{"id":40667,"date":"2016-10-06T14:33:05","date_gmt":"2016-10-06T19:33:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-diciembre-de-2005-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-nuestra-senora-de-la-consolacion\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:05","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:05","slug":"18-de-diciembre-de-2005-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-nuestra-senora-de-la-consolacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-diciembre-de-2005-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-nuestra-senora-de-la-consolacion\/","title":{"rendered":"18 de diciembre de 2005, Visita pastoral a la parroquia romana de Nuestra Se\u00f1ora de la Consolaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI <br \/>DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA PARROQUIA ROMANA <br \/>DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LA CONSOLACI&Oacute;N<\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 18 de diciembre de 2005 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> Para m&iacute; realmente es una gran alegr&iacute;a estar aqu&iacute; con vosotros esta ma&ntilde;ana y celebrar con vosotros y para vosotros la santa misa. En efecto, esta visita a Nuestra Se&ntilde;ora de la Consolaci&oacute;n, primera parroquia romana a la que acudo desde que el Se&ntilde;or quiso llamarme a ser Obispo de Roma, es para m&iacute;, en un sentido muy real y concreto, una vuelta a casa. Recuerdo muy bien aquel 15 de octubre de 1977, cuando tom&eacute; posesi&oacute;n de esta iglesia titular. Era p&aacute;rroco don Ennio Appignanesi; eran vicep&aacute;rrocos don Enrico Pomili y don Franco Camaldo. El ceremoniero que me asignaron fue monse&ntilde;or Piero Marini. Y aqu&iacute; estamos de nuevo todos juntos. Para m&iacute; es realmente una gran alegr&iacute;a. <\/p>\n<p> Desde entonces, nuestra relaci&oacute;n rec&iacute;proca se ha hecho cada vez m&aacute;s fuerte y profunda. Una relaci&oacute;n en el Se&ntilde;or Jesucristo, cuyo sacrificio eucar&iacute;stico he celebrado y cuyos sacramentos he administrado tantas veces en esta iglesia. Una relaci&oacute;n de afecto y amistad, que realmente ha calentado mi coraz&oacute;n y lo sigue calentando tambi&eacute;n hoy. Una relaci&oacute;n que me ha unido a todos vosotros, en particular a vuestro p&aacute;rroco y a los dem&aacute;s sacerdotes de la parroquia. Es una relaci&oacute;n que no se debilit&oacute; cuando fui nombrado cardenal titular de la di&oacute;cesis suburbicaria de Velletri y Segni. Esta relaci&oacute;n ha cobrado una dimensi&oacute;n nueva y m&aacute;s profunda por el hecho de ser ya Obispo de Roma y vuestro obispo. <\/p>\n<p> Asimismo, me alegra particularmente que esta visita m&iacute;a <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>como ya ha dicho don Enrico\u2014 tenga lugar en el a&ntilde;o en que celebr&aacute;is el 60&deg; aniversario de la erecci&oacute;n de vuestra parroquia, el 50&deg; de ordenaci&oacute;n sacerdotal de nuestro querido p&aacute;rroco mons. Enrico Pomili, y adem&aacute;s el 25&deg; de episcopado de monse&ntilde;or Ennio Appignanesi. As&iacute; pues, un a&ntilde;o en el que tenemos motivos especiales para dar gracias al Se&ntilde;or. <\/p>\n<p> Saludo ahora con afecto precisamente a monse&ntilde;or Enrico, y le agradezco las palabras tan amables que me ha dirigido. Saludo al cardenal vicario Camillo