{"id":40619,"date":"2016-10-05T23:52:03","date_gmt":"2016-10-06T04:52:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-noviembre-de-2004-primeras-visperas-del-domingo-xxxiii-del-tiempo-ordinario-con-motivo-del-40-aniversario-del-decreto-sobre-el-ecumenismo-unitatis-redintegratio\/"},"modified":"2016-10-05T23:52:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:52:03","slug":"13-de-noviembre-de-2004-primeras-visperas-del-domingo-xxxiii-del-tiempo-ordinario-con-motivo-del-40-aniversario-del-decreto-sobre-el-ecumenismo-unitatis-redintegratio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-noviembre-de-2004-primeras-visperas-del-domingo-xxxiii-del-tiempo-ordinario-con-motivo-del-40-aniversario-del-decreto-sobre-el-ecumenismo-unitatis-redintegratio\/","title":{"rendered":"13 de noviembre de 2004, Primeras V\u00edsperas del domingo XXXIII  del tiempo ordinario con motivo del 40\u00b0 aniversario del Decreto sobre el ecumenismo \u00abUnitatis redintegratio\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp;<font color=\"#663300\">40 ANIVERSARIO DE LA PROMULGACI&Oacute;N <br \/>DEL DECRETO CONCILIAR &quot;UNITATIS REDINTEGRATIO&quot;<\/font><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> <b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/b> <\/font> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>S&aacute;bado 13 de noviembre de 2004<\/font><\/i><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&quot;Ahora, en Cristo Jes&uacute;s, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, hab&eacute;is llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque &eacute;l es nuestra paz&quot;<\/i> (<i>Ef<\/i> 2, 13 s). <\/p>\n<p> 1.&nbsp;Con estas palabras de la carta a los Efesios, &nbsp;el Ap&oacute;stol anuncia que <i> Cristo es nuestra paz<\/i>. En &nbsp;&eacute;l hemos sido reconciliados; ya no somos extra&ntilde;os, sino conciudadanos &nbsp;de los santos y familiares &nbsp;de Dios, edificados sobre el cimiento de los ap&oacute;stoles y profetas, teniendo como &nbsp;piedra angular a Cristo mismo (cf. <i>Ef<\/i> 2, 19 s). <\/p>\n<p> Hemos escuchado las palabras de san Pablo con ocasi&oacute;n de esta celebraci&oacute;n, para la que nos hemos reunido en la veneranda bas&iacute;lica edificada sobre la tumba del ap&oacute;stol san Pedro. Saludo de coraz&oacute;n a los participantes en la Conferencia ecum&eacute;nica convocada con motivo del cuadrag&eacute;simo aniversario de la promulgaci&oacute;n del decreto <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i> del concilio Vaticano II. Dirijo mi saludo a los cardenales, a los patriarcas y a los obispos participantes, a los delegados fraternos de las dem&aacute;s Iglesias y comunidades eclesiales, a los consultores, a los hu&eacute;spedes y a los colaboradores del Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos. Os doy las gracias por haber reflexionado atentamente sobre el significado de este importante decreto y sobre las perspectivas actuales y futuras del movimiento ecum&eacute;nico. Esta tarde nos hallamos reunidos aqu&iacute; para alabar a Dios, de quien procede <i>toda d&aacute;diva buena y todo don perfecto <\/i>(<i>St<\/i> 1, 17), y para darle gracias por los grandes frutos que ha dado el Decreto, durante los cuarenta a&ntilde;os transcurridos, con la ayuda del Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p> 2.&nbsp;La aplicaci&oacute;n de este decreto conciliar, querido por mi predecesor el beato Papa Juan XXIII y promulgado por el Papa Pablo VI, ha sido desde el inicio una de las prioridades pastorales de mi pontificado (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/__PU.HTM\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 99). Puesto que la unidad ecum&eacute;nica no es un &nbsp;atributo &nbsp;secundario de la comunidad de los disc&iacute;pulos (cf. <i>ib.<\/i>, 9), y la actividad ecum&eacute;nica no es s&oacute;lo un ap&eacute;ndice que se a&ntilde;ade a la actividad tradicional &nbsp;de &nbsp;la Iglesia (cf. <i>ib.<\/i>, 20), sino que se &nbsp;funda &nbsp;en &nbsp;el plan salv&iacute;fico de Dios de &nbsp;congregar &nbsp;a &nbsp;todos &nbsp;en &nbsp;la unidad (cf. <i>ib.