{"id":40550,"date":"2016-10-05T23:47:57","date_gmt":"2016-10-06T04:47:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2002-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/"},"modified":"2016-10-05T23:47:57","modified_gmt":"2016-10-06T04:47:57","slug":"1-de-enero-de-2002-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2002-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/","title":{"rendered":"1 de enero de 2002, Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS,&nbsp;<br \/> Y EN LA XXXV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b> <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>1 de enero de 2002 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;&iexcl;Salve, Madre santa!, Virgen Madre del Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos&quot; (cf. <i>Ant&iacute;fona de entrada<\/i>).<\/p>\n<p> Con este antiguo saludo, la Iglesia se dirige hoy, octavo d&iacute;a despu&eacute;s de la Navidad y primero del a&ntilde;o 2002, a Mar&iacute;a sant&iacute;sima, invoc&aacute;ndola como <i>Madre de Dios<\/i>.<\/p>\n<p> El Hijo eterno del Padre tom&oacute; en ella nuestra misma carne y, a trav&eacute;s de ella, se convirti&oacute; en &quot;hijo de David e hijo de Abraham&quot; (<i>Mt<\/i> 1, 1). Por tanto, Mar&iacute;a es su verdadera Madre:&nbsp; &iexcl;<i>Theot&oacute;kos<\/i>, Madre de Dios!<\/p>\n<p> Si Jes&uacute;s es la vida, Mar&iacute;a es la Madre de la vida.<br \/> Si Jes&uacute;s es la esperanza, Mar&iacute;a es la Madre de la esperanza.<br \/> Si Jes&uacute;s es la paz, Mar&iacute;a es la Madre de la paz, Madre del Pr&iacute;ncipe de la paz.<\/p>\n<p> Al entrar en el nuevo a&ntilde;o, pidamos a esta Madre santa que nos bendiga. Pid&aacute;mosle que nos d&eacute; a Jes&uacute;s, <i>nuestra bendici&oacute;n plena, en quien el Padre ha bendecido de una vez para siempre la historia<\/i>, transform&aacute;ndola en historia de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p> 2.<i>&nbsp;&iexcl;Salve, Madre santa!<\/i> Bajo la mirada materna de Mar&iacute;a se sit&uacute;a esta <i>Jornada mundial de la paz<\/i>. Reflexionamos sobre la paz en un clima de preocupaci&oacute;n generalizada a causa de los recientes acontecimientos dram&aacute;ticos que han sacudido el mundo. Pero, aunque pueda parecer humanamente dif&iacute;cil mirar al futuro con optimismo, no debemos ceder a la tentaci&oacute;n del desaliento.<br \/>Al contrario, debemos trabajar por la paz con valent&iacute;a, conscientes de que el mal no prevalecer&aacute;.<\/p>\n<p> La luz y la esperanza para este compromiso nos vienen de Cristo. El <i>Ni&ntilde;o<\/i> nacido en Bel&eacute;n es la Palabra eterna del Padre hecha carne por nuestra salvaci&oacute;n, es el &quot;Dios con nosotros&quot;, que trae consigo <i>el secreto de la verdadera paz<\/i>. Es el <i>Pr&iacute;ncipe de la paz<\/i>.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Con estos sentimientos, saludo con deferencia a los ilustres se&ntilde;ores embajadores ante la Santa Sede que han querido participar en esta solemne celebraci&oacute;n. Saludo afectuosamente al presidente del Consejo pontificio Justicia y paz, se&ntilde;or cardenal Fran&ccedil;ois Xavier Nguy&ecirc;n Van Thu&acirc;n, y a todos sus colaboradores, y les agradezco el esfuerzo que realizan a fin de difundir mi Mensaje anual para la Jornada mundial de la paz, que este a&ntilde;o tiene como tema:&nbsp; &quot;No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perd&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p> <i>Justicia y perd&oacute;n<\/i>:&nbsp; estos son los dos &quot;pilares&quot; de la paz, que he querido poner de relieve. <i>Entre justicia y perd&oacute;n no hay contraposici&oacute;n, sino complementariedad<\/i>, porque ambos son esenciales para la promoci&oacute;n de la paz. En efecto, esta, mucho m&aacute;s que un cese temporal de las hostilidades, es una profunda cicatrizaci&oacute;n de las heridas abiertas que rasgan los corazones (cf. <i>Mensaje<\/i>, 3:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 14 de diciembre de 2001, p. 7). S&oacute;lo el perd&oacute;n puede apagar la sed de venganza y abrir el coraz&oacute;n a una reconciliaci&oacute;n aut&eacute;ntica y duradera entre los pueblos.