{"id":40695,"date":"2016-10-06T14:34:34","date_gmt":"2016-10-06T19:34:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-octubre-de-2006-misa-de-canonizacion-de-cuatro-beatos\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:34","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:34","slug":"15-de-octubre-de-2006-misa-de-canonizacion-de-cuatro-beatos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-octubre-de-2006-misa-de-canonizacion-de-cuatro-beatos\/","title":{"rendered":"15 de octubre de 2006, Misa de canonizaci\u00f3n de cuatro beatos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI <br \/>EN LA SOLEMNE CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>PARA LA CANONIZACI&Oacute;N DE CUATRO BEATOS <\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 15 de octubre de 2006<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>Cuatro nuevos santos se proponen hoy a la veneraci&oacute;n de la Iglesia universal:&nbsp; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20061015_valencia_sp.html\">Rafael Gu&iacute;zar y Valencia<\/a>, <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20061015_smaldone_sp.html\"> Felipe Smaldone<\/a>, Rosa Venerini y <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20061015_guerin_sp.html\"> Teodora Gu&eacute;rin<\/a><\/i>. Sus nombres se recordar&aacute;n siempre. Por contraste, viene a la mente inmediatamente el &quot;joven rico&quot;, del que habla el evangelio reci&eacute;n proclamado. Este joven ha permanecido an&oacute;nimo; si hubiera respondido positivamente a la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s, se habr&iacute;a convertido en su disc&iacute;pulo y probablemente los evangelistas habr&iacute;an registrado su nombre. Este hecho permite vislumbrar enseguida el tema de la liturgia de la Palabra de este domingo:&nbsp; si el hombre pone su seguridad en las riquezas de este mundo no alcanza el sentido pleno de la vida y la verdadera alegr&iacute;a; por el contrario, si, fi&aacute;ndose de la palabra de Dios, renuncia a s&iacute; mismo y a sus bienes por el reino de los cielos, aparentemente pierde mucho, pero en realidad lo gana todo. <\/p>\n<p>El santo es precisamente aquel hombre, aquella mujer que, respondiendo con alegr&iacute;a y generosidad a la llamada de Cristo, lo deja todo por seguirlo. Como Pedro y los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, como santa Teresa de Jes&uacute;s, a la que hoy recordamos, y como otros innumerables amigos de Dios, tambi&eacute;n los nuevos santos recorrieron este itinerario evang&eacute;lico, que es exigente pero colma el coraz&oacute;n, y recibieron &quot;cien veces m&aacute;s&quot; ya en la vida terrena, juntamente con pruebas y persecuciones, y despu&eacute;s la vida eterna. <\/p>\n<p>Por tanto, Jes&uacute;s puede en verdad garantizar una existencia feliz y la vida eterna, pero por un camino diverso del que imaginaba el joven rico, es decir, no mediante una obra buena, un servicio legal, sino con la elecci&oacute;n del reino de Dios como &quot;perla preciosa&quot; por la cual vale la pena vender todo lo que se posee (cf. <i>Mt<\/i> 13, 45-46). El joven rico no logra dar este paso. A pesar de haber sido alcanzado por la mirada llena de amor de Jes&uacute;s (cf. <i>Mc<\/i> 10, 21), su coraz&oacute;n no logr&oacute; desapegarse de los numerosos bienes que pose&iacute;a. <br \/> &nbsp;<\/p>\n<p>Por eso Jes&uacute;s da esta ense&ntilde;anza a los disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil es que los que tienen riquezas entren en el reino de Dios!&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 23). Las riquezas terrenas ocupan y preocupan la mente y el coraz&oacute;n. Jes&uacute;s no dice que sean malas, sino que alejan de Dios si, por decirlo as&iacute;, no se &quot;invierten&quot; en el reino de los cielos, es decir, si no se emplean para ayudar a los pobres. <\/p>\n<p>Comprender esto es fruto de la sabidur&iacute;a de la que habla la primera lectura. Esta sabidur&iacute;a <font face=\"Times New Roman\">&#x2015;<\/font>nos dice&#x2015; es m&aacute;s valiosa que la plata y el oro, a&uacute;n m&aacute;s que la belleza, la salud y la luz misma, &quot;porque su resplandor no tiene ocaso&quot; (<i>Sb<\/i> 7, 10). Obviamente, esta sabidur&iacute;a no se reduce &uacute;nicamente a la dimensi&oacute;n intelectual. Es mucho m&aacute;s; es &quot;sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n&quot;, como la llama el salmo 89. Es un don que viene de lo alto (cf. <i>St<\/i> 3, 17), de Dios, y se obtiene con la oraci&oacute;n (cf. <i>Sb<\/i> 7, 7). <\/p>\n<p>En efecto, esta