{"id":40696,"date":"2016-10-06T14:34:36","date_gmt":"2016-10-06T19:34:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-octubre-de-2006-concelebracion-eucaristica-con-los-miembros-de-la-comision-teologica-internacional\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:36","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:36","slug":"6-de-octubre-de-2006-concelebracion-eucaristica-con-los-miembros-de-la-comision-teologica-internacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-octubre-de-2006-concelebracion-eucaristica-con-los-miembros-de-la-comision-teologica-internacional\/","title":{"rendered":"6 de octubre de 2006, Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica con los miembros de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/>DURANTE LA MISA CON LOS MIEMBROS <br \/>DE LA COMISI&Oacute;N TEOL&Oacute;GICA INTERNACIONAL <\/font><\/b><\/p>\n<p>Viernes 6 de octubre de 2006<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>No he preparado propiamente una homil&iacute;a, sino s&oacute;lo algunos puntos para la meditaci&oacute;n. La misi&oacute;n de san Bruno, el santo que celebramos hoy, se presenta claramente y podemos decir que est&aacute; interpretada en la oraci&oacute;n de este d&iacute;a que, a pesar de variar algo en el texto italiano, nos recuerda que su misi&oacute;n fue silencio y contemplaci&oacute;n. Pero el silencio y la contemplaci&oacute;n tienen una finalidad:&nbsp; sirven para conservar, en medio de la dispersi&oacute;n de la vida diaria, una permanente uni&oacute;n con Dios.<br \/>Tienen como objetivo hacer que la uni&oacute;n con Dios est&eacute; siempre presente en nuestra alma y transforme todo nuestro ser. <\/p>\n<p>El silencio y la contemplaci&oacute;n -caracter&iacute;stica de san Bruno- son necesarios para poder encontrar, en medio de la dispersi&oacute;n de cada d&iacute;a, esta profunda y continua uni&oacute;n con Dios. Silencio y contemplaci&oacute;n:&nbsp; la hermosa vocaci&oacute;n del te&oacute;logo es hablar. Esta es su misi&oacute;n:&nbsp; en medio de la locuacidad de nuestro tiempo y de otros tiempos, en medio de la inflaci&oacute;n&nbsp;de palabras,&nbsp;hacer presentes las palabras esenciales. Con las palabras hacer presente la Palabra, la Palabra que viene de Dios, la Palabra que es Dios. <\/p>\n<p>Pero, dado que formamos parte de este mundo con todas sus palabras, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;amos hacer presente la Palabra con las palabras, sino mediante un proceso de purificaci&oacute;n de nuestro pensamiento, que debe ser tambi&eacute;n y sobre todo un proceso de purificaci&oacute;n de nuestras palabras?<br \/>&iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos abrir el mundo, y antes abrirnos nosotros mismos, a la Palabra sin entrar en el silencio de Dios, del que procede su Palabra? Para la purificaci&oacute;n de nuestras palabras y, por tanto, para la purificaci&oacute;n de las palabras del mundo necesitamos el silencio que se transforma en contemplaci&oacute;n, que nos hace entrar en el silencio de Dios y as&iacute; nos permite llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora. <\/p>\n<p>Santo Tom&aacute;s de Aquino, juntamente con una larga tradici&oacute;n, dice que en la teolog&iacute;a Dios no es el objeto del que hablamos. Esta es nuestra concepci&oacute;n normal. En realidad, Dios no es el objeto; Dios es el sujeto de la teolog&iacute;a. El que habla en la teolog&iacute;a, el sujeto que habla, deber&iacute;a ser Dios mismo. Y nuestro hablar y pensar s&oacute;lo deber&iacute;a servir para que pueda ser escuchado, para que pueda encontrar espacio en el mundo el hablar de Dios, la Palabra de Dios. <\/p>\n<p>As&iacute;, de nuevo, somos invitados a este camino de renuncia a palabras nuestras; a este camino de purificaci&oacute;n, para que nuestras palabras sean s&oacute;lo instrumento mediante el cual Dios pueda hablar, y de este modo Dios realmente no sea objeto, sino sujeto de la teolog&iacute;a. <\/p>\n<p>En este contexto me vienen a la mente unas hermosas palabras de la primera carta de san Pedro, en el primer cap&iacute;tulo, vers&iacute;culo 22. En lat&iacute;n dice as&iacute;:&nbsp; &quot;Castificantes animas nostras in oboedientia veritatis&quot;. La obediencia a la verdad deber&iacute;a hacer casta (&quot;<i>castificare<\/i>&quot;) nuestra alma, gui&aacute;ndonos as&iacute; a la palabra correcta, a la