{"id":40687,"date":"2016-10-06T14:34:23","date_gmt":"2016-10-06T19:34:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-diciembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:23","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:23","slug":"1-de-diciembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-diciembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul\/","title":{"rendered":"1 de diciembre de 2006, Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la catedral del Esp\u00edritu Santo de Estambul"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD<br \/> BENEDICTO XVI<br \/> A TURQU&Iacute;A<br \/> (28 DE NOVIEMBRE &#8211; 1 DE DICIEMBRE 2006)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA CATEDRAL DEL ESP&Iacute;RITU SANTO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<br \/><\/font><\/b><br \/>Estambul, viernes 1 de diciembre de 2006<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p>Al concluir mi visita pastoral a Turqu&iacute;a, me alegra encontrarme con la comunidad cat&oacute;lica de Estambul y celebrar con ella la Eucarist&iacute;a para dar gracias al Se&ntilde;or por todos sus dones. Deseo saludar en primer lugar al Patriarca de Constantinopla, Su Santidad Bartolom&eacute; I, y al Patriarca armenio, Su Beatitud Mesrob II, mis venerados hermanos, que han querido unirse a nosotros para esta celebraci&oacute;n. Les expreso mi profunda gratitud por este gesto fraterno que honra a toda la comunidad cat&oacute;lica. <\/p>\n<p>Queridos hermanos e hijos de la Iglesia cat&oacute;lica, obispos, sacerdotes y di&aacute;conos, religiosos, religiosas y laicos, pertenecientes a las diferentes comunidades de la ciudad y a los diversos ritos de la Iglesia, os saludo a todos con alegr&iacute;a, dirigi&eacute;ndoos las palabras de san Pablo a los G&aacute;latas:&nbsp; &quot;Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>Ga<\/i> 1, 3). Deseo agradecer a las autoridades civiles presentes su amable acogida y de modo especial a todos los que han hecho posible la realizaci&oacute;n de este viaje. Saludo, por &uacute;ltimo, a los representantes de las dem&aacute;s comunidades eclesiales y de otras religiones que han querido estar aqu&iacute; presentes entre nosotros.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo no pensar en los diversos acontecimientos que precisamente aqu&iacute; forjaron nuestra historia com&uacute;n? Al mismo tiempo siento el deber de recordar de modo especial a los numerosos testigos del Evangelio de Cristo que nos impulsan a trabajar juntos por la unidad de todos sus disc&iacute;pulos en la verdad y en la caridad. <\/p>\n<p>En esta catedral del Esp&iacute;ritu Santo, deseo dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho en la historia de los hombres e invocar los dones del Esp&iacute;ritu de santidad sobre todos. Como nos acaba de recordar san Pablo, el Esp&iacute;ritu es la fuente permanente de nuestra fe y de nuestra unidad. &Eacute;l suscita en nosotros el verdadero conocimiento de Jes&uacute;s y pone en nuestros labios las palabras de fe para que reconozcamos al Se&ntilde;or. Despu&eacute;s de su confesi&oacute;n de fe en Cesarea de Filipo, Jes&uacute;s dijo a Pedro:&nbsp; &quot;Bienaventurado eres Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 17). <\/p>\n<p>S&iacute;, ciertamente somos bienaventurados cuando el Esp&iacute;ritu Santo nos dispone a la alegr&iacute;a de creer y nos introduce en la gran familia de los cristianos, su Iglesia, tan rica por su multiplicidad de dones, funciones y actividades, y al mismo tiempo una, pues &quot;es el mismo Dios que obra en todos&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 6). San Pablo a&ntilde;ade que &quot;a cada uno se le otorga la manifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu para provecho com&uacute;n&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 7). Manifestar el Esp&iacute;ritu, vivir seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu, no significa vivir s&oacute;lo para s&iacute; mismo, sino aprender a configurarse constantemente a s&iacute; mismo con Cristo Jes&uacute;s, convirti&eacute;ndose, como &eacute;l, en servidor de sus hermanos. <\/p>\n<p>He aqu&iacute; una ense&ntilde;anza muy concreta para cada uno de nosotros, obispos, llamados por el Se&ntilde;or a guiar a su pueblo haci&eacute;ndonos servidores como &eacute;l;&nbsp;esto vale tambi&eacute;n para todos los ministros del Se&ntilde;or, as&iacute; como para todos los fieles:&nbsp; al recibir el sacramento del Bautismo, todos fuimos inmersos en la muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, &quot;todos hemos bebido de un solo Esp&iacute;ritu&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 13) y la vida de Cristo se ha convertido en nuestra vida, para que vivamos como &eacute;l, para que amemos a nuestros hermanos como &eacute;l nos ha amado (cf. <i>Jn <\/i> 13, 34). <\/p>\n<p>Hace veintisiete a&ntilde;os, en esta misma catedral, mi predecesor el siervo de Dios Juan Pablo II expres&oacute; su deseo de que el alba del nuevo milenio &quot;se encuentre con una Iglesia que ha hallado su plena unidad, para testimoniar mejor, en medio de las tensiones exacerbadas de este mundo, el amor trascendente de Dios, manifestado en su Hijo Jesucristo&quot; (<i>Homil&iacute;a en la catedral del Esp&iacute;ritu Santo, en Estambul, <\/i>29 de noviembre de 1979, n. 5:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 9 de diciembre de 1979, p. 11). Ese anhelo no se ha cumplido a&uacute;n, pero sigue