{"id":40719,"date":"2016-10-06T14:35:10","date_gmt":"2016-10-06T19:35:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-marzo-de-2006-concelebracion-de-la-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-y-entrega-del-anillo-cardenalicio\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:10","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:10","slug":"25-de-marzo-de-2006-concelebracion-de-la-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-y-entrega-del-anillo-cardenalicio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-marzo-de-2006-concelebracion-de-la-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-y-entrega-del-anillo-cardenalicio\/","title":{"rendered":"25 de marzo de 2006, Concelebraci\u00f3n de la Santa Misa con los nuevos Cardenales y entrega del anillo cardenalicio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO<br \/>PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDENALES <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS NUEVOS CARDENALES<br \/> Y ENTREGA DEL ANILLO CARDENALICIO <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de la Anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or<br \/> Plaza de San Pedro<br \/>S&aacute;bado 25 de marzo de 2006 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales y patriarcas; <br \/>venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/>queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p> Es para m&iacute; motivo de gran alegr&iacute;a presidir esta concelebraci&oacute;n con los nuevos cardenales, despu&eacute;s del <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/2006\/documents\/ns_lit_doc_20060324_index-concistoro_sp.html\">consistorio<\/a> de ayer, y considero providencial que se realice en la solemnidad lit&uacute;rgica de la Anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or y bajo el sol que el Se&ntilde;or nos da. En efecto, en la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios reconocemos los comienzos de la Iglesia. De all&iacute; proviene todo. Cada realizaci&oacute;n hist&oacute;rica de la Iglesia y tambi&eacute;n cada una de sus instituciones deben remontarse a aquel Manantial originario.<br \/>Deben remontarse a Cristo, Verbo de Dios encarnado. Es &eacute;l a quien siempre celebramos:&nbsp; el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, por medio del cual se ha cumplido la voluntad salv&iacute;fica de Dios Padre. Y, sin embargo (precisamente hoy contemplamos este aspecto del Misterio) el Manantial divino fluye por un canal privilegiado:&nbsp; la Virgen Mar&iacute;a. Con una imagen elocuente san Bernardo habla, al respecto, de <i>aquaeductus<\/i> (cf. <i>Sermo in Nativitate B.&nbsp;V. Mariae<\/i>:&nbsp; <i>PL<\/i> 183, 437-448). Por tanto, al celebrar la encarnaci&oacute;n del Hijo no podemos por menos de honrar a la Madre. A ella se dirigi&oacute; el anuncio ang&eacute;lico; ella lo acogi&oacute; y, cuando desde lo m&aacute;s hondo del coraz&oacute;n respondi&oacute;:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38), en ese momento el Verbo eterno comenz&oacute; a existir como ser humano en el tiempo. <\/p>\n<p> De generaci&oacute;n en generaci&oacute;n sigue vivo el asombro ante este misterio inefable. San Agust&iacute;n, imaginando que se dirig&iacute;a al &aacute;ngel de la Anunciaci&oacute;n, pregunta:&nbsp; &quot;&iquest;Dime, oh &aacute;ngel, por qu&eacute; ha sucedido esto en Mar&iacute;a?&quot;. La respuesta, dice el mensajero, est&aacute; contenida en las mismas palabras del saludo:&nbsp; &quot;Al&eacute;grate, llena de gracia&quot; (cf. <i>Sermo<\/i> 291, 6). De hecho, el &aacute;ngel, &quot;entrando en su presencia&quot;, no la llama por su nombre terreno, Mar&iacute;a, sino por su nombre divino, tal como Dios la ve y la califica desde siempre:&nbsp; &quot;Llena de gracia (<i>gratia plena<\/i>)&quot;, que en el original griego es <font face=\"WP Greek Century\">6,P&quot;D4JT<\/font>&micro;<font face=\"WP Greek Century\">X&lt;0<\/font> &quot;llena de gracia&quot;, y la gracia no es m&aacute;s que el amor de Dios; por eso, en definitiva, podr&iacute;amos traducir esa palabra as&iacute;:&nbsp; &quot;amada&quot; por Dios (cf. <i>Lc<\/i> 1, 28). <\/p>\n<p> Or&iacute;genes observa que semejante t&iacute;tulo jam&aacute;s se dio a un ser humano y que no se encuentra en ninguna otra parte de la sagrada Escritura (cf. <i>In Lucam<\/i> 