{"id":40728,"date":"2016-10-06T14:35:25","date_gmt":"2016-10-06T19:35:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2006-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/"},"modified":"2016-10-06T14:35:25","modified_gmt":"2016-10-06T19:35:25","slug":"1-de-enero-de-2006-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2006-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/","title":{"rendered":"1 de enero de 2006, Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<br \/>XXXIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Domingo 1 de enero de 2006 <\/font> <\/i><\/p>\n<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p> En la liturgia de hoy nuestra mirada sigue fija en el gran misterio de la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios, mientras, con especial relieve, contemplamos la maternidad de la Virgen Mar&iacute;a. En el pasaje paulino que hemos escuchado (cf. <i> Ga<\/i> 4, 4), el Ap&oacute;stol alude de modo muy discreto a la mujer por la que el Hijo de Dios entr&oacute; en el mundo: Mar&iacute;a de Nazaret, la Madre de Dios, la Theot&oacute;kos. Al inicio de un nuevo a&ntilde;o se nos invita a entrar en su escuela, en la escuela de la fiel disc&iacute;pula del Se&ntilde;or, para aprender de ella a acoger en la fe y en la oraci&oacute;n la salvaci&oacute;n que Dios quiere derramar sobre los que conf&iacute;an en su amor misericordioso. <\/p>\n<p> La salvaci&oacute;n es don de Dios. En la primera lectura se nos presenta como bendici&oacute;n: &quot;El Se&ntilde;or te bendiga y te proteja (&#8230;); el Se&ntilde;or se fije en ti y te conceda la paz&quot; (<i>Nm<\/i> 6, 24. 26). Aqu&iacute; se trata de la bendici&oacute;n que los sacerdotes sol&iacute;an invocar sobre el pueblo al final de las grandes fiestas lit&uacute;rgicas, especialmente en la fiesta del a&ntilde;o nuevo. Es un texto de contenido muy denso, marcado por el nombre del Se&ntilde;or que viene, repetido al inicio de cada vers&iacute;culo. Este texto no se limita a una simple enunciaci&oacute;n de principio, sino que tiende a realizar lo que afirma. En efecto, como es sabido, en el pensamiento sem&iacute;tico la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or produce, por su propia fuerza, bienestar y salvaci&oacute;n, como la maldici&oacute;n procura desgracia y ruina. La eficacia de la bendici&oacute;n se concreta, despu&eacute;s, m&aacute;s espec&iacute;ficamente: el Se&ntilde;or te proteja (v. 24), te conceda su favor (v. 26) y te d&eacute; la paz; es decir, con otras palabras, el Se&ntilde;or nos da la abundancia de la felicidad. <\/p>\n<p> La liturgia, al presentarnos nuevamente esta antigua bendici&oacute;n en el inicio de un nuevo a&ntilde;o solar, es como si quisiera impulsarnos a invocar tambi&eacute;n nosotros la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or para el nuevo a&ntilde;o que comienza, a fin de que sea para todos un a&ntilde;o de prosperidad y paz. Y este es precisamente el deseo que quisiera dirigir a los ilustres embajadores del Cuerpo diplom&aacute;tico acreditado ante la Santa Sede que participan en esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica. <\/p>\n<p> Saludo al cardenal Angelo Sodano, mi secretario de Estado. Asimismo, saludo al cardenal Renato Raffaele Martino y a todos los componentes del Consejo pontificio Justicia y paz. A ellos, en particular, les expreso mi gratitud por el empe&ntilde;o que ponen en difundir el Mensaje anual para la Jornada mundial de la paz, dirigido a los cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Tambi&eacute;n saludo cordialmente a los numerosos <i>pueri cantores<\/i>, que con su canto confieren a&uacute;n mayor solemnidad a esta santa misa, con la que imploramos de Dios el don de la paz para el mundo entero. <\/p>\n<p> Al elegir para el Mensaje de esta Jornada mundial de la paz el tema &quot;En la verdad, la paz&quot;, quise expresar la convicci&oacute;n de que &quot;donde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz&quot; (n. 3). Una realizaci&oacute;n concreta y adecuada de eso se ve en el pasaje evang&eacute;lico que se acaba de proclamar, en el que hemos contemplado la escena de los pastores en camino hacia Bel&eacute;n para adorar al Ni&ntilde;o (cf. <i>Lc<\/i> 2, 16).