{"id":40705,"date":"2016-10-06T14:34:51","date_gmt":"2016-10-06T19:34:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2006-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:51","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:51","slug":"29-de-junio-de-2006-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2006-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 2006, Solemnidad de los Ap\u00f3stoles San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br \/>DURANTE LA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>EN LA SOLEMNIDAD DE LOS AP&Oacute;STOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/b> <\/p>\n<p>Bas&iacute;lica Vaticana <br \/>Jueves 29 de junio de 2006 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> &quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 18). &iquest;Qu&eacute; es lo que dice propiamente el Se&ntilde;or a Pedro con estas palabras? &iquest;Qu&eacute; promesa le hace con ellas y qu&eacute; tarea le encomienda? Y &iquest;qu&eacute; nos dice a nosotros, al Obispo de Roma, que ocupa la c&aacute;tedra de Pedro, y a la Iglesia de hoy? <\/p>\n<p> Si queremos comprender el significado de las palabras de Jes&uacute;s, debemos recordar que los evangelios nos relatan tres situaciones diversas en las que el Se&ntilde;or, cada vez de un modo particular, encomienda a Pedro la tarea que deber&aacute; realizar. Se trata siempre de la misma tarea, pero las diversas situaciones e im&aacute;genes que usa nos ilustran claramente qu&eacute; es lo que quer&iacute;a y quiere el Se&ntilde;or. <\/p>\n<p> En el <i>evangelio de san Mateo<\/i>, que acabamos de escuchar, Pedro confiesa su fe en Jes&uacute;s, reconoci&eacute;ndolo como Mes&iacute;as e Hijo de Dios. Por ello el Se&ntilde;or le encarga su tarea particular mediante tres im&aacute;genes:&nbsp; la de la roca, que se convierte en cimiento o piedra angular, la de las llaves y la de atar y desatar. En este momento no quiero volver a interpretar estas tres im&aacute;genes que la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha explicado siempre de nuevo; m&aacute;s bien, quisiera llamar la atenci&oacute;n sobre el lugar geogr&aacute;fico y sobre el contexto cronol&oacute;gico de estas palabras. <\/p>\n<p> La promesa tiene lugar junto a las fuentes del Jord&aacute;n, en la frontera de Judea, en el conf&iacute;n con el mundo pagano. El momento de la promesa marca un viraje decisivo en el camino de Jes&uacute;s:&nbsp; ahora el Se&ntilde;or se encamina hacia Jerusal&eacute;n y, por primera vez, dice a los disc&iacute;pulos que este camino hacia la ciudad santa es el camino que lleva a la cruz:&nbsp; &quot;Desde entonces comenz&oacute; Jes&uacute;s a manifestar a sus disc&iacute;pulos que &eacute;l deb&iacute;a ir a Jerusal&eacute;n y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer d&iacute;a&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 21). <\/p>\n<p> Ambas cosas van juntas y determinan el lugar interior del Primado, m&aacute;s a&uacute;n, de la Iglesia en general:&nbsp; el Se&ntilde;or est&aacute; continuamente en camino hacia la cruz, hacia la humillaci&oacute;n del siervo de Dios que sufre y muere, pero al mismo tiempo siempre est&aacute; tambi&eacute;n en &nbsp;camino &nbsp;hacia &nbsp;la amplitud del mundo, en la que &eacute;l &nbsp;nos precede como Resucitado, para que en el mundo resplandezca la luz de su palabra y la presencia de su amor; est&aacute; en camino para que mediante &eacute;l, Cristo crucificado y resucitado, llegue al mundo Dios mismo. <\/p>\n<p> En este sentido, Pedro, en su <i>primera Carta<\/i>, asumiendo esos dos aspectos, se define &quot;testigo de los sufrimientos de Cristo y part&iacute;cipe de la gloria que est&aacute; para manifestarse&quot; (<i>1 P <\/i>5, 1). Para la Iglesia el Viernes santo y la Pascua est&aacute;n siempre unidos; la Iglesia es siempre el grano de mostaza y el &aacute;rbol en cuyas ramas anidan las aves del cielo. La Iglesia, y en ella Cristo, sufre tambi&eacute;n hoy.