{"id":40677,"date":"2016-10-06T14:33:19","date_gmt":"2016-10-06T19:33:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-mayo-de-2005-visita-pastoral-a-bari-para-la-clausura-del-xxiv-congreso-eucaristico-nacional\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:19","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:19","slug":"29-de-mayo-de-2005-visita-pastoral-a-bari-para-la-clausura-del-xxiv-congreso-eucaristico-nacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-mayo-de-2005-visita-pastoral-a-bari-para-la-clausura-del-xxiv-congreso-eucaristico-nacional\/","title":{"rendered":"29 de mayo de 2005: Visita pastoral a Bari para la clausura del XXIV Congreso Eucar\u00edstico Nacional"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE CLAUSURA DEL CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO ITALIANO (BARI)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <br \/><\/font><\/b><br \/>Solemnidad del &quot;Corpus Christi&quot;<br \/> Domingo 29 de mayo de 2005 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p> &quot;Glorifica al Se&ntilde;or, Jerusal&eacute;n; alaba a tu Dios, Si&oacute;n&quot; (<i>Salmo responsorial<\/i>). La invitaci&oacute;n del salmista, que resuena tambi&eacute;n en la Secuencia, expresa muy bien el sentido de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica:&nbsp; nos hemos reunido para alabar y bendecir al Se&ntilde;or. Esta es la raz&oacute;n que ha impulsado a la Iglesia italiana a congregarse aqu&iacute;, en Bari, para el Congreso eucar&iacute;stico nacional. <\/p>\n<p> Yo tambi&eacute;n he querido unirme hoy a todos vosotros para celebrar con particular relieve la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y as&iacute; rendir homenaje a Cristo en el sacramento de su amor, y reforzar al mismo tiempo los v&iacute;nculos de comuni&oacute;n que me unen a la Iglesia que est&aacute; en Italia y a sus pastores. Como sab&eacute;is, tambi&eacute;n mi venerado y amado predecesor, el Papa Juan Pablo&nbsp;II, habr&iacute;a querido estar presente en esta importante cita eclesial. Todos sentimos que est&aacute; cerca de nosotros y con nosotros glorifica a Cristo, buen Pastor, a quien ahora puede contemplar directamente. <\/p>\n<p> Saludo con afecto a todos los que participan en esta solemne liturgia:&nbsp; al cardenal Camillo Ruini y a los dem&aacute;s cardenales presentes; al arzobispo de Bari, monse&ntilde;or Francesco Cacucci, a quien agradezco sus cordiales palabras; a los obispos de Pulla y a los que han venido en gran n&uacute;mero de todas las partes de Italia; a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos; en particular, a los j&oacute;venes, y naturalmente a cuantos de diferentes modos han colaborado en la organizaci&oacute;n del Congreso. Saludo asimismo a las autoridades, que con su grata presencia muestran c&oacute;mo tambi&eacute;n los congresos eucar&iacute;sticos forman parte de la historia y de la cultura del pueblo italiano. <\/p>\n<p> Este Congreso eucar&iacute;stico, que hoy se concluye, ha querido volver a presentar el domingo como &quot;Pascua semanal&quot;, expresi&oacute;n de la identidad de la comunidad cristiana y centro de su vida y de su misi&oacute;n. El tema elegido, &quot;Sin el domingo no podemos vivir&quot;, nos remite al a&ntilde;o 304, cuando el emperador Diocleciano prohibi&oacute; a los cristianos, bajo pena de muerte, poseer las Escrituras, reunirse el domingo para celebrar la Eucarist&iacute;a y construir lugares para sus asambleas. <\/p>\n<p> En Abitina, peque&ntilde;a localidad de la actual T&uacute;nez, 49 cristianos fueron sorprendidos un domingo mientras, reunidos en la casa de Octavio F&eacute;lix, celebraban la Eucarist&iacute;a desafiando as&iacute; las prohibiciones imperiales. Tras ser arrestados fueron llevados a Cartago para ser interrogados por el proc&oacute;nsul Anulino. Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto Em&eacute;rito dio al proc&oacute;nsul que le preguntaba por qu&eacute; hab&iacute;an transgredido la severa orden del emperador. Respondi&oacute;:&nbsp; <i>&quot;Sine dominico non possumus&quot;<\/i>; es decir, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucarist&iacute;a no podemos vivir. Nos faltar&iacute;an las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir. Despu&eacute;s de atroces torturas, estos 49 m&aacute;rtires de Abitina fueron asesinados. As&iacute;, con la efusi&oacute;n de la sangre, confirmaron su fe. Murieron, pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de Cristo resucitado. <\/p>\n<p> Sobre la experiencia de los m&aacute;rtires de Abitina debemos reflexionar tambi&eacute;n nosotros, cristianos del siglo XXI. Ni siquiera para nosotros es f&aacute;cil vivir como cristianos, aunque no existan esas prohibiciones del emperador. Pero, desde un punto de vista espiritual, el mundo en el que vivimos, marcado a menudo por el consumismo desenfrenado, por la indiferencia religiosa y por un secularismo cerrado a la trascendencia, puede parecer un desierto no menos inh&oacute;spito que aquel &quot;inmenso y terrible&quot; (<i>Dt<\/i>&nbsp;8, 15) del que nos ha hablado la primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio. <\/p>\n<p> En ese desierto, Dios acudi&oacute; con el don del man&aacute; en ayuda del pueblo hebreo en dificultad, para hacerle comprender que &quot;no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca del Se&ntilde;or&quot; (<i>Dt<\/i>&nbsp;8, 3). En el evangelio de hoy, Jes&uacute;s nos ha explicado para qu&eacute; pan Dios quer&iacute;a preparar al pueblo de la nueva alianza mediante el don del man&aacute;. Aludiendo a la Eucarist&iacute;a, ha dicho:&nbsp; &quot;Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron:&nbsp; el que come este pan vivir&aacute; para siempre&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 58). El Hijo de Dios, habi&eacute;ndose hecho carne, pod&iacute;a convertirse en pan, y as&iacute; ser alimento para su pueblo, para nosotros, que estamos en camino en este mundo hacia la tierra prometida del cielo. <\/p>\n<p> Necesitamos este pan para afrontar la fatiga y el cansancio del viaje. El domingo, d&iacute;a del Se&ntilde;or, es la ocasi&oacute;n propicia para sacar fuerzas de &eacute;l, que es el Se&ntilde;or de la vida. Por tanto, el precepto festivo no es un deber impuesto desde afuera, un peso sobre nuestros hombros. Al contrario, participar en la celebraci&oacute;n dominical, alimentarse del Pan eucar&iacute;stico y experimentar la comuni&oacute;n de los hermanos y las hermanas en Cristo, es una necesidad para el cristiano; es una alegr&iacute;a; as&iacute; el cristiano puede encontrar la energ&iacute;a necesaria para el camino que debemos recorrer cada semana. Por lo dem&aacute;s, no es un camino arbitrario:&nbsp; el camino que Dios nos indica con su palabra va en la direcci&oacute;n inscrita en la esencia misma del hombre. La palabra de Dios y la raz&oacute;n van juntas. Seguir la palabra de Dios, estar con Cristo, significa para el hombre realizarse a s&iacute; mismo; perderlo equivale a perderse a s&iacute; mismo. <\/p>\n<p> El Se&ntilde;or no nos deja solos en este camino. Est&aacute; con nosotros; m&aacute;s a&uacute;n, desea compartir nuestra suerte hasta identificarse con nosotros. En el coloquio que acaba de referirnos el evangelio, dice:&nbsp; &quot;El que come mi carne y bebe mi sangre habita en m&iacute; y yo en &eacute;l&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 56). &iquest;C&oacute;mo no alegrarse por esa promesa? Pero hemos escuchado que, ante aquel primer anuncio, la gente, en vez de alegrarse, comenz&oacute; a discutir y a protestar:&nbsp; &quot;&iquest;C&oacute;mo puede este darnos a comer su carne?