Ruini; al cardenal Ricardo Mar&iacute;a Carles Gord&oacute;, titular de esta iglesia y, por consiguiente, sucesor m&iacute;o en este t&iacute;tulo; al cardenal Giovanni Canestri, que fue vuestro amad&iacute;simo p&aacute;rroco; y al vicegerente, obispo del sector este de Roma, mons. Luigi Moretti. Ya hemos saludado a monse&ntilde;or Ennio Appignanesi, que fue vuestro p&aacute;rroco, y a mons. Massimo Giustetti, que fue vuestro vicario parroquial. <\/p>\n<p> Dirijo un saludo afectuoso a vuestros actuales vicarios parroquiales y a las Religiosas de Nuestra Se&ntilde;ora de la Consolaci&oacute;n, presentes en Casal Bertone desde el a&ntilde;o 1932, valiosas colaboradoras de la parroquia y verdaderas portadoras de misericordia y consuelo en este barrio, especialmente para los pobres y los ni&ntilde;os. Con los mismos sentimientos os saludo a cada uno, a todas las familias de la parroquia y a los que de diversas maneras se prodigan en los servicios parroquiales. <\/p>\n<p> Ahora queremos meditar brevemente el hermos&iacute;simo evangelio de este IV domingo de Adviento, que para m&iacute; es una de las p&aacute;ginas m&aacute;s hermosas de la sagrada Escritura. Y, para no alargarme mucho, quisiera reflexionar s&oacute;lo sobre tres palabras de este rico evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">La primera palabra que quisiera meditar con vosotros es el saludo del &aacute;ngel a Mar&iacute;a. En la traducci&oacute;n italiana el &aacute;ngel dice:&nbsp; &quot;Te saludo, Mar&iacute;a&quot;. Pero la palabra griega original \u2014&quot;Kaire&quot;\u2014 significa de por s&iacute; &quot;al&eacute;grate&quot;, &quot;regoc&iacute;jate&quot;. Y aqu&iacute; hay un primer aspecto sorprendente:&nbsp; el saludo entre los jud&iacute;os era &quot;shalom&quot;, &quot;paz&quot;, mientras que el saludo en el mundo griego era &quot;Kaire&quot;, &quot;al&eacute;grate&quot;. Es sorprendente que el &aacute;ngel, al entrar en la casa de Mar&iacute;a, saludara con el saludo de los griegos:&nbsp; &quot;Kaire&quot;, &quot;al&eacute;grate&quot;, &quot;regoc&iacute;jate&quot;. Y los griegos, cuando leyeron este evangelio cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, pudieron ver aqu&iacute; un mensaje importante:&nbsp; pudieron comprender que con el inicio del Nuevo Testamento, al que se refer&iacute;a esta p&aacute;gina de san Lucas, se hab&iacute;a producido tambi&eacute;n la apertura al mundo de los pueblos, a la universalidad del pueblo de Dios, que ya no s&oacute;lo inclu&iacute;a al pueblo jud&iacute;o, sino tambi&eacute;n al mundo en su totalidad, a todos los pueblos. En este saludo griego del &aacute;ngel aparece la nueva universalidad del reino del verdadero Hijo de David. <\/p>\n<p> Pero conviene destacar, en primer lugar, que las palabras del &aacute;ngel son la repetici&oacute;n de una promesa prof&eacute;tica del libro del profeta Sofon&iacute;as. Encontramos aqu&iacute; casi literalmente ese saludo. El profeta Sofon&iacute;as, inspirado por Dios, dice a Israel:&nbsp; &quot;Al&eacute;grate, hija de Si&oacute;n; el Se&ntilde;or est&aacute; contigo y viene a morar dentro de ti&quot; (cf. <i>Sf <\/i>3, 14). Sabemos que Mar&iacute;a conoc&iacute;a bien las sagradas Escrituras.