{"id":40575,"date":"2016-10-05T23:48:56","date_gmt":"2016-10-06T04:48:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-septiembre-de-2003-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-de-la-muerte-de-los-sumos-pontifices-pablo-vi-y-juan-pablo-i\/"},"modified":"2016-10-05T23:48:56","modified_gmt":"2016-10-06T04:48:56","slug":"27-de-septiembre-de-2003-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-de-la-muerte-de-los-sumos-pontifices-pablo-vi-y-juan-pablo-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-septiembre-de-2003-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-de-la-muerte-de-los-sumos-pontifices-pablo-vi-y-juan-pablo-i\/","title":{"rendered":"27 de septiembre de 2003, Santa misa en el XXV aniversario de la muerte de los Sumos Pont\u00edfices Pablo VI y Juan Pablo I"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">MISA EN SUFRAGIO DE LOS PAPAS PABLO VI Y JUAN PABLO I<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/>S&aacute;bado 27 de septiembre de 2003<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Para esto muri&oacute; y resucit&oacute; Cristo, para ser Se&ntilde;or de vivos y muertos&quot;<\/i> (<i>Rm<\/i>&nbsp;14, 9). <\/p>\n<p> Las palabras del ap&oacute;stol san Pablo, tomadas de la carta a los Romanos, remiten al misterio central de nuestra fe:&nbsp; Cristo, muerto y resucitado, es la raz&oacute;n &uacute;ltima de toda la existencia humana. <br \/> Cada domingo, <i>d&iacute;a del Se&ntilde;or, <\/i>el pueblo cristiano revive de modo particular este misterio de salvaci&oacute;n. Profundiza en &eacute;l cada vez m&aacute;s. La Iglesia, Esposa de Cristo, proclama, con alegr&iacute;a y esperanza cierta, su victoria sobre el pecado y la muerte; camina a lo largo de los siglos esperando su vuelta gloriosa. En el centro de cada santa misa resuena la aclamaci&oacute;n:&nbsp; &quot;Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n. &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&quot;. <\/p>\n<p> 2.&nbsp;Hoy celebramos este gran misterio de la fe, en recuerdo especial de mis venerados predecesores, el Papa <i>Pablo VI <\/i>y el Papa <i>Juan Pablo I. <\/i> Ambos dejaron este mundo <i>hace veinticinco a&ntilde;os, <\/i>respectivamente, el 6 de agosto y el 28 de septiembre de 1978. <\/p>\n<p> Durante los meses pasados, en varias ocasiones record&eacute; al siervo de Dios Pablo VI, que, hace cuarenta a&ntilde;os, recogi&oacute; del beato Juan XXIII la herencia del concilio Vaticano II. Con sabidur&iacute;a y firmeza lo llev&oacute; a t&eacute;rmino, guiando al pueblo cristiano en el per&iacute;odo complejo y dif&iacute;cil del post-Concilio. <\/p>\n<p> De Juan Pablo I habl&eacute; el pasado 26 de agosto, en el aniversario de su elecci&oacute;n a la Sede de Pedro. <br \/> Los unimos ahora en la oraci&oacute;n, a la vez que nos complace pensar que ya han entrado en el &quot;templo de Dios&quot;; en el <i>octavo d&iacute;a <\/i>que &quot;ha hecho el Se&ntilde;or&quot; (cf. <i>Sal <\/i>118, 24), meta y cumplimiento de nuestras jornadas terrenas. <\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Los mandatos del Se&ntilde;or son rectos y alegran el coraz&oacute;n&quot;. As&iacute; acabamos de repetir en el salmo responsorial. Viene a la memoria la frecuente <i>invitaci&oacute;n a la alegr&iacute;a cristiana por parte de Pablo&nbsp;VI; <\/i>invitaci&oacute;n que, a pesar de tantas dificultades, brotaba de la certeza de aceptar constantemente la voluntad divina. <\/p>\n<p> Pienso en <i>la sonrisa serena del Papa Luciani, <\/i>que en el breve arco de un mes conquist&oacute; al mundo. Esa sonrisa era fruto del d&oacute;cil abandono en las manos de la Providencia celestial. En uno y en otro Pont&iacute;fice se refleja <i>la alegr&iacute;a pacificadora de la Iglesia. <\/i>Ella, aunque est&eacute; probada por