&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 52). <\/p>\n<p> En realidad, esta actitud se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia. Se podr&iacute;a decir que, en el fondo, la gente no quiere tener a Dios tan cerca, tan a la mano, tan part&iacute;cipe en sus acontecimientos. La gente quiere que sea grande y, en definitiva, tambi&eacute;n nosotros queremos que est&eacute; m&aacute;s bien lejos de nosotros. Entonces, se plantean cuestiones que quieren demostrar, al final, que esa cercan&iacute;a ser&iacute;a imposible. Pero son muy claras las palabras que Cristo pronunci&oacute; en esa circunstancia:&nbsp; &quot;Os aseguro que si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre y no beb&eacute;is su sangre no ten&eacute;is vida en vosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 53). Realmente, tenemos necesidad de un Dios cercano. <\/p>\n<p> Ante el murmullo de protesta, Jes&uacute;s habr&iacute;a &nbsp;podido conformarse con palabras tranquilizadoras. Habr&iacute;a podido decir:&nbsp; &quot;Amigos, no os preocup&eacute;is. He hablado de carne, pero s&oacute;lo se trata de un s&iacute;mbolo. Lo que quiero decir es que se trata s&oacute;lo &nbsp;de una profunda comuni&oacute;n de sentimientos&quot;. Pero no, Jes&uacute;s no recurri&oacute; a esa dulcificaci&oacute;n. Mantuvo firme su afirmaci&oacute;n, todo su realismo, a pesar de la defecci&oacute;n de muchos de sus disc&iacute;pulos (cf. <i>Jn<\/i> 6, 66). M&aacute;s a&uacute;n, se mostr&oacute; dispuesto a aceptar incluso la defecci&oacute;n de sus mismos Ap&oacute;stoles, con tal de no cambiar para nada lo concreto de su discurso:&nbsp; &quot;&iquest;Tambi&eacute;n vosotros quer&eacute;is marcharos?&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;6,&nbsp;67), pregunt&oacute;. Gracias a Dios, Pedro dio una respuesta que tambi&eacute;n nosotros, hoy, con plena conciencia, hacemos nuestra:&nbsp; &quot;Se&ntilde;or, &iquest;a qui&eacute;n vamos a ir? T&uacute; tienes palabras de vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;6, 68). Tenemos necesidad de un Dios cercano, de un Dios que se pone en nuestras manos y que nos ama. <\/p>\n<p> En la Eucarist&iacute;a, Cristo est&aacute; realmente presente entre nosotros. Su presencia no es est&aacute;tica. Es una presencia din&aacute;mica, que nos aferra para hacernos suyos, para asimilarnos a &eacute;l. Cristo nos atrae a s&iacute;, nos hace salir de nosotros mismos para hacer de todos nosotros uno con &eacute;l. De este modo, nos inserta tambi&eacute;n en la comunidad de los hermanos, y la comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or siempre es tambi&eacute;n comuni&oacute;n con las hermanas y los hermanos. Y vemos la belleza de esta comuni&oacute;n que nos da la santa Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p> Aqu&iacute; tocamos una dimensi&oacute;n ulterior de la Eucarist&iacute;a, a la que tambi&eacute;n quisiera referirme antes de concluir. El Cristo que encontramos en el Sacramento es el mismo aqu&iacute;, en Bari, y en Roma; en Europa y en Am&eacute;rica, en &Aacute;frica, en Asia y en Ocean&iacute;a. El &uacute;nico y el mismo Cristo est&aacute; presente en el pan eucar&iacute;stico de &nbsp;todos los lugares de la tierra. Esto significa que s&oacute;lo podemos encontrarlo junto con todos los dem&aacute;s. S&oacute;lo podemos recibirlo en la unidad. &iquest;No es esto lo que nos ha dicho el ap&oacute;stol san Pablo en la lectura que acabamos de escuchar? Escribiendo a los Corintios, afirma:&nbsp; &quot;El pan es uno, y as&iacute; nosotros,&nbsp;aunque&nbsp;somos&nbsp;muchos,&nbsp;formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan&quot; (<i>1&nbsp;Co<\/i> 10, 17). <\/p>\n<p> La consecuencia es clara:&nbsp; no podemos comulgar con el Se&ntilde;or, si no comulgamos entre nosotros. Si queremos presentaros ante &eacute;l, tambi&eacute;n debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lecci&oacute;n del perd&oacute;n:&nbsp; no dejar que se insin&uacute;e en el coraz&oacute;n la polilla del resentimiento, sino abrir el coraz&oacute;n a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el coraz&oacute;n a la comprensi&oacute;n, a la posible aceptaci&oacute;n de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias. <\/p>\n<p> La Eucarist&iacute;a -repit&aacute;moslo- es sacramento de la unidad. Pero, por