acci&oacute;n correcta. Dicho de otra manera, hablar para lograr aplausos; hablar para decir lo que los hombres quieren escuchar; hablar para obedecer a la dictadura de las opiniones comunes, se considera como una especie de prostituci&oacute;n de la palabra y del alma. La &quot;castidad&quot; a la que alude el ap&oacute;stol san Pedro significa no someterse a esas condiciones, no buscar los aplausos, sino la obediencia a la verdad. <\/p>\n<p>Creo que esta es la virtud fundamental del te&oacute;logo:&nbsp; esta disciplina, incluso dura, de la obediencia a la verdad, que nos hace colaboradores de la verdad, boca de la verdad, para que en medio de este r&iacute;o de palabras de hoy no hablemos nosotros, sino que en realidad, purificados y hechos castos por la obediencia a la verdad, la verdad hable en nosotros. Y as&iacute; podemos ser verdaderamente portadores de la verdad. <\/p>\n<p>Esto me lleva a pensar en san Ignacio de Antioqu&iacute;a y en una hermosa frase suya:&nbsp; &quot;Quien ha comprendido las palabras del Se&ntilde;or, comprende su silencio, porque al Se&ntilde;or se le conoce en su silencio&quot;. El an&aacute;lisis de las palabras de Jes&uacute;s llega hasta cierto punto, pero permanece en nuestro pensar. S&oacute;lo cuando llegamos al silencio del Se&ntilde;or, en su estar con el Padre del que vienen las palabras, podemos tambi&eacute;n realmente comenzar a entender la profundidad de estas palabras. <\/p>\n<p>Las palabras de Jes&uacute;s surgieron en su silencio en la monta&ntilde;a, como dice la Escritura, en su estar con el Padre. De este silencio de la comuni&oacute;n con el Padre, de estar inmerso en el Padre, surgen las palabras; y s&oacute;lo llegando a este punto, y partiendo de este punto, llegamos verdaderamente a la profundidad de la Palabra y podemos ser nosotros aut&eacute;nticos int&eacute;rpretes de la Palabra. El Se&ntilde;or, hablando, nos invita a subir con &eacute;l a la monta&ntilde;a, y a aprender as&iacute; de nuevo, en su silencio, el aut&eacute;ntico sentido de las palabras. <\/p>\n<p>Al decir esto, hemos llegado a las dos lecturas de hoy. Job hab&iacute;a clamado a Dios, incluso hab&iacute;a luchado con Dios frente a las evidentes injusticias con las que lo trataba. Ahora se encuentra ante la grandeza de Dios. Y comprende que ante la verdadera grandeza de Dios todo nuestro hablar es s&oacute;lo pobreza y no llega, ni siquiera de lejos, a la grandeza de su ser; as&iacute; dice:&nbsp; &quot;He hablado dos veces y no a&ntilde;adir&eacute; nada&quot;. Silencio ante la grandeza de Dios, porque nuestras palabras son demasiado peque&ntilde;as. <\/p>\n<p>Esto me lleva a pensar en las &uacute;ltimas semanas de la vida de santo Tom&aacute;s. En esas &uacute;ltimas semanas ya no escribi&oacute; ni habl&oacute; nada. Sus amigos le preguntaron:&nbsp; &quot;Maestro, &iquest;por qu&eacute; ya no hablas?, &iquest;por qu&eacute; ya no escribes?&quot;. Y &eacute;l respondi&oacute;:&nbsp; &quot;Ante lo que he visto ahora todas mis palabras me parecen como paja&quot;. <\/p>\n<p>El padre Jean-Pierre Torrel, gran conocedor de santo Tom&aacute;s, nos dice que no debemos interpretar mal estas palabras. La paja no equivale a nada. La paja lleva el grano y este es el gran valor de la paja. Lleva el grano. Y tambi&eacute;n la paja de las palabras sigue siendo v&aacute;lida como portadora del grano. Tambi&eacute;n para nosotros esto es una relativizaci&oacute;n de nuestro trabajo y a la vez una valorizaci&oacute;n de nuestro trabajo. Es asimismo una indicaci&oacute;n para que nuestro modo de trabajar, nuestra paja, lleve realmente el grano de la palabra de Dios. <\/p>\n<p>El evangelio concluye con las palabras:&nbsp; &quot;Quien a vosotros os escucha, a m&iacute; me escucha&quot;. &iexcl;Qu&eacute; advertencia, qu&eacute; examen de conciencia implican estas palabras! &iquest;Es verdad que quien me escucha a m&iacute; escucha realmente al Se&ntilde;or? Oremos y trabajemos para que cada vez sea m&aacute;s verdad que quien nos escucha a nosotros escucha a Cristo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI DURANTE LA MISA CON LOS MIEMBROS DE LA COMISI&Oacute;N TEOL&Oacute;GICA INTERNACIONAL Viernes 6 de octubre de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; No he preparado propiamente una homil&iacute;a, sino s&oacute;lo algunos puntos para la meditaci&oacute;n. 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