{"id":40671,"date":"2016-10-06T14:33:10","date_gmt":"2016-10-06T19:33:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-octubre-de-2005-conclusion-de-la-xi-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-y-del-ano-de-la-eucaristia-y-canonizacion-de-cinco-beatos\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:10","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:10","slug":"23-de-octubre-de-2005-conclusion-de-la-xi-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-y-del-ano-de-la-eucaristia-y-canonizacion-de-cinco-beatos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-octubre-de-2005-conclusion-de-la-xi-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-y-del-ano-de-la-eucaristia-y-canonizacion-de-cinco-beatos\/","title":{"rendered":"23 de octubre de 2005, Conclusi\u00f3n de la XI Asamblea General Ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos y del A\u00f1o de la Eucarist\u00eda y Canonizaci\u00f3n de cinco beatos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\">SOLEMNE CONCLUSI&Oacute;N DE LA XI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA <br \/>DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS, DEL A&Ntilde;O DE LA EUCARIST&Iacute;A<br \/>Y CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS: <\/p>\n<p> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20051023_bilczewski_sp.html\">J&Oacute;ZEF BILCZEWSKI<\/a> <br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20051023_catanoso_sp.html\"> CAYETANO CATANOSO<\/a> <br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20051023_gorazdowski_sp.html\"> SEGISMUNDO GORAZDOWSKI<\/a> <br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20051023_cruchaga_sp.html\">ALBERTO HURTADO CRUCHAGA<\/a>; <br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20051023_da-nicosia_sp.html\">F&Eacute;LIX DE NICOSIA<\/a><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<br \/> <\/font><\/i><\/b><br \/> <i><font color=\"#663300\">Plaza de San Pedro<br \/>Jornada mundial de las misiones<br \/> Domingo 23 de octubre de 2005<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/>queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> En este XXX domingo del tiempo ordinario, nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica se enriquece con diversos motivos de acci&oacute;n de gracias y de s&uacute;plica a Dios. Se concluyen simult&aacute;neamente el A&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a y la Asamblea ordinaria del S&iacute;nodo de los obispos, dedicada precisamente al misterio eucar&iacute;stico en la vida y en la misi&oacute;n de la Iglesia, y acaban de ser proclamados santos cinco beatos:&nbsp; el obispo Jos&eacute; Bilczewski, los presb&iacute;teros Cayetano Catanoso, Segismundo Gorazdowski y Alberto Hurtado, y el religioso capuchino F&eacute;lix de Nicosia. Adem&aacute;s, se celebra hoy la Jornada mundial de las misiones, cita anual que despierta en la comunidad eclesial el impulso a la misi&oacute;n.<\/p>\n<p>Con alegr&iacute;a dirijo mi saludo a todos los presentes, en primer lugar a los padres sinodales, y despu&eacute;s a los peregrinos que han venido de varias naciones, juntamente con sus pastores, para festejar a los nuevos santos. La liturgia de hoy nos invita a contemplar la Eucarist&iacute;a como fuente de santidad y alimento espiritual para nuestra misi&oacute;n en el mundo:&nbsp; este supremo &quot;don y misterio&quot; nos manifiesta y comunica la plenitud del amor de Dios. <\/p>\n<p> La palabra del Se&ntilde;or, que acaba de proclamarse en el Evangelio, nos ha recordado que toda la ley divina se resume en el amor. El doble mandamiento del amor a Dios y al pr&oacute;jimo encierra los dos aspectos de un &uacute;nico dinamismo del coraz&oacute;n y de la vida. As&iacute;, Jes&uacute;s cumple la revelaci&oacute;n antigua, sin a&ntilde;adir un mandamiento in&eacute;dito, sino realizando en s&iacute; mismo y en su acci&oacute;n salv&iacute;fica la