{"id":40665,"date":"2016-10-06T14:33:02","date_gmt":"2016-10-06T19:33:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2005-visperas-y-te-deum\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:02","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:02","slug":"31-de-diciembre-de-2005-visperas-y-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2005-visperas-y-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2005, V\u00edsperas y Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, <br \/>CON EL CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>S&aacute;bado 31 de diciembre de 2005 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p> Al terminar este a&ntilde;o, que para la Iglesia y para el mundo ha sido sumamente rico en acontecimientos, recordando el mandato del Ap&oacute;stol:&nbsp; &quot;Vivid (&#8230;) apoyados en la fe, (&#8230;) rebosando en acci&oacute;n de gracias&quot; (<i>Col<\/i> 2, 6-7), nos volvemos a reunir esta tarde para elevar un himno de acci&oacute;n de gracias a Dios, Se&ntilde;or del tiempo y de la historia. Mi pensamiento se remonta, con profundo sentimiento espiritual, a hace un a&ntilde;o, cuando, una tarde como esta, el amado Papa Juan Pablo II, por &uacute;ltima vez, se hizo portavoz &nbsp;del &nbsp;pueblo de Dios para dar gracias al Se&ntilde;or por los numerosos beneficios &nbsp;concedidos a la Iglesia y a la humanidad. <\/p>\n<p> En el mismo sugestivo marco de la bas&iacute;lica vaticana ahora me toca a m&iacute; recoger idealmente de todos los rincones de la tierra el c&aacute;ntico de alabanza y de acci&oacute;n de gracias que se eleva a Dios, al concluir el a&ntilde;o 2005 y en la v&iacute;spera del 2006. S&iacute;, es un deber nuestro, adem&aacute;s de una necesidad del coraz&oacute;n, alabar y dar gracias a Aquel que, siendo eterno, nos acompa&ntilde;a en el tiempo sin abandonarnos nunca y que siempre vela por la humanidad con la fidelidad de su amor misericordioso. <\/p>\n<p> Podr&iacute;amos decir con raz&oacute;n que la Iglesia vive para alabar y dar gracias a Dios. Ella misma es &quot;acci&oacute;n de gracias&quot;, a lo largo de los siglos, testigo fiel de un amor que no muere, de un amor que abarca a los hombres de todas las razas y culturas, difundiendo de modo fecundo principios de aut&eacute;ntica vida. <\/p>\n<p> Como recuerda el concilio ecum&eacute;nico Vaticano II, &quot;la Iglesia ora y trabaja al mismo tiempo para que la totalidad del mundo se transforme en pueblo de Dios, cuerpo del Se&ntilde;or y templo del Esp&iacute;ritu &nbsp;Santo, y para que en Cristo, cabeza de todos, se d&eacute; todo honor y toda gloria &nbsp;al Creador y Padre de todos&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, &nbsp;17). &nbsp;Sostenida &nbsp;por el Esp&iacute;ritu Santo, &quot;contin&uacute;a su peregrinaci&oacute;n en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios&quot; (san &nbsp;Agust&iacute;n, <i>&nbsp;De civitate Dei<\/i>, XVIII, 51, 2), sacando fuerza de la ayuda del Se&ntilde;or. De este modo, con paciencia y amor, supera &quot;todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores&quot;, y revela &quot;al mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>8). La Iglesia vive de Cristo y con Cristo, el cual le ofrece su amor esponsal, gui&aacute;ndola a lo largo de los siglos, y ella, con la abundancia de sus dones, acompa&ntilde;a al hombre en su camino, para que los que acojan a Cristo tengan la vida y la tengan en abundancia. <\/p>\n<p> Esta tarde me hago portavoz, ante todo, de la Iglesia de Roma, para elevar al cielo el c&aacute;ntico com&uacute;n de alabanza y acci&oacute;n de gracias. Nuestra Iglesia de Roma, en estos doce meses transcurridos, ha sido visitada por muchas otras Iglesias y comunidades eclesiales, para profundizar el di&aacute;logo de la verdad en la caridad, que une a todos los bautizados, y experimentar juntos el deseo m&aacute;s vivo de la comuni&oacute;n plena. <\/p>\n<p> Pero tambi&eacute;n muchos creyentes de otras religiones han querido testimoniar su estima cordial y fraterna a esta Iglesia y a su Obispo, conscientes de que en el encuentro sereno y respetuoso se oculta el alma de una acci&oacute;n concorde en favor de la humanidad entera. Y &iquest;qu&eacute; decir de las numerosas personas de buena voluntad que han dirigido su mirada a esta Sede para entablar un di&aacute;logo fructuoso sobre los grandes valores relativos a la verdad del hombre y de la vida, que es necesario defender y promover? La Iglesia quiere ser siempre acogedora, en la verdad y en la caridad. <\/p>\n<p> Por lo que concierne al camino de la di&oacute;cesis de Roma, me complace referirme brevemente al programa pastoral diocesano, que este a&ntilde;o ha centrado su atenci&oacute;n en la familia, escogiendo como tema:&nbsp; &quot;Familia y comunidad cristiana:&nbsp; formaci&oacute;n de la persona y transmisi&oacute;n