{"id":40678,"date":"2016-10-06T14:33:21","date_gmt":"2016-10-06T19:33:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-mayo-de-2005-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:21","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:21","slug":"26-de-mayo-de-2005-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-mayo-de-2005-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/","title":{"rendered":"26 de mayo de 2005: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y Procesi\u00f3n Eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI EN EL VATICANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <br \/><\/font><\/b><br \/>Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 26 de mayo de 2005<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/>amados&nbsp;hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> En la fiesta del <i>Corpus Christi<\/i> la Iglesia revive el misterio del Jueves santo a la luz de la Resurrecci&oacute;n. Tambi&eacute;n el Jueves santo se realiza una procesi&oacute;n eucar&iacute;stica, con la que la Iglesia repite el &eacute;xodo de Jes&uacute;s del Cen&aacute;culo al monte de los Olivos. En Israel, la noche de Pascua se celebraba en casa, en la intimidad de la familia; as&iacute;, se hac&iacute;a memoria de la primera Pascua, en Egipto, de la noche en que la sangre del cordero pascual, asperjada sobre el arquitrabe y sobre las jambas de las casas, proteg&iacute;a del exterminador. En aquella noche, Jes&uacute;s sale y se entrega en las manos del traidor, del exterminador y, precisamente as&iacute;, vence la noche, vence las tinieblas del mal. S&oacute;lo as&iacute; el don de la Eucarist&iacute;a, instituida en el Cen&aacute;culo, se realiza en plenitud:&nbsp; Jes&uacute;s da realmente su cuerpo y su sangre. Cruzando el umbral de la muerte, se convierte en Pan vivo, verdadero man&aacute;, alimento inagotable a lo largo de los siglos. La carne se convierte en pan de vida. <\/p>\n<p> En la procesi&oacute;n del Jueves santo la Iglesia acompa&ntilde;a a Jes&uacute;s al monte de los Olivos:&nbsp; la Iglesia orante desea vivamente velar con Jes&uacute;s, no dejarlo solo en la noche del mundo, en la noche de la traici&oacute;n, en la noche de la indiferencia de muchos. En la fiesta del <i>Corpus Christi <\/i>&nbsp;reanudamos esta procesi&oacute;n, pero con la alegr&iacute;a de la Resurrecci&oacute;n. El Se&ntilde;or ha resucitado y va delante de nosotros. <\/p>\n<p> En los relatos de la Resurrecci&oacute;n hay un rasgo com&uacute;n y esencial; los &aacute;ngeles dicen:&nbsp; el Se&ntilde;or &quot;ir&aacute; delante de vosotros a Galilea; all&iacute; le ver&eacute;is&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 7). Reflexionando en esto con atenci&oacute;n, podemos decir que el hecho de que Jes&uacute;s &quot;vaya delante&quot; implica una doble direcci&oacute;n. La primera es, como hemos escuchado, Galilea. En Israel, Galilea era considerada la puerta hacia el mundo de los paganos. Y en realidad, precisamente en Galilea, en el monte, los disc&iacute;pulos ven a Jes&uacute;s, el Se&ntilde;or, que les dice:&nbsp; &quot;Id&#8230; y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19). <\/p>\n<p> La otra direcci&oacute;n del &quot;ir delante&quot; del Resucitado aparece en el evangelio de san Juan, en las palabras de Jes&uacute;s a Magdalena:&nbsp; &quot;No me toques, que todav&iacute;a no he subido al Padre&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 17). Jes&uacute;s va delante de nosotros hacia el Padre, sube a la altura de Dios y nos invita a seguirlo. <br \/> Estas dos direcciones del camino del Resucitado no se contradicen; ambas indican juntamente el camino del seguimiento de Cristo. La verdadera meta de nuestro camino es la comuni&oacute;n con Dios; Dios mismo es la casa de muchas moradas (cf. <i> Jn<\/i> 14, 2 s). Pero s&oacute;lo podemos subir a esta morada yendo &quot;a Galilea&quot;, yendo por los caminos del mundo, llevando el Evangelio a todas las naciones, llevando el don de su amor a los hombres de todos los tiempos. <\/p>\n<p> Por eso el camino de los Ap&oacute;stoles se ha extendido hasta los &quot;confines de la tierra&quot; (cf. <i>Hch<\/i> 1, 6 s); as&iacute;, san Pedro y san Pablo vinieron hasta Roma, ciudad que por entonces era el centro del mundo conocido, verdadera <i>&quot;caput mundi&quot;<\/i>. <\/p>\n<p> La procesi&oacute;n del Jueves santo acompa&ntilde;a a Jes&uacute;s en su soledad, hacia el <i>&quot;via crucis&quot;<\/i>. En cambio, la procesi&oacute;n del <i>Corpus Christi<\/i> responde de modo simb&oacute;lico al mandato del Resucitado:&nbsp; voy delante de vosotros a Galilea. Id hasta los confines del mundo, llevad el Evangelio al mundo.