{"id":40689,"date":"2016-10-06T14:34:26","date_gmt":"2016-10-06T19:34:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-noviembre-de-2006-santa-misa-con-los-obispos-de-suiza\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:26","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:26","slug":"7-de-noviembre-de-2006-santa-misa-con-los-obispos-de-suiza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-noviembre-de-2006-santa-misa-con-los-obispos-de-suiza\/","title":{"rendered":"7 de noviembre de 2006, Santa misa con los obispos de Suiza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA CONCELEBRADA CON LOS OBISPOS DE SUIZA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/p>\n<p> <\/b> <\/font><i><font color=\"#663300\">Capilla &quot;Redemptoris Mater&quot; <br \/>Martes 7 de noviembre de 2006<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos en el episcopado: <\/i> <\/p>\n<p>Los textos que acabamos de escuchar <font face=\"Times New Roman\"> &#x2015;<\/font>la lectura, el salmo responsorial y el evangelio&#x2015; tienen un tema com&uacute;n, que se podr&iacute;a resumir en la frase: Dios no fracasa. O, m&aacute;s exactamente: al inicio Dios fracasa siempre, deja actuar la libertad del hombre, y esta dice continuamente &quot;no&quot;. Pero la creatividad de Dios, la fuerza creadora de su amor, es m&aacute;s grande que el &quot;no&quot; humano. A cada &quot;no&quot; humano se abre una nueva dimensi&oacute;n de su amor, y &eacute;l encuentra un camino nuevo, mayor, para realizar su &quot;s&iacute;&quot; al hombre, a su historia y a la creaci&oacute;n. <\/p>\n<p>En el gran himno a Cristo de la carta a los Filipenses, que hemos proclamado al inicio, escuchamos ante todo una alusi&oacute;n a la historia de Ad&aacute;n, al cual no satisfac&iacute;a la amistad con Dios; era demasiado poco para &eacute;l, pues quer&iacute;a ser &eacute;l mismo un dios. Crey&oacute; que su amistad era una dependencia y se consider&oacute; un dios, como si &eacute;l pudiera existir por s&iacute; mismo. Por esta raz&oacute;n dijo &quot;no&quot; para llegar a ser &eacute;l mismo un dios; y precisamente de ese modo se arroj&oacute; &eacute;l mismo desde su altura. Dios &quot;fracasa&quot; en Ad&aacute;n, como fracasa aparentemente a lo largo de toda la historia. Pero Dios no fracasa, puesto que &eacute;l mismo se hace hombre y as&iacute; da origen a una nueva humanidad; de esta forma enraiza el ser Dios en el ser hombre de modo irrevocable y desciende hasta los abismos m&aacute;s profundos del ser humano; se abaja hasta la cruz. Ha vencido la soberbia con la humildad y con la obediencia de la cruz. <\/p>\n<p>As&iacute;, ahora acontece lo que hab&iacute;a profetizado Isa&iacute;as, en el cap&iacute;tulo 45. En la &eacute;poca en que Israel se hallaba desterrado y hab&iacute;a desaparecido del mapa, el profeta hab&iacute;a predicho que &quot;toda rodilla&quot; (v. 23), el mundo entero, se doblar&iacute;a ante este Dios impotente. Y la carta a los Filipenses lo confirma: ahora eso se ha hecho realidad. A trav&eacute;s de la cruz de Cristo Dios se ha acercado a todas las gentes; ha salido de Israel y se ha convertido en el Dios del mundo. Y ahora el cosmos dobla sus rodillas ante Jesucristo, cosa que tambi&eacute;n nosotros hoy podemos constatar de modo sorprendente: el crucifijo est&aacute; presente en todos los continentes, hasta en las m&aacute;s humildes chabolas. El Dios que hab&iacute;a &quot;fracasado&quot;, ahora con su amor hace que el hombre doble sus rodillas; as&iacute; vence al mundo con su amor. <\/p>\n<p>Como salmo responsorial hemos cantado la segunda parte del salmo de la pasi&oacute;n (<i>Sal <\/i>22). Es el salmo del justo que sufre; ante todo de Israel que sufre, el cual, ante el Dios mudo que lo ha abandonado, grita: &quot;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado? &iquest;C&oacute;mo has podido olvidarte de m&iacute;? Ahora ya casi no existo. T&uacute; ya no act&uacute;as, ya no hablas&#8230; &iquest;Por qu&eacute; me has abandonado?