{"id":40716,"date":"2016-10-06T14:35:06","date_gmt":"2016-10-06T19:35:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-2006-domingo-de-ramos-xxi-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:06","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:06","slug":"9-de-abril-de-2006-domingo-de-ramos-xxi-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-2006-domingo-de-ramos-xxi-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"9 de abril de 2006: Domingo de Ramos &#8211; XXI Jornada Mundial de la Juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS <br \/> Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>H<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Plaza de San Pedro<br \/> <a href=\"http:\/\/212.77.1.245\/gmg\/documents\/gmg_2006_sp.html\">XXI Jornada Mundial de la Juventud<\/a><br \/> Domingo 9 de abril de 2006 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\"> <i>Introducci&oacute;n a la celebraci&oacute;n:&nbsp; <\/p>\n<p> <\/i>&quot;Hermanos y hermanas queridos, j&oacute;venes aqu&iacute; presentes y j&oacute;venes del mundo entero:&nbsp; con esta asamblea lit&uacute;rgica entramos en la Semana santa para vivir la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Del mismo modo que los disc&iacute;pulos aclamaron a Jes&uacute;s como Mes&iacute;as, como el que viene en el nombre del Se&ntilde;or, tambi&eacute;n nosotros le cantamos con alegr&iacute;a, y confesamos nuestra fe:&nbsp; &eacute;l es la Palabra &uacute;nica y definitiva de Dios Padre, &eacute;l es la Palabra hecha carne, &eacute;l es quien nos ha hablado del Dios invisible. Amad&iacute;simos j&oacute;venes, s&oacute;lo meditando con asiduidad la Palabra de Dios aprender&eacute;is a amar a Jesucristo, s&oacute;lo en &eacute;l conocer&eacute;is la verdad y la libertad, s&oacute;lo participando en su Pascua dar&eacute;is sentido y esperanza a vuestra vida. Hermanos y hermanas, sigamos a Cristo:&nbsp; los ramos de olivo, signo de la paz mesi&aacute;nica, y los ramos de palma, signo del martirio, don de la vida a Dios y a los hermanos, con los que ahora aclamaremos a Jes&uacute;s como Mes&iacute;as, testimonian nuestra adhesi&oacute;n firme al misterio pascual que celebramos<\/span><\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp;<\/i> <\/p>\n<p> Desde hace veinte a&ntilde;os, gracias al Papa Juan Pablo II, el domingo de Ramos ha llegado a ser de modo particular el d&iacute;a de la juventud, el d&iacute;a en que los j&oacute;venes en todo el mundo van al encuentro de Cristo, deseando acompa&ntilde;arlo en sus ciudades y en sus pueblos, para que est&eacute; en medio de nosotros y pueda instaurar su paz en el mundo. Pero si queremos ir al encuentro de Jes&uacute;s y despu&eacute;s avanzar con &eacute;l por su camino, debemos preguntarnos:&nbsp; &iquest;Por qu&eacute; camino quiere guiarnos? &iquest;Qu&eacute; esperamos de &eacute;l? &iquest;Qu&eacute; espera &eacute;l de nosotros? <\/p>\n<p> Para entender lo que sucedi&oacute; el domingo de Ramos y saber qu&eacute; significa, no s&oacute;lo para aquella hora, sino para toda &eacute;poca, es importante un detalle, que tambi&eacute;n para sus disc&iacute;pulos se transform&oacute; en la clave para la comprensi&oacute;n del acontecimiento, cuando, despu&eacute;s de la Pascua, repasaron con una mirada nueva aquellas jornadas agitadas. <\/p>\n<p> Jes&uacute;s entra en la ciudad santa montado en un asno, es decir, en el animal de la gente sencilla y com&uacute;n del campo, y adem&aacute;s un asno que no le pertenece, sino que pide prestado para esta ocasi&oacute;n. No llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo, como los grandes del mundo, sino en un asno prestado. San Juan