{"id":40672,"date":"2016-10-06T14:33:12","date_gmt":"2016-10-06T19:33:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-octubre-de-2005-exequias-en-sufragio-del-cardenal-giuseppe-caprio\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:12","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:12","slug":"18-de-octubre-de-2005-exequias-en-sufragio-del-cardenal-giuseppe-caprio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-octubre-de-2005-exequias-en-sufragio-del-cardenal-giuseppe-caprio\/","title":{"rendered":"18 de octubre de 2005, Exequias en sufragio del cardenal Giuseppe Caprio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/>DURANTE EL FUNERAL POR EL CARDENAL GIUSEPPE CAPRIO<\/font><\/b> <\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>Martes 18 de octubre de 2005<\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p>&quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n&#8230; Voy a prepararos un lugar&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 1-2). Las palabras del Se&ntilde;or Jes&uacute;s nos iluminan y nos confortan, queridos y venerados hermanos, en esta hora de oraci&oacute;n triste, en que estamos reunidos en torno a los restos mortales del querido cardenal Giuseppe Caprio, al que damos nuestra despedida. Nos dej&oacute; el s&aacute;bado pasado, al final de una larga peregrinaci&oacute;n terrena, que lo condujo desde un peque&ntilde;o pueblo de Hirpinia a varias partes del mundo, y especialmente aqu&iacute; a Roma, al servicio de la Santa Sede, por la que gast&oacute; su vida. En su testamento encontramos la serena confianza a la que Cristo invita a sus disc&iacute;pulos. Precisamente al inicio, escribi&oacute;:&nbsp; &quot;Doy gracias a la sant&iacute;sima Trinidad por haberme creado, redimido y hecho nacer en una familia pobre en medios materiales, pero rica en virtudes cristianas que, desde los primeros a&ntilde;os de mi ni&ntilde;ez, me ense&ntilde;&oacute; a amar a&nbsp;Dios y a obedecer su santa ley&quot;. <\/p>\n<p> &quot;Doy gracias a la sant&iacute;sima Trinidad&#8230;&quot;. &iquest;No son estas palabras como la s&iacute;ntesis de la vida de un cristiano? Al final de la jornada terrena, el alma se recoge en una actitud de &iacute;ntima y conmovida gratitud, reconociendo todo como don y prepar&aacute;ndose para el abrazo definitivo con Dios Amor. Es el mismo sentimiento de &iacute;ntima confianza en el Se&ntilde;or del que nos ha hablado la primera lectura, tomada del <i>libro del Sir&aacute;cida<\/i>:&nbsp; &quot;Los que tem&eacute;is al Se&ntilde;or, aguardad su misericordia, (&#8230;) confiad en &eacute;l, (&#8230;) esperad sus beneficios, la felicidad eterna y la misericordia&quot; (<i>Si<\/i> 2, 7-9). El temor del Se&ntilde;or es el principio y la plenitud de la sabidur&iacute;a (cf. <i>Si<\/i> 1, 12.&nbsp;14). De aqu&iacute; brota la paz (cf. <i>Si<\/i> 1, 16), sin&oacute;nimo, a su vez, de la felicidad completa y eterna, que es fruto de la misericordia divina. Quien vive en el santo temor del Se&ntilde;or encuentra la verdadera paz y, como dice tambi&eacute;n el Sir&aacute;cida, &quot;en el d&iacute;a de su muerte ser&aacute; bendecido&quot; (<i>Si<\/i> 1, 13). Que Dios, en su misericordia, perdone cualquier posible culpa del amado cardenal Caprio y lo acoja en su reino de luz y de paz, puesto que este hermano nuestro trat&oacute; de servir fielmente a la santa Iglesia. <\/p>\n<p> &quot;Hijo, si te llegas a servir al Se&ntilde;or, (&#8230;) adhi&eacute;rete a &eacute;l, no te separes, para que seas exaltado en tus postrimer&iacute;as&quot; (<i>Si<\/i> 2, 1.