siendo el deseo del Papa, y nos impulsa, como disc&iacute;pulos de Cristo que avanzamos con nuestras dudas y limitaciones por el camino que lleva a la unidad, a actuar incesantemente &quot;por el bien de todos&quot;, situando la perspectiva ecum&eacute;nica en el primer lugar de nuestras preocupaciones eclesiales. As&iacute; viviremos de verdad seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or, al servicio del bien de todos. <\/p>\n<p>Reunidos esta ma&ntilde;ana en esta casa de oraci&oacute;n consagrada al Se&ntilde;or, &iquest;c&oacute;mo no evocar la otra hermosa imagen que usa san Pablo al hablar de la Iglesia:&nbsp; la imagen de la construcci&oacute;n cuyas piedras est&aacute;n firmemente ensambladas para formar un &uacute;nico edificio, y cuya piedra angular, en la cual todo se apoya, es Cristo? &Eacute;l es la fuente de la vida nueva que nos ha dado el Padre en el Esp&iacute;ritu Santo. El evangelio de san Juan lo acaba de proclamar:&nbsp; &quot;de su seno correr&aacute;n r&iacute;os de agua viva&quot; (<i>Jn<\/i> 7, 38). Esta agua que corre, esta agua viva que Jes&uacute;s prometi&oacute; a la samaritana, los profetas Zacar&iacute;as y Ezequiel la vieron brotar del costado del templo para hacer fecundas las aguas del Mar Muerto:&nbsp; una imagen maravillosa de la promesa de vida que Dios hizo siempre a su pueblo y que Jes&uacute;s vino a cumplir. <\/p>\n<p>En un mundo en el que los hombres son tan reacios a compartir entre s&iacute; los bienes de la tierra y en el que con raz&oacute;n comienza a preocupar la escasez de agua, un bien tan valioso para la vida del cuerpo, la Iglesia descubre que posee un tesoro a&uacute;n m&aacute;s grande. Como Cuerpo de Cristo, ha recibido la misi&oacute;n de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra (cf. <i>Mt <\/i>28, 19), es decir, transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la buena nueva, que no s&oacute;lo ilumina sino&nbsp;que tambi&eacute;n&nbsp;cambia su vida, hasta vencer incluso a la muerte. <\/p>\n<p>Esta buena nueva no es s&oacute;lo una palabra, sino una Persona; &iexcl;es Cristo mismo, resucitado, vivo! Por la gracia de los sacramentos, el agua que brot&oacute; de su costado abierto en la cruz, se ha convertido en una fuente rebosante, en &quot;r&iacute;os de agua viva&quot;, en un caudal que nadie puede detener y que da nueva vida. Los cristianos no pueden tener s&oacute;lo para s&iacute; lo que han recibido. No pueden confiscar este tesoro y esconder esta fuente. La misi&oacute;n de la Iglesia no es defender poderes ni obtener riquezas; su misi&oacute;n es dar a Cristo, compartir la vida de Cristo, el mayor bien para el hombre, que Dios mismo nos entrega en su Hijo. <\/p>\n<p>Hermanos y hermanas, vuestras comunidades caminan por el humilde sendero de la vida diaria en compa&ntilde;&iacute;a de personas que no comparten nuestra fe, pero &quot;que profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al Dios &uacute;nico y misericordioso&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>16). Sab&eacute;is bien que la Iglesia no quiere imponer nada a nadie, y que s&oacute;lo pide poder vivir en libertad para revelar a Aquel a quien no puede esconder, Cristo Jes&uacute;s, quien nos am&oacute; hasta el extremo en la cruz y nos entreg&oacute; su Esp&iacute;ritu, presencia viva de Dios entre nosotros y en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de nosotros mismos. <\/p>\n<p>Estad siempre abiertos al Esp&iacute;ritu de Cristo y, por tanto, sed sol&iacute;citos con los que tienen sed de justicia, de paz, de dignidad y de respeto por ellos mismos y por sus hermanos. Vivid entre vosotros de acuerdo con las palabras del Se&ntilde;or:&nbsp; &quot;En esto conocer&aacute;n todos que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os:&nbsp; si os ten&eacute;is amor los unos a los otros&quot; (<i>Jn <\/i>13, 35). <\/p>\n<p>Hermanos y hermanas, encomendemos ahora a la Virgen Mar&iacute;a, Madre de Dios y esclava del Se&ntilde;or, nuestro deseo de servir al Se&ntilde;or. Ella or&oacute; en el Cen&aacute;culo juntamente con la comunidad primitiva, a la espera de Pentecost&eacute;s. Junto con ella, pidamos a Cristo nuestro Se&ntilde;or:&nbsp; Env&iacute;a, Se&ntilde;or, tu Esp&iacute;ritu Santo sobre toda la Iglesia, para que habite en cada uno de sus miembros y los transforme en mensajeros de tu Evangelio. <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A TURQU&Iacute;A (28 DE NOVIEMBRE &#8211; 1 DE DICIEMBRE 2006) CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA CATEDRAL DEL ESP&Iacute;RITU SANTO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADREEstambul, viernes 1 de diciembre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Al concluir mi visita pastoral a Turqu&iacute;a, me alegra encontrarme con la comunidad cat&oacute;lica de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-diciembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de diciembre de 2006, Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la catedral del Esp\u00edritu Santo de Estambul\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40687","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40687","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40687"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40687\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40687"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40687"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40687"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}