6, 7). Es un t&iacute;tulo expresado en voz pasiva, pero esta &quot;pasividad&quot; de Mar&iacute;a, que desde siempre y para siempre es la &quot;amada&quot; por el Se&ntilde;or, implica su libre consentimiento, su respuesta personal y original:&nbsp; al <i>ser amada<\/i>, al recibir el don de Dios, Mar&iacute;a es plenamente <i>activa, <\/i>porque acoge con disponibilidad personal la ola del amor de Dios que se derrama en ella. Tambi&eacute;n en esto ella es disc&iacute;pula perfecta de su Hijo, el cual realiza totalmente su libertad en la obediencia al Padre y precisamente obedeciendo ejercita su libertad. <\/p>\n<p> En la segunda lectura hemos escuchado la estupenda p&aacute;gina en la que el autor de la carta a los Hebreos interpreta el salmo 39 precisamente a la luz de la encarnaci&oacute;n de Cristo:&nbsp; &quot;Cuando Cristo entr&oacute; en el mundo dijo:&nbsp; (&#8230;) &quot;Aqu&iacute; estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad&quot;&quot; (<i>Hb<\/i> 10, 5-7). Ante el misterio de estos dos &quot;Aqu&iacute; estoy&quot;, el &quot;Aqu&iacute; estoy&quot; del Hijo y el &quot;Aqu&iacute; estoy&quot; de la Madre, que se reflejan uno en el otro y forman un &uacute;nico <i>Am&eacute;n<\/i> a la voluntad de amor de Dios, quedamos asombrados y, llenos de gratitud, adoramos. <\/p>\n<p> &iexcl;Qu&eacute; gran don, hermanos, poder realizar esta sugestiva celebraci&oacute;n en la solemnidad de la Anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or! &iexcl;Cu&aacute;nta luz&nbsp;podemos recibir de este misterio para nuestra vida de ministros de la Iglesia! En particular vosotros, queridos nuevos cardenales, &iexcl;qu&eacute; apoyo podr&eacute;is tener para vuestra misi&oacute;n de eminente &quot;Senado&quot; del Sucesor de Pedro! <\/p>\n<p> Esta coincidencia providencial nos ayuda a considerar el acontecimiento de hoy, en el que resalta de modo particular el principio <i>petrino<\/i> de la Iglesia, a la luz de otro principio, el <i>mariano<\/i>, que es a&uacute;n m&aacute;s originario y fundamental. La importancia del principio mariano en la Iglesia fue puesta de relieve de modo particular, despu&eacute;s del Concilio, por mi amado predecesor el&nbsp;Papa Juan Pablo&nbsp;II, coherentemente con&nbsp;su&nbsp;lema<i> Totus tuus<\/i>. En su enfoque espiritual y en su incansable ministerio resultaba evidente a los ojos de todos la presencia de Mar&iacute;a como Madre y Reina de la Iglesia. <\/p>\n<p> Esta presencia materna la sinti&oacute; m&aacute;s que nunca en el atentado del 13 de mayo de 1981, aqu&iacute;, en la plaza de San Pedro. Como recuerdo de aquel tr&aacute;gico suceso, quiso que dominara la plaza de San Pedro, desde lo alto del palacio apost&oacute;lico, un mosaico con la imagen de la Virgen, para acompa&ntilde;ar los momentos culminantes y la trama ordinaria de su largo pontificado, que hace precisamente un a&ntilde;o entraba en su &uacute;ltima fase, dolorosa y al mismo tiempo triunfal, verdaderamente pascual. <\/p>\n<p> El icono de la Anunciaci&oacute;n, mejor que cualquier otro, nos permite percibir con claridad c&oacute;mo todo en la Iglesia se remonta a ese misterio de acogida del Verbo divino, donde, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, se sell&oacute; de modo perfecto la alianza entre Dios y la humanidad. Todo en la Iglesia, toda instituci&oacute;n y ministerio, incluso el de Pedro y sus sucesores, est&aacute; &quot;puesto&quot; bajo el manto de la Virgen, en el espacio lleno de gracia de su &quot;s&iacute;&quot; a la voluntad de Dios. Se trata de un v&iacute;nculo que en todos nosotros tiene naturalmente una fuerte resonancia afectiva, pero que tiene, ante todo, un valor objetivo. En efecto, entre Mar&iacute;a y la Iglesia existe un v&iacute;nculo connatural, que el concilio Vaticano II subray&oacute; fuertemente con la feliz decisi&oacute;n de poner el tratado sobre la sant&iacute;sima Virgen como conclusi&oacute;n de la constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a> <\/i>sobre la Iglesia. <\/p>\n<p> El tema de la relaci&oacute;n entre el principio petrino y el mariano podemos encontrarlo tambi&eacute;n en el s&iacute;mbolo del <i>anillo<\/i>, que dentro de poco os entregar&eacute;. El anillo es siempre un signo nupcial. Casi todos vosotros ya lo hab&eacute;is recibido el d&iacute;a de vuestra ordenaci&oacute;n episcopal, como expresi&oacute;n