{"id":40706,"date":"2016-10-06T14:34:52","date_gmt":"2016-10-06T19:34:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-2006-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/"},"modified":"2016-10-06T14:34:52","modified_gmt":"2016-10-06T19:34:52","slug":"15-de-junio-de-2006-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-2006-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/","title":{"rendered":"15 de junio de 2006, Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y Procesi\u00f3n Eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI <br \/>DURANTE LA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI<\/font><\/b><\/p>\n<p>Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/>Jueves 15 de junio de 2006 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> En la v&iacute;spera de su Pasi&oacute;n, durante la Cena pascual, el Se&ntilde;or tom&oacute; el pan en sus manos \u2014como acabamos de escuchar en el Evangelio\u2014 y, despu&eacute;s de pronunciar la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio diciendo:&nbsp; &quot;Tomad, este es mi cuerpo&quot;. Despu&eacute;s tom&oacute; el c&aacute;liz, dio gracias, se lo dio y todos bebieron de &eacute;l. Y dijo:&nbsp; &quot;Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 22-24). Toda la historia de Dios con los hombres se resume en estas palabras. No s&oacute;lo recuerdan e interpretan el pasado, sino que tambi&eacute;n anticipan el futuro, la venida del reino de Dios al mundo. Jes&uacute;s no s&oacute;lo pronuncia palabras. Lo que dice es un acontecimiento, el acontecimiento central de la historia del mundo y de nuestra vida personal. <\/p>\n<p> Estas palabras son inagotables. En este momento quisiera meditar con vosotros s&oacute;lo en un aspecto. Jes&uacute;s, como signo de su presencia, escogi&oacute; pan y vino. Con cada uno de estos dos signos se entrega totalmente, no s&oacute;lo una parte de s&iacute; mismo. El Resucitado no est&aacute; dividido. &Eacute;l es una persona que, a trav&eacute;s de los signos, se acerca y se une a nosotros. <\/p>\n<p> Ahora bien, cada uno de los signos representa, a su modo, un aspecto particular de su misterio y, con su manera t&iacute;pica de manifestarse, nos quieren hablar para que aprendamos a comprender algo m&aacute;s del misterio de Jesucristo. Durante la procesi&oacute;n y en la adoraci&oacute;n, contemplamos la Hostia consagrada, la forma m&aacute;s simple de pan y de alimento, hecho s&oacute;lo con un poco de harina y agua.<br \/>As&iacute; se ofrece como el alimento de los pobres, a los que el Se&ntilde;or destin&oacute; en primer lugar su cercan&iacute;a. <\/p>\n<p> La oraci&oacute;n con la que la Iglesia, durante la liturgia de la misa, entrega este pan al Se&ntilde;or lo presenta como fruto de la tierra y del trabajo del hombre. En &eacute;l queda recogido el esfuerzo humano, el trabajo cotidiano de quien cultiva la tierra, de quien siembra, cosecha y finalmente prepara el pan. Sin embargo, el pan no es s&oacute;lo producto nuestro, algo hecho por nosotros; es fruto de la tierra y, por tanto, tambi&eacute;n don, pues el hecho de que la tierra d&eacute; fruto no es m&eacute;rito nuestro; s&oacute;lo el Creador pod&iacute;a darle la fertilidad. <\/p>\n<p> Ahora podemos tambi&eacute;n ampliar un poco m&aacute;s esta oraci&oacute;n de la Iglesia, diciendo:&nbsp; el pan es fruto de la tierra y a la vez del cielo. Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y de los dones de lo alto, es decir, del sol y de la lluvia. Tampoco podemos producir nosotros el agua, que necesitamos para preparar el pan. En un per&iacute;odo en el que se habla de la desertizaci&oacute;n y en el que se sigue denunciando el peligro de que los hombres y los animales mueran de sed en las regiones que carecen de agua, somos cada vez m&aacute;s conscientes de la grandeza del don del agua y de que no podemos proporcion&aacute;rnoslo por nosotros mismos. <\/p>\n<p> Entonces, al contemplar m&aacute;s de cerca este peque&ntilde;o trozo de Hostia blanca, este pan de los pobres, se nos presenta como una s&iacute;ntesis de la creaci&oacute;n. Concurren el cielo y la tierra, as&iacute; como la actividad y el esp&iacute;ritu del hombre. La sinergia de las fuerzas que hace posible en nuestro pobre planeta el misterio de la vida y la existencia del hombre nos sale al paso en toda su maravillosa grandeza. De este modo, comenzamos a comprender por qu&eacute; el Se&ntilde;or escoge este trozo de pan como su signo. La creaci&oacute;n con todos sus dones aspira, m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; misma, hacia algo todav&iacute;a m&aacute;s grande. M&aacute;s all&aacute; de la s&iacute;ntesis de las propias fuerzas, y m&aacute;s all&aacute; de la s&iacute;ntesis de la naturaleza y el esp&iacute;ritu que en cierto modo experimentamos en ese trozo de pan, la creaci&oacute;n est&aacute; orientada hacia la divinizaci&oacute;n, hacia las santas bodas, hacia la unificaci&oacute;n con el Creador mismo. <\/p>\n<p> Pero todav&iacute;a no hemos explicado plenamente el mensaje de este signo del pan. El Se&ntilde;or hizo referencia a su misterio m&aacute;s profundo en el domingo de Ramos, cuando le presentaron la petici&oacute;n de unos griegos que quer&iacute;an encontrarse con &eacute;l. En su respuesta a esa pregunta, se encuentra la frase:&nbsp; &quot;En verdad, en verdad os digo:&nbsp; si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda &eacute;l solo; pero si muere, da mucho fruto&quot; (<i>Jn<\/i> 12, 24). El pan, hecho de granos &nbsp;molidos, &nbsp;encierra el misterio de la Pasi&oacute;n. La harina, el grano molido, implica que el grano ha muerto y resucitado. Al ser molido y cocido manifiesta &nbsp;una &nbsp;vez m&aacute;s el misterio mismo de &nbsp;la Pasi&oacute;n. S&oacute;lo a trav&eacute;s de la muerte llega la resurrecci&oacute;n, el fruto y la nueva vida. <\/p>\n<p> Las culturas del Mediterr&aacute;neo, en los siglos anteriores a Cristo, hab&iacute;an intuido profundamente este misterio. Bas&aacute;ndose en la experiencia de este morir y resucitar, concibieron mitos de divinidades que, muriendo y resucitando, daban nueva vida. El ciclo de la naturaleza les parec&iacute;a como una promesa divina en medio de las tinieblas del sufrimiento y de la muerte que se nos imponen. En estos mitos, el alma de los hombres, en cierto modo, se orientaba hacia el Dios que se hizo hombre, se humill&oacute; hasta la muerte en la cruz y as&iacute; abri&oacute; para todos nosotros la puerta de la vida. <\/p>\n<p> En el pan y en su devenir los hombres descubrieron una especie de expectativa de la naturaleza, una especie de promesa de la naturaleza de que tendr&iacute;a que existir un Dios que muere y as&iacute; nos lleva a la vida. Lo que en los mitos era una expectativa y lo que el mismo grano esconde como signo de la esperanza de la creaci&oacute;n, ha sucedido realmente en Cristo. A trav&eacute;s de su sufrimiento y de su muerte voluntaria, se convirti&oacute; en pan para todos nosotros y, de este modo, en esperanza viva y cre&iacute;ble:&nbsp; nos acompa&ntilde;a en todos nuestros sufrimientos hasta la muerte. Los caminos que recorre con nosotros, y a trav&eacute;s de los cuales nos conduce a la vida, son caminos de esperanza. <\/p>\n<p> Cuando, en adoraci&oacute;n, contemplamos la Hostia consagrada, nos habla el signo de la creaci&oacute;n. Entonces reconocemos la grandeza de su don; pero reconocemos tambi&eacute;n la pasi&oacute;n, la cruz de Jes&uacute;s y su resurrecci&oacute;n. Mediante esta contemplaci&oacute;n en adoraci&oacute;n, &eacute;l nos atrae hacia s&iacute;, nos hace penetrar en su misterio, por medio del cual quiere transformarnos, como transform&oacute; la Hostia. <\/p>\n<p> La Iglesia primitiva tambi&eacute;n