{"id":40688,"date":"2016-10-06T14:34:25","date_gmt":"2016-10-06T19:34:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-el-santuario-de-la-casa-de-maria-en-efeso\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:25","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:25","slug":"29-de-noviembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-el-santuario-de-la-casa-de-maria-en-efeso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-el-santuario-de-la-casa-de-maria-en-efeso\/","title":{"rendered":"29 de noviembre de 2006, Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el Santuario de la Casa de Mar\u00eda, en \u00c9feso"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD<br \/> BENEDICTO XVI<br \/> A TURQU&Iacute;A<br \/> (28 DE NOVIEMBRE &#8211; 1 DE DICIEMBRE 2006)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL SANTUARIO DE LA CASA DE MAR&Iacute;A<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&Eacute;feso<br \/> Mi&eacute;rcoles 29 de noviembre de 2006<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>En esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica queremos alabar al Se&ntilde;or por la divina maternidad de Mar&iacute;a, misterio que aqu&iacute;, en &Eacute;feso, en el concilio ecum&eacute;nico del a&ntilde;o 431, fue solemnemente confesado y proclamado. A este lugar, uno de los m&aacute;s amados por la comunidad cristiana, vinieron en &nbsp;peregrinaci&oacute;n mis venerados predecesores los siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II, el cual visit&oacute; este santuario el 30 de noviembre de 1979, despu&eacute;s de poco m&aacute;s de un a&ntilde;o del inicio de su pontificado. <\/p>\n<p>Pero hay otro predecesor m&iacute;o que estuvo en este pa&iacute;s, no como Papa, sino como&nbsp;representante pontificio&nbsp;desde enero de 1935 hasta diciembre de 1944, y cuyo recuerdo&nbsp;suscita todav&iacute;a&nbsp;mucha devoci&oacute;n y simpat&iacute;a:&nbsp; el beato Juan XXIII, Angelo Roncalli. Sent&iacute;a gran estima y admiraci&oacute;n por el pueblo turco. A este respecto, me complace recordar una frase de su &quot;Diario del alma&quot;:&nbsp; &quot;Amo a los turcos, aprecio las cualidades naturales de este pueblo, que tiene un puesto preparado en el camino de la civilizaci&oacute;n&quot; (n. 741). <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, dej&oacute; como don a la Iglesia y al mundo una actitud espiritual de optimismo cristiano, fundamentado en una fe profunda y en una constante uni&oacute;n con Dios. Animado por este esp&iacute;ritu, me dirijo a esta naci&oacute;n, y en particular al &quot;peque&ntilde;o reba&ntilde;o&quot; de Cristo, que vive en medio de ella, para alentarlo y manifestarle la cercan&iacute;a de toda la Iglesia. <\/p>\n<p>Con gran afecto os saludo a todos vosotros, aqu&iacute; presentes, fieles de Esmirna, Mersin, Iskenderun y Antakia, y a otros venidos de diversas partes del mundo, as&iacute; como a los que no han podido participar en esta celebraci&oacute;n, pero que est&aacute;n unidos espiritualmente a nosotros. Saludo en particular a monse&ntilde;or Ruggero Franceschini, arzobispo de Esmirna; a monse&ntilde;or Giuseppe Bernardini, arzobispo em&eacute;rito de Esmirna; a monse&ntilde;or Luigi Padovese, a los sacerdotes y a las religiosas. Gracias por vuestra presencia, por vuestro testimonio y por vuestro servicio a la Iglesia en esta tierra bendita, en la que, en sus or&iacute;genes, la comunidad cristiana experiment&oacute; un gran desarrollo, como lo atestiguan tambi&eacute;n los numerosos peregrinos que vienen a Turqu&iacute;a. <\/p>\n<p><i>Madre de Dios &#8211; Madre de la Iglesia <\/i> <\/p>\n<p>Hemos escuchado el