{"id":40563,"date":"2016-10-05T23:48:47","date_gmt":"2016-10-06T04:48:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-octubre-de-2003-misa-de-inicio-del-curso-academico-en-las-universidades-eclesiasticas\/"},"modified":"2016-10-05T23:48:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:48:47","slug":"24-de-octubre-de-2003-misa-de-inicio-del-curso-academico-en-las-universidades-eclesiasticas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-octubre-de-2003-misa-de-inicio-del-curso-academico-en-las-universidades-eclesiasticas\/","title":{"rendered":"24 de octubre de 2003, Misa de inicio del curso acad\u00e9mico en las universidades eclesi\u00e1sticas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&nbsp; <\/font><font color=\"#663300\" face=\"Times\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA MISA DE INICIO DEL CURSO ACAD<\/b><\/i><\/font><font color=\"#663300\"><i><b><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\">&Eacute;MICO<br \/> <\/font> <font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> EN LAS UNIVERSIDADES ECLESI&Aacute;STICAS<\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"4\"><b> <\/b> <\/font> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>Viernes 24 de octubre <\/font> <\/i><\/font> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\"><i>de 2003<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;El Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo ilumine los ojos&nbsp;de nuestro coraz&oacute;n, para que comprendamos los signos de los tiempos nuevos&quot; (<i>Aleluya<\/i>; cf. <i> Ef<\/i> 1, 17; <i>Lc<\/i> 21, 29-31). La liturgia de hoy nos invita a pedir a Dios que ilumine nuestro coraz&oacute;n con la luz de su gracia. <i>&iexcl;La luz y la sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n!<\/i> Este es el camino real por el cual podemos llegar al descubrimiento de la verdad. Se trata de un bien precioso que debemos pedir para todos los hijos de la Iglesia, para que sepan afrontar con valent&iacute;a los desaf&iacute;os de nuestro tiempo. <\/p>\n<p> La invocaci&oacute;n de la luz para nuestro coraz&oacute;n adquiere un significado totalmente singular en nuestra asamblea lit&uacute;rgica, pues esta tarde se halla reunida en torno al altar la comunidad de las <i>universidades eclesi&aacute;sticas romanas<\/i>, al inicio del a&ntilde;o acad&eacute;mico. Se abre ante vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, un nuevo a&ntilde;o de estudio e investigaci&oacute;n, que dedicar&eacute;is con esmero a profundizar en la teolog&iacute;a y en las dem&aacute;s disciplinas, para prepararos a asumir en el futuro tareas y responsabilidades pastorales al servicio del pueblo cristiano. Acompa&ntilde;ad el esfuerzo del estudio con la oraci&oacute;n, la meditaci&oacute;n y la b&uacute;squeda constante de la voluntad del Se&ntilde;or. As&iacute;, podr&eacute;is comprender m&aacute;s f&aacute;cilmente &quot;los signos de los tiempos nuevos&quot;. El gran doctor san Agust&iacute;n expresaba esta misma exigencia con una f&oacute;rmula de singular eficacia:&nbsp; &quot;<i>Orent ut intelligant<\/i>&quot;, &quot;oren para comprender&quot; (<i>De doctrina christiana<\/i>, III, 56:&nbsp; <i>PL<\/i> 34, 89). <\/p>\n<p> 2.&nbsp;Con estos sentimientos, me alegra daros mi cordial bienvenida a todos vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas que particip&aacute;is en esta solemne celebraci&oacute;n. Saludo ante todo al se&ntilde;or cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregaci&oacute;n para la educaci&oacute;n cat&oacute;lica. Saludo, asimismo, a los grandes cancilleres, a los rectores de las universidades, a los miembros del cuerpo acad&eacute;mico y a los rectores de los seminarios y colegios. <\/p>\n<p> Os saludo con afecto a cada uno de vosotros, amad&iacute;simos j&oacute;venes que est&aacute;is realizando vuestros estudios en Roma, con una palabra especial de aliento para los que inician este a&ntilde;o su itinerario universitario. Tomad conciencia del gran don que hab&eacute;is