{"id":40684,"date":"2016-10-06T14:34:19","date_gmt":"2016-10-06T19:34:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2006-misa-de-nochebuena\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:19","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:19","slug":"24-de-diciembre-de-2006-misa-de-nochebuena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2006-misa-de-nochebuena\/","title":{"rendered":"24 de diciembre de 2006, Misa de Nochebuena"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE NOCHEBUENA <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo 24 de diciembre de 2006 <\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&iexcl;<i>Queridos hermanos y hermanas<\/i>! <\/p>\n<p>Acabamos de escuchar en el Evangelio lo que en la Noche santa los &Aacute;ngeles dijeron a los pastores y que ahora la Iglesia nos proclama: &laquo; Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mes&iacute;as, el Se&ntilde;or. Y aqu&iacute; ten&eacute;is una se&ntilde;al: encontrar&eacute;is un ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales y acostado en un pesebre &raquo; (<i>Lc<\/i> 2,11s.). Nada prodigioso, nada extraordinario, nada espectacular se les da como se&ntilde;al a los pastores. Ver&aacute;n solamente un ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales que, como todos los ni&ntilde;os, necesita los cuidados maternos; un ni&ntilde;o que ha nacido en un establo y que no est&aacute; acostado en una cuna, sino en un pesebre. La se&ntilde;al de Dios es el ni&ntilde;o, su necesidad de ayuda y su pobreza. S&oacute;lo con el coraz&oacute;n los pastores podr&aacute;n ver que en este ni&ntilde;o se ha realizado la promesa del profeta Isa&iacute;as que hemos escuchado en la primera lectura: &laquo; un ni&ntilde;o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Lleva al hombro el principado<font face=\"Times New Roman\"> &raquo;<\/font> (<i>Is<\/i> 9,5). Tampoco a nosotros se nos ha dado una se&ntilde;al diferente. El &aacute;ngel de Dios, a trav&eacute;s del mensaje del Evangelio, nos invita tambi&eacute;n a encaminarnos con el coraz&oacute;n para ver al ni&ntilde;o acostado en el pesebre. <\/p>\n<p>La se&ntilde;al de Dios es la sencillez. La se&ntilde;al de Dios es el ni&ntilde;o. La se&ntilde;al de Dios es que &Eacute;l se hace peque&ntilde;o por nosotros. &Eacute;ste es su modo de reinar. &Eacute;l no viene con poder&iacute;o y grandiosidad externas. Viene como ni&ntilde;o inerme y necesitado de nuestra ayuda. No quiere abrumarnos con la fuerza. Nos evita el temor ante su grandeza. Pide nuestro amor: por eso se hace ni&ntilde;o. No quiere de nosotros m&aacute;s que nuestro amor, a trav&eacute;s del cual aprendemos espont&aacute;neamente a entrar en sus sentimientos, en su pensamiento y en su voluntad: aprendamos a vivir con &Eacute;l y a practicar tambi&eacute;n con &Eacute;l la humildad de la renuncia que es parte esencial del amor. Dios se ha hecho peque&ntilde;o para que nosotros pudi&eacute;ramos comprenderlo, acogerlo, amarlo. Los Padres de la Iglesia, en su traducci&oacute;n griega del antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isa&iacute;as que tambi&eacute;n cita Pablo para mostrar c&oacute;mo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. All&iacute; se le&iacute;a: &laquo; Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado&raquo; (<i>Is<\/i> 10,23; <i>Rm<\/i> 9,28). Los Padres lo interpretaron en un doble sentido. El Hijo mismo es la Palabra, el <i>Logos<\/i>; la Palabra eterna se ha hecho peque&ntilde;a, tan peque&ntilde;a como para estar en un pesebre. Se ha hecho ni&ntilde;o para que la Palabra est&eacute; a nuestro alcance. Dios nos ense&ntilde;a as&iacute; a amar a los peque&ntilde;os. A amar a los d&eacute;biles. A respetar a los ni&ntilde;os. El ni&ntilde;o de Bel&eacute;n nos hace poner los ojos en todos los ni&ntilde;os que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos. En los ni&ntilde;os convertidos en soldados y encaminados a un mundo de violencia; en los ni&ntilde;os que tienen que mendigar; en los ni&ntilde;os que sufren la miseria y el hambre; en los ni&ntilde;os carentes de todo amor. En todos ellos, es el ni&ntilde;o de Bel&eacute;n quien nos reclama; nos interpela el Dios que se ha hecho peque&ntilde;o. En esta noche, oremos para que el resplandor del amor de Dios acaricie a todos estos ni&ntilde;os, y pidamos a Dios que nos ayude a hacer todo lo que est&eacute; en nuestra mano para que se respete la dignidad de los ni&ntilde;os; que nazca para todos la luz del amor, que el hombre necesita m&aacute;s que las cosas materiales necesarias para vivir. <\/p>\n<p>Con eso hemos llegado al segundo significado que los Padres han encontrado en la frase: &laquo; Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado &raquo;. A trav&eacute;s de los tiempos, la Palabra que Dios nos comunica en los libros de la Sagrada Escritura se hab&iacute;a hecho larga. Larga y complicada no s&oacute;lo para la gente sencilla y analfabeta, sino m&aacute;s todav&iacute;a para los conocedores de la Sagrada Escritura, para los eruditos que, como es notorio, se enredaban con los detalles y sus problemas sin conseguir pr&aacute;cticamente llegar a una visi&oacute;n de conjunto. Jes&uacute;s ha &laquo;hecho breve&raquo; la