{"id":40729,"date":"2016-10-06T14:55:53","date_gmt":"2016-10-06T19:55:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2007-visperas-y-te-deum\/"},"modified":"2016-10-06T14:55:53","modified_gmt":"2016-10-06T19:55:53","slug":"31-de-diciembre-de-2007-visperas-y-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2007-visperas-y-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2007: V\u00edsperas y Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, <br \/>CON EL CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Lunes 31 de diciembre de 2007 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp;<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n al final de este a&ntilde;o nos hemos reunido en la bas&iacute;lica vaticana para celebrar las primeras V&iacute;speras de la solemnidad de Mar&iacute;a sant&iacute;sima, Madre de Dios. La liturgia hace coincidir esta significativa fiesta mariana con el fin y el inicio del a&ntilde;o solar. A la contemplaci&oacute;n del misterio de la maternidad divina se une, por tanto, el c&aacute;ntico de nuestra acci&oacute;n de gracias por el a&ntilde;o 2007, que est&aacute; a punto de concluir, y por el a&ntilde;o 2008, que ya vislumbramos. El tiempo pasa y su devenir inexorable nos impulsa a dirigir la mirada con profunda gratitud al Dios eterno, al Se&ntilde;or del tiempo. <\/p>\n<p> Juntos d&eacute;mosle gracias, queridos hermanos y hermanas, en nombre de toda la comunidad diocesana de Roma. A cada uno de vosotros dirijo mi saludo. En primer lugar, saludo al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas, as&iacute; como a los numerosos fieles laicos aqu&iacute; reunidos. Saludo al se&ntilde;or alcalde y a las autoridades presentes. Extiendo mi saludo a toda la poblaci&oacute;n de Roma y, de modo especial, a quienes atraviesan situaciones de dificultad y de prueba. A todos aseguro mi cercan&iacute;a cordial, as&iacute; como un recuerdo constante en mi oraci&oacute;n. <\/p>\n<p> En la breve lectura que hemos escuchado, tomada de la carta a los G&aacute;latas, san Pablo, hablando de la liberaci&oacute;n del hombre llevada a cabo por Dios con el misterio de la Encarnaci&oacute;n, alude de manera muy discreta a la mujer por medio de la cual el Hijo de Dios entr&oacute; en el mundo:&nbsp; &quot;Al llegar la plenitud de los tiempos -escribe-, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4). En esa &quot;mujer&quot; la Iglesia contempla los rasgos de Mar&iacute;a de Nazaret, mujer singular por haber sido llamada a realizar una misi&oacute;n que la pone en una relaci&oacute;n muy &iacute;ntima con Cristo; m&aacute;s a&uacute;n, en una relaci&oacute;n absolutamente &uacute;nica, porque Mar&iacute;a es la Madre del Salvador. <\/p>\n<p> Sin embargo, con la misma evidencia podemos y debemos afirmar que es madre nuestra, porque, viviendo su singular&iacute;sima relaci&oacute;n materna con el Hijo, comparti&oacute; su misi&oacute;n <i>por nosotros<\/i> <i>y por la salvaci&oacute;n de todos los hombres<\/i>. Contempl&aacute;ndola, la Iglesia descubre en ella los rasgos de su propia fisonom&iacute;a:&nbsp; Mar&iacute;a vive la fe y la caridad; Mar&iacute;a es una criatura, tambi&eacute;n ella salvada por el &uacute;nico Salvador; Mar&iacute;a colabora en la iniciativa de la salvaci&oacute;n de la humanidad entera. As&iacute; Mar&iacute;a constituye para la Iglesia su imagen m&aacute;s verdadera:&nbsp; aquella en la que la comunidad eclesial debe descubrir continuamente el sentido aut&eacute;ntico de su vocaci&oacute;n y de su misterio. <\/p>\n<p> Este breve pero denso pasaje paulino prosigue luego mostrando c&oacute;mo el hecho de que el Hijo haya asumido la naturaleza humana abre la perspectiva de un cambio radical de la misma condici&oacute;n del hombre. En &eacute;l se dice que &quot;envi&oacute; Dios a su Hijo (&#8230;) para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4-5). El Verbo encarnado transforma desde dentro la existencia humana, haci&eacute;ndonos part&iacute;cipes de su ser Hijo del Padre. Se hizo como nosotros para hacernos como &eacute;l:&nbsp; hijos en el Hijo y, por tanto, hombres libres de la ley del pecado. <\/p>\n<p> &iquest;No es este un motivo fundamental para elevar a Dios nuestra acci&oacute;n de gracias? Y nuestra gratitud tiene un motivo ulterior al final de un a&ntilde;o, si tenemos en cuenta los numerosos beneficios y su constante asistencia que hemos experimentado a lo largo de los doce meses transcurridos. Precisamente por eso todas las comunidades cristianas se re&uacute;nen esta tarde para cantar el <i>Te Deum<\/i>, himno tradicional de alabanza y acci&oacute;n de gracias a la sant&iacute;sima Trinidad. Es lo que haremos tambi&eacute;n nosotros, al final de este encuentro lit&uacute;rgico, delante del Sant&iacute;simo Sacramento. <\/p>\n<p> Cantando rezaremos:&nbsp; &quot;<i>Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti<\/i>&quot;, &quot;Socorre, Se&ntilde;or, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa&quot;. Esta tarde rezaremos:&nbsp; Socorre, Se&ntilde;or, con tu misericordia a los habitantes de nuestra ciudad, en la que, como en otros lugares, graves carencias y pobrezas pesan sobre la vida de las personas y de las familias, impidi&eacute;ndoles mirar al futuro con confianza. No pocos, sobre todo j&oacute;venes, se sienten atra&iacute;dos por una falsa exaltaci&oacute;n, o mejor, profanaci&oacute;n del cuerpo y por la trivializaci&oacute;n de la sexualidad. <\/p>\n<p> &iquest;C&oacute;mo enumerar, luego, los