recibido:&nbsp; poder realizar vuestra formaci&oacute;n cultural, humana y espiritual en la ciudad y en la di&oacute;cesis de Roma, que tiene el privilegio de conservar las tumbas de los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, &quot;columnas&quot; de la Iglesia. Esto os da la oportunidad de profundizar y percibir m&aacute;s de cerca la dimensi&oacute;n universal de la misi&oacute;n de la Iglesia y sintonizar m&aacute;s perfectamente con su magisterio. <\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago&quot; (<i>Rm<\/i> 7, 19). En la primera lectura, tomada de la carta a los Romanos (cf. <i>Rm<\/i> 7, 18-25), san Pablo, en un cuadro con tono fuerte y dram&aacute;tico, pone de relieve la incapacidad del ser humano de hacer el bien y evitar el mal. Pero existe <i>una salida<\/i>:&nbsp; la victoria sobre el mal nos viene de la bondad de Dios misericordioso, que se manifest&oacute; plenamente en Cristo. Y, con un &iacute;mpetu de alegr&iacute;a, el Ap&oacute;stol exclama:&nbsp; &quot;Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Se&ntilde;or&quot; (<i>Rm<\/i>&nbsp;7, 25). <\/p>\n<p> Como san Pablo, la Iglesia no deja de anunciar esta gran &quot;buena nueva&quot;, que es para todos:&nbsp; Cristo, muerto y resucitado, ha vencido el mal y nos ha librado del pecado. <i>&Eacute;l es nuestra salvaci&oacute;n<\/i>. <br \/> Este anuncio salv&iacute;fico resuena incesantemente tambi&eacute;n en nuestro tiempo y constituye el centro de la misi&oacute;n de la comunidad eclesial. Hoy, como en el pasado, el hombre busca respuestas satisfactorias a los interrogantes sobre el sentido de su vida y de su muerte. Durante el per&iacute;odo de formaci&oacute;n teol&oacute;gica, queridos j&oacute;venes, os prepar&aacute;is para ser capaces de dar las respuestas de la fe de modo adecuado al lenguaje y a la mentalidad de nuestro tiempo. Por tanto, procurad que todo se oriente a una misi&oacute;n tan elevada:&nbsp; anunciar a Cristo y la fuerza liberadora de su Evangelio. <\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Si sab&eacute;is interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, &iquest;c&oacute;mo no sab&eacute;is interpretar el tiempo presente?&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 56). Tambi&eacute;n con estas palabras Jes&uacute;s nos exhorta a confrontarnos con las realidades de nuestra &eacute;poca. Si, por una parte, vuestro coraz&oacute;n no se debe separar jam&aacute;s de la contemplaci&oacute;n del misterio de Dios, por otra, es preciso que manteng&aacute;is <i>la mirada fija en los acontecimientos del mundo y de la historia<\/i>. A este respecto, el concilio Vaticano II afirm&oacute; que es deber permanente de la Iglesia &quot;escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, de manera acomodada a cada generaci&oacute;n, pueda responder a los perennes interrogantes de &nbsp;los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relaci&oacute;n mutua entre ambas&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 4). <\/p>\n<p> Que este sea el esp&iacute;ritu con el que os dediqu&eacute;is al estudio durante estos a&ntilde;os de vuestra formaci&oacute;n teol&oacute;gica y pastoral. <\/p>\n<p> La Virgen Mar&iacute;a, Sede de la sabidur&iacute;a, vele sobre vuestro trabajo diario en las Universidades pontificias romanas. Ella, la primera evangelizadora, os acompa&ntilde;e y obtenga que os prepar&eacute;is para ser aut&eacute;nticos ap&oacute;stoles del Evangelio de Cristo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> &copy; Copyright 2003 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA MISA DE INICIO DEL CURSO ACAD&Eacute;MICO EN LAS UNIVERSIDADES ECLESI&Aacute;STICAS Viernes 24 de octubre de 2003 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;El Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo ilumine los ojos&nbsp;de nuestro coraz&oacute;n, para que comprendamos los signos de los tiempos nuevos&quot; (Aleluya; cf. Ef 1, 17; Lc 21, 29-31). 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