<br \/>Su Magn&iacute;ficat es un tapiz tejido con hilos del Antiguo Testamento. Por eso, podemos tener la seguridad de que la Virgen sant&iacute;sima comprendi&oacute; en seguida que estas eran las palabras del profeta Sofon&iacute;as dirigidas a Israel, a la &quot;hija de Si&oacute;n&quot;, considerada como morada de Dios. <\/p>\n<p> Y ahora lo sorprendente, lo que hace reflexionar a Mar&iacute;a, es que esas palabras, dirigidas a todo Israel, se las dirigen de modo particular a ella, Mar&iacute;a. Y as&iacute; entiende con claridad que precisamente ella es la &quot;hija de Si&oacute;n&quot;, de la que habl&oacute; el profeta y que, por consiguiente, el Se&ntilde;or tiene una intenci&oacute;n especial para ella; que ella est&aacute; llamada a ser la verdadera morada de Dios, una morada no hecha de piedras, sino de carne viva, de un coraz&oacute;n vivo; que Dios, en realidad, la quiere tomar como su verdadero templo precisamente a ella, la Virgen. &iexcl;Qu&eacute; indicaci&oacute;n! Y entonces podemos comprender que Mar&iacute;a comenz&oacute; a reflexionar con particular intensidad sobre lo que significaba ese saludo. <\/p>\n<p> Pero deteng&aacute;monos ahora en la primera palabra:&nbsp; &quot;al&eacute;grate&quot;, &quot;regoc&iacute;jate&quot;. Es propiamente la primera palabra que resuena en el Nuevo Testamento, porque el anuncio hecho por el &aacute;ngel a Zacar&iacute;as sobre el nacimiento de Juan Bautista es una palabra que resuena a&uacute;n en el umbral entre los dos Testamentos. S&oacute;lo con este di&aacute;logo, que el &aacute;ngel Gabriel entabla con Mar&iacute;a, comienza realmente el Nuevo Testamento. Por tanto, podemos decir que la primera palabra del Nuevo Testamento es una invitaci&oacute;n a la alegr&iacute;a:&nbsp; &quot;al&eacute;grate&quot;, &quot;regoc&iacute;jate&quot;. El Nuevo Testamento es realmente &quot;Evangelio&quot;, &quot;buena noticia&quot; que nos trae alegr&iacute;a. Dios no est&aacute; lejos de nosotros, no es desconocido, enigm&aacute;tico, tal vez peligroso. Dios est&aacute; cerca de nosotros, tan cerca que se hace ni&ntilde;o, y podemos tratar de &quot;t&uacute;&quot; a este Dios. <\/p>\n<p> El mundo griego, sobre todo, percibi&oacute; esta novedad; sinti&oacute; profundamente esta alegr&iacute;a, porque para ellos no era claro que existiera un Dios bueno, o un Dios malo, o simplemente un Dios. La religi&oacute;n de entonces les hablaba de muchas divinidades; por eso, se sent&iacute;an rodeados por divinidades muy diversas entre s&iacute;, opuestas unas a otras, de modo que deb&iacute;an temer que, si hac&iacute;an algo en favor de una divinidad, la otra pod&iacute;a ofenderse o vengarse. <\/p>\n<p> As&iacute;, viv&iacute;an en un mundo de miedo, rodeados de demonios peligrosos, sin saber nunca c&oacute;mo salvarse de esas fuerzas opuestas entre s&iacute;. Era un mundo de miedo, un mundo oscuro. Y ahora escuchaban decir:&nbsp; &quot;Al&eacute;grate; esos demonios no son nada; hay un Dios verdadero, y este Dios verdadero es bueno, nos ama, nos conoce, est&aacute; con nosotros hasta el punto de que se ha hecho carne&quot;. Esta es la gran alegr&iacute;a que anuncia el cristianismo. Conocer a este Dios es realmente la &quot;buena noticia&quot;, una palabra de redenci&oacute;n. <\/p>\n<p> Tal vez a nosotros, los cat&oacute;licos, que lo sabemos desde siempre, ya no nos sorprende; ya no percibimos con fuerza esta alegr&iacute;a liberadora. Pero si miramos al mundo de hoy, donde Dios est&aacute; ausente, debemos constatar que tambi&eacute;n &eacute;l est&aacute; dominado por los miedos, por las incertidumbres:&nbsp; &iquest;es un bien ser hombre, o no?, &iquest;es un bien vivir, o no?, &iquest;es realmente un bien existir?, &iquest;o tal vez todo es negativo? Y, en realidad, viven en un mundo oscuro, necesitan anestesias para poder vivir.