de la fe&quot;. La familia siempre ha ocupado el centro de la atenci&oacute;n de mis venerados predecesores, en particular de Juan Pablo II, que le dedic&oacute; muchas intervenciones. Como reafirm&oacute; en numerosas ocasiones, estaba convencido de que la crisis de la familia constituye un grave da&ntilde;o para nuestra misma civilizaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Precisamente para subrayar la importancia que tiene en la vida de la Iglesia y de la sociedad la familia fundada en el matrimonio, tambi&eacute;n yo he querido dar mi contribuci&oacute;n interviniendo, la tarde del 6 de junio pasado, en la asamblea diocesana en San Juan de Letr&aacute;n. Me alegra que el programa de la di&oacute;cesis se est&eacute; aplicando de forma positiva con una acci&oacute;n apost&oacute;lica capilar, que se realiza en las parroquias, en las prefecturas y en las diversas asociaciones eclesiales. El Se&ntilde;or conceda que el compromiso com&uacute;n lleve a una aut&eacute;ntica renovaci&oacute;n de las familias cristianas. <\/p>\n<p> Aprovecho esta ocasi&oacute;n para saludar a los representantes de la comunidad religiosa y civil de Roma presentes en esta celebraci&oacute;n de fin de a&ntilde;o. Saludo en primer lugar al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles que han venido de diversas parroquias. Saludo, asimismo, al alcalde de la ciudad y a las dem&aacute;s autoridades. Extiendo mi saludo a toda la comunidad romana, de la que el Se&ntilde;or me ha llamado a ser Pastor, y renuevo a todos la expresi&oacute;n de mi cercan&iacute;a espiritual. <\/p>\n<p> Al inicio de esta celebraci&oacute;n, iluminados por la palabra de Dios, hemos cantado todos con fe el &quot;Te Deum&quot;. Son muchos los motivos que hacen intensa nuestra acci&oacute;n de gracias, convirti&eacute;ndola en una oraci&oacute;n coral. A la vez que consideramos los m&uacute;ltiples acontecimientos que han marcado el curso de los meses en este a&ntilde;o que est&aacute; a punto de concluir, quiero recordar de modo especial a los que atraviesan dificultades:&nbsp; a los m&aacute;s pobres y abandonados, a los que han perdido la esperanza en un sentido fundado de su existencia, o a los que son v&iacute;ctimas de intereses ego&iacute;stas, sin que se les pida su adhesi&oacute;n o su opini&oacute;n. <\/p>\n<p> Haciendo nuestros sus sufrimientos, los encomendamos a todos a Dios, que hace que todo contribuya al bien; en sus manos ponemos nuestro deseo de que a toda persona se le reconozca su dignidad de hijo de Dios. Al Se&ntilde;or de la vida le pedimos que alivie con su gracia los sufrimientos provocados por el mal, y que siga fortaleci&eacute;ndonos en nuestra existencia terrena, d&aacute;ndonos el Pan y el Vino de la salvaci&oacute;n, para sostenernos en nuestro camino hacia la patria del cielo. <\/p>\n<p> Al despedirnos del a&ntilde;o que concluye y acercarnos al nuevo, la liturgia de estas primeras V&iacute;speras nos introduce en la fiesta de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios, <i> Theot&oacute;kos<\/i>. Ocho d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento de Jes&uacute;s, celebramos a la que &quot;cuando lleg&oacute; la plenitud de los tiempos&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4) fue elegida por Dios para ser la Madre del Salvador. Madre es la mujer que da la vida, pero tambi&eacute;n ayuda y ense&ntilde;a a vivir. Mar&iacute;a es Madre, Madre de Jes&uacute;s, al que dio su sangre, su cuerpo. Y ella nos presenta al Verbo eterno del Padre, que vino a habitar en medio de nosotros. Pidamos a Mar&iacute;a que interceda por nosotros, que nos acompa&ntilde;e con su protecci&oacute;n maternal hoy y siempre, para que Cristo nos acoja un d&iacute;a en su gloria, en la asamblea de los santos:&nbsp; <i>Aeterna fac cum sanctis tuis in gloria numerari<\/i>. <\/p>\n<p> Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2005 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, CON EL CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica VaticanaS&aacute;bado 31 de diciembre de 2005 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Al terminar este a&ntilde;o, que para la Iglesia y para el mundo ha sido sumamente rico en acontecimientos, recordando el mandato &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2005-visperas-y-te-deum\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 2005, V\u00edsperas y Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40665","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40665","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40665"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40665\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40665"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40665"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40665"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}