<br \/>En ella Cristo sigue siendo escarnecido &nbsp;y golpeado siempre de nuevo; siempre de nuevo se sigue intentando arrojarlo fuera del mundo. Siempre de nuevo la peque&ntilde;a barca de la Iglesia es sacudida por el viento de las ideolog&iacute;as, que con sus aguas penetran en ella y parecen condenarla a hundirse.<br \/>&nbsp;<br \/> Sin embargo, precisamente en la Iglesia que sufre Cristo sale victorioso. A pesar de todo, la fe en &eacute;l se fortalece siempre de nuevo. Tambi&eacute;n hoy el Se&ntilde;or manda a las aguas y act&uacute;a como Se&ntilde;or de los elementos. Permanece en su barca, en la navecilla de la Iglesia. De igual modo, tambi&eacute;n en el ministerio de Pedro se manifiesta, por una parte, la debilidad propia del hombre, pero a la vez tambi&eacute;n la fuerza de Dios:&nbsp; el Se&ntilde;or manifiesta su fuerza precisamente en la debilidad de los hombres, demostrando que &eacute;l es quien construye su Iglesia mediante hombres d&eacute;biles. <\/p>\n<p> Veamos ahora el <i>evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/i>, que nos &nbsp;narra &nbsp;c&oacute;mo el Se&ntilde;or, durante la &uacute;ltima Cena, encomienda nuevamente una tarea especial a Pedro (cf. <i> Lc<\/i> 22, 31-33). Esta vez las palabras que Jes&uacute;s dirige a Sim&oacute;n se encuentran inmediatamente despu&eacute;s de la instituci&oacute;n de la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a. El Se&ntilde;or acaba de entregarse a los suyos, bajo las especies del pan y el vino. Podemos ver en la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a el aut&eacute;ntico acto de fundaci&oacute;n de la Iglesia. A trav&eacute;s &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;Eucarist&iacute;a &nbsp;el &nbsp;Se&ntilde;or no s&oacute;lo se entrega a s&iacute; mismo a los suyos, sino que tambi&eacute;n les da la realidad &nbsp;de &nbsp;una &nbsp;nueva comuni&oacute;n entre s&iacute; que se prolonga a lo largo de los tiempos &quot;hasta que vuelva&quot; (cf. <i>1 Co<\/i> 11, 26). <\/p>\n<p> Mediante la Eucarist&iacute;a los disc&iacute;pulos se transformaran en su casa viva que, a lo largo de la historia, crece como el nuevo templo vivo de Dios en este mundo. As&iacute;, Jes&uacute;s, inmediatamente despu&eacute;s de la instituci&oacute;n del Sacramento, habla de lo que significa ser disc&iacute;pulos, el &quot;ministerio&quot;, en la nueva comunidad:&nbsp; dice que es un compromiso de servicio, del mismo modo que &eacute;l est&aacute; en medio de ellos como quien sirve. <\/p>\n<p> Y entonces se dirige a Pedro. Dice que Satan&aacute;s ha pedido cribar a los disc&iacute;pulos como trigo. Esto alude al pasaje del <i>libro de Job<\/i>, en el que Satan&aacute;s pide a Dios permiso para golpear a Job. De esta forma, el diablo, el calumniador de Dios y de los hombres, quiere probar que no existe una religiosidad aut&eacute;ntica, sino que en el hombre todo mira siempre y s&oacute;lo a la utilidad. <\/p>\n<p> En el caso de Job Dios concede a Satan&aacute;s la libertad que hab&iacute;a solicitado, precisamente para poder defender de este modo a su criatura, el hombre, y a s&iacute; mismo. Lo mismo sucede con los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, en todos los tiempos. Dios da a Satan&aacute;s cierta libertad. A nosotros muchas veces nos parece que Dios deja demasiada libertad a Satan&aacute;s; que le concede la facultad de golpearnos de un modo demasiado terrible; y que esto supera nuestras fuerzas y nos oprime demasiado. Siempre de nuevo gritaremos a Dios:&nbsp; &iexcl;Mira la miseria de tus disc&iacute;pulos! &iexcl;Prot&eacute;genos! Por eso Jes&uacute;s