nos relata que, en un primer momento, los disc&iacute;pulos no lo entendieron. S&oacute;lo despu&eacute;s de la Pascua cayeron en la cuenta de que Jes&uacute;s, al actuar as&iacute;, cumpl&iacute;a los anuncios de los profetas, que su actuaci&oacute;n derivaba de la palabra de Dios y la realizaba. Recordaron -dice san Juan- que en el profeta Zacar&iacute;as se lee:&nbsp; &quot;No temas, hija de Si&oacute;n; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna&quot; (<i>Jn<\/i> 12, 15; cf. <i>Za<\/i> 9, 9). <\/p>\n<p> Para comprender el significado de la profec&iacute;a y, en consecuencia, de la misma actuaci&oacute;n de Jes&uacute;s, debemos escuchar todo el texto de Zacar&iacute;as, que prosigue as&iacute;:&nbsp; &quot;El destruir&aacute; los carros de Efra&iacute;m &nbsp;y &nbsp;los caballos de Jerusal&eacute;n; romper&aacute; el arco de combate, y &eacute;l proclamar&aacute; la paz a las naciones. Su dominio ir&aacute; de mar a mar y desde el r&iacute;o hasta los confines de la tierra&quot; (<i>Za<\/i> 9, 10). As&iacute; afirma el profeta tres cosas sobre el futuro rey. <\/p>\n<p> En primer lugar, dice que ser&aacute; rey de los pobres, pobre entre los pobres y para los pobres. La pobreza, en este caso, se entiende en el sentido de los <i>anawin<\/i> de Israel, de las almas creyentes y humildes que encontramos en torno a Jes&uacute;s, en la perspectiva de la primera bienaventuranza del Serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. Uno puede ser materialmente pobre, pero tener el coraz&oacute;n lleno de af&aacute;n de riqueza material y del poder que deriva de la riqueza. Precisamente el hecho de que vive en la envidia y en la codicia demuestra que, en su coraz&oacute;n, pertenece a los ricos. Desea cambiar la repartici&oacute;n de los bienes, pero para llegar a estar &eacute;l mismo en la situaci&oacute;n de los ricos de antes. <\/p>\n<p> La pobreza, en el sentido que le da Jes&uacute;s -el sentido de los profetas-, presupone sobre todo estar libres interiormente de la avidez de posesi&oacute;n y del af&aacute;n de poder. Se trata de una realidad mayor que una simple repartici&oacute;n diferente de los bienes, que se limitar&iacute;a al campo material y m&aacute;s bien endurecer&iacute;a los corazones. Ante todo, se trata de la purificaci&oacute;n del coraz&oacute;n, gracias a la cual se reconoce la posesi&oacute;n como responsabilidad, como tarea con respecto a los dem&aacute;s, poni&eacute;ndose bajo la mirada de Dios y dej&aacute;ndose guiar por Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (cf. <i>2 Co<\/i> 8, 9). <\/p>\n<p> La libertad interior es el presupuesto para superar la corrupci&oacute;n y la avidez que arruinan al mundo; esta libertad s&oacute;lo puede hallarse si Dios llega a ser nuestra riqueza; s&oacute;lo puede hallarse en la paciencia de las renuncias diarias, en las que se desarrolla como libertad verdadera. Al rey que nos indica el camino hacia esta meta -Jes&uacute;s- lo aclamamos el domingo de Ramos; le pedimos que nos lleve consigo por su camino. <\/p>\n<p> En segundo lugar, el profeta nos muestra que este rey ser&aacute; un rey de paz; har&aacute; desaparecer los carros de guerra y los caballos de batalla, romper&aacute; los arcos y anunciar&aacute; la paz. En la figura de Jes&uacute;s esto se hace realidad mediante el signo de la cruz. Es el arco roto, en cierto modo, el nuevo y verdadero arco iris de Dios, que une el cielo y la tierra y tiende un puente entre los continentes sobre los abismos. La nueva arma, que Jes&uacute;s pone en nuestras manos, es la cruz, signo de reconciliaci&oacute;n, de perd&oacute;n, signo del amor que es m&aacute;s fuerte que la muerte. Cada vez que hacemos la