{"id":40683,"date":"2016-10-06T14:34:18","date_gmt":"2016-10-06T19:34:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2006-visperas-y-te-deum\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:18","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:18","slug":"31-de-diciembre-de-2006-visperas-y-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2006-visperas-y-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2006, V\u00edsperas y Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, <br \/>CON EL CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Domingo 31 de diciembre de 2006 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales;<br \/>venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado; <br \/>distinguidas autoridades; <br \/>queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>Nos hallamos reunidos en la bas&iacute;lica vaticana para dar gracias al Se&ntilde;or al terminar el a&ntilde;o y para cantar juntos el <i>Te Deum<\/i>. Os doy gracias a todos de coraz&oacute;n por haber querido uniros a m&iacute; en una circunstancia tan significativa. Saludo en primer lugar a los se&ntilde;ores cardenales, a los venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado, a los religiosos y las religiosas, a las personas consagradas y a los numerosos fieles laicos que representan a toda la comunidad eclesial de Roma.<br \/>Saludo en especial al alcalde de Roma y a las dem&aacute;s autoridades presentes. <\/p>\n<p>En esta tarde del 31 de diciembre se entrecruzan dos perspectivas diversas:&nbsp; la primera, vinculada al fin del a&ntilde;o civil; la segunda, a la solemnidad lit&uacute;rgica de Mar&iacute;a sant&iacute;sima Madre de Dios, que concluye la octava de la santa Navidad. El primer acontecimiento es com&uacute;n a todos; el segundo es propio de los cristianos. El entrecruzarse de las dos perspectivas confiere a esta celebraci&oacute;n vespertina un car&aacute;cter singular, en un clima espiritual particular que invita a la reflexi&oacute;n. <\/p>\n<p>El primer tema, muy sugestivo, est&aacute; vinculado a la dimensi&oacute;n del <i>tiempo<\/i>. En las &uacute;ltima horas de cada a&ntilde;o solar asistimos al repetirse de algunos &quot;ritos&quot; mundanos que, en el contexto actual, est&aacute;n marcados sobre todo por la diversi&oacute;n, con frecuencia vivida como evasi&oacute;n de la realidad, como para exorcizar los aspectos negativos y favorecer improbables golpes de suerte. <\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;n diversa debe ser la actitud de la comunidad cristiana! La Iglesia est&aacute; llamada a vivir estas horas haciendo suyos los sentimientos de la Virgen Mar&iacute;a. Juntamente con ella est&aacute; invitada a tener fija su mirada en el Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, nuevo Sol que ha surgido en el horizonte de la humanidad y, confortada por su luz, a apresurarse a presentarle &quot;las alegr&iacute;as y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 1). <\/p>\n<p>As&iacute; pues, se confrontan dos valoraciones de la dimensi&oacute;n &quot;tiempo&quot;:&nbsp; una cuantitativa y otra cualitativa. Por una parte, el ciclo solar, con sus ritmos; por otra, lo que san Pablo llama la &quot;plenitud de los tiempos&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4), es decir, el momento culminante de la historia del universo y del g&eacute;nero humano, cuando el Hijo de Dios naci&oacute; en el mundo. <\/p>\n<p>El tiempo de las promesas se cumpli&oacute; y, cuando el embarazo de Mar&iacute;a lleg&oacute; a su fin, &quot;la tierra \u2014como dice un salmo\u2014 dio su fruto&quot; (<i>Sal<\/i> 66, 7). La venida del Mes&iacute;as, anunciada por los profetas, es el acontecimiento cualitativamente m&aacute;s importante de toda la historia, a la que confiere su sentido &uacute;ltimo y pleno. Las coordenadas hist&oacute;rico-pol&iacute;ticas no condicionan las decisiones de Dios; el acontecimiento de la Encarnaci&oacute;n es el que &quot;llena&quot; de valor y de sentido la historia. <\/p>\n<p>Los que hemos nacido dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s de ese acontecimiento podemos afirmarlo \u2014por decirlo as&iacute;\u2014 tambi&eacute;n <i>a posteriori<\/i>, despu&eacute;s de haber conocido toda la vida de Jes&uacute;s, hasta su muerte y su resurrecci&oacute;n. Nosotros somos, a la vez, testigos de su gloria y de su humildad, del valor inmenso de su venida y del infinito respeto de Dios por los hombres y por nuestra historia. &Eacute;l no ha llenado el tiempo entrando en &eacute;l desde las alturas, sino &quot;desde dentro&quot;, haci&eacute;ndose una peque&ntilde;a semilla para llevar a la humanidad hasta su plena maduraci&oacute;n. <\/p>\n<p>Este estilo de Dios hizo que fuera necesario un largo tiempo de preparaci&oacute;n para llegar desde Abraham hasta Jesucristo, y que despu&eacute;s de la venida del Mes&iacute;as la historia no haya concluido, sino que haya continuado su curso, aparentemente igual, pero en realidad ya visitada por Dios y orientada hacia la segunda y definitiva venida del Se&ntilde;or al final de los tiempos. La maternidad de Mar&iacute;a, que es a la vez acontecimiento humano y divino, es s&iacute;mbolo real, y podr&iacute;amos decir, sacramento de todo ello. <\/p>\n<p>En el pasaje de la carta a los G&aacute;latas que acabamos de escuchar san Pablo afirma:&nbsp; &quot;Dios envi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4). Or&iacute;genes comenta:&nbsp; &quot;Mira bien que no dice:&nbsp; nacido <i>a trav&eacute;s de<\/i> una mujer; sino:&nbsp; nacido <i>de<\/i> una mujer&quot; (<i>Comentario a la carta a los G&aacute;latas<\/i>:&nbsp; <i>PG<\/i> 14, 1298).