<\/i>, 5), corresponden a la voluntad de nuestro &nbsp;Se&ntilde;or Jesucristo, que quiso una sola Iglesia y or&oacute; al Padre, la v&iacute;spera de su muerte, para que todos sean uno (cf. <i>Jn<\/i> 17, 21). <\/p>\n<p> Buscar la unidad es fundamentalmente adherirse a la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s. El concilio Vaticano II, que hizo suyo este deseo de nuestro Se&ntilde;or, no introdujo ninguna novedad. Guiado e iluminado por el Esp&iacute;ritu de Dios, puso nuevamente de relieve el sentido verdadero y profundo de la unidad y de la catolicidad de la &nbsp;Iglesia. &nbsp;El camino ecum&eacute;nico es el camino de la Iglesia (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/__P3.HTM\">Ut unum sint<\/a>, <\/i>7), la cual no es una realidad replegada sobre s&iacute; misma, sino permanentemente abierta a la din&aacute;mica misionera y ecum&eacute;nica (cf. <i>ib., <\/i>5). <\/p>\n<p> El compromiso en favor del restablecimiento de la comuni&oacute;n plena y visible entre todos los bautizados no corresponde s&oacute;lo a algunos expertos en ecumenismo; ata&ntilde;e a todos los cristianos, de todas las di&oacute;cesis y parroquias, de todas las comunidades en la Iglesia. Todos est&aacute;n llamados a asumir este compromiso, haciendo suya la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s, para que todos sean uno. Todos est&aacute;n llamados a rezar y a trabajar por la unidad de los disc&iacute;pulos de Cristo. <\/p>\n<p> 3.&nbsp;Hoy, ante un mundo que avanza hacia su unificaci&oacute;n, este camino ecum&eacute;nico es m&aacute;s necesario que nunca, y la Iglesia debe afrontar nuevos desaf&iacute;os para cumplir su misi&oacute;n evangelizadora. El Concilio constat&oacute; que la divisi&oacute;n entre los cristianos &quot;es un esc&aacute;ndalo para el mundo y perjudica a la causa sant&iacute;sima de predicar el Evangelio&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 1). Por tanto, la actividad ecum&eacute;nica y la actividad misionera est&aacute;n unidas y son los dos caminos por los cuales la Iglesia cumple su misi&oacute;n en el mundo y expresa concretamente su catolicidad. En nuestra &eacute;poca asistimos al crecimiento de un humanismo err&oacute;neo sin Dios y constatamos con profundo dolor los conflictos que ensangrientan al mundo. En esta situaci&oacute;n la Iglesia, con mayor raz&oacute;n, est&aacute; llamada a ser signo e instrumento de la unidad y de la reconciliaci&oacute;n con Dios y entre los hombres (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 1). <br \/> El Decreto sobre el ecumenismo ha sido uno de los modos concretos como la Iglesia ha respondido a esta situaci&oacute;n, poni&eacute;ndose a la escucha del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or, que ense&ntilde;a a leer atentamente los signos de los tiempos (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/__P1.HTM\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 3). Nuestra &eacute;poca siente una profunda nostalgia de la paz. La Iglesia, signo cre&iacute;ble e instrumento de la paz de Cristo, no puede dejar de esforzarse por superar las divisiones de los cristianos y convertirse as&iacute;, cada vez m&aacute;s, en testigo de la paz que Cristo ofrece al mundo. <\/p>\n<p> En esta triste situaci&oacute;n, no podemos por menos de recordar las conmovedoras palabras del Ap&oacute;stol:&nbsp; &quot;Os exhorto, pues, yo, preso por el Se&ntilde;or, a que viv&aacute;is de una manera digna de la vocaci&oacute;n con que hab&eacute;is sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soport&aacute;ndoos unos a otros por amor, poniendo empe&ntilde;o en conservar la unidad del Esp&iacute;ritu con el v&iacute;nculo de la paz&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 1-3). <\/p>\n<p> 4.