&quot;. Jes&uacute;s se identifica con el Israel sufriente, con los justos de todos los tiempos que sufren, abandonados por Dios, y lleva ese grito de abandono de Dios, el sufrimiento de la persona olvidada, hasta el coraz&oacute;n de Dios mismo; as&iacute; transforma el mundo. <\/p>\n<p>La segunda parte de este salmo, la que hemos recitado, nos dice qu&eacute; deriva de ello:&nbsp;los pobres comer&aacute;n hasta saciarse. Es la Eucarist&iacute;a universal que procede de la cruz. Ahora Dios sacia a los hombres en todo el mundo, a los pobres que tienen necesidad de &eacute;l. &Eacute;l los sacia con el alimento que necesitan: les da a Dios, se da a s&iacute; mismo. Y luego el salmo dice: &quot;Volver&aacute;n al Se&ntilde;or hasta de los confines del orbe&quot;. De la cruz nace la Iglesia universal. Dios va m&aacute;s all&aacute; del juda&iacute;smo y abraza al mundo entero para unirlo en el banquete de los pobres. <\/p>\n<p>Luego, est&aacute; el mensaje del evangelio. De nuevo el fracaso de Dios. Los primeros en ser invitados se excusan y no van. La sala de Dios se queda vac&iacute;a; el banquete parece haber sido preparado en vano. Es lo que Jes&uacute;s experimenta en la fase final de su actividad: los grupos oficiales, autorizados, dicen &quot;no&quot; a la invitaci&oacute;n de Dios, que es &eacute;l mismo. No acuden. Su mensaje, su llamada, acaba en el &quot;no&quot; de los hombres. <\/p>\n<p>Sin embargo, tampoco aqu&iacute; fracasa Dios. La sala vac&iacute;a se convierte en una oportunidad para llamar a un n&uacute;mero mayor de personas. El amor de Dios, la invitaci&oacute;n de Dios, se extiende. San Lucas nos narra esto en dos fases: primero, la invitaci&oacute;n se dirige a los pobres, a los abandonados, a los que nadie invita en esa misma ciudad. De ese modo, Dios hace lo que escuchamos en el evangelio de ayer. (El evangelio de hoy forma parte de un peque&ntilde;o simposio en el marco de una cena en casa de un fariseo. Encontramos cuatro textos: primero, la curaci&oacute;n del hidr&oacute;pico; luego, las palabras sobre los &uacute;ltimos puestos; despu&eacute;s, la ense&ntilde;anza de no invitar a los amigos, que se lo pagar&aacute;n invit&aacute;ndolo a su vez, sino a los que realmente tienen hambre, los cuales no podr&aacute;n pag&aacute;rselo con una invitaci&oacute;n; por &uacute;ltimo viene precisamente nuestro relato). Dios hace ahora lo que dijo Jes&uacute;s al fariseo: invita a los que no poseen nada, a los que realmente tienen hambre, a los que no pueden invitarlo, a los que no pueden darle nada. Entonces viene la segunda fase: sale de la ciudad, a los caminos, e invita a los vagabundos. <\/p>\n<p>Podemos suponer que san Lucas con esas dos fases quiere dar a entender que los primeros en entrar a la sala son los pobres de Israel, y luego, dado que no son suficientes, pues la sala de Dios es m&aacute;s grande, la invitaci&oacute;n se extiende, fuera de la ciudad santa, hasta el mundo de los gentiles.