encontr&oacute; en el pan otro simbolismo. La &quot;Doctrina de los Doce Ap&oacute;stoles&quot;, un libro escrito en torno al a&ntilde;o 100, refiere en sus oraciones la afirmaci&oacute;n:&nbsp; &quot;Como este fragmento de pan estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, as&iacute; sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino&quot; (IX, 4:&nbsp; <i>Padres Apost&oacute;licos, <\/i>BAC, Madrid 1993, p. 86). El pan, hecho de muchos granos de trigo, &nbsp;encierra tambi&eacute;n un acontecimiento de uni&oacute;n:&nbsp; el proceso por el cual muchos granos molidos se convierten en pan es un proceso de unificaci&oacute;n. Como nos dice san Pablo (cf. <i> 1 Co<\/i> 10, 17), nosotros mismos, que somos muchos, debemos llegar a ser un solo pan, un solo cuerpo. As&iacute;, el signo del pan se convierte&nbsp;a&nbsp;la vez en esperanza y tarea. <\/p>\n<p> De modo semejante nos habla tambi&eacute;n el signo del vino. Ahora bien, mientras el pan hace referencia a la vida diaria, a la sencillez y a la peregrinaci&oacute;n, el vino expresa la exquisitez de la creaci&oacute;n:&nbsp; la fiesta de alegr&iacute;a que Dios quiere ofrecernos al final de los tiempos y que ya ahora anticipa una vez m&aacute;s como indicio mediante este signo. Pero el vino habla tambi&eacute;n de la Pasi&oacute;n:&nbsp; la vid debe podarse muchas veces para que sea purificada; la uva tiene que madurar con el sol y la lluvia, y tiene que ser pisada:&nbsp; s&oacute;lo a trav&eacute;s de esta &nbsp;pasi&oacute;n &nbsp;se &nbsp;produce &nbsp;un vino de calidad. <\/p>\n<p> En la fiesta del <i>Corpus Christi <\/i>contemplamos sobre todo el signo del pan. Nos recuerda tambi&eacute;n la peregrinaci&oacute;n de Israel durante los cuarenta a&ntilde;os en el desierto. La Hostia es nuestro man&aacute;; con &eacute;l el Se&ntilde;or nos alimenta; es verdaderamente el pan del cielo, con el que &eacute;l se entrega a s&iacute; mismo. En la procesi&oacute;n, seguimos este signo y as&iacute; lo seguimos a &eacute;l mismo. Y le pedimos:&nbsp; Gu&iacute;anos por los caminos de nuestra historia. Sigue mostrando a la Iglesia y a sus pastores el camino recto. Mira a la humanidad que sufre, que vaga insegura entre tantos interrogantes. Mira el hambre f&iacute;sica y ps&iacute;quica que la atormenta. Da a los hombres el pan para el cuerpo y para el alma. Dales trabajo. Dales luz.<\/p>\n<p>Dales a ti mismo. Purif&iacute;canos y santif&iacute;canos a todos. Haznos comprender que nuestra vida s&oacute;lo puede madurar y alcanzar su aut&eacute;ntica realizaci&oacute;n mediante la participaci&oacute;n en tu pasi&oacute;n, mediante el &quot;s&iacute;&quot; a la cruz, a la renuncia, a las purificaciones que t&uacute; nos impones. Re&uacute;nenos desde todos los confines de la tierra. Une a tu Iglesia; une a la humanidad herida. Danos tu salvaci&oacute;n. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI DURANTE LA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;nJueves 15 de junio de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; En la v&iacute;spera de su Pasi&oacute;n, durante la Cena pascual, el Se&ntilde;or tom&oacute; el pan en sus manos \u2014como acabamos de escuchar en el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-2006-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de junio de 2006, Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y Procesi\u00f3n Eucar\u00edstica\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40706","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40706","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40706"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40706\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40706"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40706"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40706"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}