desgracia, los cristianos est&aacute;n divididos, precisamente en el sacramento de la unidad. Por eso, sostenidos por la Eucarist&iacute;a, debemos sentirnos estimulados a tender con todas nuestras fuerzas a la unidad plena que Cristo dese&oacute; ardientemente en el Cen&aacute;culo. Precisamente aqu&iacute;, en Bari, feliz Bari, ciudad que custodia los restos de san Nicol&aacute;s, tierra de encuentro y de di&aacute;logo con los hermanos cristianos de Oriente, quisiera reafirmar mi voluntad de asumir el compromiso fundamental de trabajar con todas mis energ&iacute;as en favor del restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo. <\/p>\n<p> Soy consciente de que para eso no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Hacen falta gestos concretos que entren en los corazones y sacudan las conciencias, estimulando a cada uno a la conversi&oacute;n interior, que es el requisito de todo progreso en el camino del ecumenismo (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/pont-messages\/2005\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20050420_missa-pro-ecclesia.html\">Mensaje a la Iglesia universal, en la capilla Sixtina<\/a>, <\/i>20 de abril de 2005:&nbsp; <i> L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 22 de abril de 2005, p. 6). Os pido a todos vosotros que emprend&aacute;is con decisi&oacute;n el camino del ecumenismo espiritual, que en la oraci&oacute;n &nbsp;abre las puertas al Esp&iacute;ritu Santo, el &uacute;nico que puede crear la unidad. <\/p>\n<p> Queridos amigos que hab&eacute;is venido a Bari desde diversas partes de Italia para celebrar este Congreso eucar&iacute;stico, debemos redescubrir la alegr&iacute;a del domingo cristiano. Debemos redescubrir con orgullo el privilegio de participar en la Eucarist&iacute;a, que es el sacramento del mundo renovado. La resurrecci&oacute;n de Cristo tuvo lugar el primer d&iacute;a de la semana, que en la Escritura es el d&iacute;a de la creaci&oacute;n del mundo. Precisamente por eso, la primitiva comunidad cristiana consideraba el domingo como el d&iacute;a en que hab&iacute;a iniciado el mundo nuevo, el d&iacute;a en que, con la victoria de Cristo sobre la muerte, hab&iacute;a iniciado la nueva creaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Al congregarse en torno a la mesa eucar&iacute;stica, la comunidad iba form&aacute;ndose como nuevo pueblo de Dios. San Ignacio de Antioqu&iacute;a se refer&iacute;a a los cristianos como &quot;aquellos que han llegado a la nueva esperanza&quot;, y los presentaba como personas &quot;que viven seg&uacute;n el domingo&quot; (<i>&quot;iuxta dominicam viventes&quot;<\/i>). Desde esta perspectiva, el obispo antioqueno se preguntaba:&nbsp; &quot;&iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos vivir sin &eacute;l, a quien incluso los profetas esperaron?&quot; (<i>Ep. ad Magnesios<\/i>, 9, 1-2). <\/p>\n<p> &quot;&iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos vivir sin &eacute;l?&quot;. En estas palabras de san Ignacio resuena la afirmaci&oacute;n de los m&aacute;rtires de Abitina:&nbsp; <i>&quot;Sine dominico non possumus&quot;<\/i>. Precisamente de aqu&iacute; brota nuestra oraci&oacute;n:&nbsp; que tambi&eacute;n nosotros, los cristianos de hoy, recobremos la conciencia de la importancia decisiva de la celebraci&oacute;n dominical y tomemos de la participaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a el impulso necesario para un nuevo empe&ntilde;o en el anuncio de Cristo, &quot;nuestra paz&quot; (<i>Ef<\/i>&nbsp;2, 14), al mundo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE CLAUSURA DEL CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO ITALIANO (BARI) HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Solemnidad del &quot;Corpus Christi&quot; Domingo 29 de mayo de 2005 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:&nbsp; &quot;Glorifica al Se&ntilde;or, Jerusal&eacute;n; alaba a tu Dios, Si&oacute;n&quot; (Salmo responsorial). 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