{"id":40609,"date":"2016-10-05T23:49:34","date_gmt":"2016-10-06T04:49:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2003-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-05T23:49:34","modified_gmt":"2016-10-06T04:49:34","slug":"6-de-enero-de-2003-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2003-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2003, Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DE CONSAGRACI&Oacute;N DE DOCE OBISPOS<br \/>EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;Lunes 6 de enero de 2003<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;<i>&quot;Lev&aacute;ntate y resplandece, pues ha llegado tu luz&quot;<\/i> (<i>Is<\/i> 60, 1).<\/p>\n<p> El profeta Isa&iacute;as se dirige as&iacute; a la ciudad de Jerusal&eacute;n. La invita a dejarse iluminar por su Se&ntilde;or, luz infinita que hace resplandecer su gloria sobre Israel. El pueblo de Dios est&aacute; llamado a convertirse &eacute;l mismo en luz, para orientar el camino de las naciones, envueltas en &quot;tinieblas&quot; y &quot;oscuridad&quot; (<i>Is<\/i> 60, 2).<\/p>\n<p> Este or&aacute;culo resuena con plenitud de significado en esta solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or. Los Magos, que llegan de Oriente a Jerusal&eacute;n guiados por un astro celeste (cf. <i>Mt<\/i> 2, 1-2), representan <i>las primicias de los pueblos atra&iacute;dos por la luz de Cristo<\/i>. Reconocen en Jes&uacute;s al Mes&iacute;as y demuestran anticipadamente que se est&aacute; realizando el &quot;misterio&quot; del que habla san Pablo en la segunda lectura:&nbsp; &quot;Que tambi&eacute;n los gentiles son coherederos (&#8230;) y part&iacute;cipes de la promesa de Jesucristo, por el Evangelio&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 6).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos elegidos para el episcopado, hoy, al recibir el sacramento que os hace sucesores de los Ap&oacute;stoles, os convert&iacute;s <i>con pleno derecho en ministros de este misterio<\/i>.<br \/> Vuestros nombres y vuestros rostros hablan de la Iglesia universal:&nbsp; la <i>Catholica<\/i>, en el lenguaje de los antiguos Padres. En efecto, proced&eacute;is de diferentes naciones y continentes; y ahora sois destinados nuevamente a diversos pa&iacute;ses.<\/p>\n<p> <i>La fe en Cristo, luz del mundo, ha guiado vuestros pasos<\/i> desde la juventud hasta la entrega de vosotros mismos en la consagraci&oacute;n presbiteral. Al Se&ntilde;or no le hab&eacute;is ofrecido oro, incienso y mirra, sino vuestra vida misma. Ahora Cristo os pide que renov&eacute;is esta oblaci&oacute;n, para desempe&ntilde;ar en la Iglesia el ministerio episcopal. Como &nbsp;hizo un d&iacute;a con los Doce, os invita &nbsp;a &nbsp;cada &nbsp;uno a compartir plenamente su vida y su misi&oacute;n (cf.<i>&nbsp;Mc<\/i> 3, 13-15).<\/p>\n<p> Recib&iacute;s <i>la plenitud del don<\/i>; al mismo tiempo, se os pide <i>la plenitud del compromiso<\/i>.<br \/> 3.&nbsp;Con afecto os saludo y abrazo espiritualmente a cada uno. Os saludo a vosotros, queridos &nbsp;monse&ntilde;ores <b>Paul Tschang In-nam, Celestino Migliore, Pierre Nguy&ecirc;n Van T&ocirc;t <\/b>y <b>Pedro L&oacute;pez Quintana, <\/b>que ser&eacute;is <i>mis representantes<\/i> en pa&iacute;ses de Asia y de &Aacute;frica, y ante la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Os agradezco el valioso servicio que hab&eacute;is prestado hasta ahora a la Santa Sede, y deseo que vuestro ministerio pastoral contribuya a hacer que brille entre los pueblos la luz de Cristo. En el respeto de las instituciones y de las culturas, invitad a las naciones a las que sois enviados a abrirse al Evangelio. S&oacute;lo Cristo puede garantizar una profunda renovaci&oacute;n de las conciencias y de los pueblos.