{"id":40570,"date":"2016-10-05T23:48:52","date_gmt":"2016-10-06T04:48:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-octubre-de-2003-beatificacion-de-madre-teresa-de-calcuta\/"},"modified":"2016-10-05T23:48:52","modified_gmt":"2016-10-06T04:48:52","slug":"19-de-octubre-de-2003-beatificacion-de-madre-teresa-de-calcuta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-octubre-de-2003-beatificacion-de-madre-teresa-de-calcuta\/","title":{"rendered":"19 de octubre de 2003, Beatificaci\u00f3n de madre Teresa de Calcuta"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><font face=\"Times\">MISA DE BEATIFICACI<\/font><font face=\"Times New Roman\">&Oacute;N DE MADRE TERESA DE CALCUTA<\/font><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i> <font face=\"Times\" size=\"4\"> <b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/b><\/font><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/p>\n<p> Domingo 19 de octubre de 2003<\/font><\/i><\/font><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos&quot; (<i>Mc <\/i>10, 44). Estas palabras de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos, que acaban de resonar en esta plaza, indican cu&aacute;l es el camino que conduce a la &quot;grandeza&quot; evang&eacute;lica. Es el camino que Cristo mismo recorri&oacute; hasta la cruz; un itinerario de amor y de servicio, que invierte toda l&oacute;gica humana. <i>&iexcl;Ser siervo de todos! <\/p>\n<p> Por esta l&oacute;gica se dej&oacute; guiar la madre Teresa de Calcuta, <\/i>fundadora de los Misioneros y de las Misioneras de la Caridad, a quien hoy tengo la alegr&iacute;a de inscribir en el cat&aacute;logo de los beatos. Estoy personalmente agradecido a esta valiente mujer, que siempre he sentido junto a m&iacute;. <i>Icono del buen samaritano, <\/i>iba por doquier para servir a Cristo en los m&aacute;s pobres de entre los pobres. Ni siquiera los conflictos y las guerras lograban detenerla. <\/p>\n<p> De vez en cuando, ven&iacute;a a hablarme de sus experiencias al servicio de los valores evang&eacute;licos. Recuerdo, por ejemplo, sus intervenciones en favor de la vida y en contra del aborto, tambi&eacute;n cuando le fue conferido el premio Nobel de la paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979). Sol&iacute;a decir:&nbsp; &quot;Si o&iacute;s que una mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, tratad de convencerla de que me traiga a ese ni&ntilde;o. Yo lo amar&eacute;, viendo en &eacute;l el signo del amor de Dios&quot;. <\/p>\n<p> 2.&nbsp;&iquest;No es acaso significativo que su beatificaci&oacute;n tenga lugar precisamente en el d&iacute;a en que la Iglesia celebra la <i>Jornada mundial de las misiones? <\/i>Con el testimonio de su vida, madre Teresa recuerda a todos que <i>la misi&oacute;n evangelizadora de la Iglesia pasa a trav&eacute;s de la caridad, <\/i>alimentada con la oraci&oacute;n y la escucha de la palabra de Dios. Es emblem&aacute;tica de este estilo misionero la imagen que muestra a la nueva beata mientras estrecha, con una mano, la mano de un ni&ntilde;o, y con la otra pasa las cuentas del rosario. <\/p>\n<p> Contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n, evangelizaci&oacute;n y promoci&oacute;n humana:&nbsp; madre Teresa proclama el Evangelio con su vida <i>totalmente entregada a los pobres, <\/i> pero, al mismo tiempo,<i> envuelta en la oraci&oacute;n. <\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;El que quiera ser grande, sea vuestro servidor&quot; (Mc <\/i>10, 43). Con particular emoci&oacute;n recordamos hoy a madre Teresa, una gran servidora de los pobres, de la Iglesia y de todo el mundo. Su vida es un testimonio de la dignidad y del privilegio del servicio humilde. No s&oacute;lo eligi&oacute; ser <i>la &uacute;ltima, <\/i>sino tambi&eacute;n <i>la servidora de los &uacute;ltimos. <\/i>Como verdadera madre de los pobres, se inclin&oacute; hacia todos los que sufr&iacute;an diversas formas de pobreza. Su grandeza reside en su habilidad para dar sin tener en cuenta el costo, dar &quot;hasta que duela&quot;. Su vida fue un amor radical y una proclamaci&oacute;n audaz del Evangelio. <\/p>\n<p> El grito de Jes&uacute;s en la cruz, &quot;tengo sed&quot; (<i>Jn <\/i>19, 28), expresa que la profundidad del anhelo de Dios por el hombre, penetr&oacute; en el alma de madre