{"id":40680,"date":"2016-10-06T14:33:24","date_gmt":"2016-10-06T19:33:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-2005-celebracion-eucaristica-y-toma-de-posesion-de-la-catedra-del-obispo-de-roma\/"},"modified":"2016-10-06T14:33:24","modified_gmt":"2016-10-06T19:33:24","slug":"7-de-mayo-de-2005-celebracion-eucaristica-y-toma-de-posesion-de-la-catedra-del-obispo-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-2005-celebracion-eucaristica-y-toma-de-posesion-de-la-catedra-del-obispo-de-roma\/","title":{"rendered":"7 de mayo de 2005: Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica y toma de posesi\u00f3n de la C\u00e1tedra del Obispo de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI <br \/>EN LA MISA DE TOMA DE POSESI&Oacute;N DE SU C&Aacute;TEDRA <\/p>\n<p><\/font> <\/b>Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/>S&aacute;bado 7 de mayo de 2005 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos padres cardenales; <br \/>amados hermanos en el episcopado; <br \/>queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> Este d&iacute;a, en el que por primera vez puedo tomar posesi&oacute;n de la c&aacute;tedra del Obispo de Roma como Sucesor de Pedro, es el d&iacute;a en que en Italia la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. En el centro de este d&iacute;a encontramos a Cristo. S&oacute;lo gracias a &eacute;l, gracias al misterio de su Ascensi&oacute;n, logramos tambi&eacute;n comprender el significado de la c&aacute;tedra, que es, a su vez, el s&iacute;mbolo de la potestad y de la responsabilidad del obispo. &iquest;Qu&eacute; nos quiere decir, entonces, la fiesta de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or? No quiere decirnos que el Se&ntilde;or se ha ido a un lugar alejado de los hombres y del mundo. La Ascensi&oacute;n de Cristo no es un viaje en el espacio hacia los astros m&aacute;s remotos; porque, en el fondo, tambi&eacute;n los astros est&aacute;n hechos de elementos f&iacute;sicos como la tierra. La Ascensi&oacute;n de Cristo significa que &eacute;l ya no pertenece al mundo de la corrupci&oacute;n y de la muerte, que condiciona nuestra vida. Significa que &eacute;l pertenece completamente a Dios. &Eacute;l, el Hijo eterno, ha conducido nuestro ser humano a la presencia de Dios, ha llevado consigo la carne y la sangre en una forma transfigurada. <\/p>\n<p> El hombre encuentra espacio en Dios; el ser humano ha sido introducido por Cristo en la vida misma de Dios. Y puesto que Dios abarca y sostiene todo el cosmos, la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias a su estar con el Padre, est&aacute; cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Cada uno de nosotros puede tratarlo de t&uacute;; cada uno puede llamarlo. El Se&ntilde;or est&aacute; siempre atento a nuestra voz. Nosotros podemos alejarnos de &eacute;l interiormente. Podemos vivir d&aacute;ndole la espalda. Pero &eacute;l nos espera siempre, y est&aacute; siempre cerca de nosotros. <\/p>\n<p> De las lecturas de la liturgia de hoy aprendemos tambi&eacute;n algo m&aacute;s sobre c&oacute;mo el Se&ntilde;or realiza de forma concreta este estar cerca de nosotros. El Se&ntilde;or promete a los disc&iacute;pulos su Esp&iacute;ritu Santo.<br \/>La primera lectura, que acabamos de escuchar, nos dice que el Esp&iacute;ritu Santo ser&aacute; &quot;fuerza&quot; para los disc&iacute;pulos; el evangelio a&ntilde;ade que nos guiar&aacute; hasta la Verdad completa. Jes&uacute;s dijo todo a sus disc&iacute;pulos, siendo &eacute;l mismo la Palabra viva de Dios, y Dios no puede dar m&aacute;s de s&iacute; mismo. <\/p>\n<p> En Jes&uacute;s, Dios se nos ha dado totalmente a s&iacute; mismo, es decir, nos lo ha dado todo. Adem&aacute;s de esto, o junto a esto, no puede haber ninguna otra revelaci&oacute;n capaz de comunicar m&aacute;s o de completar, de alg&uacute;n modo, la revelaci&oacute;n de Cristo. En &eacute;l, en el Hijo, se nos ha dicho todo, se nos ha dado todo. Pero nuestra capacidad de comprender es limitada; por eso, la misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu consiste en introducir a la Iglesia de modo siempre nuevo, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, en la grandeza del misterio de Cristo. <\/p>\n<p> El Esp&iacute;ritu no a&ntilde;ade nada diverso o nada nuevo a Cristo; no existe -como dicen algunos- ninguna revelaci&oacute;n pneum&aacute;tica junto a la de Cristo, ning&uacute;n segundo nivel de Revelaci&oacute;n. No:&nbsp; &quot;recibir&aacute; de lo m&iacute;o&quot;, dice Cristo en el evangelio (<i>Jn<\/i> 16, 14). Y del mismo modo que Cristo dice s&oacute;lo lo que oye y recibe del Padre, as&iacute; el Esp&iacute;ritu Santo es int&eacute;rprete de Cristo. &quot;Recibir&aacute; de lo m&iacute;o&quot;. No nos conduce a otros lugares, lejanos de Cristo, sino que nos conduce cada vez m&aacute;s dentro de la luz de Cristo.