{"id":40639,"date":"2016-10-05T23:52:20","date_gmt":"2016-10-06T04:52:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-berna-santa-misa-en-la-explanada-de-almend-en-berna-6-de-junio-de-2004\/"},"modified":"2016-10-05T23:52:20","modified_gmt":"2016-10-06T04:52:20","slug":"viaje-apostolico-a-berna-santa-misa-en-la-explanada-de-almend-en-berna-6-de-junio-de-2004","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-berna-santa-misa-en-la-explanada-de-almend-en-berna-6-de-junio-de-2004\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Berna: Santa Misa en la explanada de Almend, en Berna (6 de junio de 2004)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\"> &nbsp;<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II A BERNA&nbsp;<br \/>CON MOTIVO DEL ENCUENTRO NACIONAL <br \/>DE LOS J&Oacute;VENES CAT&Oacute;LICOS&nbsp;DE SUIZA<\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i> <font size=\"4\"> <b>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II <br \/><\/b> <\/font> <font size=\"3\"> <br \/>Solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad <br \/>Domingo 6 de junio de 2004<\/font><\/i><\/font><font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Bendito sea Dios Padre, y su Hijo unig&eacute;nito, y el Esp&iacute;ritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros&quot; (<i>Ant&iacute;fona de entrada<\/i>). <\/p>\n<p> 1.&nbsp;En este primer domingo despu&eacute;s de Pentecost&eacute;s, la Iglesia nos invita a celebrar el misterio de la sant&iacute;sima Trinidad. Lo hacemos, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, en el <i>estupendo escenario<\/i> de las cumbres nevadas, de los verdes valles llenos de flores y frutos, de los numerosos lagos y torrentes que embellecen vuestra tierra. En esta meditaci&oacute;n nos gu&iacute;a la primera lectura, que nos impulsa a contemplar la Sabidur&iacute;a divina cuando &quot;afirm&oacute; los cielos (&#8230;), condens&oacute; las nubes en lo alto (&#8230;), dio fuerza a las fuentes del abismo (&#8230;), fij&oacute; sus t&eacute;rminos al mar (&#8230;), ech&oacute; los cimientos de la tierra&quot; (<i>Pr<\/i> 8, 27-29). <\/p>\n<p> Ahora bien, nuestra mirada no se dirige s&oacute;lo a la creaci&oacute;n, &quot;obra de los dedos de Dios&quot; (<i>Salmo responsorial<\/i>); est&aacute; atenta especialmente a las <i> personas de nuestro entorno<\/i>. Con afecto os saludo, queridos hermanos y hermanas de esta espl&eacute;ndida regi&oacute;n situada en el centro de Europa. Quisiera estrechar la mano a cada uno para saludarlo personalmente y decirle:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or est&aacute; contiguo y te ama&quot;. <\/p>\n<p> Saludo fraternalmente a los obispos de Suiza, con su presidente, mons. Am&eacute;d&eacute;e Grab, obispo de Coira, y mons. Kurth Koch, obispo de Basilea, al que doy las gracias por las palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Saludo cordialmente al se&ntilde;or presidente de la Confederaci&oacute;n Helv&eacute;tica y a las dem&aacute;s autoridades que nos honran con su presencia. <\/p>\n<p> Deseo dirigir un saludo particular y lleno de afecto a todos los <i>j&oacute;venes cat&oacute;licos de Suiza<\/i>, con los que me reun&iacute; ayer por la tarde en el Palacio de deportes Bern Expo, donde escuchamos juntos la exigente y entusiasmante invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s:&nbsp; &quot;&iexcl;Lev&aacute;ntate!