<br \/>Ciertamente, la Eucarist&iacute;a, para la fe, es un misterio de intimidad. El Se&ntilde;or instituy&oacute; el sacramento en el Cen&aacute;culo, rodeado por su nueva familia, por los doce Ap&oacute;stoles, prefiguraci&oacute;n y anticipaci&oacute;n de la Iglesia de todos los tiempos. Por eso, en la liturgia de la Iglesia antigua, la distribuci&oacute;n de la santa comuni&oacute;n se introduc&iacute;a con las palabras:&nbsp; <i>Sancta sanctis<\/i>, el don santo est&aacute; destinado a quienes han sido santificados. De este modo, se respond&iacute;a a la exhortaci&oacute;n de san Pablo a los Corintios:&nbsp; &quot;Exam&iacute;nese, pues, cada cual, y coma as&iacute; este pan y beba de este c&aacute;liz&quot; (<i>1 Co<\/i> 11, 28). Sin embargo, partiendo de esta intimidad, que es don personal&iacute;simo del Se&ntilde;or, la fuerza del sacramento de la Eucarist&iacute;a va m&aacute;s all&aacute; de las paredes de nuestras iglesias. En este sacramento el Se&ntilde;or est&aacute; siempre en camino hacia el mundo. Este aspecto universal de la presencia eucar&iacute;stica se aprecia en la procesi&oacute;n de nuestra fiesta. Llevamos a Cristo, presente en la figura del pan, por los calles de nuestra ciudad. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida diaria, a su bondad.<br \/>Que nuestras calles sean calles de Jes&uacute;s. Que nuestras casas sean casas para &eacute;l y con &eacute;l. Que nuestra vida de cada d&iacute;a est&eacute; impregnada de su presencia. Con este gesto, ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los j&oacute;venes y los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida. La procesi&oacute;n quiere ser una gran bendici&oacute;n p&uacute;blica para nuestra ciudad:&nbsp; Cristo es, en persona, la bendici&oacute;n divina para el mundo. Que su bendici&oacute;n descienda sobre todos nosotros. <\/p>\n<p> En la procesi&oacute;n del <i>Corpus Christi<\/i>, como hemos dicho<i>, <\/i>acompa&ntilde;amos al Resucitado en su camino por el mundo entero. Precisamente al hacer esto respondemos tambi&eacute;n a su mandato:&nbsp; &quot;Tomad, comed&#8230; Bebed de ella todos&quot; (<i>Mt<\/i> 26, 26 s). No se puede &quot;comer&quot; al Resucitado, presente en la figura del pan, como un simple pedazo de pan. Comer este pan es comulgar, es entrar en comuni&oacute;n con la persona del Se&ntilde;or vivo. Esta comuni&oacute;n, este acto de &quot;comer&quot;, es realmente un encuentro entre dos personas, es dejarse penetrar por la vida de Aquel que es el Se&ntilde;or, de Aquel que es mi Creador y Redentor. <\/p>\n<p> La finalidad de esta comuni&oacute;n, de este comer, es la asimilaci&oacute;n de mi vida a la suya, mi transformaci&oacute;n y configuraci&oacute;n con Aquel que es amor vivo. Por eso, esta comuni&oacute;n implica la adoraci&oacute;n, implica la voluntad de seguir a Cristo, de seguir a Aquel que va delante de nosotros. Por tanto, adoraci&oacute;n y procesi&oacute;n forman parte de un &uacute;nico gesto de comuni&oacute;n; responden a su mandato:&nbsp; &quot;Tomad y comed&quot;. <\/p>\n<p> Nuestra procesi&oacute;n termina ante la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor, en el encuentro con la Virgen, llamada por el amado Papa Juan Pablo II &quot;Mujer eucar&iacute;stica&quot;. En verdad, Mar&iacute;a, la Madre del Se&ntilde;or, nos ense&ntilde;a lo que significa entrar en comuni&oacute;n con Cristo:&nbsp; Mar&iacute;a dio su carne, su sangre a Jes&uacute;s y se convirti&oacute; en tienda viva del Verbo, dej&aacute;ndose penetrar en el cuerpo y en el esp&iacute;ritu por su presencia. Pid&aacute;mosle a ella, nuestra santa Madre, que nos ayude a abrir cada vez m&aacute;s todo nuestro ser a la presencia de Cristo; que nos ayude a seguirlo fielmente, d&iacute;a a d&iacute;a, por los caminos de nuestra vida. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI EN EL VATICANO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 26 de mayo de 2005 &nbsp; Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; amados&nbsp;hermanos y hermanas:&nbsp; En la fiesta del Corpus Christi la Iglesia revive el misterio del Jueves santo a la luz &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-mayo-de-2005-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab26 de mayo de 2005: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y Procesi\u00f3n Eucar\u00edstica\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40678","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40678","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40678"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40678\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40678"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40678"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40678"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}