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Dirigimos hoy nuestra mirada al Ni&ntilde;o, a quien Mar&iacute;a estrecha entre sus brazos. En &eacute;l reconocemos a Aquel en quien la misericordia y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan (cf. <i>Sal<\/i> 84, 11). En &eacute;l adoramos al Mes&iacute;as verdadero, en quien Dios ha conjugado, para nuestra salvaci&oacute;n, la verdad y la misericordia, la justicia y el perd&oacute;n.<\/p>\n<p> En nombre de Dios renuevo mi llamamiento apremiante a todos, creyentes y no creyentes, para que el binomio &quot;justicia y perd&oacute;n&quot; caracterice siempre las relaciones entre las personas, entre los grupos sociales y entre los pueblos.<\/p>\n<p> Este llamamiento se dirige, ante todo, a <i>cuantos creen en Dios<\/i>, en particular a las tres grandes religiones que descienden de Abraham, <i>juda&iacute;smo, cristianismo <\/i>e <i>islam<\/i>, llamadas a <i>rechazar siempre con firmeza y decisi&oacute;n la violencia. Nadie, por ning&uacute;n motivo, puede matar en nombre de Dios, &uacute;nico y misericordioso<\/i>. Dios es vida y fuente de la vida. Creer en &eacute;l significa testimoniar su misericordia y su perd&oacute;n, evitando instrumentalizar su santo nombre.<\/p>\n<p> Desde diversas partes del mundo se eleva una ferviente invocaci&oacute;n de paz; se eleva particularmente de la<i> Tierra<\/i> que Dios bendijo con su Alianza y su Encarnaci&oacute;n, y que por eso llamamos <i>Santa<\/i>. &quot;La voz de la sangre&quot; clama a Dios desde aquella tierra (cf. <i>Gn<\/i> 4, 10); sangre de hermanos derramada por hermanos, que se remontan al mismo patriarca Abraham; hijos, como todos los hombres, del mismo Padre celestial.<\/p>\n<p> 5.<i>&nbsp;&iexcl;Salve, Madre santa! <\/i>Virgen hija de Si&oacute;n, &iexcl;cu&aacute;nto debe sufrir por esta sangre tu coraz&oacute;n de Madre!<\/p>\n<p> El Ni&ntilde;o que estrechas contra tu pecho lleva un nombre apreciado por los pueblos de religi&oacute;n b&iacute;blica:&nbsp; <i>Jes&uacute;s<\/i>, que significa &quot;Dios salva&quot;. As&iacute; lo llam&oacute; el arc&aacute;ngel antes de que fuera concebido en tu seno (cf. <i>Lc<\/i> 2, 21). En el rostro del Mes&iacute;as reci&eacute;n nacido reconocemos el rostro de todos tus hijos vilipendiados y explotados. Reconocemos especialmente el rostro de los ni&ntilde;os, cualquiera que sea su raza, naci&oacute;n y cultura. Por ellos, oh Mar&iacute;a, por su futuro, te pedimos que ablandes los corazones endurecidos por el odio, para &nbsp;que &nbsp;se &nbsp;abran al amor, y la venganza ceda finalmente el paso al perd&oacute;n.<\/p>\n<p> Obtennos, oh Madre, que la verdad de esta afirmaci&oacute;n -&quot;No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perd&oacute;n&quot;- se grabe en el coraz&oacute;n de todos. As&iacute; la familia humana podr&aacute; encontrar la paz verdadera, que brota del encuentro entre la justicia y la misericordia.<\/p>\n<p> Madre santa, Madre del Pr&iacute;ncipe de la paz, &iexcl;ay&uacute;danos!<br \/> Madre de la humanidad y Reina de la paz, &iexcl;ruega por nosotros!<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">&copy; Copyright 2002 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS,&nbsp; Y EN LA XXXV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 1 de enero de 2002 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;&iexcl;Salve, Madre santa!, Virgen Madre del Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos&quot; (cf. 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