&nbsp;Los numerosos encuentros ecum&eacute;nicos en todos los niveles de la vida eclesial, los di&aacute;logos teol&oacute;gicos y el redescubrimiento de los testigos comunes de la fe han confirmado, profundizado y enriquecido la comuni&oacute;n con los dem&aacute;s cristianos, comuni&oacute;n ya existente en cierta medida, aunque a&uacute;n no de modo pleno. Ya no consideramos a los dem&aacute;s cristianos como lejanos o extra&ntilde;os, sino que vemos en ellos a hermanos y hermanas. &quot;La fraternidad universal de los cristianos se ha convertido en una firme convicci&oacute;n ecum&eacute;nica. (&#8230;) Los cristianos se han convertido a una caridad fraterna que abarca a todos los disc&iacute;pulos de Cristo&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/__PC.HTM\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 42). Damos gracias a Dios al constatar c&oacute;mo, durante estos &uacute;ltimos decenios, muchos fieles en todo el mundo han sentido el deseo ardiente de la unidad de todos los cristianos. Doy gracias de coraz&oacute;n a los que han sido instrumento del Esp&iacute;ritu y han orado y trabajado por este itinerario de acercamiento y reconciliaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Sin embargo, todav&iacute;a no hemos llegado a la meta de nuestro camino ecum&eacute;nico:&nbsp; la comuni&oacute;n plena y visible en la misma fe, en los mismos sacramentos y en el mismo ministerio apost&oacute;lico. Gracias a Dios, se han superado muchas diferencias e incomprensiones, pero son a&uacute;n numerosos los obst&aacute;culos diseminados a lo largo del camino. A veces no s&oacute;lo persisten equ&iacute;vocos y prejuicios, sino tambi&eacute;n una desidia y una estrechez de coraz&oacute;n deplorables (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html\">Novo millennio ineunte<\/a><\/i>, 48), y sobre todo diferencias en materia de fe, que se concentran en gran parte en torno al tema de la Iglesia, de su naturaleza y de sus ministerios. Por desgracia, nos hallamos tambi&eacute;n ante problemas nuevos, especialmente en el campo &eacute;tico, donde afloran ulteriores divisiones, que impiden el testimonio com&uacute;n. <\/p>\n<p> 5.&nbsp;S&eacute; bien que es causa de muchos sufrimientos y desilusiones el hecho de que todas estas razones -como expliqu&eacute; en la enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0327\/__P6.HTM\">Ecclesia de Eucharistia<\/a><\/i> (nn. 43-46)- nos impiden participar ya desde ahora en el Sacramento de la unidad, compartiendo el Pan eucar&iacute;stico y bebiendo en el C&aacute;liz com&uacute;n de la mesa del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p> Todo esto no debe inducir a la resignaci&oacute;n; al contrario, debe animar a continuar y a perseverar en la oraci&oacute;n y en el compromiso en favor de la unidad. Aunque probablemente el camino por recorrer es todav&iacute;a largo y arduo, ciertamente estar&aacute; lleno de alegr&iacute;a y esperanza. En efecto, cada d&iacute;a descubrimos y experimentamos la acci&oacute;n y el impulso del Esp&iacute;ritu de Dios; con alegr&iacute;a constatamos que act&uacute;a tambi&eacute;n en las Iglesias y comunidades eclesiales que todav&iacute;a no est&aacute;n en plena comuni&oacute;n con la Iglesia cat&oacute;lica. Reconocemos &quot;las riquezas de Cristo y las obras de virtud en la vida de otros que dan testimonio de Cristo, a veces hasta el derramamiento de la sangre&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 4). En vez de lamentarnos de lo que todav&iacute;a no es posible, debemos estar agradecidos y alegrarnos de lo que ya existe y es posible. Realizar desde ahora lo que es posible nos hace crecer en la unidad y nos infunde entusiasmo para superar las dificultades. Un cristiano &nbsp;no puede renunciar jam&aacute;s a la esperanza, perder la valent&iacute;a y el entusiasmo. La unidad de la &uacute;nica Iglesia, que ya existe en la Iglesia cat&oacute;lica sin posibilidad de perderse, nos garantiza que un d&iacute;a tambi&eacute;n se har&aacute; realidad la unidad de todos los cristianos (cf. <i>ib.<\/i> 4). <\/p>\n<p> 6.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo imaginar el futuro ecum&eacute;nico? Ante todo, debemos reforzar los fundamentos de la actividad ecum&eacute;nica, es decir, la fe com&uacute;n en todo lo que se expresa en la profesi&oacute;n bautismal, en el Credo apost&oacute;lico y en el Credo niceno-constantinopolitano. Este fundamento doctrinal manifiesta la fe profesada por la Iglesia desde el tiempo de los Ap&oacute;stoles. A partir de esta fe debemos desarrollar luego el concepto y la <i>espiritualidad de comuni&oacute;n. <\/i>&quot;Comuni&oacute;n de los santos&quot; y plena comuni&oacute;n no significan uniformidad abstracta, sino riqueza de leg&iacute;tima diversidad de dones compartidos y reconocidos por todos, seg&uacute;n el conocido adagio:&nbsp; <i>&quot;In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas&quot;<\/i>. <\/p>\n<p> 7.