{"id":40607,"date":"2016-10-05T23:49:31","date_gmt":"2016-10-06T04:49:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2003-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/"},"modified":"2016-10-05T23:49:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:49:31","slug":"25-de-enero-de-2003-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2003-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/","title":{"rendered":"25 de enero de 2003, Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNE CLAUSURA DE LA SEMANA<br \/>DE ORACI&Oacute;N POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;<\/font><\/b><\/p>\n<p>Fiesta de la Conversi&oacute;n de san Pablo<br \/>S&aacute;bado 25 de enero de 2003&nbsp;<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Llevamos este tesoro en vasijas de barro&quot;<\/i> (<i>2 Co<\/i> 4, 7).<\/p>\n<p> Estas palabras, tomadas de la segunda carta a los Corintios, han sido el hilo conductor de la &quot;Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos&quot;, que se concluye hoy. Iluminan nuestra meditaci&oacute;n en esta liturgia vespertina de la fiesta de la Conversi&oacute;n de san Pablo. El Ap&oacute;stol nos recuerda que llevamos el &quot;tesoro&quot; que nos ha confiado Cristo en vasijas de barro. Por tanto, a todos los cristianos se nos pide que prosigamos nuestra peregrinaci&oacute;n terrena sin dejarnos abatir por las dificultades y las aflicciones (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 8), con la certeza de poder superar cualquier obst&aacute;culo gracias a la ayuda y a la fuerza que viene de lo alto.<\/p>\n<p> Con esta certeza, me alegra orar esta tarde junto con vosotros, amados hermanos y hermanas de las Iglesias y comunidades eclesiales presentes en Roma, <i>unidos por el &uacute;nico bautismo<\/i> en el Se&ntilde;or Jesucristo. Os saludo a todos con particular cordialidad.<\/p>\n<p> Es mi vivo deseo que la Iglesia de Roma, a la que la Providencia ha encomendado una singular &quot;presidencia en la caridad&quot; (Ignacio de Antioqu&iacute;a, <i>Ad Rom.<\/i>, Proem.), llegue a ser cada vez m&aacute;s modelo de relaciones ecum&eacute;nicas fraternas.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Como cristianos, somos conscientes de&nbsp;estar llamados a&nbsp;dar al&nbsp;mundo testimonio del &quot;evangelio de la gloria&quot; que Cristo nos ha entregado (cf. <i>2 Co<\/i> 4, 4). En su nombre, unamos nuestros esfuerzos para servir a la paz y a la reconciliaci&oacute;n, a la justicia y a la solidaridad, especialmente en favor de los pobres y de los &uacute;ltimos de la tierra.<\/p>\n<p> Desde esta perspectiva, me complace recordar la <i>Jornada de oraci&oacute;n por la paz en el mundo<\/i>, que, <i>hace<\/i> <i>un a&ntilde;o<\/i>, el 24 de enero, tuvo lugar en <i>As&iacute;s<\/i>. Aquel acontecimiento de car&aacute;cter interreligioso lanz&oacute; al mundo un mensaje fuerte:&nbsp; toda persona aut&eacute;nticamente religiosa debe implorar de Dios el don de la paz, renovando la voluntad de promoverla y de construirla juntamente con los dem&aacute;s creyentes. El tema de la paz es hoy m&aacute;s urgente que nunca, interpela en especial a los disc&iacute;pulos de Cristo, Pr&iacute;ncipe de la paz, y constituye un desaf&iacute;o y un compromiso para&nbsp;el movimiento ecum&eacute;nico.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Respondiendo al &uacute;nico Esp&iacute;ritu, que gu&iacute;a a la Iglesia, esta tarde queremos dar gracias a Dios por los numerosos y abundantes frutos que &eacute;l, dispensador de todo don, ha derramado en el camino del ecumenismo. &iexcl;C&oacute;mo no recordar, adem&aacute;s del mencionado encuentro de As&iacute;s con la participaci&oacute;n de destacados representantes de casi todas las Iglesias y comunidades eclesiales de Oriente y de Occidente, la visita a Roma, en el mes de marzo, de una delegaci&oacute;n del santo S&iacute;nodo de la Iglesia ortodoxa de Grecia! Despu&eacute;s, en junio, firm&eacute; con el patriarca ecum&eacute;nico Bartolom&eacute; I la Declaraci&oacute;n com&uacute;n sobre la salvaguardia de la creaci&oacute;n; en mayo tuve la alegr&iacute;a de visitar al patriarca Maxim de Bulgaria; en octubre, en cambio, recib&iacute; la visita del patriarca Teoctist de Ruman&iacute;a, con el que firm&eacute; tambi&eacute;n una Declaraci&oacute;n com&uacute;n. Y no puedo olvidar la visita del arzobispo de Canterbury, doctor Carey, al concluir su mandato, y los encuentros con delegaciones ecum&eacute;nicas de comunidades eclesiales de Occidente, as&iacute; como los progresos realizados por las varias comisiones mixtas de di&aacute;logo.<\/p>\n<p> Al mismo tiempo, no podemos menos de reconocer con realismo las <i>dificultades<\/i>, los <i>problemas<\/i> y las <i>desilusiones<\/i> que encontramos tambi&eacute;n ahora. As&iacute;, a veces existe un cierto cansancio, una falta de fervor, mientras se mantiene vivo el dolor de no poder compartir a&uacute;n la mesa eucar&iacute;stica. Pero el Esp&iacute;ritu Santo no deja de sorprendernos y sigue realizando prodigios extraordinarios.