{"id":40727,"date":"2016-10-06T14:35:24","date_gmt":"2016-10-06T19:35:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2006-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:24","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:24","slug":"6-de-enero-de-2006-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2006-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2006, Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br \/><\/font><\/b><br \/>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>Viernes 6 de enero de 2006<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p> La luz que brill&oacute; en Navidad durante la noche, iluminando la cueva de Bel&eacute;n, donde permanecen en silenciosa adoraci&oacute;n Mar&iacute;a, Jos&eacute; y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a todos. La Epifan&iacute;a es misterio de luz, simb&oacute;licamente indicada por la estrella que gui&oacute; a los Magos en su viaje. Pero el verdadero manantial luminoso, el &quot;sol que nace de lo alto&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 78), es Cristo. <\/p>\n<p> En el misterio de la Navidad, la luz de Cristo se irradia sobre la tierra, difundi&eacute;ndose como en c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos. Ante todo, sobre la Sagrada Familia de Nazaret: la Virgen Mar&iacute;a y Jos&eacute; son iluminados por la presencia divina del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s. La luz del Redentor se manifiesta luego a los pastores de Bel&eacute;n, que, advertidos por el &aacute;ngel, acuden enseguida a la cueva y encuentran all&iacute; la &quot;se&ntilde;al&quot; que se les hab&iacute;a anunciado: un ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales y acostado en un pesebre (cf. <i>Lc<\/i> 2, 12). Los pastores, junto con Mar&iacute;a y Jos&eacute;, representan al &quot;resto de Israel&quot;, a los pobres, los <i>anawin<\/i>, a quienes se anuncia la buena nueva. Por &uacute;ltimo, el resplandor de Cristo alcanza a los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusal&eacute;n, a donde, de forma parad&oacute;jica, precisamente los Magos llevan la noticia del nacimiento del Mes&iacute;as, y no suscita alegr&iacute;a, sino temor y reacciones hostiles. Misterioso designio divino: &quot;La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eras malas&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 19). <\/p>\n<p> Pero &iquest;qu&eacute; es esta luz? &iquest;Es s&oacute;lo una met&aacute;fora sugestiva, o a la imagen corresponde una realidad? El ap&oacute;stol san Juan escribe en su primera carta: &quot;Dios es luz, en &eacute;l no hay tiniebla alguna&quot; (<i>1 Jn<\/i> 1, 5); y, m&aacute;s adelante, a&ntilde;ade: &quot;Dios es amor&quot;. Estas dos afirmaciones, juntas, nos ayudan a comprender mejor: la luz que apareci&oacute; en Navidad y hoy se manifiesta a las naciones es el amor de Dios, revelado en la Persona del Verbo encarnado. Atra&iacute;dos por esta luz, llegan los Magos de Oriente. <\/p>\n<p> Por tanto, en el misterio de la Epifan&iacute;a, junto a un movimiento de irradiaci&oacute;n hacia el exterior, se manifiesta un movimiento de atracci&oacute;n hacia el centro, con el que llega a plenitud el movimiento ya inscrito en la antigua alianza. El manantial de este dinamismo es Dios, uno en la sustancia y trino en las Personas, que atrae a todos y todo a s&iacute;. De este modo, la Persona encarnada del Verbo se presenta como principio de reconciliaci&oacute;n y de recapitulaci&oacute;n universal (cf. <i>Ef<\/i> 1, 9-10). &Eacute;l es la meta final de la historia, el punto de llegada de un &quot;&eacute;xodo&quot;, de un providencial camino de redenci&oacute;n, que culmina en su muerte y resurrecci&oacute;n. Por eso, en la solemnidad de la Epifan&iacute;a, la liturgia prev&eacute; el as&iacute; llamado &quot;Anuncio de la Pascua&quot;: en efecto, el A&ntilde;o lit&uacute;rgico resume toda la par&aacute;bola de la historia de la salvaci&oacute;n, en cuyo centro est&aacute; &quot;el Triduo del Se&ntilde;or crucificado, sepultado y resucitado&quot;. <\/p>\n<p> En la liturgia del tiempo de Navidad se repite a menudo, como estribillo, este vers&iacute;culo del salmo 97: &quot;El Se&ntilde;or da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia&quot; (v. 2). Son palabras que la Iglesia utiliza para subrayar la dimensi&oacute;n &quot;epif&aacute;nica&quot; de la Encarnaci&oacute;n: el hecho de que el Hijo de Dios se hizo hombre, su entrada en la historia es el momento culminante de la autorrevelaci&oacute;n de Dios a Israel y a todas las naciones. En el Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n Dios se revel&oacute; en la humildad de la &quot;forma humana&quot;, en la &quot;condici&oacute;n de siervo&quot;, m&aacute;s a&uacute;n, de crucificado (cf. <i>Flp<\/i> 2, 6-8). Es la paradoja cristiana. <\/p>\n<p> Precisamente este ocultamiento constituye la &quot;manifestaci&oacute;n&quot; m&aacute;s elocuente de Dios: la humildad, la pobreza, la misma ignominia de la Pasi&oacute;n nos permiten conocer c&oacute;mo es Dios verdaderamente. El rostro del Hijo revela fielmente el del Padre. Por ello, todo el misterio de la Navidad es, por decirlo as&iacute;, una &quot;epifan&iacute;a&quot;. La manifestaci&oacute;n a los Magos no a&ntilde;ade nada extra&ntilde;o al designio de