se&ntilde;al de la cruz debemos acordarnos de no responder a la injusticia con otra injusticia, a la violencia con otra violencia; debemos recordar que s&oacute;lo podemos vencer al mal con el bien, y jam&aacute;s devolviendo mal por mal. <\/p>\n<p> La tercera afirmaci&oacute;n del profeta es el anuncio de la universalidad. Zacar&iacute;as dice que el reino del rey de la paz se extiende &quot;de mar a mar (&#8230;) hasta los confines de la tierra&quot;. La antigua promesa de la tierra, hecha a Abraham y a los Padres, se sustituye aqu&iacute; con una nueva visi&oacute;n:&nbsp; el espacio del rey mesi&aacute;nico ya no es un pa&iacute;s determinado, que luego se separar&iacute;a de los dem&aacute;s y, por tanto, se pondr&iacute;a inevitablemente contra los otros pa&iacute;ses. Su pa&iacute;s es la tierra, el mundo entero. Superando toda delimitaci&oacute;n, &eacute;l crea unidad en la multiplicidad de las culturas. Atravesando con la mirada las nubes de la historia que separaban al profeta de Jes&uacute;s, vemos c&oacute;mo desde lejos emerge en esta profec&iacute;a la red de las comunidades eucar&iacute;sticas que abraza a la tierra, a todo el mundo, una red de comunidades que constituyen el &quot;reino de la paz&quot; de Jes&uacute;s de mar a mar hasta los confines de la tierra. <\/p>\n<p> &Eacute;l llega a todas las culturas y a todas las partes del mundo, adondequiera, a las chozas miserables y a los campos pobres, as&iacute; como al esplendor de las catedrales. Por doquier &eacute;l es el mismo, el &Uacute;nico, y as&iacute; todos los orantes reunidos, en comuni&oacute;n con &eacute;l, est&aacute;n tambi&eacute;n unidos entre s&iacute; en un &uacute;nico cuerpo. Cristo domina convirti&eacute;ndose &eacute;l mismo en nuestro pan y entreg&aacute;ndose a nosotros. De este modo construye su reino. <\/p>\n<p> Este nexo resulta totalmente claro en la otra frase del Antiguo Testamento que caracteriza y explica la liturgia del domingo de Ramos y su clima particular. La multitud aclama a Jes&uacute;s:&nbsp; &quot;Hosanna, bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or (<i>Mc<\/i> 11, 9; <i>Sal<\/i> 118, 25). Estas palabras forman parte del rito de la fiesta de las tiendas, durante el cual los fieles dan vueltas en torno al altar llevando en las manos ramos de palma, mirto y sauce. <\/p>\n<p> Ahora la gente grita eso mismo, con palmas en las manos, delante de Jes&uacute;s, en quien ve a Aquel que viene en nombre del Se&ntilde;or. En efecto, la expresi&oacute;n &quot;el que viene en nombre del Se&ntilde;or&quot; se hab&iacute;a convertido desde hac&iacute;a tiempo en la manera de designar al Mes&iacute;as. En Jes&uacute;s reconocen a Aquel que verdaderamente viene en nombre del Se&ntilde;or y les trae la presencia de Dios. Este grito de esperanza de Israel, esta aclamaci&oacute;n a Jes&uacute;s durante su entrada en Jerusal&eacute;n, ha llegado a ser con raz&oacute;n en la Iglesia la aclamaci&oacute;n a Aquel que, en la Eucarist&iacute;a, viene a nuestro encuentro de un modo nuevo. Con el grito &quot;Hosanna&quot; saludamos a Aquel que, en carne y sangre, trajo la gloria de Dios a la tierra. Saludamos a Aquel que vino y, sin embargo, sigue siendo siempre Aquel que debe venir. Saludamos a Aquel que en la Eucarist&iacute;a viene siempre de nuevo a nosotros en nombre del Se&ntilde;or, uniendo as&iacute; en la paz de Dios los confines de la tierra. <\/p>\n<p> Esta experiencia de la universalidad forma parte esencial de la Eucarist&iacute;a. Dado que el Se&ntilde;or viene, nosotros salimos de nuestros particularismos exclusivos y entramos en la gran comunidad de todos los que celebran este santo sacramento. Entramos en su reino de paz y, en cierto