m&uacute;ltiples desaf&iacute;os que, vinculados al consumismo y al laicismo, interpelan a los creyentes y a los hombres de buena voluntad? Para decirlo en pocas palabras, tambi&eacute;n en Roma se percibe el <i>d&eacute;ficit<\/i> de esperanza y de confianza en la vida que constituye el mal &quot;oscuro&quot; de la sociedad occidental moderna. <\/p>\n<p> Sin embargo, aunque son evidentes las deficiencias, no faltan las luces y los motivos de esperanza sobre los cuales implorar la bendici&oacute;n especial de Dios. Precisamente desde esta perspectiva, al cantar el <i>Te Deum<\/i>, rezaremos:&nbsp; &quot;<i>Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuae<\/i>&quot;, &quot;Salva a tu pueblo, Se&ntilde;or, mira y protege a tus hijos, que son tu heredad&quot;. Se&ntilde;or, mira y protege en particular a la comunidad diocesana comprometida, con creciente vigor, en el campo de la educaci&oacute;n, para responder a la gran &quot;emergencia educativa&quot; de la que habl&eacute; el pasado 11 de junio durante el encuentro con los participantes en la Asamblea diocesana, es decir, la dificultad que se encuentra para transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia y de un correcto comportamiento (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2007\/june\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20070611_convegno-roma.html\">Discurso en la inauguraci&oacute;n de los trabajos de la Asamblea diocesana de Roma<\/a><\/i>, 11 de junio de 2007:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i> edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 22 de junio de 2007, p. 11). <\/p>\n<p> Sin clamores, con paciente confianza, tratemos de afrontar esa emergencia, ante todo en el &aacute;mbito de la familia. Sin duda, es consolador constatar que el trabajo emprendido durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os por las parroquias, por los movimientos y por las asociaciones en la pastoral familiar sigue desarroll&aacute;ndose y dando sus frutos. <\/p>\n<p> Adem&aacute;s, Se&ntilde;or, protege las iniciativas misioneras que implican al mundo juvenil:&nbsp; est&aacute;n aumentando y en ellas participa ya un n&uacute;mero notable de j&oacute;venes que asumen personalmente la responsabilidad y la alegr&iacute;a del anuncio y del testimonio del Evangelio. En este contexto, &iquest;c&oacute;mo no dar gracias a Dios por el valioso servicio pastoral prestado en el mundo de las universidades romanas? Algo an&aacute;logo conviene llevar a cabo, a pesar de las dificultades, tambi&eacute;n en las escuelas. <\/p>\n<p> Bendice, Se&ntilde;or, a los numerosos j&oacute;venes y adultos que en los &uacute;ltimos decenios se han consagrado en el sacerdocio para la di&oacute;cesis de Roma:&nbsp; actualmente son 28 los di&aacute;conos que esperan la ordenaci&oacute;n presbiteral, prevista para el pr&oacute;ximo mes de abril. As&iacute; rejuvenece la edad media del clero y se pueden afrontar las crecientes necesidades pastorales; adem&aacute;s, as&iacute; tambi&eacute;n se puede prestar ayuda a otras di&oacute;cesis. <\/p>\n<p> Aumenta, especialmente en las periferias, la necesidad de nuevos complejos parroquiales. Actualmente son ocho los que est&aacute;n en construcci&oacute;n. Recientemente yo mismo tuve la alegr&iacute;a de consagrar el &uacute;ltimo de los que ya se han terminado:&nbsp;la &nbsp;parroquia de Santa Mar&iacute;a del Rosario en los M&aacute;rtires Portuenses. Es hermoso palpar la alegr&iacute;a y la gratitud de los habitantes de un barrio que entran por primera vez a su nueva iglesia. <\/p>\n<p> &quot;<i>In te, Domine, speravi:&nbsp; non confundar in aeternum<\/i>&quot;, &quot;Se&ntilde;or, t&uacute; eres nuestra esperanza, no seremos confundidos para siempre&quot;. El majestuoso himno del <i>Te Deum<\/i> se concluye con esta exclamaci&oacute;n de fe, de total confianza en Dios, con esta solemne proclamaci&oacute;n de nuestra esperanza. Cristo es nuestra esperanza &quot;segura&quot;. A este tema dediqu&eacute; mi reciente enc&iacute;clica, que lleva por t&iacute;tulo <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>. Pero nuestra esperanza siempre es esencialmente tambi&eacute;n esperanza para los dem&aacute;s. S&oacute;lo as&iacute; es verdaderamente esperanza tambi&eacute;n para cada uno de nosotros (cf. n. 48). <\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia de Roma, pidamos al Se&ntilde;or que haga de cada uno de nosotros un aut&eacute;ntico fermento de esperanza en los diversos ambientes, a fin de que se pueda construir un futuro mejor para toda la ciudad. Este es mi deseo para todos en la v&iacute;spera de un nuevo a&ntilde;o, un deseo que encomiendo a la intercesi&oacute;n maternal de Mar&iacute;a, Madre de Dios y Estrella de la esperanza. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, CON EL CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica VaticanaLunes 31 de diciembre de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Tambi&eacute;n al final de este a&ntilde;o nos hemos reunido en la bas&iacute;lica vaticana para celebrar las primeras V&iacute;speras de la solemnidad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2007-visperas-y-te-deum\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 2007: V\u00edsperas y Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40729","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40729"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40729\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}