&nbsp;3). El joven Giuseppe Caprio, procedente de Lapio, se present&oacute; en el seminario de Benevento para servir al Se&ntilde;or. All&iacute; inici&oacute; los estudios, que continu&oacute; en Roma, en la Universidad Gregoriana, consiguiendo la licenciatura en teolog&iacute;a y el doctorado en derecho can&oacute;nico, y en 1938 fue ordenado sacerdote. Leemos en su testamento:&nbsp; &quot;Doy gracias (a Dios) con el coraz&oacute;n lleno de confusi&oacute;n y gratitud, por haberme llamado al sacerdocio&quot;. Tambi&eacute;n nosotros, en la oraci&oacute;n, nos unimos en este momento a su acci&oacute;n de gracias, mientras nos preparamos para ofrecer por su alma el sacrificio eucar&iacute;stico, centro y forma de la vida sacerdotal. Especialmente en estos d&iacute;as, durante los cuales toda la Iglesia est&aacute; concentrada en el misterio eucar&iacute;stico, me complace pensar que precisamente all&iacute;, en el altar, la vida y el ministerio del cardenal Caprio encontraron su punto de profunda unidad, en los diversos traslados que debi&oacute; realizar por el servicio diplom&aacute;tico a la Santa Sede. De Roma a Nanqu&iacute;n, Bruselas, Saig&oacute;n, Taipei, Nueva Delhi y, por &uacute;ltimo, nuevamente Roma. Ciertamente, la presencia de Cristo resucitado fue su consuelo en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles, de forma especial durante el per&iacute;odo de incomunicaci&oacute;n en la nunciatura de Nanqu&iacute;n, en 1951, y la sucesiva expulsi&oacute;n de China. En su testamento anot&oacute;:&nbsp; &quot;Elevo mi pensamiento agradecido y devoto al Sumo Pont&iacute;fice, que me ha concedido el insigne honor de representarlo en muchos pa&iacute;ses, y a quien siempre he servido con fidelidad y amor filial&quot;. De la Eucarist&iacute;a sacaba el cardenal Caprio la fuerza espiritual para aceptar cada d&iacute;a la misi&oacute;n que le encomendaban sus superiores y cumplirla con amor hasta el fin. <\/p>\n<p> <i>&quot;Pax in virtute&quot;<\/i>:&nbsp; el querido cardenal Caprio eligi&oacute; este lema cuando, en 1961, el beato Papa Juan XXIII lo nombr&oacute; arzobispo. Despu&eacute;s de participar en el concilio Vaticano II, pas&oacute; a&uacute;n un breve per&iacute;odo como pro-nuncio en la India; y luego volvi&oacute; a Roma, al servicio directo de la Sede apost&oacute;lica en importantes cargos, entre los cuales el de sustituto de la Secretar&iacute;a de Estado y presidente de la Administraci&oacute;n del patrimonio. Era notable su visi&oacute;n de conjunto de los problemas de la Iglesia y su preocupaci&oacute;n constante por considerar los aspectos administrativos en su relaci&oacute;n con los intereses superiores, con plena adhesi&oacute;n al esp&iacute;ritu del Concilio. <\/p>\n<p> &quot;Cristo resucit&oacute; de entre los muertos como primicia de los que durmieron&quot; (<i>1&nbsp;Co<\/i> 15, 20). La luz de Jes&uacute;s resucitado ilumina las tinieblas de la muerte, &quot;&uacute;ltimo enemigo&quot; (<i>1 Co<\/i> 15, 26), al que debemos pagar la deuda contra&iacute;da con el pecado original, pero que ya no tiene poder sobre los creyentes, puesto que el Se&ntilde;or la derrot&oacute; de una vez para siempre. En Cristo, todos recibir&aacute;n la vida; cada uno en su rango:&nbsp; primero Cristo, como primicia; luego, los de Cristo en su venida (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 22-23). La liturgia aplica este pasaje paulino a la Virgen Mar&iacute;a en la solemnidad de su Asunci&oacute;n al cielo. Me complace testimoniar aqu&iacute; la devoci&oacute;n mariana del cardenal Giuseppe Caprio, tal como resalta en su testamento:&nbsp; &quot;Encomiendo <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>escribe<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> mi alma a la Virgen sant&iacute;sima de Pompeya, para que, present&aacute;ndola a su Hijo Jesucristo, me obtenga perd&oacute;n y misericordia&quot;. Hagamos nuestra su oraci&oacute;n en este momento de dolor y viva esperanza. <\/p>\n<p> Con afecto y gratitud acompa&ntilde;emos a este hermano nuestro en su &uacute;ltimo viaje hacia el verdadero Oriente, es decir, hacia Cristo, sol sin ocaso, con plena confianza en que Dios lo acoja con los brazos abiertos, reserv&aacute;ndole el lugar preparado para sus amigos, fieles servidores del Evangelio y de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2005 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI DURANTE EL FUNERAL POR EL CARDENAL GIUSEPPE CAPRIO Bas&iacute;lica de San PedroMartes 18 de octubre de 2005 &nbsp; &quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n&#8230; Voy a prepararos un lugar&quot; (Jn 14, 1-2). 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