<br \/>Por eso, la Revelaci&oacute;n cristiana es, al mismo tiempo, siempre antigua y siempre nueva. Por eso, todo nos es dado siempre y ya. Al mismo tiempo, cada generaci&oacute;n, en el inagotable encuentro con el Se&ntilde;or, encuentro mediado por el Esp&iacute;ritu Santo, capta siempre algo nuevo. <\/p>\n<p> As&iacute;, el Esp&iacute;ritu Santo es la fuerza a trav&eacute;s de la cual Cristo nos hace experimentar su cercan&iacute;a. Pero la primera lectura hace tambi&eacute;n una segunda afirmaci&oacute;n:&nbsp; ser&eacute;is mis testigos. Cristo resucitado necesita testigos que se hayan encontrado con &eacute;l, hombres que lo hayan conocido &iacute;ntimamente a trav&eacute;s de la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. Hombres que, habiendo estado con &eacute;l, puedan dar testimonio de &eacute;l. As&iacute; la Iglesia, la familia de Cristo, ha crecido desde &quot;Jerusal&eacute;n&#8230; hasta los confines de la tierra&quot;, como dice la lectura. A trav&eacute;s de los testigos se ha construido la Iglesia, comenzando por Pedro y Pablo, y por los Doce, hasta todos los hombres y mujeres que, llenos de Cristo, a lo largo de los siglos han encendido y encender&aacute;n de modo siempre nuevo la llama de la fe. Todo cristiano, a su modo, puede y debe ser testigo del Se&ntilde;or resucitado. Al repasar los nombres de los santos podemos constatar que han sido, y siguen siendo, ante todo hombres sencillos, hombres de los que emanaba, y emana, una luz resplandeciente capaz de llevar a Cristo. <\/p>\n<p> Pero esta sinfon&iacute;a de testimonios tambi&eacute;n est&aacute; dotada de una estructura bien definida:&nbsp; a los sucesores de los Ap&oacute;stoles, es decir, a los obispos, les corresponde la responsabilidad p&uacute;blica de hacer que la red de estos testimonios permanezca en el tiempo. En el sacramento de la ordenaci&oacute;n episcopal se les confiere la potestad y la gracia necesarias para este servicio. <\/p>\n<p> En esta red de testimonios, al Sucesor de Pedro le compete una tarea especial. Pedro fue el primero que hizo, en nombre de los Ap&oacute;stoles, la profesi&oacute;n de fe:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16). Esta es la tarea de todos los sucesores de Pedro:&nbsp; ser el gu&iacute;a en la profesi&oacute;n de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. La c&aacute;tedra de Roma es, ante todo, c&aacute;tedra de este credo. Desde lo alto de esta c&aacute;tedra, el Obispo de Roma debe repetir constantemente:&nbsp; <i>Dominus Iesus, <\/i>&quot;Jes&uacute;s es el Se&ntilde;or&quot;, como escribi&oacute; san Pablo en sus cartas a los Romanos (<i>Rm<\/i> 10, 9) y a los Corintios (<i>1 Co<\/i> 12, 3). A los Corintios, con particular &eacute;nfasis, les dijo:&nbsp; &quot;Pues aun cuando se les d&eacute; el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, (&#8230;) para nosotros no hay m&aacute;s que un solo Dios, el Padre; (&#8230;) y un solo Se&ntilde;or, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros&quot; (<i>1 Co<\/i> 8, 5-6). <\/p>\n<p> La c&aacute;tedra de Pedro obliga a quienes son sus titulares a decir, como ya hizo san Pedro en un momento de crisis de los disc&iacute;pulos, cuando muchos quer&iacute;an irse:&nbsp; &quot;Se&ntilde;or, &iquest;a qui&eacute;n vamos a ir? T&uacute; tienes palabras &nbsp;de &nbsp;vida &nbsp;eterna, &nbsp;y nosotros creemos y sabemos que t&uacute; eres el Santo de Dios&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 68-69). Aquel que se sienta en la c&aacute;tedra de Pedro debe recordar las palabras que el Se&ntilde;or dijo a Sim&oacute;n Pedro en la hora de la &uacute;ltima Cena:&nbsp; &quot;Y t&uacute;, una vez convertido, confirma a tus hermanos&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32). <\/p>\n<p> Aquel que es titular del ministerio petrino debe tener conciencia de que es un hombre fr&aacute;gil y d&eacute;bil, como son fr&aacute;giles y d&eacute;biles sus fuerzas, y necesita constantemente &nbsp;purificaci&oacute;n y conversi&oacute;n. Pero debe tener