{"id":40599,"date":"2016-10-05T23:49:21","date_gmt":"2016-10-06T04:49:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-abril-de-2003-funeral-del-cardenal-aurelio-sabattani\/"},"modified":"2016-10-05T23:49:21","modified_gmt":"2016-10-06T04:49:21","slug":"24-de-abril-de-2003-funeral-del-cardenal-aurelio-sabattani","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-abril-de-2003-funeral-del-cardenal-aurelio-sabattani\/","title":{"rendered":"24 de abril de 2003: Funeral del cardenal Aurelio Sabattani"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>EN EL FUNERAL DEL CARDENAL AURELIO SABATTANI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Jueves 24 de abril de 2003<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;<i>Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. (&#8230;) Bienaventurados los que trabajan por la paz&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 5, 6.&nbsp;9).<\/p>\n<p> Acabamos de escuchar nuevamente, durante esta celebraci&oacute;n con la que despedimos al venerado cardenal Aurelio Sabattani, la p&aacute;gina evang&eacute;lica de las Bienaventuranzas. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces medit&oacute; en ella durante su larga existencia!<\/p>\n<p> &quot;&iexcl;Bienaventurados!&quot;. Jes&uacute;s proclama bienaventurados a quienes lo han seguido d&iacute;a a d&iacute;a, <i>yendo contra corriente con respecto a la l&oacute;gica del mundo<\/i>. Nos parece que, en esta legi&oacute;n de sus disc&iacute;pulos fieles, aun con las limitaciones de toda existencia humana, se sit&uacute;a tambi&eacute;n este hermano nuestro, que prest&oacute;<i> un m&uacute;ltiple y generoso servicio a la Iglesia<\/i>. En sufragio de su alma ofrecemos esta liturgia eucar&iacute;stica, pidiendo al Se&ntilde;or que tenga misericordia de &eacute;l y le conceda la bienaventuranza prometida a los pobres de esp&iacute;ritu, a los mansos, a los misericordiosos, a los que trabajan por la paz y a los que tienen hambre y sed de justicia.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa ser&aacute; grande en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 5, 12).<br \/>Nuestra morada definitiva y nuestra &quot;recompensa&quot;, como recuerda Jes&uacute;s en el evangelio, no est&aacute;n en <i>esta tierra<\/i>, sino <i>en el cielo<\/i>. Era muy consciente de ello el recordado cardenal, el cual, en su testamento espiritual, recomienda a sus seres queridos que &quot;vivan en la fe y en la gracia de Dios, lo &uacute;nico que tiene valor definitivo&quot;. En efecto, sab&iacute;a bien que, precisamente conformando su voluntad a la de Cristo, especialmente en los momentos dif&iacute;ciles y dolorosos de la vida, el creyente se hace digno de las bienaventuranzas evang&eacute;licas. S&oacute;lo abandon&aacute;ndose con confianza en las manos del Se&ntilde;or y cultivando en toda circunstancia una amistad ininterrumpida con &eacute;l, se llega a ser verdaderos &quot;hijos de Dios&quot;.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Para m&iacute; la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia&quot; (<i>Flp<\/i> 1, 21). As&iacute; pod&iacute;a hablar de s&iacute; el ap&oacute;stol san Pablo al final de su existencia. El querido cardenal expres&oacute; sentimientos semejantes en su testamento espiritual. Reconociendo que Dios lo hab&iacute;a colmado de continuos y singulares beneficios, se ha presentado ahora a su juicio, despu&eacute;s de <i>haber ejercido &eacute;l mismo el oficio de juez dentro de la Iglesia<\/i>. Se ha presentado con serena confianza, como declara, consciente de haber estado animado siempre por el deseo de servir a Cristo y a la Iglesia.