<br \/>Esta aguda observaci&oacute;n del gran exegeta y escritor eclesi&aacute;stico es importante porque, si el Hijo de Dios hubiera nacido solamente <i>a trav&eacute;s de<\/i> una mujer, en realidad no habr&iacute;a asumido nuestra humanidad, y esto es precisamente lo que hizo al tomar carne <i>de<\/i> Mar&iacute;a. <\/p>\n<p>Por consiguiente, la maternidad de Mar&iacute;a es verdadera y plenamente humana. En la frase &quot;Dios envi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer&quot; se halla condensada la verdad fundamental sobre Jes&uacute;s como Persona divina que asumi&oacute; plenamente nuestra naturaleza humana. &Eacute;l es el Hijo de Dios, fue engendrado por &eacute;l; y <i>al mismo tiempo <\/i>es hijo de una mujer, de Mar&iacute;a. Viene <i>de<\/i> ella. Es <i>de<\/i> Dios y <i>de<\/i> Mar&iacute;a. Por eso la Madre de Jes&uacute;s se puede y se debe llamar Madre de Dios. <\/p>\n<p>Es probable que este t&iacute;tulo, que en griego se dice <i>Theot&oacute;kos, <\/i>haya aparecido por primera vez precisamente en la regi&oacute;n de Alejandr&iacute;a de Egipto, donde vivi&oacute; Or&iacute;genes en la primera mitad del siglo III. Pero s&oacute;lo fue definido dogm&aacute;ticamente dos siglos despu&eacute;s, en el a&ntilde;o 431, por el concilio de &Eacute;feso, ciudad a la que tuve la alegr&iacute;a de acudir en peregrinaci&oacute;n hace un mes, durante el viaje apost&oacute;lico a Turqu&iacute;a. Precisamente teniendo presente esta inolvidable visita, &iquest;c&oacute;mo no expresar toda mi filial gratitud a la santa Madre de Dios por la especial protecci&oacute;n que me concedi&oacute; en esos d&iacute;as de gracia? <\/p>\n<p><i>Theot&oacute;kos<\/i>, Madre de Dios:&nbsp; cada vez que rezamos el <i>Ave Mar&iacute;a<\/i> nos dirigimos a la Virgen con este t&iacute;tulo, suplic&aacute;ndole que ruegue &quot;por nosotros, pecadores&quot;. Al finalizar un a&ntilde;o, sentimos la necesidad de invocar de modo muy especial la intercesi&oacute;n maternal de Mar&iacute;a sant&iacute;sima en favor de la ciudad de Roma, de Italia, de Europa y del mundo entero. A ella, que es la Madre de la Misericordia encarnada, le encomendamos sobre todo las situaciones a las que s&oacute;lo la gracia del Se&ntilde;or puede llevar paz, consuelo y justicia. <\/p>\n<p>&quot;Para Dios nada es imposible&quot;, dijo el &aacute;ngel &nbsp;a &nbsp;la &nbsp;Virgen &nbsp;cuando le anunci&oacute; su maternidad divina (cf. <i>Lc<\/i> 1, 37). Mar&iacute;a crey&oacute; y por eso es bienaventurada (cf. <i>Lc<\/i> 1, 45). Lo que resulta imposible para el hombre, es posible para quien cree (cf. <i>Mc<\/i> 9, 23). Por eso, al terminar el a&ntilde;o 2006, vislumbrando ya el alba del 2007, pidamos a la Madre de Dios que nos obtenga el don de una fe madura:&nbsp; una fe que quisi&eacute;ramos que se asemeje, en la medida de lo posible, a la suya; una fe n&iacute;tida, genuina, humilde y a la vez valiente, impregnada de esperanza y entusiasmo por el reino de Dios; una fe que no admita el fatalismo y est&eacute; abierta a cooperar en la voluntad de Dios con obediencia plena &nbsp;y gozosa, con la certeza &nbsp;absoluta &nbsp;de &nbsp;que &nbsp;lo &uacute;nico que Dios quiere siempre para todos es amor y vida. <\/p>\n<p>Oh Mar&iacute;a, alc&aacute;nzanos una fe aut&eacute;ntica y pura. <\/p>\n<p>Te damos gracias y te bendecimos siempre, santa Madre de Dios. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, CON EL CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica VaticanaDomingo 31 de diciembre de 2006 &nbsp; &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales;venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado; distinguidas autoridades; queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Nos hallamos reunidos en la bas&iacute;lica vaticana para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2006-visperas-y-te-deum\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 2006, V\u00edsperas y Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40683","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40683","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40683"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40683\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40683"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40683"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40683"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}