{"id":40701,"date":"2016-10-06T14:34:43","date_gmt":"2016-10-06T19:34:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2006-santa-misa-en-la-explanada-de-la-neue-messe-munich\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:43","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:43","slug":"10-de-septiembre-de-2006-santa-misa-en-la-explanada-de-la-neue-messe-munich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2006-santa-misa-en-la-explanada-de-la-neue-messe-munich\/","title":{"rendered":"10 de septiembre de 2006, Santa Misa en la explanada de la Neue Messe, Munich"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <br \/> A MUNICH, ALT&Ouml;TTING Y RATISBONA <br \/> (9-14 DE SEPTIEMBRE DE 2006)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<br \/><\/font><\/b><br \/>Explanada de la Nueva Feria de Munich <br \/>Domingo 10 de septiembre de 2006 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><b><\/b> <\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p> Ante todo quisiera saludaros una vez m&aacute;s a todos con afecto:&nbsp; como ya he dicho, me alegra poder encontrarme de nuevo entre vosotros y celebrar juntamente con vosotros la santa misa. Me alegra poder visitar una vez m&aacute;s los lugares que me son familiares y que han ejercido un influjo decisivo en mi vida, formando mi pensamiento y mis sentimientos, los lugares en los que aprend&iacute; a creer y a vivir. Es una ocasi&oacute;n para expresar mi gratitud a todas las personas \u2014vivas y muertas\u2014 que me han guiado y acompa&ntilde;ado. Doy gracias a Dios por esta hermosa patria y por las personas que me la han hecho patria. <\/p>\n<p>Acabamos de escuchar las tres lecturas b&iacute;blicas que la liturgia de la Iglesia ha elegido para este domingo. Todas ellas desarrollan un tema doble, que en el fondo es un &uacute;nico tema, acentuando un aspecto u otro seg&uacute;n las circunstancias. Las tres lecturas hablan de Dios como centro de la realidad y centro de nuestra vida personal. &quot;Mirad a vuestro Dios&quot;, dice el profeta Isa&iacute;as en la primera lectura (<i>Is<\/i> 35, 4). La <i>carta de Santiago<\/i> y el pasaje del Evangelio dicen a su modo lo mismo.<br \/>Quieren guiarnos hacia Dios, llev&aacute;ndonos por el camino recto de la vida. <\/p>\n<p>Sin embargo, al tema de Dios va unido el tema social:&nbsp; nuestra responsabilidad rec&iacute;proca, nuestra responsabilidad para que reine la justicia y el amor en el mundo. Esto se expresa de modo dram&aacute;tico en la segunda lectura, en la que nos habla Santiago, un pariente cercano de Jes&uacute;s. Se dirige a una comunidad en la que algunos comienzan a ser soberbios, porque en ella se encuentran tambi&eacute;n personas acomodadas y distinguidas, mientras existe el peligro de que disminuya la preocupaci&oacute;n por el derecho de los pobres. <\/p>\n<p>Santiago, en sus palabras, deja intuir la imagen de Jes&uacute;s, del Dios que se hizo hombre y, a pesar de ser descendiente de David, es decir, de linaje real, se hizo un hombre como los dem&aacute;s; no se sent&oacute; en un trono, sino que al final muri&oacute; en la pobreza extrema de la cruz. El amor al pr&oacute;jimo, que es en primer lugar preocupaci&oacute;n por la justicia, es el metro para medir la fe y el amor a Dios. Santiago lo llama &quot;ley regia&quot; (<i>St<\/i> 2, 8), dejando vislumbrar la palabra preferida de Jes&uacute;s:&nbsp; la realeza de Dios,&nbsp;la soberan&iacute;a de Dios. <\/p>\n<p>Esto no indica un reino cualquiera, que llegar&aacute; m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano; significa que Dios debe llegar a ser ahora la fuerza decisiva para nuestra vida y nuestro obrar. Esto es lo que pedimos cuando oramos:&nbsp; &quot;Venga a nosotros tu reino&quot;. No pedimos algo lejano, que en el fondo nosotros mismos ni siquiera deseamos experimentar. Por el contrario, pedimos que la voluntad de Dios determine ahora nuestra voluntad y as&iacute; Dios reine en el mundo; pedimos, por consiguiente, que la justicia y el amor se transformen en las fuerzas decisivas en el orden del mundo. <\/p>\n<p>Esa