{"id":40694,"date":"2016-10-06T14:34:33","date_gmt":"2016-10-06T19:34:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-dino-monduzzi\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:33","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:33","slug":"16-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-dino-monduzzi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-octubre-de-2006-exequias-en-sufragio-del-cardenal-dino-monduzzi\/","title":{"rendered":"16 de octubre de 2006, Exequias en sufragio del cardenal Dino Monduzzi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/>EN EL FUNERAL DEL CARDENAL DINO MONDUZZI<\/font><\/b><\/p>\n<p>Lunes 16 de octubre de 2006<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>Con esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica despedimos a nuestro querido cardenal Monduzzi. Ante el silencio de la muerte, al desvanecerse las expectativas humanas, sentimos viva &nbsp;la esperanza cristiana que, m&aacute;s all&aacute; &nbsp;de &nbsp;las apariencias, descubre el amor de Dios, fiel a sus promesas. <\/p>\n<p>En la primera &nbsp;lectura que se acaba de proclamar hemos escuchado estas palabras:&nbsp; &quot;Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar&aacute;n&quot; (<i>Dn<\/i> 12, 2). Y el profeta Daniel a&ntilde;ade:&nbsp; &quot;Los doctos brillar&aacute;n como el fulgor del firmamento, y los que ense&ntilde;aron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad&quot; (<i>Dn<\/i> 12, 3). <\/p>\n<p>Este texto sagrado destaca la sabidur&iacute;a de quien ha puesto su esperanza &uacute;nicamente en el Se&ntilde;or y ha ense&ntilde;ado a los dem&aacute;s a hacer lo mismo. Este, al final de su existencia terrena, no quedar&aacute; defraudado, porque participar&aacute; de la misma luz divina y recibir&aacute; de Dios la vida que no tiene fin. <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico nos ofrece la consoladora certeza de que nadie es excluido del amor de Aquel que, en Cristo, &quot;nos ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz&quot; (<i>Col<\/i> 1, 12). El Se&ntilde;or Jes&uacute;s nos asegura que &quot;en la casa de mi Padre hay muchas moradas (&#8230;). Cuando haya ido y os haya preparado&nbsp;un lugar,&nbsp;volver&eacute; y os tomar&eacute; conmigo, para que donde est&eacute; yo est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 2-3). Jes&uacute;s pronunci&oacute; estas palabras en el clima de intimidad del Cen&aacute;culo, poco antes del inicio de su pasi&oacute;n. <\/p>\n<p>Como a los disc&iacute;pulos, tambi&eacute;n a nosotros hoy Jes&uacute;s nos dirige su exhortaci&oacute;n a afrontar las vicisitudes de la vida con plena confianza en su presencia misteriosa, que nos acompa&ntilde;a en todos los momentos, especialmente en los m&aacute;s dif&iacute;ciles. En la hora de la prueba y del abandono escuchamos estas palabras suyas, fuente de consolaci&oacute;n:&nbsp; &quot;No se turbe vuestro coraz&oacute;n. Cre&eacute;is en Dios:&nbsp; creed tambi&eacute;n en m&iacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 1). La esperanza cristiana, arraigada en una fe s&oacute;lida en la palabra de Cristo, es el ancla de salvaci&oacute;n que nos ayuda a vencer las dificultades aparentemente insuperables y nos permite vislumbrar la luz de la alegr&iacute;a tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de la oscuridad del dolor y de la muerte. <\/p>\n<p>Nos alegra pensar que el querido cardenal Monduzzi se encuentra entre los brazos amorosos del Padre celestial, que lo ha llamado a s&iacute; despu&eacute;s de una larga y dolorosa enfermedad. Repasemos con la memoria su larga existencia, animada por una fe evang&eacute;lica sencilla y profunda, recibida desde su m&aacute;s tierna infancia en la familia y en la comunidad cristiana de Brisighella, donde naci&oacute; el 2 de abril de 1922. Gracias al ejemplo y a las ense&ntilde;anzas de sus padres, de los sacerdotes y los educadores de la asociaci&oacute;n de Acci&oacute;n cat&oacute;lica, en la que ingres&oacute; desde su adolescencia, el Se&ntilde;or prepar&oacute; su coraz&oacute;n para recibir el gran don de la vocaci&oacute;n sacerdotal. Respondi&oacute; con prontitud y generosidad a la llamada de Dios, entrando muy joven a&uacute;n en el seminario diocesano de Faenza, donde realiz&oacute; sus estudios de secundaria, as&iacute; como los teol&oacute;gicos. <\/p>\n<p>Ordenado sacerdote en 1945, en Brisighella, comenz&oacute; su ministerio sacerdotal en la di&oacute;cesis; seguidamente fue enviado a Roma, donde, terminados los estudios jur&iacute;dicos, fue llamado a formar parte del grupo de sacerdotes y laicos comprometidos en interesantes actividades pastorales encaminadas a la renovaci&oacute;n religiosa y moral, denominadas &quot;misiones sociales&quot;. Esa forma moderna de evangelizaci&oacute;n lo llev&oacute; a Calabria y a Cerde&ntilde;a, y lo prepar&oacute; para el compromiso, pr&aacute;cticamente pionero, de capell&aacute;n de los braceros y los campesinos en el Instituto para la reforma agraria, de Fucino, que tantas esperanzas suscitaba en una zona caracterizada por una intensa depresi&oacute;n humana. Durante casi un decenio, con paciencia, tenacidad y empe&ntilde;o, estuvo presente entre las familias, en las obras de construcci&oacute;n y en los centros parroquiales. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de esos intensos a&ntilde;os de trabajo apost&oacute;lico, en 1959 fue llamado al servicio de la Santa Sede para desempe&ntilde;ar el cargo de secretario de la Oficina del maestro de c&aacute;mara y, en 1967, tras la reforma de la Curia realizada por el siervo de Dios Pablo VI, fue nombrado secretario y regente del Palacio apost&oacute;lico. Su largo y apreciado servicio a cuatro Pont&iacute;fices culmin&oacute; en 1986 con el nombramiento de prefecto de la Casa pontificia y con la elevaci&oacute;n a obispo titular de Capri. <\/p>\n<p>En ese cargo confirm&oacute; sus extraordinarias cualidades organizativas, tanto en la actividad ordinaria de la Prefectura de la Casa pontificia como en los viajes apost&oacute;licos del Papa en Italia. Como conclusi&oacute;n de una larga y fiel colaboraci&oacute;n con el Sucesor de Pedro, el siervo de Dios Juan Pablo II, en el consistorio p&uacute;blico del 21 de febrero de 1998, lo incluy&oacute; entre los miembros del Colegio cardenalicio. <\/p>\n<p>En la segunda lectura que se ha proclamado en nuestra asamblea orante, el ap&oacute;stol san Pablo recuerda a los Filipenses que &quot;nuestra patria est&aacute; en el cielo, de donde esperamos como Salvador al Se&ntilde;or Jesucristo, el cual transfigurar&aacute; este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 20-21). <\/p>\n<p>El cardenal Monduzzi, despu&eacute;s de un largo itinerario humano y sacerdotal, llega ahora a la patria celestial, patria prometida a los que consagran su vida al servicio de Dios y de los hermanos. Por el reino de los cielos trabaj&oacute;, viendo en los encuentros con la gente ocasiones valiosas para suscitar la nostalgia de las cosas de arriba y el amor a la Iglesia, &quot;germen e inicio&quot; del reino de Dios. <\/p>\n<p>Se sent&iacute;a un humilde colaborador de la misi&oacute;n que Cristo encomend&oacute; a Pedro y a sus Sucesores. Como prefecto de la Casa pontificia se encontr&oacute; con los hombres m&aacute;s poderosos de la tierra, a los que acogi&oacute; con la cortes&iacute;a, la cordialidad y la simpat&iacute;a que brotaban de su fe convencida y de sus or&iacute;genes roma&ntilde;olos. Al tratar con ellos, al igual que con las personas comunes que se dirig&iacute;an a &eacute;l present&aacute;ndole todo tipo de peticiones, tanto al organizar grandes momentos eclesiales como en el ejercicio ordinario de su ministerio de prefecto de la Casa pontificia, se inspiraba constantemente en el lema episcopal que hab&iacute;a elegido:&nbsp; &quot;<i>Patientiam praeficere caritati<\/i>&quot;. En efecto, en todas las circunstancias supo encontrar en la virtud de la paciencia el camino real para conformar su vida a la de Cristo, soportando dificultades y sufrimientos, y tratando de practicar la caridad con todos. <\/p>\n<p>Lo encomendamos ahora a la paternal bondad de Dios, que transfigurar&aacute; su cuerpo consumido por la enfermedad en el cuerpo glorioso de Cristo. Al tributar al querido cardenal Monduzzi la &uacute;ltima despedida, damos gracias al Se&ntilde;or por el bien que realiz&oacute; y, al mismo tiempo, invocamos para &eacute;l la misericordia divina. <\/p>\n<p>Quiera Dios que &eacute;l, que fue llamado a encargarse de la Casa del Vicario de Cristo y que hab&iacute;a hecho de la acogida una dimensi&oacute;n primaria de su vida sacerdotal, encuentre en el Se&ntilde;or Jes&uacute;s al amigo fiel que lo tome consigo para asignarle un lugar en la casa del Padre, morada de luz y de paz. <\/p>\n<p>Que la Virgen Mar&iacute;a, a la que am&oacute; tiernamente, se muestre a &eacute;l como Madre de misericordia y lo acoja en la comuni&oacute;n de los santos. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI EN EL FUNERAL DEL CARDENAL DINO MONDUZZI Lunes 16 de octubre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Con esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica despedimos a nuestro querido cardenal Monduzzi. 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