{"id":40666,"date":"2016-10-06T14:33:03","date_gmt":"2016-10-06T19:33:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2005-misa-de-nochebuena\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:03","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:03","slug":"24-de-diciembre-de-2005-misa-de-nochebuena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2005-misa-de-nochebuena\/","title":{"rendered":"24 de diciembre de 2005, Misa de Nochebuena"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE NOCHEBUENA <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> S&aacute;bado 24 de diciembre de 2005 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp; <\/p>\n<p>&laquo;El Se&ntilde;or me ha dicho: \u201cTu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy\u201d&raquo;. Con estas palabras del Salmo segundo, la Iglesia inicia la Santa Misa de la vigilia de Navidad, en la cual celebramos el nacimiento de nuestro Redentor Jesucristo en el establo de Bel&eacute;n. En otro tiempo, este Salmo pertenec&iacute;a al ritual de la coronaci&oacute;n del rey de Jud&aacute;. El pueblo de Israel, a causa de su elecci&oacute;n, se sent&iacute;a de modo particular hijo de Dios, adoptado por Dios. Como el rey era la personificaci&oacute;n de aquel pueblo, su entronizaci&oacute;n se viv&iacute;a como un acto solemne de adopci&oacute;n por parte de Dios, en el cual el rey estaba en cierto modo implicado en el misterio mismo de Dios. En la noche de Bel&eacute;n, estas palabras que de hecho eran m&aacute;s la expresi&oacute;n de una esperanza que de una realidad presente, adquirieron un significado nuevo e inesperado. El Ni&ntilde;o en el pesebre es verdaderamente el Hijo de Dios. Dios no es soledad eterna, sino un c&iacute;rculo de amor en el rec&iacute;proco entregarse y volverse a entregar. &Eacute;l es Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo.&nbsp;<\/p>\n<p>M&aacute;s a&uacute;n, en Jesucristo, el Hijo de Dios, Dios mismo, Dios de Dios, se hizo hombre. El Padre le dice: \u201cTu eres mi hijo\u201d. El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy ef&iacute;mero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios.&nbsp;Dios es tan grande que puede hacerse peque&ntilde;o. Dios es tan poderoso que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como ni&ntilde;o indefenso para que podamos amarlo. Dios es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, se nos comunique y contin&uacute;e actuando a trav&eacute;s de nosotros. Esto es la Navidad: \u201cTu eres mi hijo, hoy yo te he engendrado\u201d. Dios se ha hecho uno de nosotros para que podamos estar con &eacute;l, para que podamos llegar a ser semejantes a &eacute;l. Ha elegido como signo suyo al Ni&ntilde;o en el pesebre: &eacute;l es as&iacute;. De este modo aprendemos a conocerlo. Y en todo ni&ntilde;o resplandece alg&uacute;n destello de aquel \u201choy\u201d, de la cercan&iacute;a de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; en todo ni&ntilde;o, tambi&eacute;n en el que a&uacute;n no ha nacido.&nbsp;<\/p>\n<p>Escuchemos una segunda palabra de la liturgia de esta Noche santa, tomada en este caso del libro del profeta Isa&iacute;as: \u201cSobre los que viv&iacute;an en tierra de sombras, una luz brill&oacute; sobre ellos\u201d (<i>Is<\/i> 9,1). La palabra \u201cluz\u201d impregna toda la liturgia de esta santa misa. Se alude a ella nuevamente en el p&aacute;rrafo tomado de la carta de san Pablo a Tito: \u201cSe ha manifestado la gracia\u201d (<i>Tt<\/i> 2,11). La expresi&oacute;n \u201cse ha manifestado\u201d proviene del griego y, en este contexto, significa lo mismo que el hebreo expresa con las palabras \u201cuna luz brill&oacute;\u201d;&nbsp;la \u201cmanifestaci&oacute;n\u201d \u2013la \u201cepifan&iacute;a\u201d\u2013 es la irrupci&oacute;n de la luz divina en el mundo lleno de oscuridad y problemas sin resolver. Por &uacute;ltimo, el evangelio relata c&oacute;mo la gloria de Dios se apareci&oacute; a los pastores y \u201clos envolvi&oacute; en su luz\u201d (<i>Lc<\/i> 2, 9). Donde se manifiesta la gloria de Dios, se difunde en el mundo la luz. \u201cDios es luz, en &eacute;l no hay tiniebla alguna\u201d, nos dice san Juan (<i>1 Jn <\/i>1,5). La luz es fuente de vida.