s&iacute;ntesis viva de los dos grandes mandamientos de la antigua alianza:&nbsp; &quot;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n&#8230;&quot; y &quot;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&quot; (cf. <i>Dt<\/i> 6, 5;<i> Lv<\/i> 19, 18). <\/p>\n<p> En la Eucarist&iacute;a contemplamos el Sacramento de esta s&iacute;ntesis viva de la ley:&nbsp; Cristo &nbsp;nos &nbsp;entrega &nbsp;en s&iacute; mismo la plena realizaci&oacute;n del amor a Dios y del amor &nbsp;a los hermanos. Nos comunica este &nbsp;amor suyo cuando nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre. Entonces puede realizarse en nosotros lo que san Pablo &nbsp;escribe &nbsp;a &nbsp;los Tesalonicenses en la segunda lectura de hoy:&nbsp; &quot;Abandonando &nbsp;los &iacute;dolos, os hab&eacute;is convertido, para servir al Dios vivo y verdadero&quot; (<i>1 Ts<\/i> 1, 9). Esta conversi&oacute;n es el principio del camino de santidad que el cristiano est&aacute; llamado a realizar en su existencia. El santo es aquel que est&aacute; tan fascinado por la belleza de Dios y por su verdad perfecta, que es progresivamente transformado. Por esta belleza y esta verdad est&aacute; dispuesto a renunciar a todo, incluso a s&iacute; mismo. Le basta el amor de Dios, que experimenta en el servicio humilde y desinteresado al pr&oacute;jimo, especialmente a quienes no est&aacute;n en condiciones de corresponder. Desde esta perspectiva, &iexcl;cu&aacute;n providencial es que hoy la Iglesia indique a todos sus miembros a cinco nuevos santos que, alimentados de Cristo, Pan vivo, se convirtieron &nbsp;al &nbsp;amor y en &eacute;l centraron toda &nbsp;su existencia! En diversas situaciones &nbsp;y &nbsp;con &nbsp;diversos carismas, amaron al Se&ntilde;or con todo su coraz&oacute;n y al pr&oacute;jimo como a s&iacute; mismos, y &quot;as&iacute; llegaron a ser un modelo para todos los creyentes&quot; (<i>1 Ts<\/i> 1, 6-7). <\/p>\n<p> San Jos&eacute; Bilczewski fue un hombre de oraci&oacute;n. La santa misa, la liturgia de las Horas, la meditaci&oacute;n, el rosario y las otras pr&aacute;cticas de piedad articulaban sus jornadas. Dedicaba&nbsp;un&nbsp;tiempo particularmente largo a la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica. <\/p>\n<p> San Segismundo Gorazdowski destac&oacute; tambi&eacute;n por su devoci&oacute;n fundada en la celebraci&oacute;n y en la adoraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Vivir la ofrenda de Cristo lo impuls&oacute; hacia los enfermos, los pobres y los necesitados. <\/p>\n<p> El profundo conocimiento de la teolog&iacute;a, la fe y la devoci&oacute;n eucar&iacute;stica de Jos&eacute; Bilczewski lo han convertido en un ejemplo para los sacerdotes y en un testigo para todos los fieles. <\/p>\n<p> Segismundo Gorazdowski, al fundar la Asociaci&oacute;n de sacerdotes, la congregaci&oacute;n de las Religiosas de San Jos&eacute; y tantas otras instituciones caritativas, se dej&oacute; guiar siempre por el esp&iacute;ritu de comuni&oacute;n, que se revela plenamente en la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p> &quot;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n&#8230; y a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&quot; (<i>Mt<\/i> 22, 37.&nbsp;39). Este ser&iacute;a el programa de vida de san Alberto Hurtado, que quiso identificarse con el Se&ntilde;or y amar con su mismo amor a los pobres. La formaci&oacute;n recibida en la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, consolidada por la oraci&oacute;n y la adoraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, le llev&oacute; a dejarse conquistar por Cristo, siendo un verdadero contemplativo en la acci&oacute;n. En el amor y entrega total a la voluntad de Dios encontraba la fuerza para el apostolado. Fund&oacute; <i>El Hogar de Cristo<\/i> para los m&aacute;s necesitados y los sin techo, ofreci&eacute;ndoles un ambiente familiar lleno de calor humano. En su ministerio sacerdotal