pasaje del evangelio de san Juan que invita a contemplar el momento de la Redenci&oacute;n, cuando Mar&iacute;a, unida al Hijo en el ofrecimiento del Sacrificio, extendi&oacute; su maternidad a todos los hombres y, en particular, a los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>El autor del cuarto Evangelio, san Juan, el &uacute;nico de los ap&oacute;stoles que permaneci&oacute; en el G&oacute;lgota junto a la Madre de Jes&uacute;s y a otras mujeres, fue testigo privilegiado de ese acontecimiento. La maternidad de Mar&iacute;a, que comenz&oacute; con el <i>fiat<\/i> de Nazaret, culmina bajo la cruz. Si es verdad, como observa san Anselmo, que &quot;desde el momento del <i>fiat<\/i> Mar&iacute;a comenz&oacute; a llevarnos a todos en su seno&quot;, la vocaci&oacute;n y misi&oacute;n materna de la Virgen con respecto a los creyentes en Cristo comenz&oacute; efectivamente cuando Cristo le dijo:&nbsp; &quot;Mujer, ah&iacute; tienes a tu hijo&quot; (<i>Jn<\/i> 19, 26). <\/p>\n<p>Viendo desde lo alto de la cruz a su Madre y a su lado al disc&iacute;pulo amado, Cristo agonizante reconoci&oacute; la primicia de la nueva familia que hab&iacute;a venido a formar en el mundo, el germen de la Iglesia y de la nueva humanidad. Por eso, se dirigi&oacute; a Mar&iacute;a llam&aacute;ndola &quot;mujer&quot; y no &quot;madre&quot;; t&eacute;rmino que sin embargo utiliz&oacute; al encomendarla al disc&iacute;pulo:&nbsp; &quot;Ah&iacute; tienes a tu madre&quot; (<i>Jn<\/i> 19, 27). <br \/> El Hijo de Dios cumpli&oacute; as&iacute; su misi&oacute;n:&nbsp; nacido de la Virgen para compartir en todo, excepto en el pecado, nuestra condici&oacute;n humana, en el momento de regresar al Padre dej&oacute; en el mundo el sacramento de la unidad del g&eacute;nero humano (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 1):&nbsp; la familia &quot;congregada por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&quot; (san Cipriano, <i>De Orat. Dom<\/i>. 23:&nbsp; <i>PL<\/i> 4, 536), cuyo n&uacute;cleo primordial es precisamente este v&iacute;nculo nuevo entre la Madre y el disc&iacute;pulo. De este modo, quedan unidas de manera indisoluble la <i>maternidad divina <\/i>y la <i>maternidad eclesial<\/i>. <\/p>\n<p><i>Madre de Dios &#8211; Madre de la unidad <\/i> <\/p>\n<p>La primera lectura nos ha presentado lo que se puede definir como el &quot;evangelio&quot; del Ap&oacute;stol de las gentes:&nbsp; todos, incluso &nbsp;los &nbsp;paganos, &nbsp;est&aacute;n &nbsp;llamados en &nbsp;Cristo &nbsp;a &nbsp;participar &nbsp;plenamente en el misterio de la salvaci&oacute;n. En particular, el texto &nbsp;contiene la expresi&oacute;n que he escogido &nbsp;como &nbsp;lema de mi viaje apost&oacute;lico:&nbsp;&quot;&Eacute;l, Cristo, es nuestra paz&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14). <\/p>\n<p>Inspirado por el Esp&iacute;ritu Santo, san Pablo no s&oacute;lo afirma que Jesucristo nos ha tra&iacute;do la paz, sino tambi&eacute;n que &eacute;l &quot;es&quot; nuestra paz. Y justifica esa afirmaci&oacute;n refiri&eacute;ndose al misterio de la cruz:&nbsp; al derramar &quot;su sangre&quot;, dice, ofreciendo en sacrificio &quot;su carne&quot;, Jes&uacute;s destruy&oacute; la enemistad &quot;para crear en s&iacute; mismo, de los dos, un solo hombre nuevo&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14-16). <\/p>\n<p>El Ap&oacute;stol explica de qu&eacute; forma, realmente imprevisible, la paz mesi&aacute;nica se realiz&oacute; en la persona misma de Cristo y en su misterio salv&iacute;fico. Lo explica escribiendo, mientras se encuentra prisionero, a la comunidad cristiana que viv&iacute;a aqu&iacute;, en &Eacute;feso:&nbsp;&quot;a