&nbsp;<\/p>\n<p>Pero luz significa sobre todo conocimiento, verdad, en contraste con la oscuridad de la mentira y de la ignorancia. As&iacute;, la luz nos hace vivir, nos indica el camino. Pero adem&aacute;s, en cuanto da calor, la luz significa tambi&eacute;n amor. Donde hay amor, surge una luz en el mundo; donde hay odio, el mundo queda en la oscuridad. Ciertamente, en el establo de Bel&eacute;n aparece la gran luz que el mundo espera.&nbsp;En aquel Ni&ntilde;o acostado en el pesebre Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da a s&iacute; mismo como don y se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Bel&eacute;n nunca se ha apagado. Ha iluminado hombre y mujeres a lo largo de los siglos, \u201clos ha envuelto en su luz\u201d. Donde ha brotado la fe en aquel Ni&ntilde;o, ha florecido tambi&eacute;n la caridad: la bondad hacia los dem&aacute;s, la atenci&oacute;n sol&iacute;cita a los d&eacute;biles y los que sufren, la gracia del perd&oacute;n. Desde de Bel&eacute;n una estela de luz, de amor y de verdad impregna los siglos. Si nos fijamos en los santos \u2013desde san Pablo y san Agust&iacute;n a san Francisco y santo Domingo, desde san Francisco Javier a santa Teresa de &Aacute;vila y a la madre Teresa de Calcuta\u2013, vemos esta corriente de bondad, este camino de luz que se inflama siempre de nuevo en el misterio de Bel&eacute;n, en el Dios que se ha hecho Ni&ntilde;o. Contra la violencia de este mundo Dios opone, en ese Ni&ntilde;o, su bondad y nos llama a seguir al Ni&ntilde;o.&nbsp;<\/p>\n<p>Junto con el &aacute;rbol de Navidad, nuestros amigos austriacos nos han tra&iacute;do tambi&eacute;n una peque&ntilde;a llama que encendieron en Bel&eacute;n, para decirnos as&iacute; que el verdadero misterio de la Navidad es el resplandor interior que viene de este Ni&ntilde;o. Dejemos que este resplandor interior llegue a nosotros, que se encienda en nuestro coraz&oacute;n la llamita de la bondad de Dios; llevemos todos, con nuestro amor, la luz al mundo. No permitamos que esta llama luminosa, encendida en la fe, se apague por las corrientes fr&iacute;as de nuestro tiempo. Custodi&eacute;mosla fielmente y ofrezc&aacute;mosla a los dem&aacute;s. En esta noche, en que miramos hacia Bel&eacute;n, queremos rezar de modo especial tambi&eacute;n por el lugar del nacimiento de nuestro Redentor y por los hombres que all&iacute; viven y sufren. Queremos rezar por la paz en Tierra Santa: Mira, Se&ntilde;or, a este rinc&oacute;n de la tierra, al que tanto amas por ser tu patria. Haz que en ella resplandezca la luz. Haz que llegue la paz a ella.&nbsp;<\/p>\n<p>Con el t&eacute;rmino \u201cpaz\u201d hemos llegado a la tercera palabra clave de la liturgia de esta Noche santa. Al Ni&ntilde;o que anuncia, Isa&iacute;as mismo lo llama \u201cPr&iacute;ncipe de la paz\u201d. De su reino se dice: \u201cLa paz no tendr&aacute; fin\u201d. En el evangelio se anuncia a los pastores la \u201cgloria de Dios en lo alto del cielo\u201d y la \u201cpaz en la tierra\u201d. Antes se dec&iacute;a: \u201ca los hombres de buena voluntad\u201d; en las nuevas traducciones se dice: \u201ca los hombres que &eacute;l ama\u201d. &iquest;Por qu&eacute; este cambio? &iquest;Ya no cuenta la buena voluntad? Formulemos mejor la pregunta: &iquest;Qui&eacute;nes son los hombres a los que Dios ama y por qu&eacute; los