a&ntilde;ade:&nbsp; &quot;Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32). <\/p>\n<p> La oraci&oacute;n de Jes&uacute;s es el l&iacute;mite puesto al poder del maligno. La oraci&oacute;n de Jes&uacute;s es la protecci&oacute;n de la Iglesia. Podemos recurrir a esta protecci&oacute;n, acogernos a ella y estar seguros de ella. Pero, como dice el evangelio, Jes&uacute;s ora de un modo particular por Pedro:&nbsp; &quot;para que <i>tu<\/i> fe no desfallezca&quot;. Esta oraci&oacute;n de Jes&uacute;s es a la vez promesa y tarea. La oraci&oacute;n de Jes&uacute;s salvaguarda la fe de Pedro, la fe que confes&oacute; en Cesarea de Filipo:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16). <\/p>\n<p> La tarea de Pedro consiste precisamente en no dejar que esa fe enmudezca nunca, en fortalecerla siempre de nuevo, ante la cruz y ante todas las contradicciones del mundo, hasta que el Se&ntilde;or vuelva. Por eso el Se&ntilde;or no ruega s&oacute;lo por la fe personal de Pedro, sino tambi&eacute;n por su fe como servicio a los dem&aacute;s. Y esto es exactamente lo que quiere decir con las palabras:&nbsp; &quot;Y t&uacute;, una vez convertido, confirma a tus hermanos&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32). <\/p>\n<p> &quot;T&uacute;, una vez convertido&quot;:&nbsp; estas palabras constituyen a la vez una profec&iacute;a y una promesa. Profetizan la debilidad de Sim&oacute;n que, ante una sierva y un siervo, negar&aacute; conocer a Jes&uacute;s. A trav&eacute;s de esta ca&iacute;da, Pedro, y con &eacute;l la Iglesia de todos los tiempos, debe aprender que la propia fuerza no basta por s&iacute; misma para edificar y guiar a la Iglesia del Se&ntilde;or. Nadie puede lograrlo con sus solas fuerzas. <\/p>\n<p> Aunque Pedro parece capaz y valiente, fracasa ya en el primer momento de la prueba. &quot;T&uacute;, una vez convertido&quot;. El Se&ntilde;or le predice su ca&iacute;da, pero le promete tambi&eacute;n la conversi&oacute;n:&nbsp; &quot;el Se&ntilde;or se volvi&oacute; y mir&oacute; a Pedro&#8230;&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 61). La mirada de Jes&uacute;s obra la transformaci&oacute;n y es la salvaci&oacute;n de Pedro. &Eacute;l, &quot;saliendo, rompi&oacute; a llorar amargamente&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 62). <\/p>\n<p> Queremos implorar siempre de nuevo esta mirada salvadora de Jes&uacute;s:&nbsp; por todos los que desempe&ntilde;an una responsabilidad en la Iglesia; por todos los que sufren las confusiones de este tiempo; por los grandes y los peque&ntilde;os:&nbsp; Se&ntilde;or, m&iacute;ranos siempre de nuevo y as&iacute; lev&aacute;ntanos de todas nuestras ca&iacute;das y t&oacute;manos en tus manos amorosas. <\/p>\n<p> El Se&ntilde;or encomienda a Pedro la tarea de confirmar a sus hermanos con la promesa de su oraci&oacute;n. El encargo de Pedro se apoya en la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s. Esto es lo que le da la seguridad de perseverar a trav&eacute;s de todas las miserias humanas. Y el Se&ntilde;or le encomienda esta tarea en el contexto de la Cena, en conexi&oacute;n con el don de la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a. En su realidad &iacute;ntima, la Iglesia, fundada en el sacramento de la Eucarist&iacute;a, es comunidad eucar&iacute;stica y as&iacute; comuni&oacute;n en el Cuerpo del Se&ntilde;or. La tarea de Pedro consiste en presidir esta comuni&oacute;n universal, en mantenerla presente en el mundo como unidad tambi&eacute;n visible. Como dice san Ignacio de Antioqu&iacute;a, &eacute;l, juntamente con toda la Iglesia de Roma, debe presidir la caridad, la comunidad &nbsp;del amor que proviene de Cristo y que supera &nbsp;siempre &nbsp;de nuevo los l&iacute;mites de lo privado para llevar el amor de Cristo hasta los confines de la