{"id":40721,"date":"2016-10-06T14:35:13","date_gmt":"2016-10-06T19:35:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-marzo-de-2006-santa-misa-para-los-trabajadores\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:13","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:13","slug":"19-de-marzo-de-2006-santa-misa-para-los-trabajadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-marzo-de-2006-santa-misa-para-los-trabajadores\/","title":{"rendered":"19 de marzo de 2006, Santa Misa para los trabajadores"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/>DURANTE LA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>PARA LOS TRABAJADORES EN LA FIESTA DE SAN JOS&Eacute;<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 19 de marzo de 2006<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p> Hemos escuchado juntos una famosa y bella p&aacute;gina del libro del &Eacute;xodo, en la que el autor sagrado narra la entrega del Dec&aacute;logo a Israel por parte de Dios. Un detalle llama enseguida la atenci&oacute;n:&nbsp; la enumeraci&oacute;n de los diez mandamientos se introduce con una significativa referencia a la liberaci&oacute;n del pueblo de Israel. Dice el texto:&nbsp; &quot;Yo soy el Se&ntilde;or, tu Dios, que te saqu&eacute; de Egipto, de la esclavitud&quot; (<i>Ex <\/i>20, 2). Por tanto, el Dec&aacute;logo quiere ser una confirmaci&oacute;n de la libertad conquistada. En efecto, los mandamientos, si se analizan en profundidad, son el instrumento que el Se&ntilde;or nos da para defender nuestra libertad tanto de los condicionamientos internos de las pasiones como de los abusos externos de los maliciosos. Los &quot;no&quot; de los mandamientos son otros tantos &quot;s&iacute;&quot; al crecimiento de una libertad aut&eacute;ntica. Conviene subrayar tambi&eacute;n una segunda dimensi&oacute;n del Dec&aacute;logo:&nbsp; con la Ley dada por medio de Mois&eacute;s el Se&ntilde;or revela que quiere establecer con Israel una alianza. Por consiguiente, la Ley, m&aacute;s que una imposici&oacute;n, es un don. M&aacute;s que mandar lo que el hombre debe hacer, quiere manifestar a todos la elecci&oacute;n de Dios:&nbsp; &eacute;l est&aacute; de parte del pueblo elegido; lo liber&oacute; de la esclavitud y lo rode&oacute; con su bondad misericordiosa. El Dec&aacute;logo es testimonio de un amor de predilecci&oacute;n. <\/p>\n<p> La liturgia de hoy nos ofrece un segundo mensaje:&nbsp; la Ley mosaica se cumpli&oacute; plenamente en Jes&uacute;s, que revel&oacute; la sabidur&iacute;a y el amor de Dios mediante el misterio de la cruz, &quot;esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os, necedad para los griegos \u2014como nos dice san Pablo en la segunda lectura\u2014; pero para los llamados (&#8230;), jud&iacute;os o griegos, fuerza de Dios y sabidur&iacute;a de Dios&quot; (<i>1 Co <\/i>1, 23-24). Precisamente a este misterio se refiere la p&aacute;gina evang&eacute;lica que se acaba de proclamar:&nbsp; Jes&uacute;s expulsa del templo a los vendedores y a los cambistas. El evangelista ofrece la clave de lectura de este significativo episodio en el vers&iacute;culo de un salmo:&nbsp; &quot;El celo por tu casa me devora&quot; (cf. <i>Sal <\/i>69, 10). A Jes&uacute;s lo &quot;devora&quot; este &quot;celo&quot; por la &quot;casa de Dios&quot;, utilizada con un fin diferente de aquel para el que estaba destinada. Ante la petici&oacute;n de los responsables religiosos, que pretenden un signo de su autoridad, en medio del asombro de los presentes, afirma:&nbsp; &quot;Destruid este templo, y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&quot; (<i>Jn <\/i>2, 19). Palabras misteriosas, incomprensibles en aquel momento, pero que san Juan vuelve a formular para sus lectores cristianos, observando:&nbsp; &quot;&Eacute;l hablaba del templo de su cuerpo&quot; (<i>Jn <\/i>2, 21).<br \/>Sus adversarios destruir&aacute;n este &quot;templo&quot;, pero &eacute;l, al cabo de tres d&iacute;as, lo reconstruir&aacute; mediante la resurrecci&oacute;n. La muerte dolorosa y &quot;escandalosa&quot; de Cristo se coronar&aacute; con el triunfo de su gloriosa resurrecci&oacute;n. Mientras en este tiempo cuaresmal nos preparamos para revivir en el triduo pascual este acontecimiento central de nuestra salvaci&oacute;n, contemplamos al Crucificado vislumbrando ya en &eacute;l el resplandor del Resucitado. <\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, que a la meditaci&oacute;n de los textos lit&uacute;rgicos del tercer domingo de Cuaresma une el recuerdo de san Jos&eacute;, nos ofrece la oportunidad de considerar, a la luz del misterio pascual, otro aspecto importante de la existencia humana. Me refiero a la realidad del trabajo, que hoy est&aacute; en el centro de cambios r&aacute;pidos y complejos. En numerosas p&aacute;ginas la Biblia muestra c&oacute;mo el trabajo pertenece a la condici&oacute;n originaria del hombre. Cuando el Creador plasm&oacute; al hombre a su imagen y semejanza, lo invit&oacute; a trabajar la tierra (cf. <i>Gn <\/i>2, 5-6). A causa del pecado de nuestros primeros padres, el trabajo se transform&oacute; en fatiga y sudor (cf. <i>Gn <\/i>3, 6-8), pero el proyecto divino mantiene inalterado su valor. El &nbsp;mismo &nbsp;Hijo de Dios, haci&eacute;ndose semejante en todo a nosotros, se dedic&oacute; durante muchos a&ntilde;os a actividades manuales, hasta el punto de que lo conoc&iacute;an como el &quot;hijo del carpintero&quot; (cf. <i>Mt <\/i>13, 55). La Iglesia ha mostrado siempre, especialmente durante el &uacute;ltimo siglo, inter&eacute;s y solicitud por este &aacute;mbito de la sociedad, como testimonian las numerosas intervenciones sociales del Magisterio y la acci&oacute;n de m&uacute;ltiples asociaciones de inspiraci&oacute;n cristiana, algunas de las cuales han venido hoy aqu&iacute; a representar a todo el mundo de los trabajadores. Me alegra acogeros, queridos amigos, y os dirijo a cada uno mi cordial saludo. Saludo en particular a monse&ntilde;or Arrigo Miglio, obispo de Ivrea y presidente de la Comisi&oacute;n episcopal italiana para los problemas sociales y el trabajo, la justicia y la paz, que se ha hecho int&eacute;rprete de los sentimientos comunes y me ha dirigido amables palabras de felicitaci&oacute;n por mi fiesta onom&aacute;stica. Se las agradezco vivamente. <\/p>\n<p> El trabajo reviste una importancia primaria para la realizaci&oacute;n del hombre y el desarrollo de la sociedad, y por eso es preciso que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien com&uacute;n. Al mismo tiempo, es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en &eacute;l el sentido &uacute;ltimo y definitivo de la vida. Al respecto, es oportuna la invitaci&oacute;n de la primera lectura:&nbsp; &quot;F&iacute;jate en el s&aacute;bado para santificarlo. Durante seis d&iacute;as trabaja y haz tus tareas, pero el d&iacute;a s&eacute;ptimo es un d&iacute;a de descanso dedicado al Se&ntilde;or, tu Dios&quot; (<i>Ex <\/i>20, 8-9). El s&aacute;bado es d&iacute;a santificado, es decir, consagrado a Dios, en el que el hombre comprende mejor el sentido de su existencia y tambi&eacute;n de la actividad laboral. Por tanto, se puede afirmar que la ense&ntilde;anza b&iacute;blica sobre el trabajo culmina en el mandamiento del descanso. Al respecto, el <i> Compendio de la doctrina social de la Iglesia <\/i>observa oportunamente:&nbsp; &quot;El descanso abre al hombre, sujeto a la necesidad del trabajo, la perspectiva de una libertad m&aacute;s plena, la del s&aacute;bado eterno (cf. <i>Hb <\/i>4, 9-10). El descanso permite a los hombres recordar y revivir las obras de Dios, desde la creaci&oacute;n hasta la Redenci&oacute;n, reconocerse a s&iacute; mismos como obra suya (cf. <i>Ef <\/i>2, 10), y dar gracias por su vida y su subsistencia a &eacute;l, que de ellas es el Autor&quot; (n. 258). <\/p>\n<p> La actividad laboral debe contribuir al verdadero bien de la humanidad, permitiendo &quot;al hombre individual y socialmente cultivar y realizar plenamente su vocaci&oacute;n&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i>35). Para que esto suceda no basta la preparaci&oacute;n t&eacute;cnica y profesional, por lo dem&aacute;s necesaria; ni siquiera es suficiente la creaci&oacute;n de un orden social justo y atento al bien de todos. Es preciso vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a trav&eacute;s de su trabajo, imitando a san Jos&eacute;, que cada d&iacute;a debi&oacute; proveer con sus manos a las necesidades de la Sagrada Familia, y por eso la Iglesia lo propone como patrono de los trabajadores. Su testimonio muestra que el hombre es sujeto y protagonista del trabajo. Quisiera encomendarle a &eacute;l a los j&oacute;venes que con esfuerzo logran insertarse en el mundo del trabajo, a los desempleados y a todos los que sufren las dificultades debidas a la crisis laboral generalizada. Que junto con Mar&iacute;a, su esposa, san Jos&eacute; vele sobre todos los trabajadores y obtenga serenidad y paz para las familias y para toda la humanidad. Que al contemplar a este gran santo, los cristianos aprendan a testimoniar en todos los &aacute;mbitos laborales el amor de Cristo, manantial de solidaridad verdadera y de paz estable. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI DURANTE LA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LOS TRABAJADORES EN LA FIESTA DE SAN JOS&Eacute; Domingo 19 de marzo de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Hemos escuchado juntos una famosa y bella p&aacute;gina del libro del &Eacute;xodo, en la que el autor sagrado narra la entrega del Dec&aacute;logo a Israel &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-marzo-de-2006-santa-misa-para-los-trabajadores\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de marzo de 2006, Santa Misa para los trabajadores\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40721","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40721","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40721"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40721\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40721"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40721"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40721"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}