Dios, sino que revela una de sus dimensiones perennes y constitutivas, es decir, que &quot;tambi&eacute;n los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y part&iacute;cipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 6). <\/p>\n<p> A una mirada superficial, la fidelidad de Dios a Israel y su manifestaci&oacute;n a las gentes podr&iacute;an parecer aspectos divergentes entre s&iacute;; pero, en realidad, son las dos caras de la misma medalla. En efecto, seg&uacute;n las Escrituras, es precisamente permaneciendo fiel al pacto de amor con el pueblo de Israel como Dios revela su gloria tambi&eacute;n a los dem&aacute;s pueblos. &quot;Gracia y fidelidad&quot; (<i>Sal<\/i> 88, 2), &quot;misericordia y verdad&quot; (<i>Sal<\/i> 84, 11) son el contenido de la gloria de Dios, son su &quot;nombre&quot;, destinado a ser conocido y santificado por los hombres de toda lengua y naci&oacute;n. <\/p>\n<p> Pero este &quot;contenido&quot; es inseparable del &quot;m&eacute;todo&quot; que Dios ha elegido para revelarse, es decir, el de la fidelidad absoluta a la alianza, que alcanza su culmen en Cristo. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s es, al mismo tiempo e inseparablemente, &quot;luz para alumbrar a las naciones, y gloria de su pueblo, Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 32), como, inspirado por Dios, exclamar&aacute; el anciano Sime&oacute;n, tomando al Ni&ntilde;o en los brazos, cuando sus padres lo presentar&aacute;n en el templo. La luz que alumbra a las naciones \u2014la luz de la Epifan&iacute;a\u2014 brota de la gloria de Israel, la gloria del Mes&iacute;as nacido, seg&uacute;n las Escrituras, en Bel&eacute;n, &quot;ciudad de David&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 4). Los Magos adoraron a un simple Ni&ntilde;o en brazos de su Madre Mar&iacute;a, porque en &eacute;l reconocieron el manantial de la doble luz que los hab&iacute;a guiado: la luz de la estrella y la luz de las Escrituras. Reconocieron en &eacute;l al Rey de los jud&iacute;os, gloria de Israel, pero tambi&eacute;n al Rey de todas las naciones. <\/p>\n<p> En el contexto lit&uacute;rgico de la Epifan&iacute;a se manifiesta tambi&eacute;n el misterio de la Iglesia y su dimensi&oacute;n misionera. La Iglesia est&aacute; llamada a hacer que en el mundo resplandezca la luz de Cristo, reflej&aacute;ndola en s&iacute; misma como la luna refleja la luz del sol. En la Iglesia se han cumplido las antiguas profec&iacute;as referidas a la ciudad santa de Jerusal&eacute;n, como la estupenda profec&iacute;a de Isa&iacute;as que acabamos de escuchar: &quot;&iexcl;Lev&aacute;ntate, brilla, Jerusal&eacute;n, que llega tu luz. (&#8230;) Caminar&aacute;n los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora&quot; (<i>Is<\/i> 60, 1-3). Esto lo deber&aacute;n realizar los disc&iacute;pulos de Cristo: despu&eacute;s de aprender de &eacute;l a vivir seg&uacute;n el estilo de las Bienaventuranzas, deber&aacute;n atraer a todos los hombres hacia Dios mediante el testimonio del amor: &quot;Alumbre as&iacute; vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que est&aacute; en el cielo&quot; (<i>Mt<\/i> 5, 16). <\/p>\n<p> Al escuchar estas palabras de Jes&uacute;s, nosotros, los miembros de la Iglesia, no podemos por menos de notar toda la insuficiencia de nuestra condici&oacute;n humana, marcada por el pecado. La Iglesia es santa, pero est&aacute; formada por hombres y mujeres con sus l&iacute;mites y sus errores. Es Cristo, s&oacute;lo &eacute;l, quien don&aacute;ndonos el Esp&iacute;ritu Santo puede transformar nuestra miseria y renovarnos constantemente. &Eacute;l es la luz de las naciones, <i>lumen gentium<\/i>, que quiso iluminar el mundo mediante su Iglesia (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 1). <\/p>\n<p> &quot;&iquest;C&oacute;mo suceder&aacute; eso?&quot;, nos preguntamos tambi&eacute;n nosotros con las palabras que la Virgen dirigi&oacute; al arc&aacute;ngel Gabriel. Precisamente ella, la Madre de Cristo y de la Iglesia, nos da la respuesta: con su ejemplo de total disponibilidad a la voluntad de Dios \u2014<i>&quot;fiat mihi secundum verbum tuum&quot; <\/i>(<i>Lc<\/i> 1, 38)\u2014. Ella nos ense&ntilde;a a ser &quot;epifan&iacute;a&quot; del Se&ntilde;or con la apertura del coraz&oacute;n a la fuerza de la gracia y con la adhesi&oacute;n fiel a la palabra de su Hijo, luz del mundo y meta final de la historia. <\/p>\n<p> As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVIBas&iacute;lica de San PedroViernes 6 de enero de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: La luz que brill&oacute; en Navidad durante la noche, iluminando la cueva de Bel&eacute;n, donde permanecen en silenciosa adoraci&oacute;n Mar&iacute;a, Jos&eacute; y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2006-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 2006, Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40727","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40727","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40727"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40727\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40727"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40727"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40727"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}