{"id":40725,"date":"2016-10-06T14:35:21","date_gmt":"2016-10-06T19:35:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2006-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:21","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:21","slug":"25-de-enero-de-2006-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2006-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/","title":{"rendered":"25 de enero de 2006, Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS <br \/> DE LA SOLEMNIDAD DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO <br \/>COMO CONCLUSI&Oacute;N DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N <br \/>POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros<br \/> Mi&eacute;rcoles 25 de enero de 2006&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p> En este d&iacute;a, en el que se celebra la Conversi&oacute;n del ap&oacute;stol san Pablo, concluimos, reunidos en fraterna asamblea lit&uacute;rgica, la Semana anual de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos. Es significativo que la memoria de la conversi&oacute;n del Ap&oacute;stol de las gentes coincida con la &uacute;ltima jornada de esta importante Semana, en la que pedimos a Dios con especial intensidad el valioso don de la unidad entre todos los cristianos, haciendo nuestra la invocaci&oacute;n que Jes&uacute;s mismo elev&oacute; al Padre por sus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;Que todos sean uno. Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti, que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21). <\/p>\n<p> La aspiraci&oacute;n de toda comunidad cristiana y de cada uno de los fieles a la unidad, y la fuerza para realizarla, son un don del Esp&iacute;ritu Santo y son paralelas a una fidelidad cada vez m&aacute;s profunda y radical al Evangelio (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/__P4.HTM\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 15). Somos conscientes de que en la base del compromiso ecum&eacute;nico se encuentra la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n, como afirma claramente el concilio Vaticano II:&nbsp; &quot;El aut&eacute;ntico ecumenismo no se da sin la conversi&oacute;n interior, porque los deseos de unidad brotan y maduran como fruto de la renovaci&oacute;n de la mente, de la negaci&oacute;n de s&iacute; mismo y de una efusi&oacute;n lib&eacute;rrima de la caridad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>, <\/i>7). <\/p>\n<p> &quot;<i>Deus caritas est<\/i>&quot;, &quot;Dios es amor&quot; (<i>1&nbsp;Jn<\/i> 4, 8.&nbsp;16). Sobre esta s&oacute;lida roca se apoya toda la fe de la Iglesia. En particular, se basa en ella la paciente b&uacute;squeda de la comuni&oacute;n plena entre todos los disc&iacute;pulos de Cristo:&nbsp; fijando la mirada en esta verdad, cumbre de la revelaci&oacute;n divina, las divisiones, aunque conserven su dolorosa gravedad, parecen superables y no nos desalientan. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que con la sangre de su Pasi&oacute;n derrib&oacute; &quot;el muro de separaci&oacute;n&quot;, &quot;la enemistad&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14), seguramente conceder&aacute; a los que lo invocan con fe la fuerza para cicatrizar cualquier herida. Pero es preciso recomenzar siempre desde aqu&iacute;:&nbsp; &quot;<i>Deus caritas est<\/i>&quot;. <\/p>\n<p> Al tema del amor he querido dedicar mi primera enc&iacute;clica, que se ha publicado precisamente hoy, y esta feliz coincidencia con la conclusi&oacute;n de la Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos nos invita a considerar este encuentro y, m&aacute;s a&uacute;n, todo el camino ecum&eacute;nico a la luz del amor de Dios, del Amor que es Dios. Si ya desde el punto de vista humano el amor se manifiesta como una fuerza invencible, &iquest;qu&eacute; debemos decir nosotros, que &quot;hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos cre&iacute;do en &eacute;l&quot;? (<i>1 Jn<\/i> 4, 16). <\/p>\n<p> El aut&eacute;ntico amor no anula las diferencias leg&iacute;timas, sino que las armoniza en una unidad superior, que no se impone <i>desde fuera;<\/i> m&aacute;s bien, <i>desde dentro<\/i>, por decirlo as&iacute;, da forma al conjunto. Es el misterio de la comuni&oacute;n, que, como une al hombre y la mujer en la comunidad de amor y de vida que es el matrimonio, forma a la Iglesia como comunidad de amor, juntando en la unidad a una multiforme riqueza de dones, de