{"id":40670,"date":"2016-10-06T14:33:09","date_gmt":"2016-10-06T19:33:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-noviembre-de-2005-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:09","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:09","slug":"11-de-noviembre-de-2005-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-noviembre-de-2005-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"11 de noviembre de 2005, Misa por los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE SUFRAGIO POR LOS CARDENALES Y OBISPOS <br \/>FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<br \/><\/font><\/b><br \/>Viernes 11 de noviembre de 2005<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp; <\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/>venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/>queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> El mes de noviembre recibe su peculiar tonalidad espiritual de las dos jornadas con que se abre:&nbsp; la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoraci&oacute;n de los Fieles Difuntos. El misterio de la comuni&oacute;n de los santos ilumina de modo particular este mes y toda la parte final del A&ntilde;o lit&uacute;rgico, orientando la meditaci&oacute;n sobre el destino terreno del hombre a la luz de la Pascua de Cristo. En ella tiene su fundamento la esperanza que, como dice san Pablo, es tal que &quot;no defrauda&quot; (<i>Rm <\/i>5, 5). La celebraci&oacute;n de hoy se sit&uacute;a precisamente en este contexto, en el que la fe sublima sentimientos inscritos profundamente en el alma humana. La gran familia de la Iglesia encuentra en estos d&iacute;as un tiempo de gracia, y lo vive, seg&uacute;n su vocaci&oacute;n, uni&eacute;ndose en oraci&oacute;n al Se&ntilde;or y ofreciendo su sacrificio redentor en sufragio de los fieles difuntos. De modo particular, hoy lo ofrecemos por los cardenales y los obispos que nos han dejado en este &uacute;ltimo a&ntilde;o. <\/p>\n<p> Durante mucho tiempo form&eacute; parte del Colegio cardenalicio, del que fui tambi&eacute;n decano dos a&ntilde;os y medio. Por tanto, me siento particularmente vinculado a esta singular comunidad, que tuve el honor de presidir tambi&eacute;n en los d&iacute;as inolvidables que siguieron a la muerte del amado Papa Juan Pablo II. &Eacute;l nos ha dejado, entre otros ejemplos luminosos, el ejemplo valios&iacute;simo de la oraci&oacute;n, y tambi&eacute;n en este momento recogemos su herencia espiritual, conscientes de que su intercesi&oacute;n contin&uacute;a a&uacute;n m&aacute;s intensa desde el cielo. Durante los &uacute;ltimos doce meses cinco venerados hermanos cardenales han pasado &quot;a la otra orilla&quot;:&nbsp; Juan Carlos Aramburu, Jan Pieter Schotte, Corrado Bafile, Jaime Sin y, hace menos de un mes, Giuseppe Caprio. Encomendamos hoy al Se&ntilde;or sus almas y las de los arzobispos y obispos que, en este mismo per&iacute;odo, han concluido su jornada terrena. Elevemos juntos la oraci&oacute;n por cada uno de ellos, a la luz de la palabra que Dios nos ha dirigido en esta liturgia. <\/p>\n<p align=\"left\">El pasaje del libro del Sir&aacute;cida contiene en primer lugar una exhortaci&oacute;n a la constancia en la prueba y, por tanto, una invitaci&oacute;n a la confianza en Dios. Al hombre que atraviesa las vicisitudes de la vida, la Sabidur&iacute;a le recomienda:&nbsp; &quot;P&eacute;gate a &eacute;l \u2014al Se&ntilde;or\u2014, no lo abandones, y al final ser&aacute;s enaltecido&quot; (<i>Si <\/i>2, 3). Quien se pone al servicio del Se&ntilde;or y gasta su vida en el ministerio eclesial no est&aacute; exento de pruebas, m&aacute;s a&uacute;n, se encuentra con las m&aacute;s insidiosas, como ampliamente demuestra la experiencia de los santos. Pero vivir en el temor de Dios libera el coraz&oacute;n de todo miedo y lo sumerge en el abismo de su amor. &quot;Los que tem&eacute;is al Se&ntilde;or confiad en &eacute;l; (&#8230;) esperad bienes, gozo perpetuo y salvaci&oacute;n&quot; (<i>Si <\/i>2, 8-9). <\/p>\n<p align=\"left\">Esta invitaci&oacute;n a la confianza se une directamente con el inicio del pasaje del evangelio seg&uacute;n san Juan que se acaba de proclamar:&nbsp; &quot;Que no tiemble vuestro coraz&oacute;n \u2014dice Jes&uacute;s a los Ap&oacute;stoles en la &uacute;ltima Cena\u2014:&nbsp; creed en Dios y creed tambi&eacute;n en m&iacute;&quot; (<i>Jn <\/i>14, 1). El coraz&oacute;n humano, siempre inquieto hasta que encuentra un puerto seguro en su peregrinaci&oacute;n, halla aqu&iacute; finalmente la roca firme donde detenerse y descansar. Quien se f&iacute;a de Jes&uacute;s, pone su confianza en Dios mismo. <\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, Jes&uacute;s es verdadero hombre, pero en &eacute;l podemos tener fe plena e incondicional, porque \u2014como afirma &eacute;l mismo poco despu&eacute;s dirigi&eacute;ndose