de fidelidad y de compromiso de custodiar la santa Iglesia, esposa de Cristo (cf. <i>Rito de la ordenaci&oacute;n de los obispos<\/i>). El anillo que hoy os entrego, propio de la dignidad cardenalicia, quiere confirmar y reforzar dicho compromiso partiendo, una vez m&aacute;s, de un don nupcial, que os recuerda que est&aacute;is ante todo &iacute;ntimamente unidos a Cristo, para cumplir la misi&oacute;n de esposos de la Iglesia. <\/p>\n<p> Por tanto, que recibir el anillo sea para vosotros como renovar vuestro &quot;s&iacute;&quot;, vuestro &quot;aqu&iacute; estoy&quot;, dirigido al mismo tiempo al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que os ha elegido y constituido, y a su santa Iglesia, a la que est&aacute;is llamados a servir con amor esponsal. As&iacute; pues, las dos dimensiones de la Iglesia, mariana y petrina, coinciden en lo que constituye la plenitud de ambas, es decir, en el valor supremo de la <i>caridad<\/i>, el carisma &quot;superior&quot;, el &quot;camino m&aacute;s excelente&quot;, como escribe el ap&oacute;stol san Pablo (<i>1 Co<\/i> 12, 31; 13, 13). <\/p>\n<p> Todo pasa en este mundo. En la eternidad, s&oacute;lo el Amor permanece. Por eso, hermanos, aprovechando el tiempo propicio de la Cuaresma, esforc&eacute;monos por verificar que todas las cosas, tanto en nuestra vida personal como en la actividad eclesial en la que estamos insertados, est&eacute;n impulsadas por la caridad y tiendan a la caridad. Para ello, nos ilumina tambi&eacute;n el misterio que hoy celebramos. En efecto, lo primero que hizo Mar&iacute;a despu&eacute;s de acoger el mensaje del &aacute;ngel &nbsp;fue ir &quot;con prontitud&quot; a casa de su prima Isabel para prestarle su servicio (cf. <i>Lc<\/i> 1, 39). La iniciativa de la Virgen brot&oacute; de una caridad aut&eacute;ntica, humilde y valiente, movida por la fe en la palabra de Dios y por el impulso interior del Esp&iacute;ritu Santo. Quien ama se olvida de s&iacute; mismo y se pone al servicio del pr&oacute;jimo. <\/p>\n<p> He aqu&iacute; la imagen y el modelo de la Iglesia. Toda comunidad eclesial, como la Madre de Cristo, est&aacute; llamada a acoger con plena disponibilidad el misterio de Dios que viene a habitar en ella y la impulsa por las sendas del amor. Este es el camino por el que he querido comenzar mi pontificado, invitando a todos, con mi primera enc&iacute;clica, a edificar la Iglesia en la caridad, como &quot;comunidad de amor&quot; (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>, segunda parte). Al buscar esta finalidad, venerados hermanos cardenales, vuestra cercan&iacute;a espiritual y activa es para m&iacute; un gran apoyo y consuelo. Os doy las gracias por ello, a la vez que os invito a todos, sacerdotes, di&aacute;conos, religiosos y laicos, a unirnos en la invocaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, a fin de que la caridad pastoral del Colegio de cardenales sea cada vez m&aacute;s ardiente, para ayudar a toda la Iglesia a irradiar en el mundo el amor de Cristo, para alabanza y gloria de la sant&iacute;sima Trinidad. <\/p>\n<p> Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICOPARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDENALES CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS NUEVOS CARDENALES Y ENTREGA DEL ANILLO CARDENALICIO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Solemnidad de la Anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or Plaza de San PedroS&aacute;bado 25 de marzo de 2006 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales y patriarcas; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-marzo-de-2006-concelebracion-de-la-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-y-entrega-del-anillo-cardenalicio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de marzo de 2006, Concelebraci\u00f3n de la Santa Misa con los nuevos Cardenales y entrega del anillo cardenalicio\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40719","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40719","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40719"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40719\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40719"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40719"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40719"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}