tierra. <\/p>\n<p> La tercera referencia al Primado se encuentra en el <i>evangelio de san Juan<\/i> (<i>Jn<\/i> 21, 15-19). El Se&ntilde;or ha resucitado y, como Resucitado, encomienda a Pedro su reba&ntilde;o. Tambi&eacute;n aqu&iacute; se compenetran mutuamente la cruz y la resurrecci&oacute;n. Jes&uacute;s predice a Pedro que su camino se dirigir&aacute; hacia la cruz. En esta bas&iacute;lica, erigida sobre la tumba de Pedro, una tumba de pobres, vemos que el Se&ntilde;or precisamente as&iacute;, a trav&eacute;s de la cruz, vence siempre. No ejerce su poder como suele hacerse en este mundo. Es el poder del bien, de la verdad y del amor, que es m&aacute;s fuerte que la muerte. S&iacute;, como vemos, su promesa es verdadera:&nbsp; los poderes de la muerte, las puertas del infierno no prevalecer&aacute;n contra la Iglesia que &eacute;l ha edificado sobre Pedro (cf. <i>Mt<\/i> 16, 18) y que &eacute;l, precisamente de este modo, sigue edificando personalmente. <\/p>\n<p> En esta solemnidad de los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, me dirijo de modo especial a vosotros, queridos arzobispos metropolitanos, que hab&eacute;is venido &nbsp;de numerosos pa&iacute;ses del mundo para recibir el palio de manos del Sucesor de Pedro. Os saludo cordialmente &nbsp;a &nbsp;vosotros y a las personas que os acompa&ntilde;an. <\/p>\n<p> Saludo, asimismo, con particular alegr&iacute;a a la delegaci&oacute;n del Patriarcado ecum&eacute;nico presidida por su eminencia Ioannis Zizioulas, metropolita de P&eacute;rgamo, presidente de la Comisi&oacute;n mixta internacional para el di&aacute;logo teol&oacute;gico entre cat&oacute;licos y ortodoxos. Expreso mi agradecimiento al Patriarca Bartolom&eacute; I y al Santo S&iacute;nodo por este signo de fraternidad, que pone de manifiesto el deseo y el compromiso de progresar con m&aacute;s rapidez por el camino de la unidad plena que Cristo implor&oacute; para todos sus disc&iacute;pulos. <\/p>\n<p> Compartimos el ardiente deseo expresado un d&iacute;a por el Patriarca Aten&aacute;goras y el Papa Pablo VI:&nbsp; beber juntos del mismo c&aacute;liz y comer juntos el mismo Pan, que es el Se&ntilde;or mismo. En esta ocasi&oacute;n imploramos de nuevo que nos sea concedido pronto este don. Y damos gracias al Se&ntilde;or por encontrarnos unidos en la confesi&oacute;n que Pedro hizo en Cesarea de Filipo por todos los disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;. Esta confesi&oacute;n queremos llevarla juntos al mundo de hoy.<br \/>Que nos ayude el Se&ntilde;or a ser, precisamente en este momento de nuestra historia, aut&eacute;nticos testigos de sus sufrimientos y part&iacute;cipes de la gloria que est&aacute; para manifestarse (cf.<i> 1 P <\/i>5, 1). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVIDURANTE LA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNIDAD DE LOS AP&Oacute;STOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO Bas&iacute;lica Vaticana Jueves 29 de junio de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; &quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&quot; (Mt 16, 18). &iquest;Qu&eacute; es lo que dice propiamente el Se&ntilde;or a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2006-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de junio de 2006, Solemnidad de los Ap\u00f3stoles San Pedro y San Pablo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40705","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40705","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40705"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40705\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40705"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40705"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40705"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}