tradiciones. Al servicio de esa unidad de amor est&aacute; la Iglesia de Roma, que, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de san Ignacio de Antioqu&iacute;a, &quot;preside en la caridad&quot; (<i>Ad Rom<\/i>., 1, 1). Ante vosotros, queridos hermanos y hermanas, deseo hoy renovar la consagraci&oacute;n a Dios de mi peculiar ministerio petrino, invocando sobre &eacute;l la luz y la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, a fin de que favorezca siempre la comuni&oacute;n fraterna entre todos los cristianos. <\/p>\n<p> Las dos breves lecturas b&iacute;blicas de la liturgia vespertina de hoy est&aacute;n profundamente unidas por el tema del amor. En la primera, la caridad divina es la fuerza que transforma la vida de Saulo de Tarso y lo convierte en el Ap&oacute;stol de las gentes. Escribiendo a los cristianos de Corinto, san Pablo confiesa que la gracia de Dios ha obrado en &eacute;l el acontecimiento extraordinario de la conversi&oacute;n:&nbsp; &quot;Por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido est&eacute;ril en m&iacute;&quot; (<i>1 Co<\/i> 15, 10). <\/p>\n<p> Por una parte, siente el peso de haber impedido la difusi&oacute;n del mensaje de Cristo, pero al mismo tiempo vive con la alegr&iacute;a de haberse encontrado con el Se&ntilde;or resucitado y haber sido iluminado y transformado por su luz. Recuerda constantemente ese acontecimiento que cambi&oacute; su existencia, acontecimiento tan importante para la Iglesia entera, que en los Hechos de los Ap&oacute;stoles se hace referencia a &eacute;l tres veces (cf. <i>Hch<\/i> 9, 3-9; 22, 6-11; 26, 12-18). En el camino de Damasco, Saulo escuch&oacute; la desconcertante pregunta:&nbsp; &quot;&iquest;Por qu&eacute; me persigues?&quot;. Cayendo en tierra, turbado en su interior, pregunt&oacute;:&nbsp; &quot;&iquest;Qui&eacute;n eres, Se&ntilde;or?&quot;, y obtuvo la respuesta que est&aacute; en la ra&iacute;z de su conversi&oacute;n:&nbsp; &quot;Yo soy Jes&uacute;s, a quien t&uacute; persigues&quot; (<i>Hch<\/i> 9, 4-5). Pablo comprendi&oacute; en un instante lo que despu&eacute;s expresar&iacute;a en sus escritos:&nbsp; que la Iglesia forma un solo cuerpo, cuya cabeza es Cristo. As&iacute;, de perseguidor de los cristianos se convirti&oacute; en el Ap&oacute;stol de las gentes. <\/p>\n<p> En el pasaje evang&eacute;lico de san Mateo que se acaba de proclamar, el amor act&uacute;a como principio de uni&oacute;n de los cristianos y hace que su oraci&oacute;n un&aacute;nime sea escuchada por el Padre celestial. Dice Jes&uacute;s:&nbsp;&nbsp;&quot;Si dos&nbsp;de vosotros&nbsp;se ponen&nbsp;de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, se lo conceder&aacute; mi Padre que est&aacute; en&nbsp;los cielos&quot;&nbsp;(<i>Mt<\/i>&nbsp;18,&nbsp;19).&nbsp;El verbo que usa el evangelista para decir &quot;se ponen de acuerdo&quot; es <i>synph&#x14d;n&#x113;s&#x14d;sin<\/i>, que encierra la referencia a una &quot;sinfon&iacute;a&quot; de corazones. Esto es lo que influye en&nbsp;el coraz&oacute;n&nbsp;de Dios.&nbsp;As&iacute; pues,&nbsp;el acuerdo en la oraci&oacute;n resulta importante para que la acoja el Padre celestial. El pedir juntos implica ya un paso hacia la unidad entre los que piden. <\/p>\n<p> Ciertamente, eso no significa que la respuesta de Dios est&eacute;, de alguna forma, determinada por nuestra petici&oacute;n. Como sabemos bien, la anhelada realizaci&oacute;n de la unidad depende, en primer lugar, de la voluntad de Dios, cuyo designio y cuya generosidad superan la comprensi&oacute;n del hombre e incluso sus peticiones y expectativas. Precisamente contando con la bondad divina, intensifiquemos nuestra oraci&oacute;n com&uacute;n por la unidad, que es un medio necesario y&nbsp;muy eficaz, como record&oacute; Juan Pablo II en la enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0043\/__P6.HTM\">Ut unum sint<\/a><\/i>:&nbsp; &quot;En el camino ecum&eacute;nico hacia la unidad, la primac&iacute;a corresponde sin duda a la oraci&oacute;n com&uacute;n, a la uni&oacute;n orante de quienes se congregan en torno a Cristo mismo&quot; (n. 22). <\/p>\n<p> Analizando m&aacute;s profundamente estos vers&iacute;culos evang&eacute;licos, comprendemos mejor la raz&oacute;n por la cual el Padre acoger&aacute; positivamente la petici&oacute;n de la comunidad cristiana:&nbsp; &quot;Porque \u2014dice Jes&uacute;s\u2014 donde est&aacute;n dos o tres reunidos en mi nombre, all&iacute; estoy yo en medio de ellos&quot; (<i>Mt <\/i>18, 20). Es la presencia de Cristo la que hace eficaz la oraci&oacute;n com&uacute;n de los que se re&uacute;nen en su nombre.