<i>&nbsp;Espiritualidad de comuni&oacute;n<\/i> significa, adem&aacute;s, capacidad de sentir al hermano cristiano, en la unidad profunda que nace del bautismo, &quot;como &quot;uno que me pertenece&quot;, para saber compartir&#8230; y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad&quot; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html\">Novo millennio ineunte<\/a><\/i>, 43). <\/p>\n<p> <i>Espiritualidad de comuni&oacute;n <\/i>&quot;es tambi&eacute;n capacidad para ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios:&nbsp; un &quot;don para m&iacute;&quot;, adem&aacute;s de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, <i>espiritualidad de comuni&oacute;n <\/i>es saber &quot;dar espacio&quot; al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. <i>Ga<\/i> 6, 2) y rechazando las tentaciones ego&iacute;stas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, af&aacute;n de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones:&nbsp; sin este camino espiritual de poco servir&iacute;an los instrumentos externos de la comuni&oacute;n. Se convertir&iacute;an en medios sin alma, m&aacute;scaras de comuni&oacute;n, m&aacute;s que sus modos de expresi&oacute;n y crecimiento&quot; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html\">Novo millennio ineunte<\/a><\/i>, 43). <\/p>\n<p> Por tanto, en s&iacute;ntesis, <i>espiritualidad de comuni&oacute;n<\/i> significa compartir juntos el camino hacia la unidad en la profesi&oacute;n &iacute;ntegra de la fe, en los sacramentos y en el ministerio eclesi&aacute;stico (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 14; <i>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 2). <\/p>\n<p> 8.&nbsp;Para concluir, quisiera referirme en particular al ecumenismo espiritual que, seg&uacute;n las palabras del decreto <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, es el alma y el coraz&oacute;n de todo el movimiento ecum&eacute;nico (cf. n. 8; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/_INDEX.HTM\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 15-17 y 21-27). Os doy las gracias a todos por haber subrayado durante la Conferencia este aspecto central para el futuro del ecumenismo. No existe verdadero ecumenismo sin conversi&oacute;n interior y purificaci&oacute;n de la memoria, sin santidad de vida en conformidad con el Evangelio y, sobre todo, sin una intensa y asidua oraci&oacute;n que se haga eco de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s. A este prop&oacute;sito, constato con alegr&iacute;a el desarrollo de iniciativas de oraci&oacute;n com&uacute;n y tambi&eacute;n la formaci&oacute;n de grupos de estudio que comparten rec&iacute;procamente las tradiciones de espiritualidad (cf. <i>Directorio ecum&eacute;nico<\/i>, 114). <\/p>\n<p> Debemos comportarnos como los Ap&oacute;stoles juntamente con Mar&iacute;a, la Madre de Dios, despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or:&nbsp; se reunieron en el Cen&aacute;culo e invocaron la venida del Esp&iacute;ritu (cf. <i>Hch<\/i> 1, 12-14). S&oacute;lo &eacute;l, que es el Esp&iacute;ritu de comuni&oacute;n y de amor, puede concedernos la comuni&oacute;n plena, que tan ardientemente deseamos. <\/p>\n<p> <i>&quot;Veni creator Spiritus!&quot;<\/i>. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" face=\"Times\" size=\"3\"> &copy; Copyright 2004 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;40 ANIVERSARIO DE LA PROMULGACI&Oacute;N DEL DECRETO CONCILIAR &quot;UNITATIS REDINTEGRATIO&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 13 de noviembre de 2004 &nbsp; &quot;Ahora, en Cristo Jes&uacute;s, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, hab&eacute;is llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. 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