<br \/>Los que no pertenecen a Dios, los que est&aacute;n fuera, son invitados para llenar la sala. Y seguramente san Lucas, que nos ha transmitido este evangelio, ha visto en ello la representaci&oacute;n anticipada &#x2015;mediante una imagen&#x2015; de los acontecimientos que narra despu&eacute;s en los Hechos de los Ap&oacute;stoles, donde sucede eso precisamente: san Pablo siempre comienza su misi&oacute;n en la sinagoga, dirigi&eacute;ndose a los que han sido invitados en primer lugar, y s&oacute;lo cuando las personas autorizadas rechazan la invitaci&oacute;n y queda solamente un peque&ntilde;o grupo de pobres, sale y se dirige a los paganos. <\/p>\n<p>As&iacute;, el Evangelio, a trav&eacute;s de este itinerario constante de crucifixi&oacute;n, se hace universal, abraza a todos, llegando finalmente hasta Roma. En Roma san Pablo llama a los jefes de la sinagoga, les anuncia el misterio de Jesucristo, el reino de Dios en su persona. Pero las personas autorizadas rechazan la invitaci&oacute;n, y &eacute;l se despide de ellas con estas palabras: &quot;Bien, dado que no escuch&aacute;is, este mensaje se anuncia a los paganos y ellos lo escuchar&aacute;n&quot;. <\/p>\n<p>Con esa confianza se concluye el mensaje del fracaso: &quot;ellos lo escuchar&aacute;n&quot;. Se formar&aacute; la Iglesia de los paganos. Y se form&oacute;, y sigue form&aacute;ndose. Durante las visitas <i>ad limina<\/i> los obispos me refieren muchas cosas graves y duras, pero siempre, precisamente los del tercer mundo, me dicen tambi&eacute;n que los hombres escuchan y vienen; que tambi&eacute;n hoy el mensaje llega por los caminos hasta los confines de la tierra, y los hombres acuden a la sala de Dios, a su banquete. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, debemos preguntarnos: &iquest;Qu&eacute; significa todo eso para nosotros? Ante todo tenemos una certeza:&nbsp;Dios no fracasa. &quot;Fracasa&quot; continuamente, pero en realidad no fracasa, pues de ello saca nuevas oportunidades de misericordia mayor, y su creatividad es inagotable. No fracasa porque siempre encuentra modos nuevos de llegar a los hombres y abrir m&aacute;s su gran casa, a fin de que se llene del todo. No fracasa porque no renuncia a pedir a los hombres que vengan a sentarse a su mesa, a tomar el alimento de los pobres, en el que se ofrece el don precioso que es &eacute;l mismo. Dios tampoco fracasa hoy. Aunque muchas veces nos respondan &quot;no&quot;, podemos tener la seguridad de que Dios no fracasa. Toda esta historia, desde Ad&aacute;n, nos deja una lecci&oacute;n: Dios no fracasa.<br \/>Tambi&eacute;n hoy encontrar&aacute; nuevos caminos para llamar a los hombres y quiere contar con nosotros como sus mensajeros y sus servidores. <\/p>\n<p>Precisamente en nuestro tiempo constatamos c&oacute;mo los primeros invitados dicen &quot;no&quot;. En efecto, la cristiandad occidental, o sea, los nuevos &quot;primeros invitados&quot; en gran parte ahora se excusan, no tienen tiempo para ir al banquete del Se&ntilde;or. Vemos c&oacute;mo las iglesias est&aacute;n cada vez m&aacute;s vac&iacute;as; los seminarios siguen vaci&aacute;ndose, las casas religiosas est&aacute;n cada vez m&aacute;s vac&iacute;as. Vemos las diversas formas como se presenta este &quot;no, tengo cosas m&aacute;s importantes que hacer&quot;. Y nos asusta y nos entristece constatar c&oacute;mo se excusan y no acuden los primeros invitados, que en realidad deber&iacute;an conocer la grandeza de la invitaci&oacute;n y deber&iacute;an sentirse impulsados a aceptarla. &iquest;Qu&eacute; debemos hacer? <\/p>\n<p>Ante todo debemos plantearnos la pregunta: &iquest;por qu&eacute; sucede precisamente eso? En su par&aacute;bola, el Se&ntilde;or cita dos motivos: la posesi&oacute;n y las relaciones humanas, que absorben a las personas hasta el punto de que creen que no tienen necesidad de nada m&aacute;s para llenar totalmente su tiempo y, por consiguiente, su existencia interior. <\/p>\n<p>San Gregorio Magno, en su exposici&oacute;n de este texto, trat&oacute; de ir m&aacute;s a fondo y se pregunt&oacute;: &quot;&iquest;C&oacute;mo es posible que un hombre diga &quot;no&quot; a lo m&aacute;s grande que hay, que no tenga tiempo para lo m&aacute;s importante; que limite a s&iacute; mismo toda su existencia?