<\/p>\n<p>Cuando los cristianos se congregan para orar, Jes&uacute;s mismo est&aacute; en medio de ellos. Son uno con Aquel que es el &uacute;nico mediador entre Dios y los hombres. La constituci&oacute;n sobre la sagrada liturgia del concilio Vaticano II se refiere precisamente a este pasaje del evangelio para indicar uno de los modos de la presencia de Cristo:&nbsp; &quot;Cuando la Iglesia suplica y canta salmos, est&aacute; presente el mismo que prometi&oacute;:&nbsp; &quot;Donde est&aacute;n dos o tres congregados en mi nombre ah&iacute; estoy yo en medio de ellos&quot; (<i>Mt <\/i>18, 20)&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, 7). <\/p>\n<p> San Juan Cris&oacute;stomo, comentando este texto del evangelio de san Mateo, se pregunta:&nbsp; &quot;Pues bien, &iquest;no hay dos o tres que se re&uacute;nen en su nombre? S&iacute;, los hay \u2014responde\u2014, pero raramente&quot; (<i>Homil&iacute;as sobre el evangelio de san Mateo, <\/i>60, 3). Esta tarde siento una inmensa alegr&iacute;a al ver una asamblea tan numerosa y orante, que implora de modo &quot;sinf&oacute;nico&quot; el don de la unidad. A todos y a cada uno dirijo mi cordial saludo. Saludo con particular afecto a los hermanos de las otras Iglesias y comunidades eclesiales de esta ciudad, unidos en el &uacute;nico bautismo, que nos convierte en miembros del &uacute;nico Cuerpo m&iacute;stico de Cristo. <\/p>\n<p> Han pasado s&oacute;lo cuarenta a&ntilde;os desde que, precisamente en esta bas&iacute;lica, el 5 de diciembre de 1965, el siervo de Dios Pablo VI, de feliz memoria, celebr&oacute; la primera oraci&oacute;n com&uacute;n, al concluir el concilio Vaticano II, con la solemne presencia de los padres conciliares y la participaci&oacute;n activa de los observadores de las otras Iglesias y comunidades eclesiales. Luego, el amado Juan Pablo II continu&oacute; con perseverancia la tradici&oacute;n de concluir aqu&iacute; la Semana de oraci&oacute;n. Estoy seguro de que esta tarde ambos nos miran desde el cielo y se unen a nuestra oraci&oacute;n. <\/p>\n<p> Entre los que participan en esta asamblea quisiera saludar en especial al grupo de los delegados de Iglesias, de Conferencias episcopales, de comunidades cristianas y de organismos ecum&eacute;nicos que trabajan en la preparaci&oacute;n de la III&nbsp;Asamblea ecum&eacute;nica europea, que tendr&aacute; lugar en S&igrave;biu (Ruman&iacute;a), en septiembre de 2007, sobre el tema:&nbsp; &quot;La luz de Cristo ilumina a todos. Esperanza de renovaci&oacute;n y unidad en Europa&quot;. <\/p>\n<p> S&iacute;, queridos hermanos y hermanas, los &nbsp;cristianos &nbsp;tenemos &nbsp;la &nbsp;tarea &nbsp;de ser, en Europa y en medio de todos los pueblos, &quot;luz del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 5, 14). Que Dios nos conceda llegar pronto a la anhelada comuni&oacute;n plena. El restablecimiento de nuestra unidad dar&aacute; mayor eficacia a la evangelizaci&oacute;n. La unidad es nuestra misi&oacute;n com&uacute;n; es la condici&oacute;n para que la luz de Cristo se difunda m&aacute;s eficazmente en todo el mundo y los hombres se conviertan y se salven. <\/p>\n<p> &iexcl;Cu&aacute;nto camino nos queda a&uacute;n por recorrer! Pero no perdamos la confianza; al contrario, con m&aacute;s ah&iacute;nco reanudemos el camino juntos. Cristo nos precede y nos acompa&ntilde;a. Contamos con su indefectible presencia. A &eacute;l le imploramos humilde e incansablemente el valioso don de la unidad y la paz. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO COMO CONCLUSI&Oacute;N DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros Mi&eacute;rcoles 25 de enero de 2006&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; En este d&iacute;a, en el que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2006-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de enero de 2006, Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40725","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40725","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40725"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40725\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40725"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40725"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40725"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}