oraci&oacute;n, como es natural, se dirige en primer lugar a Dios, pero tambi&eacute;n toca nuestro coraz&oacute;n. En el fondo, &iquest;lo deseamos de verdad? &iquest;Estamos orientando nuestra vida en esa direcci&oacute;n? A la &quot;ley regia&quot;, la ley de la realeza de Dios, Santiago la llama tambi&eacute;n &quot;ley de la libertad&quot;:&nbsp; si todos pensamos y vivimos seg&uacute;n Dios, entonces somos todos iguales, somos libres, y as&iacute; nace la verdadera fraternidad. Isa&iacute;as, en la primera lectura, al hablar de Dios \u2014&quot;Mirad a vuestro Dios&quot;\u2014 habla al mismo tiempo de la salvaci&oacute;n para los que sufren, y Santiago, hablando del orden social como expresi&oacute;n irrenunciable de nuestra fe, l&oacute;gicamente tambi&eacute;n habla de Dios, del que somos hijos. <\/p>\n<p>Pero ahora vamos a centrar nuestra atenci&oacute;n en el evangelio, que narra la curaci&oacute;n de un sordomudo por obra de Jes&uacute;s. Tambi&eacute;n aqu&iacute; encontramos de nuevo dos aspectos del &uacute;nico tema. Jes&uacute;s se dedica a los que sufren, a los marginados de la sociedad. Los cura y, abri&eacute;ndoles as&iacute; la posibilidad de vivir y decidir juntamente con los dem&aacute;s, los introduce en la igualdad y en la fraternidad. <\/p>\n<p>Esto, como es obvio, nos ata&ntilde;e tambi&eacute;n a todos nosotros:&nbsp; Jes&uacute;s nos se&ntilde;ala a todos la direcci&oacute;n de nuestro obrar, nos dice c&oacute;mo debemos actuar. Sin embargo, todo el episodio presenta tambi&eacute;n otra dimensi&oacute;n, que los Padres de la Iglesia pusieron de relieve con insistencia y que tambi&eacute;n nos concierne de modo especial a nosotros hoy. Los Padres hablan de los hombres y para los hombres de su tiempo. Pero lo que dicen nos ata&ntilde;e de modo nuevo tambi&eacute;n a los hombres modernos. <\/p>\n<p> No s&oacute;lo existe la sordera f&iacute;sica, que en gran medida aparta al hombre de la vida social. Existe un defecto de o&iacute;do con respecto a Dios, y lo sufrimos especialmente en nuestro tiempo. Nosotros, simplemente, ya no logramos escucharlo; son demasiadas las frecuencias diversas que ocupan nuestros o&iacute;dos. Lo que se dice de &eacute;l nos parece pre-cient&iacute;fico, ya no parece adecuado a nuestro tiempo. Con el defecto de o&iacute;do, o incluso la sordera, con respecto a Dios, naturalmente perdemos tambi&eacute;n nuestra capacidad de hablar con &eacute;l o a &eacute;l. Sin embargo, de este modo nos falta una percepci&oacute;n decisiva. Nuestros sentidos interiores corren el peligro de atrofiarse. Al faltar esa percepci&oacute;n, queda limitado, de un modo dr&aacute;stico y peligroso, el radio de nuestra relaci&oacute;n con la realidad en general. El horizonte de nuestra vida se reduce de modo preocupante. <\/p>\n<p> El evangelio nos narra que Jes&uacute;s meti&oacute; sus dedos en los o&iacute;dos del sordomudo, puso un poco de su saliva en la lengua del enfermo y dijo:&nbsp; &quot;<i>Effet&aacute;<\/i>&quot;, &quot;&Aacute;brete&quot;. El evangelista nos conserv&oacute; la palabra aramea original que pronunci&oacute; Jes&uacute;s en esa ocasi&oacute;n, remont&aacute;ndonos as&iacute; directamente a ese momento. Lo que all&iacute; se nos relata es algo excepcional y, sin embargo, no pertenece a un pasado lejano:&nbsp; eso mismo lo realiza Jes&uacute;s a menudo, de modo nuevo, tambi&eacute;n hoy. <\/p>\n<p> En nuestro bautismo &eacute;l realiz&oacute; sobre nosotros ese gesto de tocar y dijo:&nbsp; &quot;<i>Effet&aacute;<\/i>&quot;, &quot;&Aacute;brete&quot;, para hacernos capaces de escuchar a Dios y para devolvernos la posibilidad de hablarle a &eacute;l. Pero este acontecimiento, el sacramento del bautismo, no tiene nada de m&aacute;gico. El bautismo abre un camino.