{"id":40736,"date":"2016-10-06T14:55:59","date_gmt":"2016-10-06T19:55:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-diciembre-de-2007-visita-pastoral-al-hospital-romano-de-san-juan-bautista-de-la-soberana-orden-militar-de-malta\/"},"modified":"2016-10-06T14:55:59","modified_gmt":"2016-10-06T19:55:59","slug":"2-de-diciembre-de-2007-visita-pastoral-al-hospital-romano-de-san-juan-bautista-de-la-soberana-orden-militar-de-malta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-diciembre-de-2007-visita-pastoral-al-hospital-romano-de-san-juan-bautista-de-la-soberana-orden-militar-de-malta\/","title":{"rendered":"2 de diciembre de 2007: Visita pastoral al Hospital romano de \u00abSan Juan Bautista\u00bb de la Soberana Orden Militar  de Malta"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE AL HOSPITAL ROMANO <br \/> &laquo;SAN JUAN BAUTISTA&raquo; DE LA SOBERNA ORDEN MILITAR DE MALTA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A&nbsp; DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<br \/> <\/font><\/b><br \/> Domingo 2 de diciembre de 2007<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>&laquo;Vamos alegres al encuentro del Se&ntilde;or&raquo;. Estas palabras, que hemos repetido en el estribillo del salmo responsorial, interpretan bien los sentimientos que alberga nuestro coraz&oacute;n hoy, primer domingo de Adviento. La raz&oacute;n por la cual podemos caminar con alegr&iacute;a, como nos ha exhortado el ap&oacute;stol san Pablo, es que ya est&aacute; cerca nuestra salvaci&oacute;n. El Se&ntilde;or viene. Con esta certeza emprendemos el itinerario del Adviento, prepar&aacute;ndonos para celebrar con fe el acontecimiento extraordinario del Nacimiento del Se&ntilde;or. Durante las pr&oacute;ximas semanas, d&iacute;a tras d&iacute;a, la liturgia propondr&aacute; a nuestra reflexi&oacute;n textos del Antiguo Testamento, que recuerdan el vivo y constante deseo que anim&oacute; en el pueblo jud&iacute;o la espera de la venida del Mes&iacute;as. Tambi&eacute;n nosotros, vigilantes en la oraci&oacute;n, tratemos de preparar nuestro coraz&oacute;n para acoger al Salvador, que vendr&aacute; a mostrarnos su misericordia y a darnos su salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Precisamente porque es tiempo de espera, el Adviento es tiempo de esperanza, y a la esperanza cristiana he querido dedicar mi <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">segunda enc&iacute;clica<\/a>, presentada oficialmente anteayer:&nbsp; comienza con las palabras que san Pablo dirigi&oacute; a los cristianos de Roma:&nbsp; <i>&laquo;Spe salvi facti sumus&raquo;<\/i>, &laquo;En esperanza fuimos salvados&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 24). En la enc&iacute;clica escrib&iacute;, entre otras cosas, que &laquo;nosotros necesitamos tener esperanzas \u2014m&aacute;s grandes o m&aacute;s peque&ntilde;as\u2014, que d&iacute;a a d&iacute;a nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo dem&aacute;s, aquellas no bastan. Esta gran esperanza s&oacute;lo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por s&iacute; solos no podemos alcanzar&raquo; (n. 31). Que la certeza de que s&oacute;lo Dios puede ser nuestra firme esperanza nos anime a todos los que esta ma&ntilde;ana nos hemos reunido en esta casa, en la que se lucha contra la enfermedad, sostenidos por la solidaridad. <\/p>\n<p>Aprovecho mi visita a vuestro hospital, administrado por la asociaci&oacute;n de los caballeros italianos de la Soberana Orden Militar de Malta, para entregar idealmente la enc&iacute;clica a la comunidad cristiana de Roma y, en particular, a quienes, como vosotros, est&aacute;n en contacto directo con el sufrimiento y la enfermedad, porque precisamente sufriendo como enfermos tenemos necesidad de la esperanza, de la certeza que hay en un Dios que no nos abandona, que nos tiene de la mano y nos acompa&ntilde;a con amor. Es un texto que os invito a profundizar, para encontrar en &eacute;l las razones de la &laquo;esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente (&#8230;), aunque sea un presente fatigoso&raquo; (n. 