numerosos sufrimientos, no tiene miedo; no se encierra en s&iacute; misma, sino que conf&iacute;a en el Se&ntilde;or. Sabe que el Esp&iacute;ritu Santo la gu&iacute;a, y por eso se alegra de los signos de la misericordia de Dios; admira las maravillas que el Todopoderoso realiza en los peque&ntilde;os, en los pobres y en los que le temen. <\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;El que no est&aacute; contra nosotros, est&aacute; a favor nuestro&quot; (<i>Mc <\/i>9, 40). As&iacute; dice Jes&uacute;s en el pasaje evang&eacute;lico de este domingo, haci&eacute;ndose eco de la primera lectura, que presenta a Mois&eacute;s en actitud de profunda <i>libertad interior, <\/i> motivada por la confianza en Dios (cf. <i>Nm <\/i>11, 29). <\/p>\n<p> Podemos encontrar esa misma actitud en Pablo VI y en Juan Pablo I, quienes no cedieron a juicios del momento y a visiones vinculadas a intereses contingentes. Firmemente arraigados en la verdad, no dudaron en dialogar con todos los hombres de buena voluntad. Eran interiormente libres, porque eran conscientes de que el Esp&iacute;ritu Santo &quot;sopla donde quiere&quot; (cf. <i>Jn <\/i>3, 8), guiando de diferentes modos el camino de la historia de la salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Al d&iacute;a siguiente de su elecci&oacute;n, dirigi&eacute;ndose a los periodistas, el Papa Luciani dijo:&nbsp; &quot;Tendr&eacute;is que presentar frecuentemente a la Iglesia, hablar de la Iglesia; tendr&eacute;is que comentar, a veces, nuestro humilde ministerio. Estamos seguros de que lo har&eacute;is con amor a la verdad&quot;. Y, con gran fineza, a&ntilde;adi&oacute;:&nbsp; &quot;Os pedimos que trat&eacute;is de contribuir tambi&eacute;n vosotros a salvaguardar en la sociedad de hoy aquella profunda estima de las cosas de Dios y de la misteriosa relaci&oacute;n entre Dios y cada uno de nosotros, que constituye la dimensi&oacute;n sagrada de la realidad humana&quot; (<i>Encuentro con los periodistas, <\/i>1 de septiembre de 1978:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 10 de septiembre de 1978, p. 10). <\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;Ninguno de nosotros vive para s&iacute; mismo y ninguno muere para s&iacute; mismo. Si vivimos, vivimos para el Se&ntilde;or; si morimos, morimos para el Se&ntilde;or&quot; (<i>Rm <\/i> 14, 7-8). San Pablo recuerda que el <i>se&ntilde;or&iacute;o de Cristo <\/i>es suprema <i> fuente de libertad; <\/i>libertad del juicio propio y ajeno, porque el &uacute;nico juez es el Se&ntilde;or, ante cuyo tribunal todos compareceremos (cf. <i>Rm <\/i>14, 10) &iexcl;Qu&eacute; gracia poder contar con semejante juez! El Ap&oacute;stol tambi&eacute;n observa:&nbsp; &eacute;l &quot;muri&oacute;, m&aacute;s a&uacute;n, resucit&oacute;, y est&aacute; a la diestra de Dios e intercede por nosotros&quot; (<i>Rm <\/i>8, 34). &iexcl;Qu&eacute; paz infunde en el coraz&oacute;n la certeza de que &eacute;l es nuestro Redentor! <\/p>\n<p> Mis venerados predecesores, iluminados por esa verdad, pusieron su existencia al servicio del Evangelio. <\/p>\n<p> Nosotros seguimos orando por ellos, sostenidos por la esperanza de que un d&iacute;a podremos encontrar tambi&eacute;n nosotros al Juez misericordioso en la gloria del para&iacute;so, junto a Mar&iacute;a, misericordiosa Madre de la Iglesia y de la humanidad. As&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> &copy; Copyright 2003 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA EN SUFRAGIO DE LOS PAPAS PABLO VI Y JUAN PABLO I HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 27 de septiembre de 2003 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Para esto muri&oacute; y resucit&oacute; Cristo, para ser Se&ntilde;or de vivos y muertos&quot; (Rm&nbsp;14, 9). 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