tambi&eacute;n conciencia de que del Se&ntilde;or le viene la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesi&oacute;n de Cristo crucificado y resucitado. <\/p>\n<p> En la primera carta de san Pablo a los Corintios encontramos la narraci&oacute;n m&aacute;s antigua que tenemos de la resurrecci&oacute;n. San Pablo la recogi&oacute; fielmente de los testigos. Esa narraci&oacute;n habla primero de la muerte del Se&ntilde;or por nuestros pecados, de su sepultura, &nbsp;de &nbsp;su resurrecci&oacute;n, que tuvo lugar &nbsp;al &nbsp;tercer d&iacute;a, y despu&eacute;s dice:&nbsp; &quot;Cristo se apareci&oacute; a Cefas y luego a los Doce&#8230;&quot; (<i>1 Co<\/i> 15, 4). As&iacute;, una vez m&aacute;s, se resume el significado del mandato conferido a Pedro hasta el fin de los tiempos:&nbsp; ser testigo de Cristo resucitado. <\/p>\n<p> El Obispo de Roma se sienta en su c&aacute;tedra para dar testimonio de Cristo. As&iacute;, la c&aacute;tedra es el s&iacute;mbolo de la <i>potestas docendi<\/i>, la potestad de ense&ntilde;ar, parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Se&ntilde;or a Pedro y, despu&eacute;s de &eacute;l, a los Doce. En la Iglesia, la sagrada Escritura, cuya comprensi&oacute;n crece bajo la inspiraci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, y el ministerio de la interpretaci&oacute;n aut&eacute;ntica, conferido a los Ap&oacute;stoles, se pertenecen uno al otro de modo indisoluble. <\/p>\n<p> Cuando la sagrada Escritura se separa de la voz viva de la Iglesia, pasa a ser objeto de las disputas de los expertos. Ciertamente, todo lo que los expertos tienen que decirnos es importante y valioso; el trabajo de los sabios nos ayuda en gran medida a comprender el proceso vivo con el que ha crecido la Escritura y as&iacute; apreciar su riqueza hist&oacute;rica. Pero la ciencia por s&iacute; sola no puede proporcionarnos una interpretaci&oacute;n definitiva y vinculante; no est&aacute; en condiciones de darnos, en la interpretaci&oacute;n, la certeza con la que podamos vivir y por la que tambi&eacute;n podamos morir. Para esto es necesario un mandato m&aacute;s grande, que no puede brotar &uacute;nica y exclusivamente de las capacidades humanas. Para esto se necesita la voz de la Iglesia viva, la Iglesia encomendada a Pedro y al Colegio de los Ap&oacute;stoles hasta el final de los tiempos. <\/p>\n<p> Esta potestad de ense&ntilde;anza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunci&oacute;n contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es as&iacute;. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de ense&ntilde;ar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. <\/p>\n<p> El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario:&nbsp; el ministerio del Papa es garant&iacute;a de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a s&iacute; mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptaci&oacute;n y alteraci&oacute;n, as&iacute; como frente a todo oportunismo. <\/p>\n<p> As&iacute; lo hizo el Papa Juan Pablo II, cuando, ante todos los intentos, aparentemente ben&eacute;volos con respecto al hombre, frente a las interpretaciones err&oacute;neas de la libertad, destac&oacute; de modo inequ&iacute;voco la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde la concepci&oacute;n hasta la muerte natural. La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiran&iacute;a que reduce al ser humano a la esclavitud. El Papa es consciente de que, en sus grandes decisiones, est&aacute; unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de peregrinaci&oacute;n de la Iglesia. As&iacute;, su poder no est&aacute; por encima, sino al servicio de la palabra de Dios, y tiene &nbsp;la &nbsp;responsabilidad de hacer que esta Palabra siga estando presente en su grandeza y resonando en su pureza, de modo que no la alteren los continuos cambios de las modas. <\/p>\n<p> La c&aacute;tedra es \u2014dig&aacute;moslo una vez m&aacute;s\u2014 s&iacute;mbolo de la potestad de ense&ntilde;anza, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la palabra de Dios, &iexcl;la verdad!, resplandezca entre nosotros, indic&aacute;ndonos el camino de la vida. Pero, hablando de la c&aacute;tedra del Obispo de Roma, &iquest;c&oacute;mo no recordar las palabras que san Ignacio de Antioqu&iacute;a escribi&oacute; a los Romanos? Pedro, procedente de Antioqu&iacute;a, su primera sede, se dirigi&oacute; a Roma, su sede definitiva. Una sede que se