&quot;. Queridos j&oacute;venes amigos, sabed que el Papa os ama, os acompa&ntilde;a con su oraci&oacute;n diaria, cuenta con vuestra colaboraci&oacute;n para el anuncio del Evangelio y os anima con confianza en el camino de la vida cristiana. <\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Lo que creemos de tu gloria, porque t&uacute; lo revelaste&#8230;&quot;, diremos en el <i> Prefacio. <\/i>Nuestra asamblea eucar&iacute;stica es testimonio y proclamaci&oacute;n de la gloria del Alt&iacute;simo y de su presencia operante en la historia. Sostenidos por el Esp&iacute;ritu que el Padre nos ha enviado por medio de su Hijo, &quot;nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulaci&oacute;n produce constancia; la constancia, virtud probada; la virtud, esperanza&quot; (<i>Rm<\/i> 5, 3-4). <\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos, pido al Se&ntilde;or que me permita estar en medio de vosotros como <i>testigo de esperanza<\/i>, de la esperanza que &quot;no defrauda&quot;, porque se funda en el amor de Dios que &quot;ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Rm<\/i> 5, 5). El mundo tiene hoy especial necesidad de <i>un suplemento de esperanza<\/i>. <\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Eres un solo Dios, un solo Se&ntilde;or&quot; (<i>Prefacio<\/i>). Las tres Personas, iguales y distintas, son un solo Dios. Su distinci&oacute;n real <i>no menoscaba la unidad de la naturaleza divina<\/i>. <\/p>\n<p> Cristo nos propuso a sus disc&iacute;pulos como modelo esta comuni&oacute;n profund&iacute;sima:&nbsp; &quot;Como t&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti, que tambi&eacute;n ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21). La celebraci&oacute;n del misterio de la sant&iacute;sima Trinidad constituye cada a&ntilde;o<i> <\/i>para los cristianos <i>una fuerte llamada al compromiso en favor de la unidad<\/i>. Es una llamada <i>dirigida a todos, <\/i>pastores y fieles, e impulsa a todos a tomar cada vez mayor conciencia de la propia responsabilidad dentro de la Iglesia, Esposa de Cristo. Ante esas palabras de Cristo no podemos por menos de sentir la urgencia del <i>compromiso ecum&eacute;nico<\/i>. Reafirmo, tambi&eacute;n en esta circunstancia, <i>la voluntad de avanzar por el camino dif&iacute;cil, pero lleno de alegr&iacute;a, de la plena comuni&oacute;n de todos los creyentes.<\/i> <\/p>\n<p> Sin embargo, no cabe duda de que el esfuerzo que realizan los cat&oacute;licos por vivir la unidad en su interior es una notable contribuci&oacute;n a la causa ecum&eacute;nica. En la carta apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html\">Novo millennio ineunte<\/a><\/i> destaqu&eacute; la necesidad de &quot;hacer de la Iglesia <i>la casa y la escuela de la comuni&oacute;n<\/i>&quot; (n. 43), dirigiendo la mirada del coraz&oacute;n &quot;hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida tambi&eacute;n en el rostro de los hermanos&quot; (<i>ib.<\/i>). As&iacute; se alimenta la &quot;espiritualidad de comuni&oacute;n&quot; que, partiendo de los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, impregna las parroquias, las asociaciones y los movimientos. Una Iglesia local en donde florezca la espiritualidad de comuni&oacute;n sabr&aacute; <i>purificarse constantemente de las &quot;toxinas&quot; del ego&iacute;smo, <\/i>que engendran celos, desconfianzas, af&aacute;n de prepotencia y enfrentamientos perjudiciales. <\/p>\n<p> 4.&nbsp;La evocaci&oacute;n de estos peligros suscita espont&aacute;neamente en nosotros una <i> oraci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo, <\/i>que Jes&uacute;s prometi&oacute; enviarnos:&nbsp; &quot;Cuando venga el Esp&iacute;ritu de la verdad, os guiar&aacute; hasta la verdad plena&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 13). <\/p>\n<p> <i>&iquest;Qu&eacute; es la verdad?<\/i> Jes&uacute;s dijo un d&iacute;a:&nbsp; &quot;Yo soy el camino, la verdad y la vida&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 6). As&iacute; pues, la formulaci&oacute;n correcta de la pregunta no debe ser &quot;&iquest;<i>Qu&eacute; es<\/i> la verdad?, sino &quot;&iquest;<i>Qui&eacute;n es<\/i> la verdad?