<\/p>\n<p> Os saludo a vosotros, queridos monse&ntilde;ores <b>Angelo Amato <\/b>y <b>Brian Farrell, <\/b>a quienes he confiado <i>en la Curia romana<\/i> los cargos, respectivamente, de secretario de la Congregaci&oacute;n para la doctrina de la fe y de secretario del Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos. Fidelidad a la Tradici&oacute;n cat&oacute;lica y compromiso en favor del di&aacute;logo ecum&eacute;nico:&nbsp; por este camino ha de avanzar siempre seguro vuestro servicio.<\/p>\n<p> Os saludo tambi&eacute;n a vosotros, queridos monse&ntilde;ores <b>Calogero La Piana, <\/b>obispo de Mazara del Vallo (Italia); <b>Ren&eacute;-Marie Ehuzu, <\/b>obispo de Abomey (Benin); <b>J&aacute;n Babjak, <\/b>obispo de la eparqu&iacute;a de Presov (Eslovaquia); <b>Andraos Abouna, <\/b>auxiliar del patriarcado de Babilonia de los caldeos (Irak); <b>Milan Sasik, <\/b>administrador apost&oacute;lico <i>ad nutum Sanctae Sedis<\/i> de la eparqu&iacute;a de Mukacevo (Ucrania); y <b>Giuseppe Nazzaro, <\/b>vicario apost&oacute;lico de Alepo de los latinos (Siria).<\/p>\n<p> Quiera Dios que las amadas comunidades eclesiales que os acoger&aacute;n, y a las que saludo con afecto, encuentren en vosotros a pastores diligentes y generosos. Siguiendo el ejemplo del buen Pastor, y con su ayuda, guiad siempre a los creyentes a los pastos de la vida eterna.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;En esto conocer&aacute;n todos que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os:&nbsp; si os ten&eacute;is amor los unos a los otros&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 35).<\/p>\n<p> Queridos y venerados pastores, el divino Maestro os pide que viv&aacute;is y testimoni&eacute;is su amor. En efecto, el anuncio del amor salv&iacute;fico de Dios es la s&iacute;ntesis de la misi&oacute;n que hoy, solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, la Iglesia os conf&iacute;a.<\/p>\n<p> Haced que<i> resplandezca <\/i>la belleza del Evangelio, compendio de caridad divina, ante la grey que os ha sido encomendada. Dad a todo el pueblo cristiano un <i>claro testimonio de santidad. Sed siempre epifan&iacute;a de Cristo y de su amor misericordioso<\/i>, y que nada os impida cumplir esta misi&oacute;n.<\/p>\n<p> Que <i>Mar&iacute;a sant&iacute;sima, maestra de perfecta identificaci&oacute;n con su Hijo divino<\/i>, os sostenga y proteja en las diversas tareas que est&aacute;is llamados a realizar.<\/p>\n<p> Como exhorta el Ap&oacute;stol, esforzaos por reflejar &quot;como en un espejo la gloria del Se&ntilde;or&quot;, y ser&eacute;is transformados &quot;en esa misma imagen, cada vez m&aacute;s gloriosos&quot; (cf. <i>2 Co<\/i> 3, 18). Que esto se cumpla en cada uno de vosotros, para la gloria de Dios y el bien de las almas. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 2003 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p><i> <\/i> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE CONSAGRACI&Oacute;N DE DOCE OBISPOSEN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Lunes 6 de enero de 2003 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Lev&aacute;ntate y resplandece, pues ha llegado tu luz&quot; (Is 60, 1). El profeta Isa&iacute;as se dirige as&iacute; a la ciudad de Jerusal&eacute;n. 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