a Felipe\u2014 &eacute;l est&aacute; en el Padre y el Padre en &eacute;l (cf. <i>Jn <\/i>14, 10). De esta forma, verdaderamente Dios ha salido a nuestro encuentro. Nosotros, seres humanos, necesitamos un amigo, un hermano que nos tome de la mano y nos acompa&ntilde;e hasta la &quot;casa del Padre&quot; (<i>Jn <\/i>14, 2); necesitamos a uno que conozca bien el camino. Y Dios, en su amor &quot;sobreabundante&quot; (<i>Ef <\/i>2, 4), mand&oacute; a su Hijo, no s&oacute;lo a indic&aacute;rnoslo, sino tambi&eacute;n a hacerse &eacute;l mismo &quot;el camino&quot; (<i>Jn <\/i> 14, 6). <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Nadie va al Padre, sino por m&iacute;&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;14, 6), afirma Jes&uacute;s. Ese &quot;nadie&quot; no admite excepciones; pero, mirando bien, corresponde a otra palabra, que Jes&uacute;s pronunci&oacute; tambi&eacute;n en la &uacute;ltima Cena cuando, tomando el c&aacute;liz, dijo:&nbsp; &quot;Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perd&oacute;n de los pecados&quot; (<i>Mt <\/i>26, 28). Tambi&eacute;n los &quot;lugares&quot; en la casa del Padre son &quot;muchos&quot;, en el sentido de que junto a Dios hay espacio para &quot;todos&quot; (cf. <i>Jn <\/i>14, 2). Jes&uacute;s es el camino abierto a &quot;todos&quot;; no existen otros. Y los que parecen ser &quot;otros&quot;, en la medida en que son aut&eacute;nticos, conducen a &eacute;l, de lo contrario, no llevan a la vida. Por tanto, es inestimable el don que el Padre ha hecho a la humanidad enviando a su Hijo unig&eacute;nito. A este don corresponde una responsabilidad, que es tanto mayor cuanto m&aacute;s &iacute;ntima es la relaci&oacute;n que se estable con Jes&uacute;s. &quot;Al que mucho se le dio \u2014dice el Se&ntilde;or\u2014, mucho se le exigir&aacute;; al que mucho se le confi&oacute;, m&aacute;s se le exigir&aacute;&quot; (<i>Lc <\/i>12, 48). Por este motivo, a la vez que damos gracias a Dios por todos los beneficios que concedi&oacute; a nuestros hermanos difuntos, ofrecemos por ellos los m&eacute;ritos de la pasi&oacute;n y muerte de Cristo, para que colmen las lagunas debidas a la fragilidad humana. <\/p>\n<p align=\"left\">El salmo responsorial (<i>Sal <\/i>121) y la segunda lectura (<i>1 Jn <\/i>3, 1-2) ensanchan nuestro coraz&oacute;n con el asombro de la esperanza, a la que estamos llamados. El salmista nos la hace cantar como himno a Jerusal&eacute;n, invit&aacute;ndonos a imitar espiritualmente a los peregrinos que &quot;sub&iacute;an&quot; a la ciudad santa y, despu&eacute;s de un largo camino, llegaban llenos de alegr&iacute;a a sus puertas:&nbsp; &quot;Qu&eacute; alegr&iacute;a cuando me dijeron:&nbsp; &quot;Vamos a la casa del Se&ntilde;or&quot;. Ya est&aacute;n pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusal&eacute;n&quot; (<i>Sal <\/i>121, 1-2). El ap&oacute;stol san Juan, en su primera carta, la expresa comunic&aacute;ndonos la certeza, rebozante de gratitud, de haber llegado a ser hijos de Dios y, al mismo tiempo, la esperanza de la manifestaci&oacute;n plena de esta realidad:&nbsp; &quot;Ahora somos hijos de Dios y a&uacute;n no se ha manifestado lo que seremos. (&#8230;) Cuando se manifieste, seremos semejantes a &eacute;l, porque lo veremos tal cual es&quot; (<i>1 Jn <\/i>3, 2). <\/p>\n<p align=\"left\">Venerados y queridos hermanos, con el coraz&oacute;n dirigido a este misterio de salvaci&oacute;n, ofrezcamos la divina Eucarist&iacute;a por los purpurados y los prelados que recientemente nos han precedido en el &uacute;ltimo paso hacia la vida eterna. Invoquemos la intercesi&oacute;n de san Pedro y de la bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, para que los acojan en la casa del Padre, con la esperanza confiada de poder unirnos a ellos un d&iacute;a para gozar la plenitud de la vida y de la paz. <br \/> Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2005 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE SUFRAGIO POR LOS CARDENALES Y OBISPOS FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVIViernes 11 de noviembre de 2005 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas:&nbsp; El mes de noviembre recibe su peculiar tonalidad espiritual de las dos jornadas con que se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-noviembre-de-2005-misa-por-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de noviembre de 2005, Misa por los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40670","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40670","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40670"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40670\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40670"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40670"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40670"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}