Teresa y encontr&oacute; un terreno f&eacute;rtil en su coraz&oacute;n. <i>Saciar la sed de amor y de almas de Jes&uacute;s <\/i>en uni&oacute;n con Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s, se convirti&oacute; en el &uacute;nico objetivo de la existencia de la madre Teresa, y en la fuerza interior que la impulsaba y la hac&iacute;a superarse a s&iacute; misma e &quot;ir deprisa&quot; a trav&eacute;s del mundo para trabajar por la salvaci&oacute;n y la santificaci&oacute;n de los m&aacute;s pobres de entre los pobres. <\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m&iacute;os m&aacute;s peque&ntilde;os, a m&iacute; me lo hicisteis&quot; (<i>Mt <\/i>25, 40). Este pasaje evang&eacute;lico, tan fundamental para comprender el servicio de la madre Teresa a los pobres, fue la base de su convicci&oacute;n llena de fe de que <i>al tocar los cuerpos quebrantados de los pobres, estaba tocando el cuerpo de Cristo. <\/i>A Jes&uacute;s mismo, oculto bajo el rostro doloroso del m&aacute;s pobre de entre los pobres, se dirigi&oacute; su servicio. La madre Teresa pone de relieve el significado m&aacute;s profundo del servicio:&nbsp; un acto de amor hecho por los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los prisioneros (cf. <i>Mt <\/i>25, 34-36), es&nbsp;un&nbsp;acto&nbsp;de&nbsp;amor&nbsp;hecho a&nbsp;Jes&uacute;s&nbsp;mismo. <\/p>\n<p> Lo reconoci&oacute; y lo sirvi&oacute; con devoci&oacute;n incondicional, expresando la delicadeza de su amor esponsal. As&iacute;, en la entrega total de s&iacute; misma a Dios y al pr&oacute;jimo, la madre Teresa encontr&oacute; su mayor realizaci&oacute;n y <i>vivi&oacute; las cualidades m&aacute;s nobles de su feminidad. <\/i>Busc&oacute; ser un signo del &quot;amor, de la presencia y de la compasi&oacute;n de Dios&quot;, y as&iacute; recordar a todos el valor y la dignidad de cada hijo de Dios, &quot;creado para amar y ser amado&quot;. De este modo, la madre Teresa &quot;llev&oacute; las almas a Dios y Dios a las almas&quot; y saci&oacute; la sed de Cristo, especialmente de aquellos m&aacute;s necesitados, aquellos cuya visi&oacute;n de Dios se hab&iacute;a ofuscado a causa del sufrimiento y del dolor. <\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate de todos&quot; (<i>Mc <\/i>10, 45). La madre Teresa comparti&oacute; la pasi&oacute;n del Crucificado, de modo especial durante largos a&ntilde;os de &quot;oscuridad interior&quot;. Fue una prueba a veces desgarradora, aceptada como un &quot;don y privilegio&quot; singular. <\/p>\n<p> En las horas m&aacute;s oscuras se aferraba con m&aacute;s tenacidad a la oraci&oacute;n ante el sant&iacute;simo Sacramento. Esa dura prueba espiritual la llev&oacute; a <i>identificarse cada vez m&aacute;s con aquellos a quienes serv&iacute;a cada d&iacute;a, <\/i>experimentando su pena y, a veces, incluso su rechazo. Sol&iacute;a repetir que <i>la mayor pobreza era la de ser indeseados, <\/i>la de no tener a nadie que te cuide. <\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;Que tu misericordia, Se&ntilde;or, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti&quot;. Cu&aacute;ntas veces, como el salmista, tambi&eacute;n madre Teresa, en los momentos de desolaci&oacute;n interior, repiti&oacute; a su Se&ntilde;or:&nbsp; &quot;En ti, en ti espero, Dios m&iacute;o&quot;. <\/p>\n<p> Veneremos a esta <i>peque&ntilde;a mujer enamorada de Dios, <\/i>humilde mensajera del Evangelio e infatigable bienhechora de la humanidad. Honremos en ella a una de las personalidades m&aacute;s relevantes de nuestra &eacute;poca. Acojamos su mensaje y sigamos su ejemplo. <\/p>\n<p> Virgen Mar&iacute;a, Reina de todos los santos, ay&uacute;danos a ser mansos y humildes de coraz&oacute;n como esta intr&eacute;pida mensajera del amor. Ay&uacute;danos a servir, con la alegr&iacute;a y la sonrisa, a toda persona que encontremos. Ay&uacute;danos a ser misioneros de Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> &copy; Copyright 2003 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font><\/p>\n<\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE MADRE TERESA DE CALCUTA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 19 de octubre de 2003 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos&quot; (Mc 10, 44). 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