los santos que est&aacute;n en&nbsp;&Eacute;feso, fieles en Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Ef<\/i>&nbsp;1,&nbsp;1), como afirma al inicio de la carta. El Ap&oacute;stol les desea &quot;gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>Ef <\/i>1, 2). <\/p>\n<p>&quot;Gracia&quot; es la fuerza que transforma al hombre y al mundo; &quot;paz&quot; es el fruto maduro de esta transformaci&oacute;n. Cristo es la gracia, Cristo es la paz. San Pablo es consciente de haber sido enviado a anunciar un &quot;misterio&quot;, es decir, un designio divino que s&oacute;lo se ha realizado y revelado en la plenitud de los tiempos en Cristo; es decir, &quot;que los gentiles son coherederos, miembros del mismo Cuerpo y part&iacute;cipes de la misma promesa en Cristo Jes&uacute;s por medio del Evangelio&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 6). <\/p>\n<p>En el plan hist&oacute;rico-salv&iacute;fico, este &quot;misterio&quot; se realiza &quot;en la Iglesia&quot;, el pueblo nuevo en el que jud&iacute;os y paganos, destruido el viejo muro de separaci&oacute;n, se vuelven a encontrar unidos. Como Cristo, la Iglesia no s&oacute;lo es un <i> instrumento<\/i> de la unidad; tambi&eacute;n es un <i>signo eficaz<\/i>. Y la Virgen Mar&iacute;a, Madre de Cristo y de la Iglesia, es la <i>Madre<\/i> de ese <i>misterio de unidad<\/i> que Cristo y la Iglesia representan inseparablemente y construyen en el mundo y a lo largo de la historia.<\/p>\n<p><i>Imploramos paz para Jerusal&eacute;n y para todo el mund<\/i>o <\/p>\n<p>El Ap&oacute;stol de los gentiles explica que Cristo es quien &quot;de los dos pueblos hizo uno&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14):&nbsp; esta afirmaci&oacute;n se refiere propiamente a la relaci&oacute;n entre jud&iacute;os y &nbsp;gentiles en orden al misterio de la salvaci&oacute;n &nbsp;eterna; sin embargo, la afirmaci&oacute;n puede ampliarse, por analog&iacute;a, a las relaciones entre los pueblos y las civilizaciones presentes en el mundo. Cristo &quot;vino a anunciar la paz&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 17), no s&oacute;lo entre jud&iacute;os y no jud&iacute;os, sino tambi&eacute;n entre todas las naciones, porque todas proceden del mismo Dios, &uacute;nico Creador y Se&ntilde;or del universo. <\/p>\n<p>Confortados por la palabra de Dios, desde aqu&iacute;, desde &Eacute;feso, ciudad bendecida por la presencia de Mar&iacute;a sant&iacute;sima \u2014que, como sabemos, es amada y venerada tambi&eacute;n por los musulmanes\u2014, <i>elevamos al Se&ntilde;or una oraci&oacute;n especial por la paz entre los pueblos<\/i>. <\/p>\n<p>Desde este extremo de la pen&iacute;nsula de Anatolia, puente natural entre continentes, invocamos paz y reconciliaci&oacute;n ante todo para quienes viven en la Tierra que llamamos &quot;santa&quot;, y que as&iacute; es considerada &nbsp;por los cristianos, los jud&iacute;os y los musulmanes:&nbsp; es la tierra de Abraham, de Isaac y de Jacob, destinada a albergar un pueblo que llegara a ser bendici&oacute;n para todas las naciones (cf. <i>Gn<\/i> 12, 1-3). <\/p>\n<p>&iexcl;Paz para toda la humanidad! Ojal&aacute; que se cumpla pronto la profec&iacute;a de Isa&iacute;as:&nbsp; &quot;De las espadas forjar&aacute;n arados, de las lanzas podaderas. No alzar&aacute; la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrar&aacute;n para la guerra&quot; (<i>Is <\/i>2, 4). Todos necesitamos esta paz universal; la Iglesia no s&oacute;lo est&aacute; llamada a anunciarla de modo prof&eacute;tico; m&aacute;s a&uacute;n, debe ser su &quot;signo e instrumento&quot;. Precisamente desde esta perspectiva universal de pacificaci&oacute;n, se