<\/p>\n<p> Cristo es &quot;el juez de vivos y muertos, constituido por Dios&quot;, afirma el ap&oacute;stol san Pedro en la primera lectura (<i>Hch<\/i> 10, 42), que acaba de proponerse a nuestra atenci&oacute;n. El cardenal Sabattani trat&oacute; de vivir en uni&oacute;n con &eacute;l, esforz&aacute;ndose por poner en pr&aacute;ctica sus ense&ntilde;anzas. Este es un motivo de consuelo tambi&eacute;n para nosotros en el momento de la despedida. Quien conf&iacute;a en el Se&ntilde;or, nos ha recordado el Salmo responsorial, no teme nada, aunque camine por ca&ntilde;adas oscuras (cf. <i>Sal<\/i> 23).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Conviene releer, precisamente desde esta perspectiva, la larga historia terrena del cardenal Aurelio Sabattani y, en especial, sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, marcados por numerosos sufrimientos. Habiendo obtenido el doctorado en <i>utroque iure<\/i>, despu&eacute;s de la ordenaci&oacute;n sacerdotal trabaj&oacute; primero en la Secretar&iacute;a de Estado y luego en su di&oacute;cesis de &Iacute;mola. De nuevo en Roma, fue nombrado prelado auditor de la Rota romana.<\/p>\n<p> Mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI, en 1965, lo nombr&oacute; arzobispo y prelado de la Santa Casa de Loreto, donde permaneci&oacute; hasta 1971.<\/p>\n<p> Al regresar a Roma como secretario del Tribunal supremo de la Signatura apost&oacute;lica, particip&oacute; en varios congresos internacionales, haci&eacute;ndose apreciar como brillante y docto canonista.<br \/> Miembro del Colegio cardenalicio desde 1983 con el t&iacute;tulo de San Apolinar en las Termas, se dedic&oacute; con empe&ntilde;o a la administraci&oacute;n de la justicia en calidad de prefecto del Tribunal supremo de la Signatura apost&oacute;lica. A continuaci&oacute;n, fue arcipreste de la patriarcal bas&iacute;lica vaticana, vicario general para la Ciudad del Vaticano y presidente de la F&aacute;brica de San Pedro.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Ahora, terminada su peregrinaci&oacute;n terrena, ha llegado a la patria celestial, que el Se&ntilde;or reserva a sus servidores fieles.<\/p>\n<p> El misterio pascual, que estamos celebrando&nbsp;solemnemente en&nbsp;esta&nbsp;octava,&nbsp;adquiere hoy un elocuente significado para nosotros. La vida recibida con el bautismo no termina con la muerte, porque Cristo, muriendo en la cruz, ha derrotado el poder de la muerte. &quot;En el orden humano -record&eacute; durante el <i>v&iacute;a crucis<\/i> en el Coliseo-, la muerte es la &uacute;ltima palabra. <i>La palabra que viene despu&eacute;s<\/i>, la palabra de la Resurrecci&oacute;n, <i>es una palabra exclusiva de Dios<\/i>&quot; (<i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 25 de abril de 2003, p. 5).<\/p>\n<p> Por eso, en el <i>Prefacio<\/i> vamos a repetir con confiado abandono las palabras de la esperanza cristiana:&nbsp; &quot;La vida de los que en ti creemos, Se&ntilde;or, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi&oacute;n eterna en el cielo&quot;.<\/p>\n<p> Dentro de poco vamos a despedir en esta tierra al querido cardenal Aurelio Sabattani. Abramos el coraz&oacute;n a este anuncio de esperanza que nos viene de la fe. Es la misma esperanza que ha iluminado la vida sacerdotal y apost&oacute;lica del cardenal Sabattani.<\/p>\n<p> Que la Virgen sant&iacute;sima, estrech&aacute;ndolo entre sus brazos maternos, lo introduzca en el Para&iacute;so, por el cual ha vivido, ha trabajado, ha sufrido y ha rezado. Que lo acojan los santos y, juntamente con ellos, sea bienaventurado para siempre en Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> &copy; Copyright 2003 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIEN EL FUNERAL DEL CARDENAL AURELIO SABATTANI Jueves 24 de abril de 2003 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. (&#8230;) Bienaventurados los que trabajan por la paz&quot; (Mt 5, 6.&nbsp;9). 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