&quot;. Y responde:&nbsp;en realidad, nunca han hecho la experiencia de Dios; nunca han llegado a &quot;gustar&quot; a Dios; nunca han experimentado cu&aacute;n delicioso es ser &quot;tocados&quot; por Dios. Les falta este &quot;contacto&quot; y, por tanto, el &quot;gusto de Dios&quot;. Y nosotros s&oacute;lo vamos al banquete si, por decirlo as&iacute;, lo gustamos. San Gregorio cita el salmo del que est&aacute; tomada la ant&iacute;fona de comuni&oacute;n de la liturgia de hoy: &quot;Gustad y ved&quot;; gustad y entonces ver&eacute;is y ser&eacute;is iluminados. Nuestra tarea consiste en ayudar a las personas a gustar, a sentir de nuevo el gusto de Dios. <\/p>\n<p>En otra homil&iacute;a, san Gregorio Magno profundiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s la misma cuesti&oacute;n, y se pregunt&oacute;: &quot;&iquest;C&oacute;mo es posible que el hombre no quiera ni tan s&oacute;lo &quot;probar&quot; el gusto de Dios?&quot;. Y responde: cuando el hombre est&aacute; completamente ocupado con su mundo, con las cosas materiales, con lo que puede hacer, con todo lo que es factible y le lleva al &eacute;xito, con todo lo que puede producir o comprender por s&iacute; mismo, entonces su capacidad de percibir a Dios se debilita, el &oacute;rgano para ver a Dios se atrofia, resulta incapaz de percibir y se vuelve insensible. Ya no percibe lo divino, porque el &oacute;rgano correspondiente se ha atrofiado en &eacute;l, no se ha desarrollado. Cuando utiliza demasiado todos los dem&aacute;s &oacute;rganos, los emp&iacute;ricos, entonces puede ocurrir que precisamente el sentido de Dios se debilite, que este &oacute;rgano muera, y que el hombre, como dice san Gregorio, no perciba ya la mirada de Dios, el ser mirado por &eacute;l, la realidad tan maravillosa que es el hecho de que su mirada se fije en m&iacute;. <\/p>\n<p>Creo que san Gregorio Magno describi&oacute; exactamente la situaci&oacute;n de nuestro tiempo. En efecto, su &eacute;poca era muy semejante a la nuestra. Aqu&iacute; nos surge otra vez la pregunta: &iquest;qu&eacute; debemos hacer? Lo primero que debemos hacer es lo que el Se&ntilde;or nos dice hoy en la primera lectura y que san Pablo nos recomienda encarecidamente en nombre de Dios: &quot;Tened los mismos sentimientos de Jesucristo&quot; (<i>Touto phroneite en hymin ho kai en Christo Iesou<\/i>). <\/p>\n<p>Aprended a pensar como pensaba Cristo; aprended a pensar como &eacute;l. Este pensar no es s&oacute;lo una actividad del entendimiento, sino tambi&eacute;n del coraz&oacute;n. Aprendemos los sentimientos de Jesucristo cuando aprendemos a pensar como &eacute;l y, por tanto, cuando aprendemos a pensar tambi&eacute;n en su fracaso, en su experiencia de fracaso, y en el hecho de que increment&oacute; su amor en el fracaso. <\/p>\n<p> Si tenemos sus mismos sentimientos, si comenzamos a ejercitarnos en pensar como &eacute;l y con &eacute;l, entonces se despierta en nosotros la alegr&iacute;a con respecto a Dios, la convicci&oacute;n de que &eacute;l es siempre el m&aacute;s fuerte. S&iacute;, podemos decir que se despierta en nosotros el amor a &eacute;l. Experimentamos la alegr&iacute;a de saber que existe y podemos conocerlo, que lo conocemos en el rostro de Jesucristo, el cual sufri&oacute; por nosotros. Creo que lo primero es entrar nosotros mismos en contacto &iacute;ntimo con Dios, con el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, el Dios vivo; que en nosotros se fortalezca el &oacute;rgano para percibir a Dios; que percibamos en nosotros mismos su &quot;gusto exquisito&quot;. <\/p>\n<p>Eso dar&aacute; alma a nuestra actividad, pues tambi&eacute;n nosotros corremos el peligro de trabajar mucho, en el campo eclesi&aacute;stico, haci&eacute;ndolo todo por Dios, pero totalmente absorbidos por la actividad, sin encontrar a Dios. Los compromisos ocupan el lugar de la fe, pero est&aacute;n vac&iacute;os en su interior.