{"id":40692,"date":"2016-10-06T14:34:30","date_gmt":"2016-10-06T19:34:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-mario-francesco-pompedda\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:30","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:30","slug":"20-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-mario-francesco-pompedda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-mario-francesco-pompedda\/","title":{"rendered":"20 de octubre de 2006, Exequias en sufragio del cardenal Mario Francesco Pompedda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI<br \/>&nbsp;DURANTE LA MISA DE EXEQUIAS <br \/>DEL CARDENAL MARIO FRANCESCO POMPEDDA<\/font><\/b><\/p>\n<p>Viernes 20 de octubre de 2006 <\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp;<\/i><\/p>\n<p>Despu&eacute;s de pocos d&iacute;as, nos reunimos de nuevo en oraci&oacute;n para despedirnos de otro hermano nuestro, el cardenal Mario Francesco Pompedda, al que el Se&ntilde;or &nbsp;ha &nbsp;llamado a s&iacute;, tras un largo per&iacute;odo de sufrimiento. En estos momentos de tristeza y de dolor viene en nuestra ayuda la palabra de Dios, que ilumina nuestra fe y sostiene nuestra esperanza:&nbsp; la muerte no tiene la &uacute;ltima palabra sobre el destino del hombre. &quot;La vida (&#8230;) no termina &#x2015;afirma la liturgia&#x2015;, se transforma, y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi&oacute;n eterna en el cielo&quot; (<i>Prefacio I de difuntos<\/i>). <\/p>\n<p>En la primera lectura, tomada del libro del profeta Ezequiel, hemos escuchado palabras llenas de consolaci&oacute;n:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; que yo voy a hacer entrar el esp&iacute;ritu en vosotros, y vivir&eacute;is. (&#8230;) Sabr&eacute;is que yo soy el Se&ntilde;or&quot; (<i>Ez<\/i> 37, 5-6). La visi&oacute;n del profeta nos proyecta hacia el triunfo definitivo de Dios, cuando har&aacute; que los muertos resuciten a la vida sin fin. La descripci&oacute;n que traza Ezequiel de &quot;un ej&eacute;rcito enorme, inmenso&quot; nos hace pensar en una multitud de salvados, entre los cuales nos complace pensar que se encuentra tambi&eacute;n este hermano nuestro. Jes&uacute;s dice en el evangelio:&nbsp; &quot;El que cree en m&iacute;, aunque muera, vivir&aacute;; y todo el que vive y cree en m&iacute;, no morir&aacute; jam&aacute;s&quot; (<i>Jn<\/i> 11, 25-26). <\/p>\n<p>Con esta certeza vivi&oacute; y muri&oacute; el cardenal Mario Francesco Pompedda. Naci&oacute; el 18 de abril de 1929 en Ozieri, Cerde&ntilde;a, y despu&eacute;s de realizar sus estudios de primaria en el seminario arzobispal de S&aacute;ssari, y los de bachillerato en el seminario regional de C&aacute;gliari, complet&oacute; su formaci&oacute;n filos&oacute;fica, teol&oacute;gica y jur&iacute;dica en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana, el Pontificio Instituto B&iacute;blico y la Pontificia Universidad Lateranense. Obtuvo el t&iacute;tulo de abogado rotal frecuentando el &quot;Studium Sacrae Romanae Rotae&quot;. <\/p>\n<p>Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de hace cincuenta y cinco a&ntilde;os en esta misma bas&iacute;lica de San Pedro. Y tambi&eacute;n en esta bas&iacute;lica fue consagrado obispo por mi predecesor el siervo de Dios Juan Pablo II con el t&iacute;tulo arzobispal de Bisarcio, el 6 de enero de 1998. Hoy, tambi&eacute;n en la bas&iacute;lica de San Pedro, se celebra su funeral. <\/p>\n<p>Dedic&oacute; toda su vida al servicio de la Santa Sede desde que, en 1955, comenz&oacute; a trabajar en el Tribunal de la Rota romana con diversos cargos hasta el nombramiento de defensor del v&iacute;nculo y seguidamente, en 1969, de prelado auditor. En 1993 fue nombrado decano de ese tribunal apost&oacute;lico y presidente del tribunal de apelaci&oacute;n del Estado de la Ciudad del Vaticano. <\/p>\n<p>Su preparaci&oacute;n teol&oacute;gica, b&iacute;blica y especialmente jur&iacute;dica lo convirti&oacute; en un colaborador competente de varios dicasterios de la Curia romana, hasta asumir la elevada responsabilidad de prefecto del Tribunal supremo de la Signatura apost&oacute;lica, y presidente del Tribunal de apelaci&oacute;n del Estado de la Ciudad del Vaticano. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s del trabajo diario en la Rota romana y luego en la Signatura apost&oacute;lica, de la ense&ntilde;anza en la facultad de derecho can&oacute;nico de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Ateneo romano de la Santa Cruz, el cardenal Pompedda realiz&oacute; actividad pastoral, ejerciendo el ministerio sacerdotal durante cerca de treinta a&ntilde;os en la parroquia de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe en monte Mario. <\/p>\n<p>A todos aquellos con quienes se encontraba les comunicaba la solidez de su fe e iluminaba su conciencia con los principios y las ense&ntilde;anzas de la doctrina &nbsp;cat&oacute;lica. Con los l&iacute;mites de toda criatura &nbsp;humana, se esforz&oacute; por servir a Cristo sirviendo a la Iglesia, colaborando con el Sucesor de Pedro en todas las diversas misiones que se le fueron encomendando. Cuando hace cinco a&ntilde;os, el 21 de febrero de 2001, fue creado cardenal por el amado Juan Pablo II, sinti&oacute; a&uacute;n m&aacute;s el valor y la responsabilidad de deber servir y testimoniar el Evangelio &quot;usque ad effusionem sanguinis&quot;. <\/p>\n<p>El &uacute;ltimo tramo de su camino terreno estuvo marcado por una enfermedad que pr&aacute;cticamente le impidi&oacute; llevar a cabo cualquier tipo de actividad. As&iacute;, unido a la pasi&oacute;n de Cristo, este amigo y hermano nuestro tuvo que separarse progresivamente de todo, para abandonarse sin reservas a la voluntad divina. <\/p>\n<p>&quot;<i>Soli Deo<\/i>&quot; fue el lema que eligi&oacute; cuando fue nombrado arzobispo; s&oacute;lo en Dios pudo encontrar verdadero consuelo en los momentos de sufrimiento y prueba, y ahora es &eacute;l, el Padre celestial, quien le abre de par en par los brazos de su amor misericordioso. <\/p>\n<p>San Pablo recuerda en la carta a los Romanos:&nbsp; &quot;La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav&iacute;a pecadores, muri&oacute; por nosotros. &iexcl;Con cu&aacute;nta m&aacute;s raz&oacute;n, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por &eacute;l salvos de la c&oacute;lera!&quot; (<i>Rm<\/i> 5, 8-9). La confianza en Cristo gui&oacute; siempre, pero de modo especial en los &uacute;ltimos meses, la existencia del cardenal Pompedda, cuya alma encomendamos ahora a la misericordia del Padre. <\/p>\n<p>Cu&aacute;n consoladoras resuenan, a este respecto, las palabras que hemos escuchado hace unos minutos en el evangelio:&nbsp; &quot;Esta es la voluntad de mi Padre:&nbsp; que todo el que vea al Hijo y crea en &eacute;l, tenga vida eterna; y yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 40). El que cree en Cristo &nbsp;tiene &nbsp;la &nbsp;vida eterna. Jes&uacute;s no elimina &nbsp;la muerte. La muerte sigue siendo &nbsp;una &nbsp;deuda pesada, que es preciso pagar a nuestro l&iacute;mite humano y al poder del mal. <\/p>\n<p>Sin embargo, con su resurrecci&oacute;n, &eacute;l venci&oacute; la muerte para siempre. Y con &eacute;l la vencieron tambi&eacute;n los que en &eacute;l creen y de su plenitud reciben gracia por gracia (cf. <i>Jn <\/i>1, 16). Esta conciencia &iacute;ntima ilumina y orienta la existencia de todos los creyentes. El cardenal Mario Francesco Pompedda muri&oacute; con la certeza de que Cristo es el vencedor de la muerte y con la esperanza de que &eacute;l lo resucitar&aacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a. <\/p>\n<p>Al partir de este mundo, lo acompa&ntilde;amos con nuestra oraci&oacute;n fraterna, encomend&aacute;ndolo a la protecci&oacute;n celestial de Mar&iacute;a. Que el Se&ntilde;or le conceda, por intercesi&oacute;n de la Virgen sant&iacute;sima, el descanso prometido a sus amigos, y en su misericordia lo introduzca en el reino de la luz y de la paz. <\/p>\n<p>Reunidos con afecto en torno a los restos mortales del cardenal Pompedda, pidamos a Dios la gracia de vivir constantemente proyectados hacia Cristo que, &quot;tomando sobre s&iacute; nuestra muerte, nos libr&oacute; de la muerte y, sacrificando su vida, nos abri&oacute; las puertas de la vida inmortal&quot;&nbsp;(<i>Prefacio II de difuntos<\/i>). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> &nbsp; <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI&nbsp;DURANTE LA MISA DE EXEQUIAS DEL CARDENAL MARIO FRANCESCO POMPEDDA Viernes 20 de octubre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Despu&eacute;s de pocos d&iacute;as, nos reunimos de nuevo en oraci&oacute;n para despedirnos de otro hermano nuestro, el cardenal Mario Francesco Pompedda, al que el Se&ntilde;or &nbsp;ha &nbsp;llamado a s&iacute;, tras &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-mario-francesco-pompedda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab20 de octubre de 2006, Exequias en sufragio del cardenal Mario Francesco Pompedda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40692","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40692","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40692"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40692\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40692"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40692"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40692"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}