destacaba por su sencillez y disponibilidad hacia los dem&aacute;s, siendo una imagen viva del Maestro, &quot;manso y humilde de coraz&oacute;n&quot;. Al final de sus d&iacute;as, entre los fuertes dolores de la enfermedad, a&uacute;n ten&iacute;a fuerzas para repetir:&nbsp; &quot;Contento, Se&ntilde;or, contento&quot;, expresando as&iacute; la alegr&iacute;a con la que siempre vivi&oacute;. <\/p>\n<p> San Cayetano Catanoso fue devoto y ap&oacute;stol de la Santa Faz de Cristo. &quot;La Santa Faz <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>afirmaba<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> es mi vida; es mi fuerza&quot;. Con una feliz intuici&oacute;n, conjug&oacute; esta devoci&oacute;n con la piedad eucar&iacute;stica. Lo explic&oacute; as&iacute;:&nbsp; &quot;Si queremos adorar el rostro real de Jes&uacute;s&#8230;, lo encontramos en la divina Eucarist&iacute;a, donde, con el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, bajo el blanco velo de la Hostia se esconde el rostro de nuestro Se&ntilde;or&quot;. La misa diaria y la adoraci&oacute;n frecuente del Sacramento del altar fueron el alma de su sacerdocio:&nbsp; con ardiente e incansable caridad pastoral se dedic&oacute; a la predicaci&oacute;n, a la catequesis, al ministerio de la Confesi&oacute;n, a los pobres, a los enfermos,&nbsp;al&nbsp;cultivo de las vocaciones sacerdotales. A las religiosas Ver&oacute;nicas de la Santa Faz, que fund&oacute;, les transmiti&oacute; el esp&iacute;ritu de caridad, de humildad y de sacrificio que anim&oacute; toda su existencia. <\/p>\n<p> San F&eacute;lix de Nicosia sol&iacute;a repetir en todas las circunstancias, alegres o tristes:&nbsp; &quot;Sea por amor de Dios&quot;. As&iacute; podemos comprender bien cu&aacute;n intensa y concreta era en &eacute;l la experiencia del amor de Dios revelado a los hombres en Cristo. Este humilde fraile capuchino, hijo ilustre de la tierra de Sicilia, austero y penitente, fiel a las expresiones m&aacute;s aut&eacute;nticas de la tradici&oacute;n franciscana, fue plasmado y transformado gradualmente por el amor de Dios, vivido y actualizado en el amor al pr&oacute;jimo. Fray F&eacute;lix nos ayuda a descubrir el valor de las peque&ntilde;as cosas que enriquecen la vida, y nos ense&ntilde;a a captar el sentido de la familia y del servicio a los hermanos, mostr&aacute;ndonos que la alegr&iacute;a verdadera y duradera, que anhela el coraz&oacute;n de todo ser humano, es fruto del amor. <\/p>\n<p> Queridos y venerados padres sinodales, durante tres semanas hemos vivido juntos un clima de renovado fervor eucar&iacute;stico. Ahora, juntamente con vosotros y en nombre de todo el Episcopado, quisiera enviar un saludo fraterno a los obispos de la Iglesia en China. Con profunda pena hemos sentido la falta de sus representantes. Sin embargo, quiero asegurar a todos los prelados chinos que, con la oraci&oacute;n, estamos cerca de ellos y de sus sacerdotes y fieles. El doloroso camino de las comunidades confiadas a su cuidado pastoral est&aacute; presente en nuestro coraz&oacute;n:&nbsp; no quedar&aacute; sin fruto, porque es una participaci&oacute;n en el Misterio pascual, para gloria del Padre. <\/p>\n<p> Los trabajos sinodales nos han permitido profundizar en los aspectos m&aacute;s importantes de este misterio dado a la Iglesia desde el inicio. La contemplaci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a debe impulsar a todos los miembros de la Iglesia, en primer lugar a los sacerdotes, ministros de la Eucarist&iacute;a, a renovar su compromiso de fidelidad. En el misterio eucar&iacute;stico, celebrado y adorado, se funda el celibato, que los presb&iacute;teros han recibido como don valioso y signo del amor indiviso a Dios y al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n para los laicos la espiritualidad eucar&iacute;stica debe ser el motor interior de toda actividad, y no se puede admitir ninguna dicotom&iacute;a entre la