<br \/>&nbsp;<br \/> As&iacute;, la palabra:&nbsp; &quot;al&eacute;grate, porque Dios est&aacute; contigo, est&aacute; con nosotros&quot;, es una palabra que abre realmente un tiempo nuevo. Amad&iacute;simos hermanos, con un acto de fe debemos acoger de nuevo y comprender en lo m&aacute;s &iacute;ntimo del coraz&oacute;n esta palabra liberadora:&nbsp; &quot;al&eacute;grate&quot;. <\/p>\n<p> Esta alegr&iacute;a que hemos recibido no podemos guardarla s&oacute;lo para nosotros. La alegr&iacute;a se debe compartir siempre. Una alegr&iacute;a se debe comunicar. Mar&iacute;a corri&oacute; inmediatamente a comunicar su alegr&iacute;a a su prima Isabel. Y desde que fue elevada al cielo distribuye alegr&iacute;as en todo el mundo; se ha convertido en la gran Consoladora, en nuestra Madre, que comunica alegr&iacute;a, confianza, bondad, y nos invita a distribuir tambi&eacute;n nosotros la alegr&iacute;a. <\/p>\n<p> Este es el verdadero compromiso del Adviento:&nbsp; llevar la alegr&iacute;a a los dem&aacute;s. La alegr&iacute;a es el verdadero regalo de Navidad; no los costosos regalos que requieren mucho tiempo y dinero. Esta alegr&iacute;a podemos comunicarla de un modo sencillo:&nbsp; con una sonrisa, con un gesto bueno, con una peque&ntilde;a ayuda, con un perd&oacute;n. Llevemos esta alegr&iacute;a, y la alegr&iacute;a donada volver&aacute; a nosotros. En especial, tratemos de llevar la alegr&iacute;a m&aacute;s profunda, la alegr&iacute;a de haber conocido a Dios en Cristo. Pidamos para que en nuestra vida se transparente esta presencia de la alegr&iacute;a liberadora de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">La segunda palabra que quisiera meditar la pronuncia tambi&eacute;n el &aacute;ngel:&nbsp; &quot;No temas, Mar&iacute;a&quot;, le dice. En realidad, hab&iacute;a motivo para temer, porque llevar ahora el peso del mundo sobre s&iacute;, ser la madre del Rey universal, ser la madre del Hijo de Dios, constitu&iacute;a un gran peso, un peso muy superior a las fuerzas de un ser humano. Pero el &aacute;ngel le dice:&nbsp; &quot;No temas. S&iacute;, t&uacute; llevas a Dios, pero Dios te lleva a ti. No temas&quot;. <\/p>\n<p> Esta palabra, &quot;No temas&quot;, seguramente penetr&oacute; a fondo en el coraz&oacute;n de Mar&iacute;a. Nosotros podemos imaginar que en diversas situaciones la Virgen recordar&iacute;a esta palabra, la volver&iacute;a a escuchar. En el momento en que Sime&oacute;n le dice:&nbsp; &quot;Este hijo tuyo ser&aacute; un signo de contradicci&oacute;n y una espada te traspasar&aacute; el coraz&oacute;n&quot;, en ese momento en que pod&iacute;a invadirla el temor, Mar&iacute;a recuerda la palabra del &aacute;ngel, vuelve a escuchar su eco en su interior:&nbsp; &quot;No temas, Dios te lleva&quot;. <\/p>\n<p> Luego, cuando durante la vida p&uacute;blica se desencadenan las contradicciones en torno a Jes&uacute;s, y muchos dicen:&nbsp; &quot;Est&aacute; loco&quot;, ella vuelve a escuchar:&nbsp; &quot;No temas&quot; y sigue adelante. Por &uacute;ltimo, en el encuentro camino del Calvario, y luego al pie de la cruz, cuando parece que todo ha acabado, ella escucha una vez m&aacute;s la palabra del &aacute;ngel:&nbsp; &quot;No temas&quot;. Y as&iacute;, con entereza, est&aacute; al