<br \/>&iquest;No son los pastores, que el evangelista san Lucas nos describe en su pobreza y en su sencillez obedeciendo al mandato del &aacute;ngel y d&oacute;ciles a la voluntad de Dios, la imagen m&aacute;s f&aacute;cilmente accesible a cada uno nosotros del hombre que se deja iluminar por la verdad, capacit&aacute;ndose as&iacute; para construir un mundo de paz? <\/p>\n<p> &iexcl;La paz! Este gran anhelo del coraz&oacute;n de todo hombre y de toda mujer se edifica, d&iacute;a tras d&iacute;a, con la aportaci&oacute;n de todos, aprovechando tambi&eacute;n la admirable herencia que nos leg&oacute; el concilio Vaticano II con la constituci&oacute;n pastoral <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, donde se afirma, entre otras cosas, que la humanidad no lograr&aacute; construir &quot;un mundo m&aacute;s humano para todos los hombres, en todos los lugares de la tierra, a no ser que todos, con esp&iacute;ritu renovado, se conviertan a la verdad de la paz&quot; (n. 77). <br \/> El momento hist&oacute;rico en el que fue promulgada la constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, el 7 de diciembre de 1965, no era muy diverso del nuestro. Entonces, como por desgracia tambi&eacute;n en nuestros d&iacute;as, se cern&iacute;an sobre el horizonte mundial tensiones de diverso tipo. Ante la persistencia de situaciones de injusticia y violencia que siguen oprimiendo a varias zonas de la tierra, ante las que se presentan como las nuevas y m&aacute;s insidiosas amenazas a la paz \u2014el terrorismo, el nihilismo y el fundamentalismo fan&aacute;tico\u2014, resulta m&aacute;s necesario que nunca trabajar juntos en favor de la paz. <\/p>\n<p> Hace falta un &quot;impulso&quot; de valent&iacute;a y de confianza en Dios y en el hombre para optar por el camino de la paz. Y esto por parte de todos: personas y pueblos, organizaciones internacionales y potencias mundiales. En particular, en el Mensaje para esta Jornada, he querido invitar a la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas a tomar renovada conciencia de sus responsabilidades en la promoci&oacute;n de los valores de la justicia, la solidaridad y la paz, en un mundo cada vez m&aacute;s marcado por el vasto fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Si la paz es anhelo de todas las personas de buena voluntad, para los disc&iacute;pulos de Cristo es mandato permanente que compromete a todos; es misi&oacute;n exigente que los impulsa a anunciar y testimoniar &quot;el evangelio de la paz&quot;, proclamando que el reconocimiento de la plena verdad de Dios es condici&oacute;n previa e indispensable para la consolidaci&oacute;n de la verdad de la paz. Ojal&aacute; que esta conciencia aumente cada vez m&aacute;s, de forma que cada comunidad cristiana se transforme en &quot;fermento&quot; de una humanidad renovada en el amor. <\/p>\n<p> &quot;Mar&iacute;a conservaba todas estas cosas, medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 19). El primer d&iacute;a del a&ntilde;o est&aacute; puesto bajo el signo de una mujer, Mar&iacute;a. El evangelista san Lucas la describe como la Virgen silenciosa, en constante escucha de la Palabra eterna, que vive en la palabra de Dios. Mar&iacute;a conserva en su coraz&oacute;n las palabras que vienen de Dios y, uni&eacute;ndolas como en un mosaico, aprende a comprenderlas. En su escuela queremos aprender tambi&eacute;n nosotros a ser disc&iacute;pulos atentos y d&oacute;ciles del Se&ntilde;or. Con su ayuda maternal deseamos comprometernos a trabajar sol&iacute;citamente en la &quot;obra&quot; de la paz, tras las huellas de Cristo, Pr&iacute;ncipe de la paz. Siguiendo el ejemplo de la Virgen sant&iacute;sima, queremos dejarnos guiar siempre y s&oacute;lo por Jesucristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. <i>Hb<\/i> 13, 8). <\/p>\n<p> Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2006 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOSXXXIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Domingo 1 de enero de 2006 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En la liturgia de hoy nuestra mirada sigue fija en el gran misterio de la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios, mientras, con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2006-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de enero de 2006, Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40728","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40728","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40728"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40728\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40728"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40728"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40728"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}