<\/p>\n<p>Por eso, creo que debemos esforzarnos sobre todo por escuchar al Se&ntilde;or, en la oraci&oacute;n, con una participaci&oacute;n &iacute;ntima en los sacramentos, aprendiendo los sentimientos de Dios en el rostro y en los sufrimientos de los hombres, para que as&iacute; se nos contagie su alegr&iacute;a, su celo, su amor, y para mirar al mundo como &eacute;l y desde &eacute;l. Si logramos hacer esto, entonces tambi&eacute;n en medio de tantos &quot;no&quot; encontraremos de nuevo a los hombres que lo esperan y que a menudo tal vez son caprichosos &#x2015;como dice claramente la par&aacute;bola&#x2015;, pero que desde luego est&aacute;n llamados a entrar en su sala.<\/p>\n<p>Una vez m&aacute;s, con otras palabras, se trata de la centralidad de Dios; y no precisamente de un Dios cualquiera, sino del Dios que tiene el rostro de Jesucristo. Esto es muy importante hoy. Se podr&iacute;an enumerar muchos problemas que existen en la actualidad y que es preciso resolver, pero todos ellos s&oacute;lo se pueden resolver si se pone a Dios en el centro, si Dios resulta de nuevo visible en el mundo, si llega a ser decisivo en nuestra vida y si entra tambi&eacute;n en el mundo de un modo decisivo a trav&eacute;s de nosotros. <\/p>\n<p>A mi parecer, el destino del mundo en esta situaci&oacute;n dram&aacute;tica depende de esto: de si Dios, el Dios de Jesucristo, est&aacute; presente y si es reconocido como tal, o si desaparece. Nosotros queremos que est&eacute; presente. En definitiva, &iquest;qu&eacute; debemos hacer para ello? Dirigirnos a &eacute;l. Celebrar la misa votiva del Esp&iacute;ritu Santo, invoc&aacute;ndolo: &quot;<i>Lava quod est sordidum, riga quod est aridum, sana quod est saucium. Flecte quod est rigidum, fove quod est frigidum, rege quod est devium<\/i>&quot; (Lava lo que est&aacute; sucio, riega lo que est&aacute; seco, sana lo que est&aacute; herido. Dobla lo que est&aacute; r&iacute;gido, calienta lo que est&aacute; fr&iacute;o, endereza lo que est&aacute; torcido). <\/p>\n<p>Invoqu&eacute;moslo para que riegue, caliente, enderece; para que nos infunda la fuerza de su fuego santo y renueve la faz de la tierra. Por eso le suplicamos de todo coraz&oacute;n en este momento, en estos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA CONCELEBRADA CON LOS OBISPOS DE SUIZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Capilla &quot;Redemptoris Mater&quot; Martes 7 de noviembre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos en el episcopado: Los textos que acabamos de escuchar &#x2015;la lectura, el salmo responsorial y el evangelio&#x2015; tienen un tema com&uacute;n, que se podr&iacute;a resumir en la frase: Dios no &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-noviembre-de-2006-santa-misa-con-los-obispos-de-suiza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de noviembre de 2006, Santa misa con los obispos de Suiza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40689","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40689","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40689"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40689\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40689"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40689"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40689"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}