transform&oacute; en definitiva por el martirio con el que uni&oacute; para siempre su sucesi&oacute;n a Roma. Ignacio, por su parte, siendo obispo de Antioqu&iacute;a, se dirig&iacute;a a Roma para sufrir el martirio. <\/p>\n<p> En su carta a los Romanos se refiere a la Iglesia de Roma como a &quot;aquella que preside en el amor&quot;, expresi&oacute;n muy significativa. No sabemos con certeza qu&eacute; es lo que pensaba realmente Ignacio al usar estas palabras. Pero, para la Iglesia antigua, la palabra amor, <i>&aacute;gape<\/i>, alud&iacute;a al misterio de la Eucarist&iacute;a. En este misterio, el amor de Cristo se hace siempre tangible en medio de nosotros. Aqu&iacute;, &eacute;l se entrega siempre de nuevo. Aqu&iacute;, se hace traspasar el coraz&oacute;n siempre de nuevo; aqu&iacute;, mantiene su promesa, la promesa seg&uacute;n la cual, desde la cruz, atraer&iacute;a a todos a s&iacute;. <\/p>\n<p> En la Eucarist&iacute;a, nosotros aprendemos el amor de Cristo. Ha sido gracias a este centro y coraz&oacute;n, gracias a la Eucarist&iacute;a, como los santos han vivido, llevando de modos y formas siempre nuevos el amor de Dios al mundo. Gracias a la Eucarist&iacute;a, la Iglesia renace siempre de nuevo. La Iglesia es la red -la comunidad eucar&iacute;stica- en la que todos nosotros, al recibir al mismo Se&ntilde;or, nos transformamos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo. <\/p>\n<p> En definitiva, presidir en la doctrina y presidir en el amor deben ser una sola cosa:&nbsp; toda la doctrina de la Iglesia, en resumidas cuentas, conduce al amor. Y la Eucarist&iacute;a, como amor presente de Jesucristo, es el criterio de toda doctrina. Del amor dependen toda la Ley y los Profetas, dice el Se&ntilde;or (cf. <i>Mt<\/i> 22, 40). El amor es la Ley en su plenitud, escribi&oacute; san Pablo a los Romanos (cf. <i>Rm<\/i> 13, 10). <\/p>\n<p> Queridos romanos, ahora soy vuestro Obispo. Gracias por vuestra generosidad, gracias por vuestra simpat&iacute;a, gracias por vuestra &nbsp;paciencia conmigo. En cuanto cat&oacute;licos, todos somos, de alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n &nbsp;romanos. &nbsp;Con &nbsp;las &nbsp;palabras del salmo 87, un himno de alabanza a Si&oacute;n, madre de todos los pueblos, cantaba Israel y canta la Iglesia:&nbsp; &quot;Se dir&aacute; de Si&oacute;n:&nbsp; &quot;Uno por uno todos han nacido en ella&quot;&#8230;&quot; (v. 5). De modo semejante, tambi&eacute;n nosotros podr&iacute;amos decir:&nbsp; en cuanto cat&oacute;licos, todos hemos nacido, de alg&uacute;n modo, en Roma. As&iacute;, con todo mi coraz&oacute;n, quiero tratar de ser vuestro Obispo, el Obispo de Roma. Todos queremos tratar de ser cada vez m&aacute;s cat&oacute;licos, cada vez m&aacute;s hermanos y hermanas en la gran familia de Dios, la familia en la que no hay extranjeros. <\/p>\n<p> Por &uacute;ltimo, quisiera dar las gracias de coraz&oacute;n al vicario para la di&oacute;cesis de Roma, el querido cardenal Camillo Ruini, y tambi&eacute;n a los obispos auxiliares y a todos sus colaboradores. Doy las gracias de coraz&oacute;n a los p&aacute;rrocos, al clero de Roma y a todos los que, como fieles, contribuyen aqu&iacute; en la construcci&oacute;n de la casa viva de Dios. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI EN LA MISA DE TOMA DE POSESI&Oacute;N DE SU C&Aacute;TEDRA Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;nS&aacute;bado 7 de mayo de 2005 &nbsp; Queridos padres cardenales; amados hermanos en el episcopado; queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Este d&iacute;a, en el que por primera vez puedo tomar posesi&oacute;n de la c&aacute;tedra del Obispo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-2005-celebracion-eucaristica-y-toma-de-posesion-de-la-catedra-del-obispo-de-roma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de mayo de 2005: Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica y toma de posesi\u00f3n de la C\u00e1tedra del Obispo de Roma\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40680","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40680","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40680"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40680\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40680"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40680"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40680"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}