modo, saludamos en &eacute;l tambi&eacute;n a todos nuestros hermanos y hermanas a quienes &eacute;l viene, para llegar a &nbsp;ser &nbsp;verdaderamente un reino de paz en este mundo desgarrado. <\/p>\n<p> Las tres caracter&iacute;sticas anunciadas por el profeta -pobreza, paz y universalidad- se resumen en el signo de la cruz. Por eso, con raz&oacute;n, la cruz se ha convertido en el centro de las Jornadas mundiales de la juventud. Hubo un per&iacute;odo -que a&uacute;n no se ha superado del todo- en el que se rechazaba el cristianismo precisamente a causa de la cruz. La cruz habla de sacrificio -se dec&iacute;a-; la cruz es signo de negaci&oacute;n de la vida. En cambio, nosotros queremos la vida entera, sin restricciones y sin renuncias. Queremos vivir, s&oacute;lo vivir. No nos dejamos limitar por mandamientos y prohibiciones; queremos riqueza y plenitud; as&iacute; se dec&iacute;a y se sigue diciendo todav&iacute;a. <\/p>\n<p> Todo esto parece convincente y atractivo; es el lenguaje de la serpiente, que nos dice:&nbsp; &quot;&iexcl;No teng&aacute;is miedo! &iexcl;Comed tranquilamente de todos los &aacute;rboles del jard&iacute;n!&quot;. Sin embargo, el domingo de Ramos nos dice que el aut&eacute;ntico gran &quot;s&iacute;&quot; es precisamente la cruz; que precisamente la cruz es el verdadero &aacute;rbol de la vida. No hallamos la vida apropi&aacute;ndonos de ella, sino don&aacute;ndola. El amor es entregarse a s&iacute; mismo, y por eso es el camino de la verdadera vida, simbolizada por la cruz. <\/p>\n<p> Hoy la cruz, que estuvo en el centro de la &uacute;ltima Jornada mundial de la juventud, en Colonia, se entrega a una delegaci&oacute;n para que comience su camino hacia Sydney, donde, en 2008, la juventud del mundo quiere reunirse nuevamente en torno a Cristo para construir con &eacute;l el reino de paz.<br \/>Desde Colonia hasta Sydney, un camino a trav&eacute;s de los continentes y las culturas, un camino a trav&eacute;s de un mundo desgarrado &nbsp;y &nbsp;atormentado &nbsp;por &nbsp;la &nbsp;violencia. <\/p>\n<p> Simb&oacute;licamente es el camino indicado por el profeta, de mar a mar, desde el r&iacute;o hasta los confines de la tierra. Es el camino de Aquel que, con el signo de la cruz, nos da la paz y nos transforma en portadores de la reconciliaci&oacute;n y de su paz. Doy las gracias a los j&oacute;venes que ahora llevar&aacute;n por los caminos del mundo esta cruz, en la que casi podemos tocar el misterio de Jes&uacute;s. Pid&aacute;mosle que, al mismo tiempo, nos toque a nosotros y abra nuestro coraz&oacute;n, a fin de que siguiendo su cruz lleguemos a ser mensajeros de su amor y de su paz. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro XXI Jornada Mundial de la Juventud Domingo 9 de abril de 2006 &nbsp; &nbsp; Introducci&oacute;n a la celebraci&oacute;n:&nbsp; &quot;Hermanos y hermanas queridos, j&oacute;venes aqu&iacute; presentes y j&oacute;venes del mundo entero:&nbsp; con esta asamblea lit&uacute;rgica &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-2006-domingo-de-ramos-xxi-jornada-mundial-de-la-juventud\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de abril de 2006: Domingo de Ramos &#8211; XXI Jornada Mundial de la Juventud\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40716","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40716","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40716"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40716\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40716"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40716"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40716"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}