&quot;. <\/p>\n<p> Esta es la pregunta que se plantea tambi&eacute;n el hombre del tercer milenio. Queridos hermanos y hermanas, no podemos callar la respuesta, porque nosotros la conocemos. <i>La verdad es Jesucristo, <\/i>que vino al mundo para revelarnos y donarnos el amor del Padre. Estamos llamados a <i>testimoniar esta verdad<\/i> con la palabra y sobre todo con la vida. <\/p>\n<p> 5.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos, <i>la Iglesia es misi&oacute;n<\/i>. Tambi&eacute;n hoy necesita &quot;profetas&quot; capaces de despertar en las comunidades la fe en el Verbo revelador del Dios rico en misericordia (cf. <i>Ef<\/i> 2, 4). Ha llegado el tiempo de preparar a <i>generaciones j&oacute;venes de ap&oacute;stoles<\/i> que no tengan miedo de anunciar el Evangelio. Para todo bautizado es esencial pasar de <i>una fe rutinaria<\/i> a una <i>fe madura<\/i>, que se manifieste en opciones personales claras, convencidas y valientes. <\/p>\n<p> S&oacute;lo una fe as&iacute;, celebrada y compartida en la liturgia y en la caridad fraterna, puede alimentar y fortificar a la comunidad de los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or y edificarla como Iglesia misionera, liberada de falsos miedos porque est&aacute; segura del amor del Padre. <\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Rm<\/i> 5, 5). No es m&eacute;rito nuestro; <i>es un don gratuito<\/i>. No obstante el peso de nuestros pecados, Dios nos ha amado y nos ha redimido con la sangre de Cristo. Su gracia nos ha sanado en lo m&aacute;s profundo. <\/p>\n<p> Por eso, podemos exclamar con el salmista:&nbsp; &quot;&iexcl;Qu&eacute; admirable es tu nombre en toda la tierra!&quot;. &iexcl;Qu&eacute; grande ha sido en m&iacute;, en los dem&aacute;s, en todos los seres humanos! <\/p>\n<p> Esta es <i>la verdadera fuente de la grandeza del hombre<\/i>, esta es la ra&iacute;z de su <i>dignidad indestructible<\/i>. En todo ser humano se refleja la imagen de Dios. Aqu&iacute; radica la m&aacute;s profunda &quot;verdad&quot; del hombre, que en ning&uacute;n caso puede ignorarse o violarse. <i>Cualquier ultraje hecho al hombre es<\/i>, en definitiva, <i>un ultraje a su Creador<\/i>, que lo ama con amor de Padre. <\/p>\n<p> Suiza &nbsp;tiene <i>una gran tradici&oacute;n de respeto al hombre. <\/i>Es una tradici&oacute;n marcada &nbsp;por el signo de la cruz:&nbsp; la <i>Cruz Roja. <\/p>\n<p> Cristianos de este noble pa&iacute;s, estad siempre a la altura de vuestro glorioso pasado. En todo ser humano sabed reconocer y honrar la imagen de Dios. En el hombre, creado por Dios, se refleja la gloria de la sant&iacute;sima Trinidad. <\/p>\n<p> As&iacute; pues, digamos:&nbsp; &quot;Gloria al Padre y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo; al Dios que es, que era y que vendr&aacute;&quot; (Aleluya<\/i>). Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II A BERNA&nbsp;CON MOTIVO DEL ENCUENTRO NACIONAL DE LOS J&Oacute;VENES CAT&Oacute;LICOS&nbsp;DE SUIZA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad Domingo 6 de junio de 2004 &nbsp; &quot;Bendito sea Dios Padre, y su Hijo unig&eacute;nito, y el Esp&iacute;ritu Santo, porque ha tenido misericordia de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-berna-santa-misa-en-la-explanada-de-almend-en-berna-6-de-junio-de-2004\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Berna: Santa Misa en la explanada de Almend, en Berna (6 de junio de 2004)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40639","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40639","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40639"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40639\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}