ama? &iquest;Acaso Dios es parcial? &iquest;Es que ama s&oacute;lo a determinadas personas y abandona a las dem&aacute;s a su suerte? El evangelio responde a estas preguntas presentando algunas personas concretas&nbsp;amadas por Dios. Algunas lo son individualmente: Mar&iacute;a, Jos&eacute;, Isabel, Zacar&iacute;as, Sime&oacute;n, Ana, etc. Pero tambi&eacute;n hay dos grupos de personas: los pastores y los sabios del Oriente, llamados reyes magos. Reflexionemos esta noche en los pastores. &iquest;Qu&eacute; tipo de hombres son? En su ambiente, los pastores eran despreciados; se les consideraba poco de fiar y en los tribunales no se les admit&iacute;a como testigos. Pero &iquest;qui&eacute;nes eran en realidad? Ciertamente no eran grandes santos, si con este t&eacute;rmino se alude a personas de virtudes heroicas. Eran almas sencillas. El evangelio destaca una caracter&iacute;stica que luego, en las palabras de Jes&uacute;s, tendr&aacute; un papel importante: eran personas vigilantes. Esto vale ante todo en su sentido exterior: por la noche velaban cercanos a sus ovejas. Pero tambi&eacute;n tiene un sentido m&aacute;s profundo: estaban dispuestos a o&iacute;r la palabra de Dios, el anuncio del &aacute;ngel. Su vida no estaba cerrada en s&iacute; misma; ten&iacute;an un coraz&oacute;n abierto. De alg&uacute;n modo, en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su ser, estaban esperando algo. Su vigilancia era disponibilidad; disponibilidad para escuchar, disponibilidad para ponerse en camino; era espera de la luz que les indicara el camino.<\/p>\n<p>Esto es lo que a Dios le interesa. &Eacute;l ama a todos porque todos son criaturas suyas. Pero algunas personas han cerrado su alma; su amor no encuentra en ellas resquicio alguno por donde entrar. Creen que no necesitan a Dios; no lo quieren. Otros, que quiz&aacute;s moralmente son igual de pobres y pecadores, al menos sufren por ello. Esperan en Dios. Saben que necesitan su bondad, aunque no tengan una idea precisa de ella. En su esp&iacute;ritu abierto a la esperanza, puede entrar la luz de Dios y, con ella, su paz. Dios busca a personas que sean portadoras de su paz y la comuniquen. Pid&aacute;mosle que no encuentre cerrado nuestro coraz&oacute;n. Esforc&eacute;monos por ser capaces de ser portadores activos de su paz, concretamente en nuestro tiempo.&nbsp;<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, la palabra paz ha adquirido un significado muy especial para los cristianos: se ha convertido en una palabra para designar la comuni&oacute;n en la Eucarist&iacute;a. En ella est&aacute; presente la paz de Cristo. A trav&eacute;s de todos los lugares donde se celebra la Eucarist&iacute;a se extiende en el mundo entero una red de paz. Las comunidades reunidas en torno a la Eucarist&iacute;a forman un reino de paz vasto como el mundo. Cuando celebramos la Eucarist&iacute;a nos encontramos en Bel&eacute;n, en la \u201ccasa del pan\u201d. Cristo se nos da, y as&iacute; nos da su paz. Nos la da para que llevemos la luz de la paz en lo m&aacute;s hondo de nuestro ser y la comuniquemos a los dem&aacute;s; para que seamos art&iacute;fices de paz y contribuyamos as&iacute; a la paz en el mundo. Por eso pidamos: Realiza tu promesa, Se&ntilde;or. Haz que donde hay discordia nazca la paz; que surja el amor donde reina el odio; que surja la luz donde dominan las tinieblas. Haz que seamos portadores de tu paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2005 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE NOCHEBUENA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana S&aacute;bado 24 de diciembre de 2005 &nbsp; &laquo;El Se&ntilde;or me ha dicho: \u201cTu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy\u201d&raquo;. 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