<br \/>Nos introduce en la comunidad de los que son capaces de escuchar y de hablar; nos introduce en la comuni&oacute;n con Jes&uacute;s mismo, el &uacute;nico que ha visto a Dios y que, por consiguiente, ha podido hablar de &eacute;l (cf. <i>Jn<\/i> 1, 18):&nbsp; mediante la fe, Jes&uacute;s quiere compartir con nosotros su ver a Dios, su escuchar al Padre y hablar con &eacute;l. El camino de los bautizados debe ser un proceso de desarrollo progresivo, en el que crecemos en la vida de comuni&oacute;n con Dios, adquiriendo as&iacute; tambi&eacute;n una mirada diversa sobre el hombre y sobre la creaci&oacute;n. <\/p>\n<p> El evangelio nos invita a caer en la cuenta de que tenemos un defecto en nuestra capacidad de percepci&oacute;n, una carencia que al principio no reconocemos como tal, porque precisamente todo lo dem&aacute;s se nos impone con su urgencia y racionalidad; porque, aunque ya no tengamos o&iacute;dos para escuchar a Dios ni ojos para verlo, aunque vivamos sin &eacute;l, aparentemente todo se desarrolla de un modo normal. Pero, &iquest;es verdad que todo se desarrolla de un modo normal cuando Dios falta en nuestra vida y en nuestro mundo? <\/p>\n<p>Antes de plantear m&aacute;s preguntas, quisiera referir algunas de mis experiencias en los encuentros con los obispos de todo el mundo. La Iglesia cat&oacute;lica en Alemania es excelente en sus actividades sociales, en su disponibilidad a ayudar en todos los lugares donde existan necesidades. Durante sus visitas <i>ad limina<\/i>, los obispos, recientemente los de &Aacute;frica, me hablan siempre con gratitud de la generosidad de los cat&oacute;licos alemanes y me piden que me haga int&eacute;rprete de esta gratitud; y es lo que quisiera hacer ahora p&uacute;blicamente. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n los obispos de los pa&iacute;ses b&aacute;lticos, que vinieron antes de las vacaciones, me explicaron que los cat&oacute;licos alemanes les han ayudado con gran generosidad para la reconstrucci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;sus iglesias, muy deterioradas a causa de las d&eacute;cadas de dominio comunista. De vez &nbsp;en cuando, sin embargo, alg&uacute;n obispo africano me dec&iacute;a:&nbsp; &quot;Si presento a Alemania proyectos sociales, encuentro inmediatamente las puertas abiertas. Pero si voy con un proyecto de evangelizaci&oacute;n, m&aacute;s bien encuentro reservas&quot;. <\/p>\n<p>Como es obvio, algunos piensan que los proyectos sociales se han de promover con la m&aacute;xima urgencia, mientras que las cosas que conciernen a Dios, o incluso la fe cat&oacute;lica, son m&aacute;s bien particulares y menos prioritarias. Sin embargo, la experiencia de esos obispos es precisamente que la evangelizaci&oacute;n debe tener la precedencia; que es necesario hacer que se conozca, se ame y se crea en el Dios de Jesucristo; que hay que convertir los corazones, para que exista tambi&eacute;n progreso en el campo social, para que se inicie la reconciliaci&oacute;n, para que se pueda combatir por ejemplo el sida afrontando de verdad sus causas profundas y curando a los enfermos con la debida atenci&oacute;n y con amor. <\/p>\n<p>La cuesti&oacute;n social y el Evangelio son realmente inseparables. Si damos a los hombres s&oacute;lo conocimientos, habilidades, capacidades t&eacute;cnicas e instrumentos, les damos demasiado poco. En ese caso, sobrevienen pronto los mecanismos de la violencia, y prevalece la capacidad de destruir y matar, el af&aacute;n de conseguir el poder, un poder que deber&iacute;a llevar m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano al establecimiento &nbsp;del derecho, pero que en realidad nunca ser&aacute; capaz de lograrlo. <\/p>\n<p>De este modo se aleja cada vez m&aacute;s la posibilidad de la reconciliaci&oacute;n, del compromiso com&uacute;n en favor de la justicia y del amor. Entonces se pierden los criterios seg&uacute;n los cuales la t&eacute;cnica se pone al servicio del derecho y del amor. Pero precisamente todo depende de estos criterios, que no son s&oacute;lo teor&iacute;as, sino que iluminan el coraz&oacute;n, haciendo as&iacute; que la raz&oacute;n y la acci&oacute;n avancen por el camino recto. <\/p>\n<p>Las poblaciones de &Aacute;frica y de Asia ciertamente admiran las realizaciones t&eacute;cnicas de Occidente y nuestra ciencia, pero se asustan ante un tipo de raz&oacute;n que excluye totalmente a Dios de la visi&oacute;n del