1). <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, &laquo;que el Dios de la esperanza, que nos colma de todo gozo y paz en la fe por la fuerza &nbsp;del Esp&iacute;ritu Santo, est&eacute; con todos vosotros&raquo;. Con este deseo, que el sacerdote &nbsp;dirige &nbsp;a &nbsp;la asamblea al inicio de la santa misa, os saludo cordialmente. Saludo, en primer lugar, al cardenal vicario Camillo Ruini y al cardenal Pio Laghi, patrono de la Soberana Orden Militar de Malta, a los prelados y sacerdotes presentes, a los capellanes y a las religiosas que prestan aqu&iacute; su servicio. Saludo con deferencia a su alteza eminent&iacute;sima fray Andrew Bertie, pr&iacute;ncipe y gran maestre de la Soberana Orden Militar de Malta, a quien agradezco los sentimientos expresados en nombre de la Direcci&oacute;n, del personal administrativo y sanitario, de los enfermeros y de cuantos prestan de diversos modos su servicio en el hospital. Extiendo mi saludo a las distinguidas autoridades y, en particular, al dirigente sanitario, as&iacute; como al representante de los enfermos, a los cuales expreso mi agradecimiento por las palabras que me han dirigido al inicio de la celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p>Pero el saludo m&aacute;s afectuoso es para vosotros, queridos enfermos, y para vuestros familiares, que con vosotros comparten angustias y esperanzas. El Papa est&aacute; espiritualmente cerca de vosotros y os asegura su oraci&oacute;n diaria; os invita a encontrar en Jes&uacute;s apoyo y consuelo, y a no perder jam&aacute;s la confianza. La liturgia de Adviento nos repetir&aacute; durante las pr&oacute;ximas semanas que no nos cansemos de invocarlo; nos exhortar&aacute; a salir a su encuentro, sabiendo que &eacute;l mismo viene continuamente a visitarnos. En la prueba y en la enfermedad Dios nos visita misteriosamente y, si nos abandonamos a su voluntad, podemos experimentar la fuerza de su amor. <\/p>\n<p>Los hospitales y las cl&iacute;nicas, precisamente porque en ellos se encuentran personas probadas por el dolor, pueden transformarse en lugares privilegiados para testimoniar el amor cristiano que alimenta la esperanza y suscita prop&oacute;sitos de solidaridad fraterna. En la oraci&oacute;n colecta hemos rezado as&iacute;:&nbsp; &laquo;Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompa&ntilde;ados por las buenas obras&raquo;. S&iacute;. Abramos el coraz&oacute;n a todas las personas, especialmente a las que atraviesan dificultades, para que, haciendo el bien a cuantos se encuentran en necesidad, nos dispongamos a acoger a Jes&uacute;s que en ellos viene a visitarnos. <\/p>\n<p>Esto es lo que vosotros, queridos hermanos y hermanas, trat&aacute;is de hacer en este hospital, donde la acogida amorosa y cualificada de los pacientes, la tutela de su dignidad y el compromiso de mejorar su calidad de vida ocupa el centro de las preocupaciones de todos. La Iglesia, a lo largo de los siglos, se ha hecho particularmente &laquo;cercana&raquo; de quienes sufren. Ha compartido este esp&iacute;ritu vuestra benem&eacute;rita Soberana Orden Militar de Malta, que desde sus comienzos se ha dedicado a la asistencia de los peregrinos en Tierra Santa mediante un hospicio-enfermer&iacute;a. A la vez que persegu&iacute;a la finalidad de la defensa de la cristiandad, la Soberana Orden Militar de Malta se prodigaba para curar a los enfermos, especialmente a los pobres y marginados. Tambi&eacute;n es testimonio de ese amor fraterno este hospital que, construido en torno a la d&eacute;cada de 1970, hoy se ha convertido en un centro de alto nivel tecnol&oacute;gico y en una casa de solidaridad, donde juntamente con el personal sanitario trabajan con entrega generosa numerosos voluntarios. <\/p>\n<p>Queridos caballeros de la Soberana Orden Militar de Malta; queridos m&eacute;dicos, enfermeros y cuantos trabaj&aacute;is aqu&iacute;, todos est&aacute;is llamados a prestar un importante servicio a los enfermos y a la sociedad, un servicio que exige abnegaci&oacute;n y esp&iacute;ritu de sacrificio. En cada enfermo, cualquiera que sea, reconoced y servid a Cristo mismo; haced que en vuestros gestos