{"id":40724,"date":"2016-10-06T14:35:19","date_gmt":"2016-10-06T19:35:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-2006-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-jornada-de-la-vida-consagrada\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:19","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:19","slug":"2-de-febrero-de-2006-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-jornada-de-la-vida-consagrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-2006-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-jornada-de-la-vida-consagrada\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 2006, Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or &#8211; Jornada de la Vida Consagrada"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/>DURANTE LA MISA EN LA FIESTA <br \/>DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/b><\/p>\n<p>Jornada de la vida consagrada<br \/>Jueves 2 de febrero de 2006 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p> La fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or en el templo, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento, pone ante nuestros ojos un momento particular de la vida de la Sagrada Familia:&nbsp; seg&uacute;n la ley mosaica, Mar&iacute;a y Jos&eacute; llevan al ni&ntilde;o Jes&uacute;s al templo de Jerusal&eacute;n para ofrecerlo al Se&ntilde;or (cf. <i>Lc<\/i> 2, 22). Sime&oacute;n y Ana, inspirados por Dios, reconocen en aquel Ni&ntilde;o al Mes&iacute;as tan esperado y profetizan sobre &eacute;l. Estamos ante un misterio, sencillo y a &nbsp;la vez solemne, en el que la santa Iglesia celebra a Cristo, el Consagrado del Padre, primog&eacute;nito de la nueva humanidad. <\/p>\n<p> La sugestiva procesi&oacute;n con los cirios al inicio de nuestra celebraci&oacute;n nos ha hecho revivir la majestuosa entrada, cantada en el salmo responsorial, de Aquel que es &quot;el rey de la gloria&quot;, &quot;el Se&ntilde;or, fuerte en la guerra&quot; (<i>Sal<\/i> 23, 7.&nbsp;8). Pero, &iquest;qui&eacute;n es ese Dios fuerte que entra en el templo? Es un ni&ntilde;o; es el ni&ntilde;o Jes&uacute;s, en los brazos de su madre, la Virgen Mar&iacute;a. La Sagrada Familia cumple lo que prescrib&iacute;a la Ley:&nbsp; la purificaci&oacute;n de la madre, la ofrenda del primog&eacute;nito a Dios y su rescate mediante un sacrificio. En la primera lectura, la liturgia habla del or&aacute;culo del profeta Malaqu&iacute;as:&nbsp; &quot;De pronto entrar&aacute; en el santuario el Se&ntilde;or&quot; (<i>Ml<\/i> 3, 1). Estas palabras comunican toda la intensidad del deseo que anim&oacute; la espera del pueblo jud&iacute;o a lo largo de los siglos. Por fin entra en su casa &quot;el mensajero de la alianza&quot; y se somete a la Ley:&nbsp; va a Jerusal&eacute;n para entrar, en actitud de obediencia, en la casa de Dios. <\/p>\n<p> El significado de este gesto adquiere una perspectiva m&aacute;s amplia en el pasaje de la carta a los Hebreos, proclamado hoy como segunda lectura. Aqu&iacute; se nos presenta a Cristo, el mediador que une a Dios y al hombre, superando las distancias, eliminando toda divisi&oacute;n y derribando todo muro de separaci&oacute;n. Cristo viene como nuevo &quot;sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y a expiar as&iacute; los pecados del pueblo&quot; (<i>Hb<\/i> 2, 17). As&iacute; notamos que la mediaci&oacute;n con Dios ya no se realiza en la santidad-separaci&oacute;n del sacerdocio antiguo, sino en la solidaridad liberadora con los hombres. Siendo todav&iacute;a ni&ntilde;o, comienza a avanzar por el camino de la obediencia, que recorrer&aacute; hasta las &uacute;ltimas consecuencias. Lo muestra bien la carta a los Hebreos cuando dice:&nbsp; &quot;Habiendo ofrecido en los d&iacute;as de su vida mortal ruegos y s&uacute;plicas (&#8230;) al que pod&iacute;a salvarle de la muerte, (&#8230;) y aun siendo Hijo, con lo que padeci&oacute; experiment&oacute; la obediencia; y llegado a la perfecci&oacute;n, se convirti&oacute; en causa de salvaci&oacute;n eterna para todos los que le obedecen&quot; (<i>Hb<\/i> 5, 7-9). <\/p>\n<p> La primera persona que se asocia a Cristo en el camino de la obediencia, de la fe probada y del dolor compartido, es su madre, Mar&iacute;a. El texto evang&eacute;lico nos la muestra en el acto de ofrecer a su Hijo:&nbsp; una ofrenda incondicional que la implica personalmente:&nbsp; Mar&iacute;a es Madre de Aquel que es &quot;gloria de su pueblo Israel&quot; y &quot;luz para alumbrar a las naciones&quot;, pero tambi&eacute;n &quot;signo de contradicci&oacute;n&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 2, 32.