lado de su Hijo moribundo y, sostenida por la fe, va hacia la Resurrecci&oacute;n, hacia Pentecost&eacute;s, hacia la fundaci&oacute;n de la nueva familia de la Iglesia. <\/p>\n<p> &quot;No temas&quot;. Mar&iacute;a nos dice esta palabra tambi&eacute;n a nosotros. Ya he destacado que nuestro mundo actual es un mundo de miedos:&nbsp; miedo a la miseria y a la pobreza, miedo a las enfermedades y a los sufrimientos, miedo a la soledad y a la muerte. En nuestro mundo tenemos un sistema de seguros muy desarrollado:&nbsp; est&aacute; bien que existan. Pero sabemos que en el momento del sufrimiento profundo, en el momento de la &uacute;ltima soledad, de la muerte, ning&uacute;n seguro podr&aacute; protegernos. El &uacute;nico seguro v&aacute;lido en esos momentos es el que nos viene del Se&ntilde;or, que nos dice tambi&eacute;n a nosotros:&nbsp; &quot;No temas, yo estoy siempre contigo&quot;. Podemos caer, pero al final caemos en las manos de Dios, y las manos de Dios son buenas manos. <\/p>\n<p align=\"left\">La &nbsp;tercera &nbsp;palabra:&nbsp; &nbsp;al &nbsp;final del coloquio, Mar&iacute;a responde al &aacute;ngel:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot;. Mar&iacute;a anticipa as&iacute; la tercera invocaci&oacute;n del Padre nuestro:&nbsp; &quot;H&aacute;gase tu voluntad&quot;. Dice &quot;s&iacute;&quot; a la voluntad grande de Dios, una voluntad aparentemente demasiado grande para un ser humano. Mar&iacute;a dice &quot;s&iacute;&quot; a esta voluntad divina; entra dentro de esta voluntad; con un gran &quot;s&iacute;&quot; inserta toda su existencia en la voluntad de Dios, y as&iacute; abre la puerta del mundo a Dios. Ad&aacute;n y Eva con su &quot;no&quot; a la voluntad de Dios hab&iacute;an cerrado esta puerta. <\/p>\n<p> &quot;H&aacute;gase la voluntad de Dios&quot;:&nbsp; Mar&iacute;a nos invita a decir tambi&eacute;n nosotros este &quot;s&iacute;&quot;, que a veces resulta tan dif&iacute;cil. Sentimos la tentaci&oacute;n de preferir nuestra voluntad, pero ella nos dice:&nbsp; &quot;&iexcl;S&eacute; valiente!, di tambi&eacute;n t&uacute;:&nbsp; &quot;H&aacute;gase tu voluntad&quot;&quot;, porque esta voluntad es buena. Al inicio puede parecer un peso casi insoportable, un yugo que no se puede llevar; pero, en realidad, la voluntad de Dios no es un peso. La voluntad de Dios nos da alas para volar muy alto, y as&iacute; con Mar&iacute;a tambi&eacute;n nosotros nos atrevemos a abrir a Dios la puerta de nuestra vida, las puertas de este mundo, diciendo &quot;s&iacute;&quot; a su voluntad, conscientes de que esta voluntad es el verdadero bien y nos gu&iacute;a a la verdadera felicidad. <\/p>\n<p> Pidamos a Mar&iacute;a, la Consoladora, nuestra Madre, la Madre de la Iglesia, que nos d&eacute; la valent&iacute;a de pronunciar este &quot;s&iacute;&quot;, que nos d&eacute; tambi&eacute;n esta alegr&iacute;a de estar con Dios y nos gu&iacute;e a su Hijo, a la verdadera Vida. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2005 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA PARROQUIA ROMANA DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LA CONSOLACI&Oacute;N Domingo 18 de diciembre de 2005 Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Para m&iacute; realmente es una gran alegr&iacute;a estar aqu&iacute; con vosotros esta ma&ntilde;ana y celebrar con vosotros y para vosotros la santa misa. 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