sabidur&iacute;a no ha permanecido lejos del hombre, se ha acercado a su coraz&oacute;n (cf. <i>Dt<\/i> 30, 14), tomando forma en la ley de la primera alianza sellada entre Dios e Israel a trav&eacute;s de Mois&eacute;s. El Dec&aacute;logo contiene la sabidur&iacute;a de Dios. Por eso Jes&uacute;s afirma en el Evangelio que para &quot;entrar en la vida&quot; es necesario cumplir los mandamientos (cf. <i>Mc<\/i> 10, 19). Es necesario, pero no suficiente, pues, como dice san Pablo, la salvaci&oacute;n no viene de la ley, sino de la gracia. Y san Juan recuerda que la ley la dio Mois&eacute;s, mientras que la gracia y la verdad han venido por medio de Jesucristo (cf. <i>Jn<\/i> 1, 17). <\/p>\n<p>Por tanto, para alcanzar la salvaci&oacute;n es preciso abrirse en la fe a la gracia de Cristo, el cual, sin embargo, pone una condici&oacute;n exigente a quien se dirige a &eacute;l:&nbsp; &quot;Ven y s&iacute;gueme&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 21). Los santos han tenido la humildad y la valent&iacute;a de responderle &quot;s&iacute;&quot;, y han renunciado a todo para ser sus amigos. Eso es lo que hicieron los cuatro nuevos santos, a quienes hoy veneramos particularmente.<br \/>En ellos encontramos actualizada la experiencia de Pedro:&nbsp; &quot;Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 28). Su &uacute;nico tesoro est&aacute; en el cielo:&nbsp; es Dios. <\/p>\n<p>El evangelio que hemos escuchado nos ayuda a entender la figura de <i>san Rafael Gu&iacute;zar y Valencia, <\/i>obispo de Veracruz en la querida naci&oacute;n mexicana, como un ejemplo de quienes lo han dejado todo para &quot;seguir a Jes&uacute;s&quot;. Este santo fue fiel a la palabra divina, &quot;viva y eficaz&quot;, que penetra en lo m&aacute;s hondo del esp&iacute;ritu (cf. <i>Hb<\/i> 4, 12). Imitando a Cristo pobre se desprendi&oacute; de sus bienes y nunca acept&oacute; regalos de los poderosos, o bien los daba enseguida. Por ello recibi&oacute; &quot;cien veces m&aacute;s&quot; y pudo ayudar as&iacute; a los pobres, incluso en medio de &quot;persecuciones&quot; sin tregua (cf. <i>Mc<\/i> 10, 30). Su caridad vivida en grado heroico hizo que le llamaran el &quot;Obispo de los pobres&quot;. <\/p>\n<p> En su ministerio sacerdotal y despu&eacute;s episcopal, fue un incansable predicador de misiones populares, el modo m&aacute;s adecuado entonces para evangelizar a las gentes, usando su <i>Catecismo de la doctrina cristiana<\/i>. <\/p>\n<p>Siendo una de sus prioridades la formaci&oacute;n de los sacerdotes, reconstruy&oacute; el seminario, que consideraba &quot;la pupila de sus ojos&quot;, y por eso sol&iacute;a exclamar:&nbsp; &quot;A un obispo le puede faltar mitra, b&aacute;culo y hasta catedral, pero nunca le puede faltar el seminario, porque del seminario depende el futuro de su di&oacute;cesis&quot;. Con este profundo sentido de paternidad sacerdotal enfrent&oacute; nuevas persecuciones y destierros, pero garantizando la preparaci&oacute;n de los alumnos. <\/p>\n<p>Que el ejemplo de san Rafael Gu&iacute;zar y Valencia sea un llamado para los hermanos obispos y sacerdotes a considerar como fundamental en los programas pastorales, adem&aacute;s del esp&iacute;ritu de pobreza y de la evangelizaci&oacute;n, el fomento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y su formaci&oacute;n seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p> <i>San Felipe Smaldone<\/i>, hijo del sur de Italia, supo practicar en su vida las mejores virtudes propias de su tierra. Sacerdote de gran coraz&oacute;n, alimentado con la oraci&oacute;n constante y la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, fue sobre todo testigo y servidor de la caridad, que manifestaba de modo eminente en el servicio a los pobres, en particular a los sordomudos, a los que se entreg&oacute; totalmente. La obra que inici&oacute; prosigue gracias a la congregaci&oacute;n de las religiosas Salesianas de los Sagrados Corazones, fundada por &eacute;l, que se ha extendido por diversas partes de Italia y del mundo. <\/p>\n<p> En los sordomudos san Felipe Smaldone ve&iacute;a reflejada la imagen de Jes&uacute;s, y sol&iacute;a repetir que, del mismo modo que nos arrodillamos ante el sant&iacute;simo Sacramento, as&iacute; tambi&eacute;n debemos arrodillarnos ante un sordomudo. Aceptemos, seg&uacute;n su ejemplo, la invitaci&oacute;n a considerar siempre indisolubles el amor a la Eucarist&iacute;a y el amor al pr&oacute;jimo. M&aacute;s a&uacute;n, la verdadera capacidad de amar a los hermanos s&oacute;lo puede venir del encuentro con el Se&ntilde;or en el sacramento de