&nbsp;34). Y a ella misma la espada del dolor le traspasar&aacute; su alma inmaculada, mostrando as&iacute; que su papel en la historia de la salvaci&oacute;n no termina en el misterio de la Encarnaci&oacute;n, sino que se completa con la amorosa y dolorosa participaci&oacute;n en la muerte y resurrecci&oacute;n de su Hijo. Al llevar a su Hijo a Jerusal&eacute;n, la Virgen Madre lo ofrece a Dios como verdadero Cordero que quita el pecado del mundo; lo pone en manos de Sime&oacute;n y Ana como anuncio de redenci&oacute;n; lo presenta a todos como luz para avanzar por el camino seguro de la verdad y del amor. <\/p>\n<p> Las palabras que en este encuentro afloran a los labios del anciano Sime&oacute;n \u2014&quot;mis ojos han visto a tu Salvador&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 30)\u2014, encuentran eco en el coraz&oacute;n de la profetisa Ana. Estas personas justas y piadosas, envueltas en la luz de Cristo, pueden contemplar en el ni&ntilde;o Jes&uacute;s &quot;el consuelo de Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 25). As&iacute;, su espera se transforma en luz que ilumina la historia. <\/p>\n<p> Sime&oacute;n es portador de una antigua esperanza, y el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or habla a su coraz&oacute;n:&nbsp; por eso puede contemplar a Aquel a quien muchos profetas y reyes hab&iacute;an deseado ver, a Cristo, luz que alumbra a las naciones. En aquel Ni&ntilde;o reconoce al Salvador, pero intuye en el Esp&iacute;ritu que en torno a &eacute;l girar&aacute; el destino de la humanidad, y que deber&aacute; sufrir mucho a causa de los que lo rechazar&aacute;n; proclama su identidad y su misi&oacute;n de Mes&iacute;as con las palabras que forman uno de los himnos de la Iglesia naciente, del cual brota todo el gozo comunitario y escatol&oacute;gico de la espera salv&iacute;fica realizada. El entusiasmo es tan grande, que vivir y morir son lo mismo, y la &quot;luz&quot; y la &quot;gloria&quot; se transforman en una revelaci&oacute;n universal. Ana es &quot;profetisa&quot;, mujer sabia y piadosa, que interpreta el sentido profundo de los acontecimientos hist&oacute;ricos y del mensaje de &nbsp;Dios encerrado en ellos. Por eso puede &quot;alabar a Dios&quot; y hablar &quot;del Ni&ntilde;o a todos los que aguardaban la liberaci&oacute;n de Jerusal&eacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 38). Su larga viudez, dedicada al culto en el templo, su &nbsp;fidelidad a los ayunos semanales y su participaci&oacute;n en la espera de todos los que anhelaban el rescate de&nbsp;Israel&nbsp;concluyen&nbsp;en el encuentro con el ni&ntilde;o Jes&uacute;s. <\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, en esta fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or, la Iglesia celebra la Jornada de la vida consagrada. Se trata de una ocasi&oacute;n oportuna para alabar al Se&ntilde;or y darle gracias &nbsp;por el don inestimable que constituye la vida consagrada en sus diferentes formas; al mismo tiempo, es un est&iacute;mulo a promover en todo el pueblo de Dios el conocimiento y la estima por quienes est&aacute;n totalmente consagrados a Dios. <\/p>\n<p> En efecto, como la vida de Jes&uacute;s, con su obediencia y su entrega al Padre, es par&aacute;bola viva del &quot;Dios con nosotros&quot;, tambi&eacute;n la entrega concreta de las personas consagradas a Dios y a los hermanos se convierte en signo elocuente de la presencia del reino de Dios para el mundo de hoy.<br \/>Vuestro modo de vivir y de trabajar puede manifestar sin atenuaciones la plena pertenencia al &uacute;nico Se&ntilde;or; vuestro completo abandono en las manos de Cristo y de la Iglesia es un anuncio fuerte y claro de la presencia de Dios con un lenguaje comprensible para nuestros contempor&aacute;neos. Este es el primer servicio que la vida consagrada presta a la Iglesia y al mundo. Dentro del pueblo de Dios, son como centinelas que descubren y anuncian la vida nueva ya presente en nuestra historia. <\/p>\n<p> Me dirijo ahora de modo especial a vosotros, queridos hermanos y hermanas que hab&eacute;is abrazado la vocaci&oacute;n de especial consagraci&oacute;n, para saludaros con afecto y daros las gracias de coraz&oacute;n por vuestra presencia. Dirijo un saludo especial a monse&ntilde;or Franc Rod&eacute;, prefecto de la Congregaci&oacute;n para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost&oacute;lica, y a sus colaboradores, que concelebran conmigo en esta santa misa. Que el Se&ntilde;or renueve cada d&iacute;a en vosotros y en todas las personas consagradas la respuesta gozosa a su amor gratuito y fiel. <\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, como cirios encendidos irradiad siempre y en todo lugar el amor de Cristo, luz del mundo. Mar&iacute;a sant&iacute;sima, la Mujer consagrada, os ayude a vivir plenamente vuestra especial vocaci&oacute;n y misi&oacute;n en la Iglesia, para la salvaci&oacute;n del mundo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI DURANTE LA MISA EN LA FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR Jornada de la vida consagradaJueves 2 de febrero de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; La fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or en el templo, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento, pone ante nuestros ojos un momento particular &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-2006-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-jornada-de-la-vida-consagrada\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de febrero de 2006, Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or &#8211; Jornada de la Vida Consagrada\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40724","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40724","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40724"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40724\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40724"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40724"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40724"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}