fe y la vida en su misi&oacute;n de animaci&oacute;n cristiana del mundo. Mientras se concluye el A&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a, &iexcl;c&oacute;mo no dar gracias a Dios por los numerosos dones concedidos a la Iglesia en este tiempo! Y &iexcl;c&oacute;mo no recoger la invitaci&oacute;n del amado Papa Juan Pablo II a &quot;recomenzar desde Cristo&quot;! Como los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, que, con el coraz&oacute;n ardiendo por la palabra del Resucitado e iluminados por su presencia viva, reconocida en la fracci&oacute;n del pan, volvieron de inmediato a Jerusal&eacute;n y se convirtieron en anunciadores de la resurrecci&oacute;n de Cristo, tambi&eacute;n nosotros reanudemos nuestro camino animados por el vivo deseo de testimoniar el misterio de este amor que da esperanza al mundo. <\/p>\n<p> En esta perspectiva eucar&iacute;stica se sit&uacute;a bien la Jornada mundial de las misiones, que celebramos hoy y a la que el venerado siervo de Dios Juan Pablo II hab&iacute;a dado como tema de reflexi&oacute;n:&nbsp; &quot;Misi&oacute;n:&nbsp; Pan partido para la vida del mundo&quot;. La comunidad eclesial, cuando celebra la Eucarist&iacute;a, especialmente en el d&iacute;a del Se&ntilde;or, toma cada vez mayor conciencia de que el sacrificio de Cristo es &quot;por todos&quot; (<i>Mt<\/i> 26, 28), y la Eucarist&iacute;a impulsa al cristiano a ser &quot;pan partido&quot; para los dem&aacute;s, a trabajar por un mundo m&aacute;s justo y fraterno. Tambi&eacute;n hoy, ante las multitudes, Cristo sigue exhortando a sus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;Dadles vosotros de comer&quot; (<i>Mt<\/i> 14, 16), y, en su nombre, los misioneros anuncian y testimonian el Evangelio, a veces incluso con el sacrificio de su vida. <\/p>\n<p> Queridos amigos, todos debemos recomenzar desde la Eucarist&iacute;a. Que Mar&iacute;a, Mujer eucar&iacute;stica, nos ayude a estar enamorados de ella y a &quot;permanecer&quot; en el amor de Cristo, para que &eacute;l nos renueve &iacute;ntimamente. As&iacute;, d&oacute;cil a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu y atenta a las necesidades de los hombres, la Iglesia ser&aacute; cada vez m&aacute;s faro de luz, de verdadera alegr&iacute;a y de esperanza, realizando plenamente su misi&oacute;n de &quot;signo e instrumento de unidad de todo el g&eacute;nero humano&quot; (<span lang=\"es\"><i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i><\/span>, 1). <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2005 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE CONCLUSI&Oacute;N DE LA XI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS, DEL A&Ntilde;O DE LA EUCARIST&Iacute;AY CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS: J&Oacute;ZEF BILCZEWSKI CAYETANO CATANOSO SEGISMUNDO GORAZDOWSKI ALBERTO HURTADO CRUCHAGA; F&Eacute;LIX DE NICOSIA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Plaza de San PedroJornada mundial de las misiones Domingo 23 de octubre de 2005 &nbsp; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-octubre-de-2005-conclusion-de-la-xi-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-y-del-ano-de-la-eucaristia-y-canonizacion-de-cinco-beatos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab23 de octubre de 2005, Conclusi\u00f3n de la XI Asamblea General Ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos y del A\u00f1o de la Eucarist\u00eda y Canonizaci\u00f3n de cinco beatos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40671","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40671","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40671"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40671\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40671"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40671"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40671"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}