Palabra, nos ha dejado ver de nuevo su m&aacute;s profunda sencillez y unidad. Todo lo que nos ense&ntilde;an la Ley y los profetas se resume en esto: &laquo; Amar&aacute;s al Se&ntilde;or, tu Dios, con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma y con toda tu mente\u2026 Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo &raquo; (<i>Mt<\/i> 22,37-39). Esto es todo: la fe en su conjunto se reduce a este &uacute;nico acto de amor que incluye a Dios y a los hombres. Pero enseguida vuelven a surgir preguntas: &iquest;C&oacute;mo podemos amar a Dios con toda nuestra mente si apenas podemos encontrarlo con nuestra capacidad intelectual? &iquest;C&oacute;mo amarlo con todo nuestro coraz&oacute;n y nuestra alma si este coraz&oacute;n consigue s&oacute;lo vislumbrarlo de lejos y siente tantas cosas contradictorias en el mundo que nos oscurecen su rostro? Llegados a este punto, confluyen los dos modos en los cuales Dios ha &quot;hecho breve&quot; su Palabra. &Eacute;l ya no est&aacute; lejos. No es desconocido. No es inaccesible a nuestro coraz&oacute;n. Se ha hecho ni&ntilde;o por nosotros y as&iacute; ha disipado toda ambig&uuml;edad. Se ha hecho nuestro pr&oacute;jimo, restableciendo tambi&eacute;n de este modo la imagen del hombre que a menudo se nos presenta tan poco atrayente. Dios se ha hecho don por nosotros. Se ha dado a s&iacute; mismo. Por nosotros asume el tiempo. &Eacute;l, el Eterno que est&aacute; por encima del tiempo, ha asumido el tiempo, ha tomado consigo nuestro tiempo. Navidad se ha convertido en la fiesta de los regalos para imitar a Dios que se ha dado a s&iacute; mismo. &iexcl;Dejemos que esto haga mella en nuestro coraz&oacute;n, nuestra alma y nuestra mente! Entre tantos regalos que compramos y recibimos no olvidemos el verdadero regalo: darnos mutuamente algo de nosotros mismos. Darnos mutuamente nuestro tiempo. Abrir nuestro tiempo a Dios. As&iacute; la agitaci&oacute;n se apacigua. As&iacute; nace la alegr&iacute;a, surge la fiesta. Y en las comidas de estos d&iacute;as de fiesta recordemos la palabra del Se&ntilde;or: &laquo;Cuando des una comida o una cena, no invites a quienes corresponder&aacute;n invit&aacute;ndote, sino a los que nadie invita ni pueden invitarte&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 14,12-14). Precisamente, esto significa tambi&eacute;n: Cuando t&uacute; haces regalos en Navidad, no has de regalar algo s&oacute;lo a quienes, a su vez, te regalan, sino tambi&eacute;n a los que nadie hace regalos ni pueden darte nada a cambio. As&iacute; ha actuado Dios mismo: &Eacute;l nos invita a su banquete de bodas al que no podemos corresponder, sino que s&oacute;lo podemos aceptar con alegr&iacute;a. &iexcl;Imit&eacute;moslo! Amemos a Dios y, por &Eacute;l, tambi&eacute;n al hombre, para redescubrir despu&eacute;s de un modo nuevo a Dios a trav&eacute;s de los hombres.<\/p>\n<p>Finalmente, se manifiesta un tercer significado de la afirmaci&oacute;n sobre la Palabra hecha &laquo;breve&raquo; y &laquo;peque&ntilde;a&raquo;. A los pastores se les dijo que encontrar&iacute;an al ni&ntilde;o en un pesebre para animales, cuyo cobijo normal es el establo. Leyendo a Isa&iacute;as (1,3), los Padres han deducido que en el pesebre de Bel&eacute;n hab&iacute;a un buey y una mula. E interpretaron el texto en el sentido de que estos ser&iacute;an un s&iacute;mbolo de los jud&iacute;os y de los paganos \u2013por lo tanto, de la humanidad entera\u2013, los cuales precisan de un salvador, cada uno a su modo: del Dios que se ha hecho ni&ntilde;o. Para vivir, el hombre necesita pan, fruto de la tierra y de su trabajo. Pero no s&oacute;lo vive de pan. Necesita sustento para su alma: necesita un sentido que llene su vida. As&iacute;, para los Padres, el pesebre de los animales se ha convertido en el s&iacute;mbolo del altar sobre el que est&aacute; el Pan que es el propio Cristo: la verdadera comida para nuestros corazones. Y vemos una vez m&aacute;s c&oacute;mo &Eacute;l se hizo peque&ntilde;o: en la humilde apariencia de la hostia, de un pedacito de pan, &Eacute;l se da a s&iacute; mismo. <\/p>\n<p>De todo eso habla la se&ntilde;al que les fue dada a los pastores y que se nos da a nosotros: el ni&ntilde;o que se nos ha dado; el ni&ntilde;o en el cual Dios se ha hecho peque&ntilde;o por nosotros. Pidamos al Se&ntilde;or que nos d&eacute; la gracia de mirar esta noche el pesebre con la sencillez de los pastores para recibir as&iacute; la alegr&iacute;a con la que ellos tornaron a casa (cf. <i>Lc <\/i>2,20). Rogu&eacute;moslo que nos d&eacute; la humildad y la fe con la que san Jos&eacute; mir&oacute; al ni&ntilde;o que Mar&iacute;a hab&iacute;a concebido del Esp&iacute;ritu Santo. Pidamos que nos conceda mirarlo con el amor con el cual Mar&iacute;a lo contempl&oacute;. Y pidamos que la luz que vieron los pastores tambi&eacute;n nos ilumine y se cumpla en todo el mundo lo que los &aacute;ngeles cantaron en aquella noche: &laquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&raquo;. &iexcl;Am&eacute;n! <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE NOCHEBUENA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 24 de diciembre de 2006 &nbsp; &iexcl;Queridos hermanos y hermanas! 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