hace m&aacute;s profundo e intenso el anhelo hacia <i>la plena comuni&oacute;n y concordia entre todos los cristianos<\/i>. <\/p>\n<p>En esta celebraci&oacute;n se hallan presentes fieles cat&oacute;licos de varios ritos, y esto es motivo de alegr&iacute;a y alabanza a Dios. Esos ritos son expresi&oacute;n de la admirable variedad con la que est&aacute; adornada la Esposa de Cristo, con tal de que converjan en la unidad y en el testimonio com&uacute;n. Para este fin debe ser ejemplar la unidad entre los Ordinarios en la Conferencia episcopal, en la comuni&oacute;n y compartiendo los esfuerzos pastorales. <\/p>\n<p><i>Magn&iacute;ficat<\/i> <\/p>\n<p>La liturgia de hoy nos ha hecho repetir, como estribillo del salmo responsorial, el c&aacute;ntico de alabanza que la Virgen de Nazaret proclam&oacute; en el encuentro con su anciana pariente Isabel (cf.<i>&nbsp;Lc<\/i> 1, 39). Tambi&eacute;n han sido consoladoras para nuestro coraz&oacute;n las palabras del salmista:&nbsp; &quot;La misericordia y la verdad se encuentran; la justicia y la paz se besan&quot; (<i>Sal<\/i> 84, 11). <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, con esta visita he querido manifestar no s&oacute;lo mi amor y mi cercan&iacute;a espiritual, sino tambi&eacute;n los de la Iglesia universal, a la comunidad cristiana que aqu&iacute;, en Turqu&iacute;a, es realmente una peque&ntilde;a minor&iacute;a y afronta cada d&iacute;a no pocos desaf&iacute;os y dificultades. <\/p>\n<p>Con firme confianza cantemos, junto con Mar&iacute;a, el &quot;magn&iacute;ficat&quot; de la alabanza y &nbsp;la acci&oacute;n de gracias a Dios, que mira la humildad de su sierva (cf. <i>Lc<\/i> 1, 47-48). Cant&eacute;moslo con alegr&iacute;a incluso cuando afrontamos dificultades y peligros, como lo atestigua el hermoso testimonio del sacerdote romano don Andrea Santoro, a quien me complace recordar tambi&eacute;n en nuestra celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a nos ense&ntilde;a que la fuente de nuestra alegr&iacute;a y nuestro &uacute;nico apoyo firme es Cristo y nos repite sus palabras:&nbsp; &quot;No teng&aacute;is miedo&quot; (<i>Mc<\/i> 6, 50), &quot;Yo estoy con vosotros&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 20). Y t&uacute;, Madre de la Iglesia, acompa&ntilde;a siempre nuestro camino. Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios, &iexcl;ruega por nosotros! &quot;<i>Aziz Meryem Mesih&#8217;in Annesi bizim i&ccedil;in Dua et<\/i>&quot;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A TURQU&Iacute;A (28 DE NOVIEMBRE &#8211; 1 DE DICIEMBRE 2006) SANTA MISA EN EL SANTUARIO DE LA CASA DE MAR&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE &Eacute;feso Mi&eacute;rcoles 29 de noviembre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; En esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica queremos alabar al Se&ntilde;or por la divina maternidad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-2006-celebracion-eucaristica-en-el-santuario-de-la-casa-de-maria-en-efeso\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de noviembre de 2006, Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el Santuario de la Casa de Mar\u00eda, en \u00c9feso\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40688","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40688","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40688"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40688\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40688"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40688"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40688"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}