y en vuestras palabras perciba los signos de su amor misericordioso. <\/p>\n<p>Para cumplir bien esta &laquo;misi&oacute;n&raquo;, como nos recuerda san Pablo en la segunda lectura, tratad de &laquo;pertrecharos con las armas de la luz&raquo; (<i>Rm<\/i> 13, 12), que son la palabra de Dios, los dones del Esp&iacute;ritu, la gracia de los sacramentos, y las virtudes teologales y cardinales; luchad contra el mal y abandonad el pecado, que entenebrece nuestra existencia. Al inicio de un nuevo a&ntilde;o lit&uacute;rgico, renovemos nuestros buenos prop&oacute;sitos de vida evang&eacute;lica. &laquo;Ya es hora de espabilarse&raquo; (<i>Rm<\/i> 13, 11), exhorta el Ap&oacute;stol; es decir, es hora de convertirse, de despertar del letargo del pecado para disponerse con confianza a acoger al &laquo;Se&ntilde;or que viene&raquo;. Por eso, el Adviento es tiempo de oraci&oacute;n y de espera vigilante. <\/p>\n<p>A la &laquo;vigilancia&raquo;, que por lo dem&aacute;s es la palabra clave de todo este per&iacute;odo lit&uacute;rgico, nos exhorta la p&aacute;gina evang&eacute;lica que acabamos de proclamar:&nbsp; &laquo;Estad en vela, porque no sab&eacute;is qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; vuestro Se&ntilde;or&raquo; (<i>Mt<\/i> 24, 42). Jes&uacute;s, que en la Navidad vino a nosotros y volver&aacute; glorioso al final de los tiempos, no se cansa de visitarnos continuamente en los acontecimientos de cada d&iacute;a. Nos pide estar atentos para percibir su presencia, su adviento, y nos advierte que lo esperemos vigilando, puesto que su venida no se puede programar o pronosticar, sino que ser&aacute; repentina e imprevisible. S&oacute;lo quien est&aacute; despierto no ser&aacute; tomado de sorpresa. Que no os suceda \u2014advierte\u2014 lo que pas&oacute; en tiempo de No&eacute;, cuando los hombres com&iacute;an y beb&iacute;an despreocupadamente, y el diluvio los encontr&oacute; desprevenidos (cf. <i>Mt<\/i> 24, 37-38). Lo que quiere darnos a entender el Se&ntilde;or con esta recomendaci&oacute;n es que no debemos dejarnos absorber por las realidades y preocupaciones materiales hasta el punto de quedar atrapados en ellas. Debemos vivir ante los ojos del Se&ntilde;or con la convicci&oacute;n de que cada d&iacute;a puede hacerse presente. Si vivimos as&iacute;, el mundo ser&aacute; mejor. <\/p>\n<p>&laquo;Estad, pues, en vela&#8230;&raquo;. Escuchemos la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Evangelio y prepar&eacute;monos para revivir con fe el misterio del nacimiento del Redentor, que ha llenado de alegr&iacute;a el universo; prepar&eacute;monos para acoger al Se&ntilde;or que viene continuamente a nuestro encuentro en los acontecimientos de la vida, en la alegr&iacute;a y en el dolor, en la salud y en la enfermedad; prepar&eacute;monos para encontrarlo en su venida &uacute;ltima y definitiva. <\/p>\n<p>Su paso es siempre fuente de paz y, si el sufrimiento, herencia de la naturaleza humana, a veces resulta casi insoportable, con la venida del Salvador &laquo;el sufrimiento \u2014sin dejar de ser sufrimiento\u2014 se convierte a pesar de todo en canto de alabanza&raquo; (<i><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, 37). Confortados por estas palabras, prosigamos la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, invocando sobre los enfermos, sobre sus familiares y sobre cuantos trabajan en este hospital y en toda la Orden de los Caballeros de Malta, la protecci&oacute;n materna de Mar&iacute;a, Virgen de la espera y de la esperanza, as&iacute; como de la alegr&iacute;a, ya presente en este mundo, porque cuando sentimos la cercan&iacute;a de Cristo vivo tenemos ya el remedio para el sufrimiento, tenemos ya su alegr&iacute;a. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE AL HOSPITAL ROMANO &laquo;SAN JUAN BAUTISTA&raquo; DE LA SOBERNA ORDEN MILITAR DE MALTA HOMIL&Iacute;A&nbsp; DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Domingo 2 de diciembre de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; &laquo;Vamos alegres al encuentro del Se&ntilde;or&raquo;. 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