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En la actual situaci&oacute;n del ecumenismo, es importante considerar que <i>s&oacute;lo el Esp&iacute;ritu de Dios es capaz de darnos la plena unidad visible; <\/i>s&oacute;lo el Esp&iacute;ritu de Dios puede infundir nuevo fervor y valent&iacute;a. Por eso, hay que subrayar la importancia del <i>ecumenismo espiritual<\/i>, que constituye el alma de todo el movimiento ecum&eacute;nico (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 6-8).<\/p>\n<p> Esto no significa de ning&uacute;n modo disminuir o incluso descuidar el<i> di&aacute;logo teol&oacute;gico<\/i>, que ha dado abundantes frutos &nbsp;en &nbsp;los &nbsp;&uacute;ltimos &nbsp;decenios. Sigue siendo, como &nbsp;siempre, irrenunciable. En efecto, la unidad entre los disc&iacute;pulos de Cristo no puede por menos de ser <i>unidad en la verdad<\/i> (cf. <i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 18-19). Hacia esta meta el Esp&iacute;ritu nos gu&iacute;a tambi&eacute;n por medio de los di&aacute;logos teol&oacute;gicos, que constituyen sin duda una ocasi&oacute;n de enriquecimiento rec&iacute;proco.<\/p>\n<p> Sin embargo, s&oacute;lo <i>en el Esp&iacute;ritu Santo <\/i>es posible acoger la verdad del Evangelio, vinculante para todos en su profundidad. El ecumenismo espiritual abre los ojos y los corazones a la comprensi&oacute;n de la verdad revelada, capacit&aacute;ndonos para reconocerla y acogerla tambi&eacute;n gracias a las argumentaciones de los dem&aacute;s cristianos.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;El ecumenismo espiritual se realiza en primer lugar por medio de la <i>oraci&oacute;n<\/i> elevada a Dios, cuando es posible, en com&uacute;n. Como Mar&iacute;a y los disc&iacute;pulos despu&eacute;s de la ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or, es importante seguir reuni&eacute;ndonos e invocando asiduamente al Esp&iacute;ritu Santo (cf.<i> Hch<\/i> 1, 12-14). A la oraci&oacute;n se a&ntilde;ade <i>la escucha de la palabra de Dios<\/i> en la sagrada Escritura, fundamento y alimento de nuestra fe (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a><\/i>, 21-25). Por otra parte, no existe acercamiento ecum&eacute;nico sin conversi&oacute;n del coraz&oacute;n, sin santificaci&oacute;n personal y renovaci&oacute;n de la vida eclesial.<\/p>\n<p> Un papel muy singular desempe&ntilde;an, asimismo, las <i>comunidades de vida consagrada<\/i> y los <i>movimientos espirituales<\/i>, nacidos recientemente, al favorecer el encuentro con las antiguas y venerables Iglesias de Oriente, caracterizadas por el esp&iacute;ritu mon&aacute;stico. Tambi&eacute;n hay signos alentadores de prometedora renovaci&oacute;n de la vida espiritual en el &aacute;mbito de las comunidades eclesiales de Occidente, y me alegran los provechosos intercambios que tienen lugar entre todas&nbsp;estas diversas&nbsp;realidades cristianas.<\/p>\n<p> No hay que olvidar los casos en los que <i>eclesi&aacute;sticos de otras Iglesias frecuentan las universidades cat&oacute;licas<\/i>:&nbsp; como hu&eacute;spedes de nuestros seminarios, participan en la vida de los estudiantes en conformidad con la vigente disciplina eclesial. La experiencia muestra que esto lleva a un enriquecimiento rec&iacute;proco.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;El deseo que hoy expresamos juntos es que la <i>espiritualidad de comuni&oacute;n<\/i> aumente cada vez m&aacute;s. Que, como escrib&iacute; en la carta apost&oacute;lica <i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html\">Novo millennio ineunte<\/a>, <\/i>se consolide en cada uno de nosotros la capacidad de sentir al hermano de fe, en la unidad del Cuerpo m&iacute;stico, &quot;como uno que me pertenece, para saber compartir sus alegr&iacute;as y sufrimientos&quot; (n. 43).<\/p>\n<p> Que Dios nos conceda ver &quot;lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios:&nbsp; un <i>don para m&iacute;<\/i>, adem&aacute;s de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente&quot;. &iexcl;No nos enga&ntilde;emos! Sin una aut&eacute;ntica <i>espiritualidad de comuni&oacute;n<\/i> los medios exteriores de la comuni&oacute;n &quot;se convertir&iacute;an en medios sin alma, m&aacute;scaras de comuni&oacute;n, m&aacute;s que sus modos de expresi&oacute;n y crecimiento&quot; (<i>ib.<\/i>).<\/p>\n<p> Por tanto, prosigamos con valent&iacute;a y paciencia por este camino, confiando en la fuerza del Esp&iacute;ritu. No nos corresponde a nosotros fijar los tiempos y los plazos; nos basta la promesa del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p> Fortalecidos por la palabra de Cristo, no cederemos al cansancio; al contrario, intensificaremos los esfuerzos y la oraci&oacute;n por la unidad. Que esta tarde resuene en nuestro coraz&oacute;n su consoladora invitaci&oacute;n:&nbsp; <i>Duc in altum!<\/i> Prosigamos nuestro camino, fi&aacute;ndonos siempre de &eacute;l. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> &copy; Copyright 2003 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE CLAUSURA DE LA SEMANADE ORACI&Oacute;N POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp; Fiesta de la Conversi&oacute;n de san PabloS&aacute;bado 25 de enero de 2003&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Llevamos este tesoro en vasijas de barro&quot; (2 Co 4, 7). 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