritania; t&uacute;, monse&ntilde;or Claudio Gugerotti, en Georgia, Armenia y Azerbaiy&aacute;n; t&uacute;, monse&ntilde;or Adolfo Tito Yllana, en Pap&uacute;a Nueva Guinea; y t&uacute;, monse&ntilde;or Giovanni d&#8217;Aniello, en la Rep&uacute;blica democr&aacute;tica del Congo.<\/p>\n<p> Otros ser&aacute;n pastores de Iglesias particulares:&nbsp; t&uacute;, monse&ntilde;or Daniel Mizonzo, guiar&aacute;s la di&oacute;cesis de Nkayi, en la Rep&uacute;blica del Congo; y t&uacute;, monse&ntilde;or Louis Portella, la de Kinkala, en la misma Rep&uacute;blica del Congo. A ti, monse&ntilde;or Marcel Utembi Tapa, te he confiado la di&oacute;cesis de Mahagi-Nioka, en la Rep&uacute;blica democr&aacute;tica del Congo; y a ti, monse&ntilde;or Franco Agostinelli, la de Grosseto, en Italia. T&uacute;, monse&ntilde;or Am&acirc;ndio Jos&eacute; Tom&aacute;s, ayudar&aacute;s, como obispo auxiliar, al arzobispo de &Eacute;vora, en Portugal.<\/p>\n<p> Por &uacute;ltimo, t&uacute;, monse&ntilde;or Vittorio Lanzani, como delegado de la F&aacute;brica de San Pedro, proseguir&aacute;s tu servicio a la Iglesia aqu&iacute;, en el Vaticano, en esta bas&iacute;lica patriarcal tan querida para ti.<br \/> 5.&nbsp;Hace un a&ntilde;o, en esta fiesta de la Epifan&iacute;a, al final del A&ntilde;o santo, entregu&eacute; idealmente a la familia de los creyentes y a toda la humanidad la carta apost&oacute;lica <i>Novo millennio ineunte<\/i>, que comienza con la invitaci&oacute;n de Cristo a Pedro y a los dem&aacute;s:&nbsp; &quot;<i>Duc in altum<\/i>, rema mar adentro&quot;.<\/p>\n<p> Vuelvo a aquel momento inolvidable, amad&iacute;simos hermanos, y os entrego de nuevo a cada uno este texto program&aacute;tico de la nueva evangelizaci&oacute;n. Os repito las palabras del Redentor:&nbsp; &quot;<i>Duc in altum<\/i>&quot;. No teng&aacute;is miedo a las tinieblas del mundo, porque quien os env&iacute;a es &quot;la luz del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12), &quot;el lucero radiante del alba&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 16).<\/p>\n<p> Y t&uacute;, Jes&uacute;s, que un d&iacute;a dijiste a tus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;Vosotros sois la luz del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 5, 14), haz que <i>el testimonio evang&eacute;lico <\/i>de estos hermanos nuestros <i>resplandezca ante los hombres de nuestro tiempo<\/i>. Haz eficaz su misi&oacute;n para que cuantos conf&iacute;es a su cuidado pastoral glorifiquen siempre al Padre que est&aacute; en los cielos (cf. <i>Mt<\/i> 5, 16).<\/p>\n<p> Madre del Verbo encarnado, Virgen fiel, conserva a estos nuevos obispos bajo tu constante protecci&oacute;n, para que sean misioneros valientes del Evangelio; <i>fiel reflejo del amor de Cristo<\/i>, luz de los pueblos y esperanza del mundo. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL DE DIEZ PRESB&Iacute;TEROSEN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 6 de enero de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Lumen gentium (&#8230;) Christus, Cristo es la luz de los pueblos&quot; (Lumen gentium, 1). El tema de la luz domina las solemnidades de la Navidad y de la Epifan&iacute;a, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2002-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 2002, Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40549","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40549","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40549"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40549\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40549"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40549"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40549"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}