hombre, considerando que esta es la forma m&aacute;s sublime de la raz&oacute;n, la que conviene ense&ntilde;ar tambi&eacute;n a sus culturas. La verdadera amenaza para su identidad no la ven en la fe cristiana, sino en el desprecio de Dios y en el cinismo que considera la mofa de lo sagrado un derecho de la libertad y eleva la utilidad a criterio supremo para los futuros &eacute;xitos de la investigaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Queridos amigos, este cinismo no es el tipo de tolerancia y apertura cultural que los pueblos esperan y que todos deseamos. La tolerancia que necesitamos con urgencia incluye el temor de Dios, el respeto de lo que es sagrado para el otro. Pero este respeto de lo que los dem&aacute;s consideran sagrado exige que nosotros mismos aprendamos de nuevo el temor de Dios. Este sentido de respeto s&oacute;lo puede renovarse en el mundo occidental si crece de nuevo la fe en Dios, si Dios est&aacute; de nuevo presente para nosotros y en nosotros. <\/p>\n<p>Nuestra fe no la imponemos a nadie. Este tipo de proselitismo es contrario al cristianismo. La fe s&oacute;lo puede desarrollarse en la libertad. Pero a la libertad de los hombres pedimos que se abra a Dios, que lo busque, que lo escuche. Nosotros, aqu&iacute; reunidos, pedimos al Se&ntilde;or con todo nuestro coraz&oacute;n que pronuncie de nuevo su &quot;<i>Effet&aacute;<\/i>&quot;, que cure nuestro defecto de o&iacute;do con respecto a Dios, a su acci&oacute;n y a su palabra, y que nos haga capaces de ver y de escuchar. Le pedimos que nos ayude a volver a encontrar la palabra de la oraci&oacute;n, a la que nos invita en la liturgia y cuya f&oacute;rmula esencial nos ense&ntilde;&oacute; en el padrenuestro. <\/p>\n<p>El mundo necesita a Dios. Nosotros necesitamos a Dios. &iquest;Qu&eacute; Dios necesitamos? En &nbsp;la primera lectura, el profeta se dirige a un pueblo oprimido, diciendo:&nbsp; &quot;Llegar&aacute; la venganza de Dios&quot; (<i>Is<\/i> 35, 4). Nosotros podemos f&aacute;cilmente intuir c&oacute;mo se imaginaba la gente esa venganza. Pero el profeta mismo revela luego en qu&eacute; consiste:&nbsp; en la bondad de Dios, que vendr&aacute; a sanarlos. Y la explicaci&oacute;n definitiva de las palabras del profeta la encontramos en Aquel que muri&oacute; por nosotros en la cruz:&nbsp; en Jes&uacute;s, el Hijo de Dios encarnado, que aqu&iacute; nos contempla con tanta insistencia. Su &quot;venganza&quot; es la cruz:&nbsp; el &quot;no&quot; a la violencia, el &quot;amor hasta el extremo&quot;. <\/p>\n<p>Este es el Dios que necesitamos. No faltamos al respeto a las dem&aacute;s religiones y culturas, no faltamos al respeto a su fe, si confesamos en voz alta y sin medios t&eacute;rminos a aquel Dios que opuso su sufrimiento a la violencia, que ante el mal y su poder eleva su misericordia como l&iacute;mite y superaci&oacute;n. A &eacute;l dirigimos nuestra s&uacute;plica, para que est&eacute; en medio de nosotros y nos ayude a ser sus testigos cre&iacute;bles. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A MUNICH, ALT&Ouml;TTING Y RATISBONA (9-14 DE SEPTIEMBRE DE 2006) HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADREExplanada de la Nueva Feria de Munich Domingo 10 de septiembre de 2006 Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Ante todo quisiera saludaros una vez m&aacute;s a todos con afecto:&nbsp; como ya he dicho, me alegra poder &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2006-santa-misa-en-la-explanada-de-la-neue-messe-munich\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de septiembre de 2006, Santa Misa en la explanada de la Neue Messe, Munich\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40701","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40701","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40701"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40701\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40701"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40701"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40701"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}