la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p> <i>Santa Rosa Venerini<\/i> es otro ejemplo de disc&iacute;pula fiel de Cristo, dispuesta a abandonarlo todo para cumplir la voluntad de Dios. Sol&iacute;a repetir:&nbsp; &quot;Me encuentro tan clavada a la voluntad divina, que no me importa ni la muerte ni la vida:&nbsp; quiero vivir cuanto &eacute;l quiera, y quiero servirlo cuanto le agrade y nada m&aacute;s&quot; (<i>Biograf&iacute;a Andreucci<\/i>, p. 515). De aqu&iacute;, de su abandono en Dios, brotaba la clarividente actividad que realizaba con valent&iacute;a en favor de la elevaci&oacute;n espiritual y de la aut&eacute;ntica emancipaci&oacute;n de las j&oacute;venes de su tiempo. Santa Rosa no se contentaba con proporcionar a las muchachas una instrucci&oacute;n adecuada; tambi&eacute;n se preocupaba por garantizarles una formaci&oacute;n completa, con s&oacute;lidas referencias a la ense&ntilde;anza doctrinal de la Iglesia. Su mismo estilo apost&oacute;lico sigue caracterizando hoy la vida de la congregaci&oacute;n de las Maestras P&iacute;as Venerini, fundada por ella. &iexcl;Y cu&aacute;n actual e importante es tambi&eacute;n para la sociedad de hoy el servicio que prestan en el campo de la ense&ntilde;anza y especialmente de la formaci&oacute;n de la mujer! <\/p>\n<p>&quot;Ve, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres&#8230;, y luego s&iacute;gueme&quot;. Estas palabras han impulsado a innumerables cristianos a lo largo de la historia de la Iglesia a seguir a Cristo en una vida de pobreza radical, confiando en la divina Providencia. Entre estos generosos disc&iacute;pulos de Cristo estaba una joven francesa, que respondi&oacute; incondicionalmente a la llamada del divino Maestro. La madre <i>Teodora Gu&eacute;rin <\/i>entr&oacute; en la congregaci&oacute;n de las Hermanas de la Providencia en 1823 y se dedic&oacute; a la tarea de ense&ntilde;ar en escuelas. Luego, en 1839, sus superioras le pidieron que viajara a Estados Unidos para dirigir una nueva comunidad en Indiana. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de su largo viaje por tierra y por mar, el grupo de seis hermanas lleg&oacute; a Saint Mary of the Woods. All&iacute; fundaron una sencilla capilla, una caba&ntilde;a de madera, en medio del bosque. Se arrodillaron ante el sant&iacute;simo Sacramento y dieron gracias, pidiendo la ayuda de Dios para la nueva fundaci&oacute;n. Con gran confianza en la divina Providencia, la madre Teodora super&oacute; muchos desaf&iacute;os y persever&oacute; en la obra que el Se&ntilde;or la hab&iacute;a llamado a realizar. En el momento de su muerte, en 1856, las hermanas dirig&iacute;an diversas escuelas y orfanatos en todo el Estado de Indiana. Como dijo ella misma:&nbsp; &quot;&iexcl;Cu&aacute;nto bien han hecho las Hermanas de Saint Mary of the Woods! Y mucho mayor bien podr&aacute;n hacer si permanecen fieles a su santa vocaci&oacute;n&quot;. <\/p>\n<p>La <i>madre Teodora Gu&eacute;rin <\/i>es una hermosa figura espiritual y un modelo de vida cristiana. Estuvo siempre disponible para las misiones que la Iglesia le ped&iacute;a; en la Eucarist&iacute;a, en la oraci&oacute;n y en una infinita confianza en la divina Providencia encontraba la fuerza y la audacia para llevarlas a cabo. Su fuerza interior la impulsaba a prestar atenci&oacute;n particular a los pobres y en especial a los ni&ntilde;os. <\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Se&ntilde;or por el don de la santidad, que hoy resplandece en la Iglesia con singular belleza. Jes&uacute;s nos invita tambi&eacute;n a nosotros, como a estos santos, a seguirlo para tener en herencia la vida eterna. Que su testimonio ejemplar ilumine y anime especialmente a los j&oacute;venes, para que se dejen conquistar por Cristo, por su mirada llena de amor. <br \/> Mar&iacute;a, Reina de los santos, suscite en el pueblo cristiano hombres y mujeres como san Rafael Gu&iacute;zar y Valencia, san Felipe Smaldone, santa Rosa Venerini y santa Teodora Gu&eacute;rin, dispuestos a abandonarlo todo por el reino de Dios; dispuestos a hacer suya la l&oacute;gica del don y del servicio, la &uacute;nica que salva al mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI EN LA SOLEMNE CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA CANONIZACI&Oacute;N DE CUATRO BEATOS Domingo 15 de octubre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Cuatro nuevos santos se proponen hoy a la veneraci&oacute;n de la Iglesia universal:&nbsp; Rafael Gu&iacute;zar y Valencia, Felipe Smaldone, Rosa Venerini y Teodora Gu&eacute;rin. 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